Entre un cubo de cenizas y un saco de guano hay una diferencia de cien veces en la cantidad de nitrógeno que aportan, y de varios meses en el tiempo que tardan en aportarlo. Llamar "abono natural" a los dos es correcto y no sirve de nada: lo que permite usarlos bien es saber cuánto lleva cada uno, a qué velocidad lo suelta y qué dosis admite sin causar daño. Aquí va ese repaso, producto por producto.

Humus de lombriz listo para incorporar al sustrato

Compost

Un compost casero maduro se mueve alrededor de 1-1,5 % de nitrógeno, 0,5-1 % de fósforo y 0,8-1,5 % de potasio sobre materia seca, con un 30-50 % de materia orgánica. Son cifras modestas: cinco kilos de compost aportan menos nitrógeno que cincuenta gramos de un abono mineral. Su valor no está ahí, sino en la materia orgánica, en la capacidad de retención de agua y en la población microbiana que introduce.

Libera despacio. Del nitrógeno total, alrededor de un tercio se mineraliza el primer año y el resto va apareciendo en los dos o tres siguientes, con la actividad microbiana casi parada por debajo de 10 °C de temperatura de suelo. Dosis: 3-5 kg/m² al año en huerto, incorporados a los primeros 15 cm; 2-3 kg/m² como mantenimiento en macizos ornamentales; en macetas, no más de un 20-30 % del volumen del sustrato, porque en mayor proporción compacta y retiene demasiada agua.

Un compost inmaduro —oscuro pero con olor ácido, todavía caliente, con restos reconocibles— consume nitrógeno del suelo en lugar de aportarlo mientras termina de descomponerse, y puede provocar una carencia pasajera. El maduro huele a tierra de bosque y está a temperatura ambiente.

Humus de lombriz

Es compost pasado por el tubo digestivo de Eisenia fetida, y las cifras son parecidas: 1-2 % de nitrógeno, 0,5-1 % de fósforo y 0,8-1,5 % de potasio. La diferencia está en la forma: los nutrientes salen en formas más asimilables, el pH queda cerca de la neutralidad, la carga microbiana y de ácidos húmicos es muy superior y el material tiene una estructura granular estable que no compacta.

Es más caro por kilo que el compost y no tiene sentido usarlo como enmienda masiva; rinde como aporte concentrado y localizado. Dosis: 0,5-1 kg/m² al año en suelo; un 10-20 % del volumen en sustrato de maceta; un puñado de 100-150 g en el hoyo al trasplantar un plantel. Su liberación es más rápida que la del compost pero sigue siendo gradual, del orden de dos a tres meses.

Estiércoles

Los estiércoles son el abono orgánico de base en cualquier huerto con acceso a ellos, con riquezas que van del 0,5 % de nitrógeno del vacuno fresco al 3-5 % de la gallinaza seca, y con comportamientos muy distintos según el animal. La comparación entre vacuno, ovino, equino, porcino, conejo y aves —relación carbono-nitrógeno, capacidad de quemar en fresco, tiempo de compostaje y cultivo al que va cada uno— se trata aparte, igual que el estiércol de caballo, cuyo compostaje, uso en cama caliente y avisos sobre antiparasitarios y residuos de aminopiralida tienen artículo propio.

Vale aquí la regla común: ninguno se usa en fresco. Todos necesitan un compostaje previo de tres a seis meses, y todos se incorporan de fondo, en otoño o invierno, con al menos un mes de margen antes de sembrar.

Gallinaza

El excremento de gallina es el estiércol más concentrado que se maneja habitualmente: 3-5 % de nitrógeno, 2-3 % de fósforo y 1,5-2,5 % de potasio sobre seco, más un contenido alto de calcio procedente de la dieta ponedora. La versión peletizada comercial suele declarar en torno a 4-3-3.

Esa concentración es su virtud y su riesgo. En fresco tiene una relación carbono-nitrógeno muy baja, cercana a 7-10, libera amoníaco con rapidez y quema raíces y hoja con facilidad: aplicada sin compostar sobre un cultivo en pie, el daño se ve en días. Compostada o peletizada y secada a alta temperatura, es un abono de arranque excelente para hortalizas de hoja y de fruto exigentes.

Dosis: 100-150 g/m² al año de producto peletizado, repartidos en dos aportaciones; 1-2 kg/m² si es gallinaza compostada con cama de viruta, incorporada de fondo. Sube ligeramente el pH por su calcio, así que en suelos ya calizos conviene alternarla con otras fuentes.

