Bajo la etiqueta común de "riego por goteo" conviven al menos cinco sistemas distintos, con caudales, presiones de trabajo y averías propias. Elegir el que no toca es la razón por la que una instalación riega de más en la cabecera y de menos en la cola, o se obtura al segundo verano. Lo que sigue es el mapa: qué hace cada sistema, para qué tipo de plantación sirve, y las dos piezas de cabecera sin las cuales cualquiera de ellos acaba atascado.

Línea de riego por goteo instalada entre plantas de un huerto

Goteros pinchados sobre tubería ciega

Es el sistema modular: una tubería de polietileno lisa —16 o 20 mm de diámetro— por la que no sale agua, y goteros individuales que se pinchan con un sacabocados allí donde hace falta. Cada gotero puede alimentar directamente el suelo o continuar en un microtubo de 4 mm hasta una maceta apartada de la línea.

Ventaja: se coloca un emisor por planta y ninguno donde no hay nada. Ideal cuando las plantas están a distancias irregulares —un jardín, una terraza con macetas de tamaños distintos, arbolado joven—.

Inconveniente: mucha mano de obra y muchos puntos de fuga potencial. Un pinchazo mal hecho gotea para siempre, y si se retira un gotero hay que taponar el agujero con un tapón ciego.

Los caudales de catálogo son 2, 4 y 8 litros/hora. Los de 2 l/h son los de uso general; los de 8 l/h se reservan para árboles y arbustos grandes, donde interesa mojar volumen.

Tubería con goteo integrado (interlínea)

Aquí los emisores vienen soldados de fábrica dentro de la propia tubería, a un paso fijo: 20, 30, 33, 50 o 100 cm. Se desenrolla la línea, se conecta y ya riega.

Gotero interlínea integrado en una tubería de polietileno

Ventaja: instalación rapidísima, cero pinchazos, reparto homogéneo y precio bajo por metro. Es lo que se usa en cultivo en línea, en setos y en bancales de huerto.

Inconveniente: el paso es el que es. Si las plantas están a 70 cm y la tubería gotea cada 33, se está mojando suelo desnudo entre planta y planta, lo que además invita a la hierba. Existen versiones de pared gruesa (para instalación permanente, 15 a 20 años) y de pared fina o "cinta de goteo", más barata pero pensada para una o dos campañas.

El caudal por emisor suele ser de 1,6 o 2,2 l/h. La cuenta útil es por metro lineal: una línea con goteros de 2,2 l/h cada 33 cm entrega unos 6,6 l/h por metro.

Cinta de exudación y tubería porosa

Son dos productos parecidos en efecto y distintos en fabricación, y ambos rezuman por toda su superficie en lugar de por puntos.

La cinta de exudación es un tejido de poliéster plano que al presurizarse deja pasar el agua por la trama. Trabaja a presión muy baja —de 0,1 a 0,3 bar, es decir, un depósito elevado un metro puede bastar— y forma una franja húmeda continua de 20 a 40 cm de ancho. Va perfecta para siembras en línea: zanahoria, cebolla, rabanito, judía, o para el semillero, donde un gotero puntual dejaría media línea seca.

La tubería porosa, fabricada con caucho reciclado, hace lo mismo en formato de manguera redonda. Se puede enterrar unos centímetros bajo el acolchado.

Su punto débil es común y serio: se obturan. Los poros son microscópicos y cualquier partícula o precipitado de cal los cierra. Con aguas duras —buena parte de la meseta y del levante español superan los 30 °f de dureza— la vida útil se acorta mucho. Exigen filtro fino sí o sí, y aun así conviene contar con sustituirlas cada pocos años. Tampoco toleran bien los desniveles ni las líneas largas: por encima de 25 o 30 m la cola apenas moja.

Microaspersión y microdifusión

No es goteo, pero comparte la misma red de baja presión y se combina con ella. Un microaspersor pulveriza un círculo o un sector de entre 1 y 5 m de diámetro con caudales de 20 a 100 l/h.

Se usa donde hay que mojar superficie y no puntos: praderas pequeñas, tapizantes, macizos de flor de temporada, invernaderos, o bajo copa de frutales en suelos muy arenosos donde el bulbo de un gotero se estrecha demasiado.

Sus inconvenientes: pierde agua por evaporación y deriva con el viento, moja la hoja —lo que favorece hongos foliares— y consume mucho más caudal, así que reduce drásticamente el número de emisores que caben en un mismo sector.

Goteros autocompensantes frente a goteros normales

Un gotero normal (de laberinto o de turbulencia) entrega un caudal que depende de la presión que tenga delante. Con más presión suelta más agua. En una línea horizontal y corta eso casi no se nota, porque la pérdida de carga por rozamiento es pequeña.

