Cinco plantas de comportamiento muy distinto comparten el nombre de verbena en los viveros españoles: una anual de temporada que se agota en septiembre, una perenne rastrera que aguanta años en el suelo, una vivaz de casi dos metros que se resiembra sola, una hierba medicinal de flor insignificante y un arbusto aromático que ni siquiera pertenece al género. Identificar el grupo antes de comprar resuelve de antemano casi todos los problemas posteriores, porque el riego, la poda y la duración esperable cambian por completo de uno a otro.
El género Verbena y lo que no lo es
El género Verbena pertenece a la familia Verbenaceae y reúne alrededor de un centenar de especies, la mayoría americanas. Son plantas de hoja opuesta, flores pequeñas de cinco pétalos reunidas en inflorescencias planas o en espigas, y aroma escaso o nulo en la flor.
Conviene aclarar de entrada una confusión frecuente en los viveros españoles. La verbena de limón o hierbaluisa no es una Verbena: es Aloysia citrodora (antes Lippia citriodora), un arbusto caducifolio de la misma familia, con hojas alargadas y rugosas de fuerte olor a limón, que se cultiva por su hoja para infusión y no por su flor. Si alguien busca la planta aromática de las infusiones, ninguna Verbena le sirve.
Verbenas híbridas de temporada
Es el grupo que se ve en jardineras de balcón y en macetas de centro de jardinería. Se agrupan comercialmente como Verbena x hybrida, un conjunto de híbridos con ascendencia sudamericana (V. peruviana, V. incisa, V. platensis, entre otras) seleccionados por floración compacta y continua.
Florecen desde abril hasta las primeras heladas en umbelas planas de blanco, rosa, rojo, malva o azul violáceo, muchas veces con el centro claro. Se comportan como anuales de temporada en casi toda España peninsular: aguantan mal el invierno en maceta y se replantan cada primavera. Series como Tapien, Temari o Lanai se han seleccionado para porte colgante y son las adecuadas para jardinera elevada.
Piden sol directo —con menos de seis horas se ahílan y florecen poco—, sustrato con drenaje real y riego moderado. En maceta agradecen abono líquido con potasio cada diez o quince días durante la floración; sin él, la planta se para en pleno verano.
Las rastreras perennes de jardín
Aquí está el grupo interesante para quien quiere una planta que dure. Verbena canadensis y sus híbridos dan cultivares perennes en clima suave, siendo 'Homestead Purple' el más extendido: una rastrera vigorosa de flor púrpura intensa, que forma una alfombra de treinta a cuarenta centímetros de alto y hasta un metro de ancho, y que resiste heladas moderadas de hasta unos -10 °C si el suelo drena bien en invierno.
Verbena tenuisecta (hoy Glandularia pulchella), la verbena de hoja fina, es otra rastrera perenne de flor lila o violeta, muy usada en taludes y rocallas del sur peninsular, donde se naturaliza con facilidad. Ambas se multiplican bien por esqueje de tallo en verano.
Estas perennes toleran mucho mejor la sequía estival que las híbridas de temporada, pero mueren con el encharcamiento invernal. En suelo arcilloso conviene plantarlas en caballón o mezclar arena gruesa en el hoyo.
Verbena bonariensis: altura sin volumen
Verbena bonariensis merece capítulo aparte. Es una vivaz sudamericana de tallos rígidos, cuadrados y casi desnudos que suben entre 1,2 y 1,8 metros para rematar en pequeños ramilletes de flor malva. Su valor en diseño es que se ve a través de ella: se planta en primer plano de un arriate sin taparlo, y da altura y movimiento a las praderas naturalistas de gramíneas.
Florece de julio a las heladas, atrae mariposas y abejas de forma notable, y se resiembra sola con abundancia. Esa autosiembra es su gran ventaja en jardín naturalista y su inconveniente en jardín ordenado; se controla cortando las inflorescencias antes de que semillen. En zonas de clima suave puede escaparse del jardín, así que conviene vigilar los alrededores.
La especie afín Verbena hastata, norteamericana, tiene espigas verticales azul violáceo en vez de ramilletes planos y prefiere suelos frescos, incluso húmedos, lo que la hace útil en bordes de estanque donde V. bonariensis sufriría.