Guano

Depósito fosilizado de excrementos de aves marinas o de murciélago, y el abono orgánico más potente del mercado. El guano de ave marina ronda el 10-14 % de nitrógeno, 8-12 % de fósforo y 2-3 % de potasio; el guano de murciélago es marcadamente fosfórico, del orden de 3-10-1, con menos nitrógeno.

Actúa deprisa, en una o dos semanas, y a esas concentraciones el margen de error es estrecho. Dosis: 50-80 g/m² como máximo por aplicación, o 20-30 g por planta enterrados alrededor del cepellón y regados a continuación; en maceta, una cucharada rasa mezclada con el sustrato del tercio superior. Es un producto de refuerzo puntual en floración o cuajado, no un abono de fondo, y su extracción tiene un coste ambiental que justifica reservarlo para donde de verdad aporta.

Harina de huesos y harina de sangre

Dos subproductos de matadero con perfiles opuestos y complementarios.

La harina de huesos aporta 3-4 % de nitrógeno, 20-25 % de fósforo y un 25-30 % de calcio. Es el fosfato orgánico por excelencia y su liberación es lentísima: entre seis meses y dos años, porque el fósforo está en forma de fosfato tricálcico que las raíces y los microorganismos deben solubilizar. Esa solubilización necesita acidez, de modo que en suelo calizo, con pH por encima de 7,5, su eficacia cae mucho. Su sitio natural es la plantación de leñosas y la de bulbos: un puñado de 50-80 g en el fondo del hoyo, cubierto con un dedo de tierra para que no toque directamente la raíz. Dosis general: 60-100 g/m².

La harina de sangre es lo contrario: 12-14 % de nitrógeno y prácticamente nada de fósforo y potasio, con una liberación rápida de dos a cuatro semanas. Es el nitrógeno de acción inmediata de la agricultura ecológica, útil para levantar un cultivo de hoja amarillento o para compensar un exceso de material leñoso en el compost. Dosis: 30-60 g/m², nunca más, porque a partir de ahí quema. Se entierra ligeramente y se riega; en superficie atrae a perros y a otros animales. La harina de cuerno y pezuña tiene un nitrógeno similar, 12-14 %, pero lo entrega a lo largo de tres a seis meses, lo que la hace más segura para un aporte de fondo.

Tortas vegetales

Son el residuo sólido que queda tras extraer el aceite de una semilla, y funcionan como abonos nitrogenados orgánicos de velocidad media, entre cuatro y ocho semanas. La torta de algodón ronda 6-3-1,5; la torta de neem (Azadirachta indica), 4-1-1,5; la torta de ricino (Ricinus communis), en torno a 5-2-1.

Aviso sobre esta última: la torta de ricino conserva ricina, una proteína tóxica por ingestión, y hay casos documentados de intoxicación grave en perros que han comido el granulado esparcido en el jardín. Si hay animales en casa, se entierra siempre y se usa cualquier otra alternativa cuando haya duda. Dosis: 100-200 g/m² incorporados al suelo dos o tres semanas antes de plantar.

Algas

La harina y los extractos de algas pardas, casi siempre Ascophyllum nodosum, aportan 1-1,5 % de nitrógeno, 0,2 % de fósforo y 2-3 % de potasio, además de una gama amplia de microelementos, manitol y alginatos. Como abono es flojo; su interés es la fracción bioactiva, asociada a mejor tolerancia al estrés hídrico y térmico y a un mejor enraizado tras el trasplante.

Dosis: 50-100 g/m² de harina incorporada al suelo, o el extracto líquido diluido según etiqueta, típicamente al 0,2-0,3 % en riego o en pulverización foliar cada dos o tres semanas durante el crecimiento activo. Se usa como complemento, no como base de la fertilización.

Cenizas de madera para abonar el suelo del jardín

Cenizas de madera

Lo primero que hay que saber es lo que no tienen: nitrógeno, cero, porque se volatiliza durante la combustión. Lo que queda es 5-10 % de potasio, 1-2 % de fósforo y un 25-45 % de óxido de calcio, más magnesio y microelementos. Es, en la práctica, una fuente de potasio con un fuerte efecto encalante.

Y ahí está el aviso importante: las cenizas tienen un pH de 10 a 12 y suben el pH del suelo, con un poder neutralizante equivalente a un 30-50 % del de la caliza molida. En un suelo calizo o de pH alto —la situación de gran parte del territorio español— no valen: empeoran el bloqueo del hierro y del resto de metales, y el resultado es clorosis. Tampoco se acercan a las plantas acidófilas: camelias, azaleas, rododendros, arándanos, hortensias azules, brezos.

