Pocos arbustos de clima suave florecen tanto tiempo seguido: en el litoral mediterráneo, la flor azul violácea de Lycianthes rantonnetii empieza en abril y no se detiene hasta que el frío la para en noviembre o diciembre. Es un arbusto rápido, agradecido y muy barato de mantener, con dos condicionantes que conviene conocer antes de plantarlo: no resiste el frío intenso y su fruto es tóxico.

Flores azul violáceas de Lycianthes rantonnetii

El nombre, que ha cambiado

La planta se sigue vendiendo en los viveros españoles como Solanum rantonnetii, pero su nombre aceptado hoy es Lycianthes rantonnetii. La revisión de las Solanáceas separó del enorme género Solanum un grupo de especies americanas con caracteres florales propios —el cáliz sin lóbulos marcados pero con diez dientes diminutos— que pasaron a Lycianthes.

Comercialmente responde a varios nombres populares: jazmín azul, jazmín del Paraguay, arbusto de las nubes o solano azul. Nada tiene que ver con los jazmines verdaderos (Jasminum), y su flor no es aromática.

Procede de Argentina y Paraguay, de zonas de clima cálido y sin heladas fuertes, lo que explica todo su comportamiento en jardín.

Descripción

Arbusto perennifolio en clima suave y semicaduco donde el invierno aprieta, de porte abierto y algo desgarbado si se deja libre, que alcanza 2 a 3 metros de alto y otro tanto de ancho, con ramas largas y flexibles que tienden a arquearse bajo su propio peso.

La hoja es simple, entera, ovalada y lanceolada, de 4 a 8 centímetros, verde medio y ligeramente ondulada.

La flor es lo que le da su valor: corola plana de cinco lóbulos, de 2 a 3 centímetros de diámetro, de un azul violáceo saturado con el centro amarillo formado por los estambres reunidos. Aparece en pequeños grupos axilares a lo largo de todo el brote nuevo, de manera que la planta florece de forma continua mientras siga creciendo. El cultivar 'Royal Robe' tiene la flor más grande y más oscura, casi púrpura, y es el más frecuente en el comercio; existen selecciones de porte más compacto para maceta.

Tras la flor cuaja una baya roja o rojo anaranjada ovoide, de un centímetro y medio aproximadamente, que persiste bastante en la planta.

El fruto es tóxico

Conviene decirlo pronto porque la combinación es la desfavorable: fruto vistoso, rojo brillante y del tamaño de una cereza pequeña, en un arbusto a la altura de la mano de un niño.

Como el resto de las solanáceas ornamentales —Solanum pseudocapsicum, Brugmansia, Solandra, la dulcamara—, Lycianthes rantonnetii contiene glicoalcaloides de tipo solanina en toda la planta, y en concentración especialmente relevante en el fruto verde y en las hojas. La ingestión provoca cuadros digestivos —náuseas, vómitos, dolor abdominal, diarrea— y, en cantidades mayores, afectación neurológica. También es tóxica para perros y gatos.

La consecuencia práctica es sencilla. Donde haya niños pequeños o mascotas que muerdan lo que encuentran, o bien no se planta, o bien se sitúa fuera de alcance y se retiran los frutos según cuajan, cosa que además favorece la floración. Si alguien ingiere fruto o parte de la planta, se llama al Instituto Nacional de Toxicología, 91 562 04 20, servicio de información toxicológica disponible las 24 horas, o al 112, indicando el nombre de la planta.

Conviene usar guantes al podar si se tiene la piel sensible: la savia puede irritar.

Rusticidad: hasta dónde llega

Este es el factor que decide dónde puede vivir. Los umbrales aproximados:

Por debajo de 0 °C empieza a defoliarse. Entre -2 y -4 °C pierde toda la parte aérea joven, aunque la madera vieja y la cepa suelen sobrevivir y rebrotan en primavera. A partir de -6 o -7 °C mantenidos, la planta muere.

En la práctica esto significa que en el litoral mediterráneo, en Canarias, en el valle del Guadalquivir y en zonas abrigadas del sur y del Levante se cultiva sin problemas como arbusto permanente, mientras que en el interior peninsular —Madrid, Castilla, Aragón— sobrevive en microclimas protegidos, contra un muro orientado al sur, con acolchado grueso en la base y aceptando que algunos inviernos lo dejen reducido a un tocón que rebrota tarde.

En clima frío la solución razonable es el cultivo en maceta: se saca al exterior de abril a octubre y se guarda en invernadero frío, garaje luminoso o galería a 5-10 °C durante el invierno, con riego muy reducido. En ese periodo pierde parte de la hoja, lo cual es normal.

Cultivo

Exposición. Sol directo, cuantas más horas mejor. A media sombra vegeta y da la mitad de flor. En zonas muy tórridas del interior agradece sombra a última hora de la tarde.

