Dos advertencias antes que la descripción, porque condicionan cualquier decisión sobre este árbol. La primera: Spathodea campanulata solo prospera en clima muy suave, y en España eso significa Canarias y algunos enclaves privilegiados del litoral sur; en el resto del país no pasa de curiosidad de invernadero. La segunda: figura en la lista de las cien especies exóticas invasoras más dañinas del mundo de la UICN, con un historial documentado de daños en islas tropicales.
Qué es el tulipero del Gabón
Spathodea campanulata es la única especie de su género y pertenece a las Bignoniáceas, la familia de la jacaranda y de la catalpa. Procede de las selvas húmedas del África tropical occidental y central, de Ghana a Uganda, y se le conoce también como tulipán africano, llama del bosque o espatodea.
Es un árbol de 15 a 25 metros en su área de origen, algo menos en cultivo, de copa densa y redondeada y tronco derecho con corteza gris que se agrieta con la edad. La hoja es perenne o semicaduca según el clima, compuesta, imparipinnada, de hasta 50 centímetros, con nueve a diecinueve foliolos ovalados de nervadura marcada.
La floración es lo que justifica su fama. Las flores se agrupan en ramilletes terminales apretados: cada una es una campana curvada de 10 a 12 centímetros, de un rojo anaranjado intenso con el borde rizado y ribeteado de amarillo. Los botones exteriores abren primero y los del centro después, de modo que el ramillete se mantiene en flor varias semanas. En clima tropical florece casi todo el año; en clima subtropical, sobre todo de finales de invierno a primavera y de nuevo en otoño.
El fruto es una cápsula leñosa alargada, de 15 a 25 centímetros, que se abre en dos valvas y libera cientos de semillas planas rodeadas de un ala membranosa transparente, muy ligeras.
La curiosidad de los botones con agua
Los botones florales cerrados, curvados como pequeños cuernos, acumulan un líquido acuoso en su interior. Al presionarlos, sale a chorro, un juego infantil clásico en los países donde crece el árbol y el origen de nombres populares como "árbol de la fuente" o "meón".
Ese líquido no es solo agua: es una acumulación de agua de lluvia y de exudados de la propia flor, y en botones viejos fermenta y atrae insectos. En algunas regiones los botones caídos, llenos de agua, sirven de criadero de larvas de mosquito, algo que conviene tener en cuenta si el árbol está cerca de una vivienda.
Dónde puede cultivarse en España
El límite es la temperatura mínima. La espatodea sufre daños en el follaje por debajo de los 4 o 5 °C, pierde la parte aérea con una helada ligera y muere si el frío llega a -2 °C. Un ejemplar joven no soporta ni siquiera una noche de escarcha.
Eso deja el cultivo al aire libre prácticamente reducido a las islas Canarias —donde se ha plantado ampliamente como árbol de calle en Tenerife y Gran Canaria— y a puntos abrigados del litoral de Málaga, Granada, Almería y Murcia, siempre a nivel del mar y sin heladas. En Valencia, Alicante o Baleares un invierno frío basta para matarlo. Fuera de esas zonas, la única opción es invernadero cálido, y con un árbol de este porte eso es poco práctico.
Necesita además humedad: procede de selva húmeda y no tolera la sequía prolongada ni el aire muy seco, lo que descarta el interior peninsular incluso donde el frío no fuera un problema.
Una invasora de primer orden
La UICN incluye a Spathodea campanulata entre las cien especies exóticas invasoras más dañinas del planeta. La razón está en su biología: crece rápido, fructifica joven, produce miles de semillas aladas que el viento dispersa a distancia, y además rebrota con fuerza de raíz y de tocón, de modo que cortarlo no lo elimina.
El daño documentado se concentra en islas tropicales. En Hawái, Fiyi, Samoa, Tahití, Vanuatu y buena parte del Pacífico ha invadido bosques nativos y claros de selva, donde forma masas densas que desplazan a la vegetación autóctona. En Sudáfrica, Australia y varias islas del Caribe está catalogada como maleza declarada, con obligación legal de control en algunas jurisdicciones.
