Un patio de veinte metros cuadrados no es un jardín grande en miniatura: es otro problema de diseño, y se resuelve con decisiones de trazado antes que con plantas. Cuando un espacio pequeño resulta agobiante rara vez es porque falten metros. Suele ser porque está partido en trozos, porque la vista se detiene a dos pasos de la puerta o porque hay dentro un arbusto que dentro de cinco años ocupará él solo la mitad del recinto.
Cinco recursos para que parezca más grande
No dividir. El impulso natural en un patio pequeño es hacer una zona de comer, una de estar, un rincón de huerto y un arriate, cada cosa con su seto o su cambio de suelo. El resultado son cuatro espacios diminutos en vez de uno mediano. En menos de 40 m², una sola estancia con un solo carácter, y la vegetación empujada contra los límites.
Trabajar en diagonal. En un rectángulo de 4 x 6 m, la distancia más larga que existe es la diagonal: 7,2 m frente a 6. Girar el trazado 45 grados —el despiece del pavimento, la orientación de la mesa, el recorrido hasta el fondo— alarga el recorrido visual sin ganar un solo metro cuadrado, y de paso desdibuja el rectángulo, que es lo que delata el tamaño.
Poner algo al fondo que merezca mirarse. Un punto focal en la esquina más alejada obliga al ojo a atravesar todo el espacio: una fuente de pared, un ejemplar de porte escultórico, una maceta grande y sola, un tramo de celosía con una trepadora. Si el fondo está vacío, la mirada se queda en el primer plano y el jardín se percibe del tamaño de la terraza.
Reducir la paleta de color. Dos colores de flor más el verde, y ya. La variedad cromática fragmenta visualmente y hace que cada mata se lea por separado. Además, los tonos fríos —blanco, azul, malva, gris plateado— retroceden ópticamente, y los cálidos —rojo, naranja, amarillo fuerte— avanzan. Blancos y azules al fondo, cálidos en primer plano cerca de la zona de estar.
Graduar los tamaños. Hoja grande, maceta grande y pavimento de formato grande cerca del observador; hoja fina, follaje menudo y piezas menores al fondo. Es perspectiva forzada barata: el ojo interpreta como lejano lo que ve pequeño. Un Fatsia japonica en primer término y unas gramíneas de hoja estrecha al fondo hacen más por la profundidad que cualquier espejo.
La verticalidad es el recurso principal
En un patio no sobra suelo, pero sobran paredes. La superficie vertical disponible en un recinto de 4 x 5 m con tres muros de 2,5 m de alto supera los 30 m²: más que el propio suelo. Es ahí donde está el jardín.
Trepadoras, con criterio de vigor. Para un muro de casa, Trachelospermum jasminoides es la opción más segura en clima mediterráneo: perenne, de crecimiento contenido, con floración muy perfumada de mayo a julio y sin raíces adventicias que estropeen el revoco, siempre que se guíe sobre alambres o celosía. Clematis, Jasminum officinale y las rosas trepadoras funcionan bien en el mismo formato. Piensa dos veces antes de plantar Wisteria sinensis, cuyo tronco engrosa hasta reventar una pérgola ligera, y Parthenocissus tricuspidata, que se adhiere directamente al paramento y arranca la pintura al retirarlo. Campsis radicans rebrota de raíz a varios metros del pie y aparece en el pavimento del vecino.
Jardín vertical, con los ojos abiertos. Un muro vegetal técnico resuelve mucha superficie y da un efecto inmediato, pero depende por completo del riego automático: una avería de dos días en agosto se lleva el panel entero, y en un piso alto hay que contar además con la carga y con la impermeabilización del soporte. La versión sensata para un patio doméstico son repisas o perfiles escalonados con macetas independientes, que se riegan por goteo y donde una planta que falla se sustituye sin desmontar nada.
Un árbol de copa alta y tronco limpio. Es el recurso más eficaz de todos y el que más se pasa por alto. Un árbol pequeño formado con la cruz por encima de 2,2 m deja pasar por debajo, permite meter la mesa bajo su sombra y ocupa en planta lo que ocupa el tronco. El espacio no se pierde: se usa dos veces, una a nivel de suelo y otra a nivel de copa.
Elegir las plantas por su tamaño adulto
En un jardín de 300 m² una equivocación de escala se corrige con la tijera; en 20 m² se corrige con la azada y una bolsa de escombros. Antes de comprar cualquier arbusto conviene buscar su altura y su anchura a diez años, no la que tiene en el vivero.
El caso típico es Photinia x fraseri 'Red Robin', que se vende en maceta de 60 cm y alcanza los 4 m de alto y 3 de ancho. Igual ocurre con Pittosporum tobira en su forma tipo, que llega a 4 m, mientras que la variedad 'Nana' se queda en 1 m y sirve para lo mismo en un patio. Strelitzia nicolai pasa de los 6 m; Strelitzia reginae se queda en 1,5 m y da la misma flor.
La regla práctica: en un patio, ninguna planta de fondo debería superar los 2,5 m salvo el árbol, y la anchura adulta de cada arbusto no debería pasar de un tercio de la dimensión menor del recinto.
Mobiliario que hace dos cosas
El mobiliario suelto es lo que llena un patio pequeño sin aportar nada. Cuatro sustituciones que funcionan:
Un murete perimetral de 45 cm de altura que hace de contención del arriate y de asiento corrido. Es la altura estándar de asiento, y elimina cuatro sillas del centro del espacio.
