La idea de meter un hongo en el sustrato para defenderse de otros hongos suena a contradicción hasta que se mira de cerca cómo funciona el suelo: ahí abajo la competencia por el espacio y por el alimento es constante, y hay especies que se ganan la vida parasitando a sus vecinas. Trichoderma se gana la vida así, y en eso consiste todo su interés agronómico. También conviene decir desde el principio qué no es: no es un fungicida de choque, no rescata una planta que ya está podrida y no se mezcla con casi ningún producto químico del armario.

Colonia de Trichoderma harzianum creciendo en placa de cultivo

Qué es Trichoderma

Trichoderma es un género de hongos filamentosos del suelo, de la división de los ascomicetos, presente de forma natural en prácticamente cualquier terreno con materia orgánica, en la madera en descomposición y en la hojarasca de todo el mundo. Vive como saprófito, descomponiendo restos vegetales, y su colonia adquiere el característico color verde brillante cuando esporula.

Los productos comerciales no contienen «tricoderma» en general, sino cepas concretas seleccionadas de determinadas especies: Trichoderma harzianum, T. asperellum, T. atroviride, T. virens, T. gamsii o T. viride. La cepa importa tanto como la especie, porque dos aislados de la misma especie pueden comportarse de forma muy distinta en el suelo. En la Unión Europea, varias de esas cepas están aprobadas como sustancias activas fitosanitarias con registro propio; otros productos se comercializan como enmiendas o bioestimulantes. La etiqueta indica la especie, la cepa y la concentración, que suele expresarse en unidades formadoras de colonia por gramo, del orden de 10⁸ a 10⁹ UFC/g.

Y una precaución que conviene saber: es un producto biológico vivo. Tiene fecha de caducidad real, se conserva mejor entre 4 y 20 °C y un envase olvidado en el maletero en agosto pierde buena parte de su viabilidad.

Cómo actúa realmente

No hay una sola vía, sino cuatro mecanismos que operan a la vez y que explican tanto sus aciertos como sus límites.

Micoparasitismo. Es el mecanismo más llamativo. Trichoderma detecta químicamente las moléculas de la pared celular de un hongo próximo y crece dirigidamente hacia él. Al alcanzarlo, enrolla sus hifas alrededor de las del patógeno, forma estructuras de penetración y perfora la pared para consumir su contenido. Sobre esclerocios —los cuerpos de resistencia con los que Sclerotinia o Sclerotium pasan el invierno en el suelo— hace lo mismo, y con ello reduce el inóculo disponible para la campaña siguiente.

Enzimas líticas y metabolitos. Para perforar esa pared segrega un arsenal enzimático: quitinasas que degradan la quitina, β-1,3-glucanasas que atacan los glucanos y proteasas. Produce además metabolitos secundarios con actividad antifúngica. El efecto no se limita al contacto: esas enzimas degradan también restos de pared en el entorno inmediato.

Competencia en la rizosfera. Es probablemente el mecanismo más importante en la práctica y el menos vistoso. Trichoderma crece muy deprisa, coloniza la superficie de la raíz y ocupa el espacio y los exudados azucarados que el patógeno necesitaría para instalarse. Compite también por el hierro mediante sideróforos, moléculas que lo capturan y lo dejan fuera del alcance de otros hongos. Las cepas seleccionadas para uso comercial son las que mantienen esa colonización a medida que la raíz crece.

Inducción de defensas en la planta. La presencia de Trichoderma en la raíz activa en la planta una respuesta de resistencia sistémica, mediada por las rutas del ácido jasmónico y el etileno, que la deja preparada para reaccionar antes ante un ataque posterior, incluso en la parte aérea. A esto se suman efectos de promoción del crecimiento: mayor desarrollo radicular y mejor disponibilidad de fósforo y de algunos micronutrientes.

Conidióforos de Trichoderma vistos al microscopio

Contra qué se usa

Su terreno son los hongos patógenos que viven en el suelo y atacan raíz, cuello y base del tallo.

Rhizoctonia solani, responsable de la caída de plántulas en semilleros y de chancros en el cuello. Es donde el resultado es más consistente.

Fusarium oxysporum y F. solani, causantes de fusariosis vasculares y podredumbres de raíz en tomate, clavel, judía y muchas ornamentales.

Pythium spp., el otro gran agente del damping-off en siembras, junto con Rhizoctonia.

Sclerotinia sclerotiorum y Sclerotium rolfsii, sobre cuyos esclerocios en el suelo el efecto parasitario está bien documentado.

Con Phytophthora, Verticillium y Armillaria el comportamiento es más irregular: hay reducción de daños en algunas condiciones, pero no conviene contar con ello como única medida.

La aplicación con mejor relación esfuerzo-resultado en un jardín doméstico es, con diferencia, el semillero. La caída de plántulas es un problema de suelo, ocurre siempre en las mismas condiciones y se previene bien.

Contra qué no sirve

Esta lista ahorra dinero y decepciones.

No sirve contra bacterias (Xanthomonas, Pseudomonas, Erwinia) ni contra virus.

No sirve contra insectos ni ácaros: pulgón, mosca blanca, araña roja, trips. Para eso hay otros organismos de control biológico, y no son este.

No sirve contra los hongos foliares obligados: oídio, mildiu y royas. Son parásitos que viven sobre el tejido vivo de la hoja, no en el suelo, y Trichoderma no compite ahí. Contra Botrytis hay cepas con actividad foliar declarada, pero es un uso distinto y requiere producto y registro específicos.

No resuelve una asfixia radicular ni un problema de drenaje. Si la raíz se está pudriendo porque el sustrato lleva tres semanas encharcado, ningún biológico lo va a corregir: hay que corregir el riego.