Verbena officinalis, la verbena medicinal
La verbena a secas de la tradición europea es Verbena officinalis, una hierba silvestre presente en toda la Península, de tallos delgados, hojas divididas y espigas larguísimas con florecillas lilas diminutas. Como planta de flor no tiene interés ornamental: se cultiva en huerto medicinal o se deja aparecer en zonas rústicas.
Se ha empleado tradicionalmente en infusión y forma parte de la farmacopea popular, pero no es una planta inocua por serlo tradicional: está desaconsejada en el embarazo y puede interferir con algunos medicamentos. Cualquier uso interno se consulta antes con un profesional sanitario.
Cultivo: lo que decide el resultado
Suelo y riego. Todas las verbenas ornamentales exigen drenaje. Riego regular en maceta durante el verano, dejando secar el par de centímetros superficiales entre riegos; en suelo, riegos espaciados y profundos, que fuerzan raíz honda. El exceso de agua produce más follaje que flor y abre la puerta a la podredumbre del cuello.
Pinzado. Es la operación que más cambia el aspecto de la planta. En las híbridas y rastreras, pinzar los extremos cuando el plantón tiene diez o quince centímetros ramifica la mata y multiplica los puntos de floración. Y a mediados de verano, cuando la planta se alarga y florece solo en las puntas, un recorte a un tercio de toda la mata seguido de un abonado provoca un rebrote y una segunda floración en dos o tres semanas. Sin ese recorte, la planta llega a septiembre desgarbada y con poca flor.
Limpieza de flor marchita. Retirar las umbelas pasadas prolonga la floración y reduce focos de podredumbre en épocas húmedas.
El oídio, el problema principal
Si una verbena da un disgusto, casi siempre es por oídio. Aparece como un polvillo blanco harinoso en el haz de las hojas, que después amarillean y caen; en un ataque avanzado la mata se defolia por la base y deja de florecer.
El oídio de las verbenas no necesita hoja mojada para germinar, al contrario que la mayoría de hongos: se dispara con humedad ambiental alta, noches frescas y días cálidos, la combinación típica de septiembre en el litoral. Por eso las plantas apretadas, en sitio poco ventilado o a media sombra, son las primeras en caer.
La prevención es más eficaz que el tratamiento: separación entre plantas para que corra el aire, sol directo, riego al pie y nunca por aspersión al atardecer, y evitar el exceso de nitrógeno, que produce brotes tiernos muy susceptibles. Ante los primeros síntomas, retirar y tirar —no compostar— las hojas afectadas. Los tratamientos a base de azufre mojable funcionan bien, siempre aplicados por debajo de los 30 °C para no quemar la planta, y hay cultivares modernos seleccionados por tolerancia al oídio que conviene preferir en zonas problemáticas.
El otro enemigo habitual es la mosca blanca, sobre todo en cultivo en maceta y bajo porche; y en veranos secos, la araña roja, que decolora el haz y se combate subiendo la humedad ambiental alrededor de la planta.
Cuáles aguantan el verano español
En interior peninsular, con julio y agosto por encima de 35 °C, las híbridas de temporada se paran: dejan de florecer aunque se rieguen, en un bloqueo por calor del que salen en septiembre. Aguantan mejor si se plantan donde reciban sombra a partir de las cinco de la tarde.
Las que atraviesan el verano sin quejarse son Verbena bonariensis, que florece precisamente en lo más duro del año, las rastreras tipo 'Homestead Purple' una vez enraizadas, y Glandularia pulchella en el sur y en Levante, donde se comporta como tapizante de bajo mantenimiento.
En clima atlántico —Galicia, cornisa cantábrica— el problema no es el calor sino la humedad, y ahí la elección se decide por resistencia al oídio y por drenaje del suelo más que por resistencia a la sequía.
En resumen
La palabra verbena cubre cuatro plantas de comportamiento distinto: las híbridas Verbena x hybrida son de temporada y se reponen cada año; las rastreras tipo 'Homestead Purple' y Glandularia pulchella son perennes en clima suave y resisten sequía; Verbena bonariensis aporta altura transparente y se resiembra sola; Verbena officinalis es medicinal y sin valor ornamental. La hierbaluisa de las infusiones no entra en el género: es Aloysia citrodora. En todas, sol directo, drenaje, pinzado inicial y recorte a un tercio en pleno verano son lo que sostiene la floración, y el oídio, favorecido por la falta de ventilación, es la plaga que hay que anticipar.