Suelo. Poco exigente, con tal de que drene. Prefiere suelos fértiles y algo frescos; en terrenos muy calizos puede mostrar clorosis férrica, que se corrige con quelato de hierro.

Riego. Regular en verano; es un arbusto de floración continua y por tanto de consumo alto. Deja caer las hojas en cuanto pasa sed, pero se recupera con rapidez tras el riego. En maceta el riego es casi diario en pleno agosto.

Abonado. Es una planta glotona. Un abono equilibrado o de floración cada quince días de abril a septiembre, o un abono de liberación lenta en primavera, mantiene el color de la hoja y la intensidad de la flor. Sin abonado, la planta se descolora y florece a rachas.

Multiplicación. Muy sencilla por esqueje semileñoso de 10-15 centímetros en verano, o por esqueje de madera del año a finales de invierno. Enraíza en tres o cuatro semanas con calor de fondo y sustrato ligero.

La poda severa, la clave del arbusto

Arbusto de Lycianthes rantonnetii en floración

Aquí está el manejo que separa un ejemplar compacto y cubierto de flor de un arbusto desmadejado con cuatro flores en las puntas. Lycianthes rantonnetii florece en la madera del año: cada brote nuevo va produciendo flor mientras se alarga. Por tanto, cuanta más brotación nueva se provoque, más floración habrá.

La poda se hace a finales de invierno, cuando ha pasado el riesgo de heladas fuertes —febrero o marzo según la zona— y es deliberadamente severa: se reduce toda la estructura a un tercio o a la mitad de su tamaño, dejando de tres a cinco ramas principales cortas y bien repartidas, y se eliminan las ramas cruzadas, las débiles y las secas. La planta rebrota con fuerza y florece sobre esos brotes nuevos desde la primavera.

Durante la temporada, un pinzado de los brotes que se disparan, o un recorte ligero general en pleno verano si la mata se afea, provoca una nueva oleada de floración en tres semanas. No es necesario retirar la flor marchita para que siga floreciendo, aunque quitar los frutos evita que la planta invierta energía en semilla y mantiene la floración más viva.

Conducción: pie alto, arbusto o trepadora guiada

La flexibilidad de sus ramas permite tres formas de cultivo, y elegir una desde el principio ahorra trabajo.

Arbusto. La más simple. Se deja ramificar desde la base y se aplica la poda severa anual. Sirve para masas de arriate y para setos informales de floración.

Pie alto. Es la forma más vendida en maceta y da un resultado muy vistoso. Se selecciona un único brote vertical vigoroso, se tutora firmemente, se van suprimiendo todos los brotes laterales del tronco hasta la altura deseada —de 80 a 120 centímetros— y allí se despunta para forzar la ramificación de la copa. Cada invierno se recorta la copa a un armazón corto, como se hace con una rosa de pie alto. El tutor no se retira nunca: el tronco de esta especie no engrosa lo suficiente para sostener por sí solo el peso de una copa cargada de flor y mojada.

Trepadora guiada. No es una trepadora verdadera —carece de zarcillos y de raíces adventicias— pero sus ramas largas se atan sin dificultad a una celosía, una pérgola o un alambrado en muro, donde cubre superficie con rapidez y florece a la altura de la vista. Se conduce atando ramas principales en abanico y despuntando para cubrir huecos, con la poda anual reducida a renovar madera vieja.

Problemas habituales

Su punto débil son los chupadores. La mosca blanca es la plaga más constante, sobre todo en maceta y en sitios resguardados; produce melaza y negrilla en el envés. Le siguen el pulgón en los brotes tiernos de primavera y la araña roja en veranos secos, que decolora la hoja de forma punteada. También aparecen cochinillas algodonosas en las axilas.

Las hojas amarillentas con nervios verdes indican clorosis por caliza o por falta de hierro; las hojas amarillas generalizadas con caída, exceso de agua o falta de abono. Y una planta que crece mucho y florece poco casi siempre tiene demasiado nitrógeno o demasiada sombra.

En resumen

Lycianthes rantonnetii, el antiguo Solanum rantonnetii o jazmín azul, aporta una floración azul violácea continua de abril a las primeras heladas en clima suave. Quiere sol pleno, drenaje, riego regular y abonado frecuente, y responde a una poda severa a finales de invierno porque florece en la madera del año; se conduce como arbusto, en pie alto tutorado o guiado sobre celosía. Se defolia bajo 0 °C, pierde la parte aérea entre -2 y -4 °C y muere hacia -6 °C, así que fuera del litoral y del sur conviene cultivarlo en maceta y resguardarlo en invierno. Su baya roja es tóxica por ingestión, como en el resto de las solanáceas ornamentales: donde haya niños o mascotas, se retiran los frutos o se busca otra planta.


Contenidos relacionados