El brezo es una de las pocas plantas que florecen con ganas en pleno invierno, y la única que además tapiza el suelo en masas continuas de color. Un talud cubierto de Erica en enero, con las flores pasando del blanco al rosa y al magenta según el cultivar, resuelve la peor época del jardín sin que haya que hacer nada por ella.

La pregunta que decide si esto es viable en un jardín concreto no es el frío, que aguantan de sobra, sino el suelo y el agua. Los brezos son acidófilos, y buena parte del territorio español tiene suelo calizo y agua de riego dura. Hay salidas, y no son las mismas para todas las especies.

Los colores de las flores y hojas de las masas de Erica x darleyensis se yuxtaponen creando un bello efecto puntillista en los taludes de este gran jardín de brezos, realizado por el estudio Urquijo-Kastner en Somosaguas, Madrid.

Erica y Calluna no son lo mismo

Bajo el nombre común de brezo se venden dos géneros distintos de la misma familia, y confundirlos es la causa de la mitad de los fracasos.

Erica agrupa a los brezos de floración invernal y primaveral, con hojas aciculares en verticilos y flores en forma de campanilla o de urna. Es el género que interesa para cubrir el hueco de diciembre a marzo.

Calluna vulgaris, el brecina, florece en verano y otoño, tiene hojas diminutas y escamosas apretadas contra el tallo, y es mucho más estricta con el suelo: no tolera nada de caliza. En clima mediterráneo, con veranos secos y calurosos, se comporta claramente peor que las ericas, y es habitual que se pierda en dos temporadas mientras las ericas de al lado siguen adelante.

El asunto de la caliza

Casi todas las ericáceas exigen suelo ácido, pero hay excepciones que son justamente las que hacen posible el brezal en buena parte de España.

Erica carnea y su híbrida Erica × darleyensis (cruce de E. carnea con E. erigena) toleran suelos neutros y ligeramente calizos, algo poco común en la familia. No significa que prosperen en una marga blanca del Levante, pero sí que en un suelo de jardín corriente, mejorado con materia orgánica ácida, viven bien. Es lo que las ha convertido en los brezos de jardín por excelencia.

Y hay un caso ibérico que merece atención: Erica multiflora, propia del matorral mediterráneo del este y el sur peninsular, crece de forma natural sobre suelos calizos y florece en otoño. Para un jardín seco del Levante o de las Baleares es la opción coherente, mucho más que forzar un brezal atlántico.

El resto de las ericas ibéricas (Erica arborea, el brezo blanco de porte casi arbóreo; Erica australis; Erica umbellata; Erica cinerea; Erica lusitanica) son plantas de suelo silíceo y ácido, propias del oeste y del norte peninsular. Ahí son magníficas y no piden nada; en terreno calizo entran en clorosis y no hay forma de sostenerlas a largo plazo.

Los cultivares de Erica × darleyensis

Es el grupo más útil para el jardín, por dos motivos: la enorme paleta de color y la duración de la floración. Los botones se forman a final de verano y principios de otoño, de modo que combinando cultivares se encadena la floración desde septiembre hasta bien entrada la primavera, y el tono de las flores se va oscureciendo a medida que avanzan los meses.

El follaje aporta tanto como la flor. Hay cultivares de hoja verde oscuro con las puntas rosadas al brotar en primavera, otros de hoja amarilla todo el año que vira a tonos anaranjados con el frío, y otros con brotes nuevos color crema y tintes bronce en invierno. Con solo tres o cuatro variedades se consigue un tapiz que cambia de color cinco veces al año.

El porte varía: hay matas rastreras de 25 a 30 centímetros y pequeños arbustos de unos 40, lo que permite modelar el volumen del brezal en lugar de dejarlo plano. La Erica carnea, más rastrera, funciona como tapiz puro.

En rusticidad no hay problema en la Península: los cultivares de este grupo aguantan holgadamente los inviernos continentales. El verano es más limitante que el invierno.

Plantación: suelo, sitio y densidad

Las raíces del brezo son finas, superficiales y muy sensibles a dos cosas: el encharcamiento y la sequía en superficie. De ahí las decisiones de plantación.