Un gotero autocompensante lleva una membrana elástica que se deforma con la presión y estrangula el paso, de manera que mantiene un caudal constante dentro de un rango de trabajo, típicamente entre 0,5 y 4 bar. El primero de la línea y el último tiran lo mismo.

Hacen falta autocompensantes en dos situaciones concretas:

Cuando hay desnivel. Cada 10 metros de altura equivalen a 1 bar de presión. Un jardín en terrazas con 5 m de desnivel entre la parte alta y la baja tiene ya media atmósfera de diferencia, suficiente para que los goteros de abajo entreguen bastante más que los de arriba. En una ladera o en una línea que sube por una pared, son obligatorios.

Cuando el ramal es largo. Con tubería de 16 mm, un ramal recto y llano empieza a perder caudal significativo a partir de unos 50-60 m, según el número de emisores. Por encima de eso, o se divide el sector, o se instala autocompensante.

Muchos autocompensantes son además antidrenantes: cierran cuando la presión cae por debajo de un umbral, lo que evita que al parar el riego se vacíe toda la línea por el punto más bajo. En pendiente eso ahorra litros y evita encharcar la planta de abajo.

Para macetas en un plano llano y una línea de 15 m, un gotero normal cumple y cuesta la mitad.

Cómo se calcula el tiempo de riego

Un sistema de goteo no se programa "por lo que parece": se calcula a partir del caudal del emisor, que es un dato conocido.

La regla base: litros que necesita la planta ÷ (caudal del gotero × número de goteros por planta) = horas de riego.

Ejemplo con macetas. Una maceta de 15 litros necesita en verano en torno a 1,5-2 litros por riego (un 10-15 % del volumen del contenedor, para que drene algo por abajo y no se acumulen sales). Con un gotero de 2 l/h, eso es una hora. Con dos goteros de 2 l/h, media hora.

Ejemplo con huerto. Un bancal de 10 m² en julio en clima mediterráneo consume del orden de 5 mm/día, es decir, 5 litros por metro cuadrado: 50 litros diarios. Con tres líneas de goteo integrado de 6,6 l/h por metro, esas 30 líneas-metro entregan unos 200 l/h, así que hacen falta unos 15 minutos al día. En primavera, con 2 mm/día, bastan 6 minutos.

Ejemplo con arbolado. Un olivo o un cítrico joven de tres años pide unos 20-30 litros por riego, dos o tres veces por semana en verano. Con cuatro goteros de 4 l/h alrededor del cepellón —16 l/h en total— son unas dos horas.

Dos advertencias sobre la cuenta. La primera: más vale poco tiempo y más frecuencia en suelo arenoso, y más tiempo y menos frecuencia en suelo arcilloso, porque en arena el agua baja en vertical y se pierde por debajo de la raíz, mientras que en arcilla se extiende en horizontal y necesita tiempo para infiltrar. La segunda: el bulbo húmedo de un gotero es un cono invertido de unos 30-40 cm de diámetro en suelo franco y bastante menos en arena. Si la planta es grande, un solo gotero no moja el volumen de raíz por mucho que se alargue el tiempo.

Filtro y regulador de presión: las dos piezas que faltan

Estas dos van en el cabezal, entre el grifo y la primera tubería, y sin ellas la instalación tiene los días contados.

El filtro de anillas o de malla. El paso interior de un gotero es de décimas de milímetro. Cualquier partícula —arena de la red, óxido de una tubería vieja, restos de teflón del montaje, algas si el agua viene de depósito o pozo— lo tapona. Se instala un filtro de 120 a 130 mesh (unas 125 micras) y se limpia varias veces por temporada; el de anillas se desmonta, se separan los discos y se enjuagan. En riego con agua de pozo o de balsa, el filtrado es la mitad del trabajo de mantenimiento.

El regulador de presión. La red doméstica española suele entregar entre 3 y 5 bar, y en algunos puntos más. Los goteros trabajan entre 1 y 2,5 bar. Con 4 bar detrás, los microtubos se salen de sus conectores, los codos revientan y las líneas de pared fina se hinchan y se rompen. Un regulador fijo de 1,5 o 2 bar, que cuesta poco, elimina de golpe ese tipo de averías. Si además el agua se toma de un grifo de manguera, conviene una llave de paso propia para el riego.

Completan el cabezal, cuando hace falta, una válvula antirretorno —obligatoria si se abona por el riego, para no devolver fertilizante a la red— y un pequeño colector si hay varios sectores.

Obturaciones: cal y raíces

Hay dos atascos que no vienen de fuera, sino que se forman dentro.