Donde sí encajan es en suelos ácidos, en huertos sobre sustrato ácido y alrededor de frutales de pepita y hueso que agradecen el potasio. Dosis: un máximo de 100-150 g/m² y año, esparcidos finos y rastrillados, nunca amontonados. Deben estar secas: si se mojan, el potasio se lava y queda solo el efecto alcalinizante. Y solo sirven las cenizas de madera natural sin tratar: las de aglomerado, madera pintada o barnizada, briquetas con aditivos, carbón mineral o papel impreso llevan metales pesados y no van al huerto.

Purines y extractos vegetales

Preparados líquidos obtenidos de plantas frescas, que se aplican muy diluidos en el riego o sobre la hoja. Conviene ordenar qué hace cada uno, porque circulan atribuciones que no se sostienen.

El purín de ortiga (Urtica dioica) fermentado es, ante todo, un abono nitrogenado líquido de absorción rápida, con un 0,5-0,8 % de nitrógeno en forma amoniacal y amino, además de hierro y magnesio. Funciona bien para reactivar un cultivo parado y como bioestimulante de enraizamiento. No es un insecticida: usarlo esperando que elimine pulgón lleva a perder la plaga de vista mientras se abona en nitrógeno, que es precisamente lo que hace la hoja más tierna y más atractiva para el pulgón. Se aplica diluido al 10 % en riego al suelo o al 5 % en pulverización foliar, cada dos o tres semanas.

El extracto de cola de caballo (Equisetum arvense) aporta silicio y se emplea de forma preventiva para endurecer los tejidos frente a hongos foliares; no cura una infección declarada. El purín de consuelda (Symphytum officinale) es el equivalente potásico de la ortiga, con aproximadamente 0,7 % de nitrógeno, 0,3 % de fósforo y 1-1,5 % de potasio, indicado en floración y cuajado de tomate, pimiento o calabacín. Estos preparados fermentan y huelen, se guardan tapados y a la sombra, y pierden eficacia pasadas unas semanas.

Abonos verdes

El único abono que se cultiva en el propio sitio. Consiste en sembrar una especie de crecimiento rápido, dejarla desarrollarse y enterrarla en verde antes de que semille, incorporando su biomasa al suelo.

Las leguminosas —veza (Vicia sativa, V. villosa), trébol encarnado (Trifolium incarnatum), guisante forrajero (Pisum arvense), altramuz (Lupinus albus), habas— fijan nitrógeno atmosférico en simbiosis con bacterias del género Rhizobium y pueden dejar entre 60 y 150 kg de nitrógeno por hectárea, del orden de 6 a 15 g/m². Las crucíferas —mostaza blanca (Sinapis alba), rábano forrajero (Raphanus sativus var. oleiformis)— no fijan nitrógeno pero capturan el nitrato sobrante antes de que se lave en invierno y, al descomponerse, liberan compuestos con efecto biofumigante sobre nematodos y hongos del suelo. Las gramíneas —centeno (Secale cereale), avena— aportan mucho carbono y una raíz densa que descompacta.

Manejo: siembra a finales de verano o en otoño, entre septiembre y noviembre según zona; siega e incorporación superficial al inicio de la floración, que es cuando la biomasa es máxima y el tejido todavía tierno; y una espera de tres a cuatro semanas antes de sembrar o plantar el cultivo siguiente, para que la descomposición no compita por el nitrógeno. Sembrar una mezcla de leguminosa y gramínea, en proporción aproximada de dos a uno, combina el aporte de nitrógeno con el de estructura.

En resumen

Los abonos orgánicos se ordenan por concentración y por velocidad. En el extremo suave están el compost (1-1,5 % N, 3-5 kg/m²) y el humus de lombriz (1-2 % N, 0,5-1 kg/m²), que construyen suelo más que alimentar. En la zona media, las tortas vegetales, la harina de algas y los estiércoles compostados. En el extremo fuerte, la gallinaza (3-5 % N, 100-150 g/m² peletizada), la harina de sangre (12-14 % N, 30-60 g/m²) y el guano (hasta 14 % N, 50-80 g/m²), que exigen dosis pequeñas y respeto. Aparte quedan la harina de huesos, que es fósforo de liberación muy lenta y pierde eficacia en suelo calizo; las cenizas de madera, que no llevan nitrógeno, aportan potasio y suben el pH, por lo que no valen en suelo calizo ni cerca de acidófilas; los purines, con la advertencia de que el de ortiga es un abono nitrogenado y no un insecticida; y los abonos verdes, que fabrican la fertilidad en el mismo bancal.


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