  • Suelo suelto y drenado. Una mezcla de tierra vegetal, arena de río y mantillo o turba rubia da buen resultado. En terreno pesado, plantar sobre caballón o en talud, que es como se ven mejor.
  • Exposición según el clima. A pleno sol en el norte y en zonas frías; en el centro y el sur, sombra ligera durante las horas duras del verano. La sombra alta de abedules o de pinos es el acompañamiento clásico y también el más eficaz.
  • Densidad. El brezo solo funciona en masa. Plantar de cinco a ocho ejemplares por metro cuadrado, en grupos amplios y no en filas, y mezclar los cultivares en manchas, no salpicados uno a uno.
  • Acolchado obligatorio con corteza de pino. Mantiene fresca la raíz superficial, acidifica poco a poco al descomponerse y evita la escarda, que en un brezal es muy incómoda.

Una vez establecido, el brezal cierra tanto que las hierbas espontáneas apenas encuentran hueco, y es de las plantaciones con menos problemas de plagas que existen.

El riego, y sobre todo el agua

Los dos primeros años el riego debe ser frecuente y cuidadoso: son plantas de desarrollo lento que sufren mucho si se secan mientras enraízan. A partir de ahí sus necesidades son moderadas, con riegos de apoyo en verano en el interior y en el sur.

Lo que casi nadie cuenta es que en estas plantas importa más la calidad del agua que la cantidad. El agua de red de buena parte de España es dura, con mucho carbonato cálcico, y regar años con ella va subiendo el pH del sustrato hasta que la planta amarillea entre los nervios y se queda parada. Si se dispone de agua de lluvia recogida, es la mejor opción para un brezal. Si no, ayuda mantener el acolchado de corteza, incorporar materia orgánica ácida cada dos o tres años y no regar más de lo necesario.

Poda

Se recortan ligeramente justo después de la floración y antes de que empiecen a formarse los botones del año siguiente. Con eso se mantiene la mata compacta y se evita que se abra por el centro dejando ver la madera.

La regla de las aromáticas leñosas vale aquí igual: no cortar nunca en la madera vieja sin hojas, porque no rebrota. Se retira poco, de forma regular todos los años, y la planta se mantiene bien una década larga. Si un brezal viejo ya está abierto y leñoso, no se recupera podando; se replanta.

Cómo componer un brezal

El brezo pide superficie. Una mata suelta en un arriate no se ve; media docena de metros cuadrados en un talud es un espectáculo en enero. Por eso funciona tan bien en desmontes, pendientes y rocallas, donde además la vista es tangencial y se aprecia el tapiz completo.

Como acompañamiento, los abedules son el clásico por una razón visual concreta: el tronco blanco y la copa ligera dejan pasar luz filtrada, dan la sombra que el brezo agradece en verano y contrastan con la masa baja. Los pinos cumplen la misma función y además acidifican el suelo con su acícula caída. Se completa bien con otras acidófilas de floración escalonada como Pieris, camelias o rododendros, allí donde el suelo lo permita, y con bulbos pequeños que asoman entre el tapiz en febrero.

Un beneficio añadido que se olvida: los brezos de invierno son muy melíferos y florecen cuando prácticamente no hay más néctar disponible. En un día templado de enero se ven abejas trabajando sobre ellos, y eso es algo que muy pocas plantas de jardín ofrecen en esa fecha.

En resumen

Para un jardín español, los brezos que funcionan son los cultivares de Erica × darleyensis y de Erica carnea, que toleran suelo neutro o ligeramente calizo y florecen de otoño a primavera. La Calluna es más exigente y sufre en verano mediterráneo, y las ericas ibéricas de suelo silíceo pertenecen al oeste y al norte peninsular. En terreno calcáreo del Levante, la opción sensata es Erica multiflora.

El cultivo se resume en suelo drenado y ácido con acolchado de corteza de pino, plantación en masas densas sobre talud, sombra ligera donde el verano aprieta, riego cuidadoso los dos primeros años y con la mejor agua disponible, y un recorte ligero tras la floración sin entrar nunca en la madera vieja.


Contenidos relacionados