Un banco con arcón bajo el tablero, para las mangueras, los cojines y las herramientas, que si no acaban en un armario que ocupa una esquina entera.
Una mesa abatible sujeta a la pared, o de tablero plegable, que solo está desplegada cuando se come.
Jardineras de obra integradas en el mismo material y color que el pavimento y los muros, en lugar de una colección de macetas de distintos tamaños y acabados. La suma de macetas dispares es visualmente ruidosa y multiplica el número de objetos que la vista tiene que ordenar.
El suelo continuo
Un único pavimento, de un solo material y un solo color, en toda la superficie transitable. Cada cambio de material corta el espacio y anuncia un límite; tres pavimentos distintos en 20 m² hacen que el patio se lea como tres patios de siete metros.
Formato grande antes que pequeño —una baldosa de 60 x 60 cm da más sensación de amplitud que una de 20 x 20—, junta mínima y del color de la pieza, y despiece continuo hacia el fondo o en diagonal, nunca a lo ancho: las líneas paralelas al observador acortan y las que se alejan alargan. Si hay que separar la zona de plantación, mejor hacerlo con un cambio de nivel de un escalón o con una franja de gravilla del mismo tono que con otro pavimento.
El mismo criterio se aplica a los muros: un revoco continuo y de color uniforme en las tres paredes hace desaparecer los límites; tres acabados distintos los subrayan.
La luz: pocos puntos, bajos y cálidos
La iluminación duplica el uso del patio en verano y es, con diferencia, la intervención más rentable por euro invertido. Tres reglas.
Nunca un foco potente desde la casa hacia el jardín. Aplana todo, deslumbra desde dentro y convierte el fondo en una pared negra.
Varios puntos de baja potencia repartidos y a poca altura: balizas de 30 cm en el borde del arriate, tiras empotradas bajo el banco o el murete, un pequeño proyector rasante al pie del árbol que ilumine el tronco de abajo arriba. La sombra de la copa proyectada sobre el muro del fondo agranda más que cualquier luminaria.
Temperatura de color cálida, entre 2.500 y 3.000 K. La luz blanca fría de 5.000 K vuelve azulado el follaje y da aspecto de aparcamiento. Y todo con detector o con reloj: un patio iluminado toda la noche molesta a los vecinos y a la fauna.
Árboles que caben de verdad en un patio español
Todos por debajo de 6-7 m de altura adulta, con sistema radicular no invasivo y comportamiento probado en clima peninsular.
Lagerstroemia indica (júpiter). De 4 a 6 m, caduco, floración abundante de julio a septiembre, corteza decorativa en invierno, raíz discreta y muy buena tolerancia a la sequía una vez establecido. Es la opción más segura para un patio soleado.
Cercis siliquastrum (árbol del amor). De 5 a 7 m, floración rosa sobre madera desnuda en marzo, hoja acorazonada. Prefiere suelo calizo y bien drenado, que es lo que hay en media España.
Punica granatum (granado). De 3 a 5 m, caduco, flor roja en verano y fruto en otoño. Aguanta calor, sequía y suelo malo; se conduce sin problema a un solo tronco.
Arbutus unedo (madroño). De 4 a 6 m, perenne, crecimiento lento, flor y fruto simultáneos en otoño. Da presencia todo el año y no ensucia demasiado.
Citrus x aurantium (naranjo amargo). De 4 a 5 m, perenne, copa densa y azahar en primavera. Necesita clima sin heladas fuertes, riego regular y suelo que drene.
Prunus cerasifera 'Pissardii'. De 5 a 6 m, hoja púrpura toda la temporada y flor rosa muy temprana. Vida relativamente corta, entre 25 y 30 años, pero es rápido y barato.
Acca sellowiana (feijoa). De 3 a 4 m, perenne, hoja gris por el envés, flor comestible y fruto aromático. Muy resistente al viento y a la sequía.
Y lo que conviene dejar fuera de un patio pequeño, por tamaño o por raíz: Jacaranda mimosifolia (8-12 m), Catalpa bignonioides, Populus, Ficus, Morus alba y Melia azedarach, cuyos frutos además son tóxicos por ingestión y caen en cantidad justo donde juegan los niños. En cuanto a arbustos, Nerium oleander es tóxico en todas sus partes; en un patio de uso familiar hay alternativas igual de resistentes.
Sea cual sea la elección, respeta al menos 2 m de separación al muro de la casa y a la red de saneamiento, y planta en otoño para que llegue al verano con raíz hecha.
En resumen
Un jardín pequeño gana metros con diseño, no con plantas. No dividir el espacio, trabajar la diagonal, colocar un foco de interés en la esquina más lejana, limitarse a dos colores con los fríos al fondo y graduar los tamaños de mayor a menor hacia el interior son cinco decisiones que no cuestan dinero. El volumen real está en las paredes: trepadoras bien elegidas, macetas escalonadas y un árbol pequeño con la cruz alta bajo el que se pueda pasar. Después, plantas escogidas por su talla adulta, mobiliario que sirva para dos cosas, un solo pavimento continuo de formato grande y varios puntos de luz cálida y baja. Con eso, un patio de veinte metros funciona como si tuviera treinta.