Hay además un asunto que afecta directamente a la jardinería consciente. Varios estudios han descrito efectos tóxicos del néctar y del polen sobre abejas que no coevolucionaron con la especie: trabajos en el Pacífico y en Australia documentaron mortalidad de abejas nativas sin aguijón (meliponinos) y de otros polinizadores tras visitar sus flores, atribuida a compuestos del néctar. La flor es muy atractiva y muy visitada, lo que convierte al árbol en una trampa ecológica en esos entornos. La evidencia procede de contextos insulares tropicales concretos y no autoriza a extrapolar sin más, pero es un motivo sólido para no plantarlo cerca de espacios naturales.
En España no figura en el Catálogo Español de Especies Exóticas Invasoras, pero en Canarias su comportamiento naturalizado y su capacidad de escape han llevado a desaconsejar nuevas plantaciones en zonas próximas a espacios protegidos. Si se planta, que sea en entorno urbano, lejos de barrancos y de vegetación natural, y retirando los frutos antes de que se abran.
Cultivo
Exposición. Sol pleno. A media sombra crece pero florece mal.
Suelo. Profundo, fértil, con materia orgánica y drenaje. Tolera un rango amplio de pH pero rechaza los suelos salinos y el encharcamiento permanente.
Riego. Abundante y regular en la fase de establecimiento y durante todo el verano. Un ejemplar adulto, con raíz profunda, resiste periodos secos cortos, pero el estrés hídrico repetido le hace perder hoja y flor.
Abonado. Aporte de materia orgánica al final del invierno y, si el crecimiento es pobre, un abono equilibrado con dominancia de fósforo y potasio; el exceso de nitrógeno produce madera blanda y aún más frágil.
Multiplicación. Por semilla, que germina con facilidad en dos o tres semanas a 25 °C, y también por esqueje semileñoso o por hijuelos de raíz. Desde semilla tarda entre cinco y siete años en florecer.
Plantación. Lejos de edificios y de conducciones: el sistema radicular es superficial, extendido y agresivo, y levanta aceras y pavimentos. Un mínimo de seis metros a cualquier construcción es prudente.
Madera blanda y viento
La espatodea crece deprisa, y esa velocidad tiene su contrapartida: la madera es blanda, ligera y quebradiza. Las ramas grandes se desgajan con vientos fuertes o bajo el peso del agua tras una lluvia intensa, y los ejemplares aislados y muy expuestos pueden volcar porque el anclaje radicular no acompaña al volumen de copa.
Eso desaconseja plantarlo sobre zonas de paso, aparcamientos o áreas de juego infantil, y obliga a una formación temprana: en los primeros años se conduce un eje central limpio y se seleccionan ramas principales con ángulos de inserción abiertos, eliminando las horquillas cerradas en V, que son el punto por donde se parte. Las podas fuertes en árbol adulto son contraproducentes, porque provocan un rebrote abundante de madera aún más débil y mal anclada. Basta la retirada de ramas secas o dañadas y una revisión estructural después de temporales.
En resumen
Spathodea campanulata ofrece una floración espectacular, en campanas rojo anaranjado de 10 a 12 centímetros, pero es un árbol de clima tropical: sufre por debajo de 5 °C y muere hacia -2 °C, lo que en España lo limita a Canarias y a enclaves muy abrigados del litoral sur. Pide sol, suelo profundo y riego regular, y su madera blanda y su raíz superficial obligan a formarlo bien de joven y a alejarlo de edificios y zonas de paso. Está catalogado por la UICN entre las cien invasoras más dañinas del mundo, con efectos descritos sobre polinizadores nativos en islas tropicales, así que si se planta debe ser en entorno urbano, lejos de espacios naturales y controlando la fructificación.