Carbonato cálcico. Con aguas duras, al evaporarse la gota que queda en la boca del emisor se deposita cal, y con las semanas se forma una costra blanca que estrangula el orificio. Se previene de dos maneras: haciendo pasar por la instalación agua acidulada una o dos veces al año —bajando el pH del agua de riego a 6-6,5 con un ácido de uso agrícola, y dejándolo actuar en las líneas media hora antes de aclarar— y sobre todo abriendo los finales de línea una vez al mes para purgar. Un tapón de final de ramal cuesta céntimos y su función es esa: dejar salir a chorro lo que se ha ido depositando.

Raíces. Es el problema típico de la línea enterrada o cubierta con acolchado. La raíz busca la humedad, llega a la boca del emisor y entra. Se previene manteniendo la tubería en superficie siempre que se pueda, y cuando va enterrada, usando goteo integrado antirraíces —los que llevan el emisor protegido o el tubo tratado con un herbicida de contacto en la masa— y evitando los ciclos muy cortos y frecuentes, que mantienen la boca permanentemente húmeda.

Un tercer atasco menos citado: las hormigas y las babosas, que se meten en los emisores buscando humedad. Es la razón de que un gotero deje de gotear de un día para otro sin más explicación.

El programador y las pilas

El programador de grifo a pilas es el corazón de la instalación doméstica y también su punto de fallo más traicionero. Funciona con una electroválvula de solenoide biestable que necesita un pulso de corriente para abrir y otro para cerrar.

Cuando las pilas se agotan, hay dos comportamientos posibles y ninguno bueno: que la válvula se quede cerrada —y se pierda el cultivo en agosto— o que se quede abierta, con la factura de agua correspondiente. Por eso:

Pilas alcalinas nuevas al empezar la temporada, cada año, sin esperar a que avise. Cuestan menos que una tanda de plantas. Las de tipo salino no aguantan.

Programador a la sombra. El sol directo sobre la carcasa castiga la pantalla LCD y acorta la vida de las pilas. Basta con una teja, un trozo de madera o esconderlo en la arqueta.

Comprobación visual cada dos semanas. Poner un riego manual y recorrer las líneas. Un gotero atascado y un ramal descolgado se ven en tres minutos y se detectan tarde si no se mira.

En invierno se retiran las pilas y se guarda el programador bajo techo: el hielo revienta el cuerpo de la válvula. También conviene vaciar las líneas antes de las primeras heladas abriendo los finales.

Qué sistema según lo que se riegue

Arbolado y arbustos. Goteros pinchados autocompensantes de 4 u 8 l/h, entre dos y cuatro por pie, colocados en corona a la altura de la proyección de la copa —no pegados al tronco, donde no hay raíz absorbente— y separados del tronco al menos 30-40 cm. Según crece el árbol, los goteros se van desplazando hacia fuera.

Huerto en línea. Tubería con goteo integrado, paso de 20 o 33 cm, una línea por caballón para hortalizas de marco estrecho y dos líneas para bancales anchos. Para siembra directa fina, cinta de exudación.

Macetas y jardineras. Tubería ciega de 16 mm como distribución y microtubo de 4 mm con gotero regulable o de 2 l/h a cada maceta. Los goteros regulables permiten ajustar planta a planta —una Dracaena y un geranio en la misma línea no piden lo mismo—, aunque tienen tendencia a descalibrarse y a atascarse más que los fijos, así que hay que revisarlos.

Gotero regulable de caudal ajustable para macetas

Seto. Goteo integrado de paso corto (20 o 33 cm) corrido a lo largo del pie, en una sola línea si el seto es estrecho y en dos si supera los 60 cm de ancho. Aquí interesa precisamente la franja húmeda continua, porque el seto se comporta como una masa vegetal única. Si el seto está en pendiente, autocompensante.

Pradera pequeña y macizos de flor. Microaspersión, con emisores solapando su alcance para no dejar sectores secos, y riego a primera hora de la mañana para reducir evaporación y limitar las horas de hoja mojada.

En resumen

Los goteros pinchados sirven para plantaciones irregulares; la tubería con goteo integrado, para cultivo en línea y setos; la cinta de exudación y la tubería porosa, para siembras continuas, con el aviso de que se obturan con agua dura; la microaspersión, para superficies y no para puntos. Los autocompensantes solo son necesarios con desnivel o ramales largos, pero ahí lo son de verdad. El tiempo de riego se calcula dividiendo los litros que pide la planta entre el caudal instalado, ajustando después por textura del suelo. Y en el cabezal, filtro de 120 mesh y regulador a 1,5-2 bar: sin esas dos piezas la instalación se atasca o revienta. Purgar los finales de línea una vez al mes y cambiar las pilas del programador cada primavera cubre casi todo el mantenimiento restante.


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