Y un aviso curioso pero real: Trichoderma es una plaga grave de los cultivos de setas, donde produce el llamado moho verde. Quien tenga un cultivo de champiñón o de Pleurotus en casa debe mantenerlo lejos de cualquier aplicación.

Cómo se aplica

El principio general: se aplica antes que el patógeno y en contacto con la raíz. La dosis exacta la marca la etiqueta del producto, porque depende de la concentración; lo que sigue son los órdenes de magnitud habituales.

Incorporado al sustrato. De 1 a 3 gramos de producto por litro de sustrato, mezclado de manera homogénea antes de llenar bandejas o macetas. Es la forma más eficaz para semilleros y para trasplantes en contenedor.

En la semilla. Se recubre la semilla con una suspensión del producto y un adherente sencillo, y se deja secar a la sombra antes de sembrar. Así el hongo acompaña a la raíz desde su primer milímetro, que es cuando la plántula es más vulnerable.

En el trasplante. Mojando el cepellón por inmersión, o regando el hoyo de plantación con una suspensión de 1 a 2 gramos por litro de agua. En cultivos de ciclo largo conviene repetir cada seis u ocho semanas durante la temporada de crecimiento.

En riego de mantenimiento. Aplicado con la regadera o por goteo sobre suelo ya húmedo, nunca sobre sustrato seco.

Tres detalles que condicionan el resultado: aplicar a última hora de la tarde o incorporar y regar de inmediato, porque la radiación ultravioleta directa mata los conidios en superficie; usar agua sin cloro activo, dejándola reposar unas horas si viene de la red; y elegir el momento del año, porque Trichoderma se establece bien con el suelo entre 15 y 30 °C, con óptimo alrededor de 25 °C, y prácticamente no coloniza por debajo de 10 °C. En España eso significa primavera y otoño en la mayor parte del territorio.

Qué necesita para establecerse

Aplicarlo no es lo mismo que instalarlo. Sin estas tres condiciones, el producto se aplica y desaparece.

Materia orgánica. Es un saprófito: come restos vegetales. En un suelo mineral, agotado y sin aporte orgánico no tiene de qué vivir mientras espera al patógeno. Un aporte de compost maduro o un acolchado orgánico multiplica su persistencia.

Humedad constante, sin encharcamiento. Necesita agua para germinar y crecer, y oxígeno para respirar. Un suelo que alterna entre polvo seco y barro es un mal sitio para cualquier microorganismo útil.

Un suelo vivo. Tras una desinfección química o una solarización intensa, el terreno queda vacío y es el mejor momento para reintroducirlo, pero hay que respetar el plazo de seguridad del tratamiento previo. En sentido contrario, un suelo sometido a aplicaciones continuas de fungicidas de amplio espectro no le deja establecerse.

El pH ideal está entre 5,5 y 7,5. Por encima de 8, en suelos muy calizos, la colonización es más lenta, aunque no imposible.

Incompatibilidad con los fungicidas químicos

Es el punto que más problemas causa en la práctica: Trichoderma es un hongo, y los fungicidas matan hongos. Mezclarlo en el mismo caldo con un fungicida de amplio espectro —captan, mancozeb, tiram, procloraz, los triazoles, las estrobilurinas— equivale a tirar el producto. También el cobre y el azufre reducen su viabilidad, aunque de forma menos drástica.

La regla práctica: esperar de 10 a 15 días después de aplicar un fungicida de suelo antes de introducir el biológico, y no aplicar fungicidas en los 3 o 4 días siguientes. Con insecticidas y con abonos foliares suele ser compatible, pero la etiqueta del producto concreto es la referencia, porque algunas formulaciones declaran compatibilidades específicas.

En cuanto a seguridad para quien lo maneja, el riesgo es bajo, pero se trabaja con esporas: conviene usar mascarilla al manipular el polvo, evitar respirarlo y lavarse las manos después. Las personas con alergias respiratorias o inmunodeprimidas deberían extremar esa precaución.

Lo que hay que asumir

Es preventivo, no curativo. Colocado en el sustrato antes de la siembra, reduce de forma clara la incidencia de podredumbres de raíz y cuello. Aplicado sobre una planta cuya raíz ya está colapsada, no la recupera: el tejido destruido no vuelve.

Tarda. Necesita entre dos y cuatro semanas para colonizar la rizosfera. No hay un efecto visible al día siguiente, y esa es exactamente la diferencia entre un agente de control biológico y un tratamiento de choque.

Es variable. Su eficacia depende del suelo, de la temperatura, de la materia orgánica y de la microbiota residente. En condiciones favorables el resultado es notable; en un suelo pobre, frío y encharcado puede no notarse nada.

No sustituye al manejo. Rotación de cultivos, sustrato limpio, herramienta desinfectada, riego ajustado y drenaje siguen siendo la base. Trichoderma es una pieza más de ese conjunto, y funciona bien cuando el resto está en su sitio.

En resumen

Trichoderma es un género de hongos del suelo que se emplea como agente de control biológico frente a patógenos radiculares. Actúa por cuatro vías simultáneas: parasita las hifas y los esclerocios del patógeno, segrega enzimas que degradan su pared, le gana la partida por espacio y nutrientes en la rizosfera y activa las defensas de la planta. Da buenos resultados contra Rhizoctonia, Fusarium, Pythium y Sclerotinia, sobre todo en semilleros y trasplantes, y ninguno contra bacterias, virus, insectos, oídio, mildiu o roya. Se aplica al sustrato, a la semilla o en el trasplante, al atardecer y con el suelo entre 15 y 30 °C, y necesita materia orgánica, humedad estable y un suelo vivo para instalarse. Es preventivo: no cura una raíz ya podrida, tarda semanas en establecerse y no debe mezclarse con fungicidas químicos, que lo matan igual que a cualquier otro hongo.


Contenidos relacionados