Una malla tensada en horizontal a un palmo del sustrato cambia la arquitectura entera de una planta. Eso es el SCROG, abreviatura de screen of green: en lugar de dejar que la guía central se dispare hacia arriba y las ramas laterales queden por debajo, a la sombra, se van tejiendo esas ramas por los huecos de una red hasta que todas las puntas quedan a la misma altura, repartidas en un plano. La planta deja de ser un cono y pasa a ser una alfombra.

Es una técnica de conducción, del mismo orden que emparrar una vid en espaldera o formar un frutal en palmeta. Cambia el reparto de la savia y el reparto de la luz, y en cultivo de interior —donde el foco alumbra poco y desde muy cerca— eso decide la cosecha. El ejemplo del ordenador reconvertido en armario de cultivo, que es lo que da nombre a este artículo, conviene verlo aparte: como curiosidad de micro-cultivo y no como recomendación. Al final se explica por qué.

Plantas creciendo bajo luz artificial en el interior reconvertido de un ordenador

Qué es exactamente el SCROG

El montaje consiste en una malla horizontal de cuadrícula ancha —entre 5 y 8 cm de lado— tensada sobre la maceta a una altura fija. La planta crece libre hasta llegar a ella. A partir de ahí, cada vez que un brote asoma por encima del plano se agarra con cuidado y se dobla hacia un lado, pasándolo por el hueco contiguo. El brote sigue creciendo, pero en horizontal, y su punta se coloca donde antes había un hueco vacío.

Repitiendo la operación cada dos o tres días durante unas semanas se rellena la malla entera. El resultado es una superficie continua de puntas, todas a la misma cota, todas a la misma distancia de la lámpara. La palabra clave es dominancia apical: la yema terminal de la guía principal produce auxinas que inhiben el desarrollo de las yemas laterales situadas por debajo. Al tumbar la guía, el ápice deja de estar en lo alto, la señal hormonal se reparte y las laterales despiertan. No se corta nada; se engaña a la planta cambiándole la geometría.

Por qué funciona en interior

Hay tres razones, y todas tienen que ver con la física de la luz artificial.

La irradiancia cae con el cuadrado de la distancia. Una lámpara LED de cultivo que entrega 600 µmol/m²/s a 30 cm entrega en torno a la cuarta parte a 60 cm. En un invernadero eso da igual, porque el sol está a distancia infinita y todo el volumen recibe lo mismo; bajo un foco a medio metro, una hoja situada 20 cm más abajo trabaja con una fracción de la energía. Poniendo todas las puntas en el mismo plano, todas reciben la misma dosis.

Se aprovecha la huella completa del foco. Una lámpara ilumina un rectángulo de suelo; una planta cónica solo ocupa el centro de ese rectángulo con su parte productiva. Extendida en malla, la planta cubre la huella entera y no se desperdicia radiación contra las paredes.

Se controla la altura. En un armario de 80 cm de alto, o en una estantería bajo un tubo LED, no hay espacio vertical para que nada se estire. El SCROG convierte crecimiento vertical en crecimiento horizontal, que es el que sobra.

A esto se suma un efecto secundario útil: una planta tumbada y abierta se ventila mejor por dentro que un cono cerrado, y eso reduce los problemas de oídio (Podosphaera, Erysiphe) y de botritis (Botrytis cinerea) que aparecen cuando el aire se queda parado entre las hojas.

Cómo se monta la malla

Sirve una red de nailon de cultivo, una malla metálica de gallinero de luz ancha o incluso cordel tensado en cuadrícula entre cuatro varillas. Lo que no sirve es una malla de cuadro pequeño: el brote hay que poder meterlo y sacarlo con los dedos.

Altura sobre el sustrato: de 20 a 30 cm para plantas de porte pequeño —albahaca, guindilla, una Peperomia— y hasta 40 cm si la planta tiene entrenudos largos. Demasiado baja obliga a doblar tallos aún tiernos y quebradizos; demasiado alta deja debajo un tramo de tallo desnudo que no produce nada.

La malla tiene que quedar tensa y fija a la estructura, no a la maceta: durante el cultivo va a soportar el peso de la planta entera y a resistir tirones cuando se teja. Un marco de listón, cuatro tornillos a las paredes del armario o cuatro tutores de bambú clavados en las esquinas del sustrato y unidos arriba bastan.

Conviene dejar la maceta accesible desde el frente, porque una vez tejida la planta ya no se puede levantar para regarla ni girarla. Si el riego es por goteo, se instala antes de montar la red.

Cuándo se empieza a tejer y cuándo se para

Se empieza en cuanto los brotes asoman unos 10 cm por encima del plano de la malla. Menos que eso y el tallo no tiene longitud para doblarse sin partirse; más y se habrá endurecido.

El gesto: sujetar el brote por la base con una mano, llevarlo despacio en horizontal con la otra y pasarlo por debajo del hilo del cuadro siguiente. Si el tallo cruje ligeramente y no se rompe del todo, se puede sujetar con cinta de jardinería —esa lignificación parcial cicatriza y engorda el punto—, pero es mejor no forzar. Las horas de última tarde son las buenas: la planta está más turgente por la mañana y los tallos parten con más facilidad.

El tejido se detiene cuando la planta pasa a la fase productiva. En una aromática, cuando se quiere que empiece a acumular hoja de tamaño; en un tomate cherry o un chile, en cuanto cuajan los primeros frutos, porque a partir de ahí la planta ya no alarga ramas nuevas de forma útil y manipularlas cuesta órganos florales. Como regla, se para cuando esté cubierto entre el 70 y el 80 % de la malla: lo que queda se rellena solo con el estirón de las semanas siguientes.

Combinación con el pinzado

El SCROG reparte lo que ya existe; el pinzado —cortar el ápice por encima de un par de hojas— multiplica el número de guías. Combinados se refuerzan: un despunte temprano, cuando la planta tiene cuatro o cinco nudos, la convierte en dos o cuatro tallos, y esos cuatro tallos rellenan la malla mucho antes que uno solo intentando ramificar por sí mismo.

El orden razonable es pinzar primero, dejar que las laterales cojan 15 cm, y tejer después. En albahaca (Ocimum basilicum) el pinzado es obligatorio de todos modos si se quiere hoja y no flor. En chile (Capsicum annuum) el despunte por encima de la cruz da una planta más ancha y más productiva. En tomate cherry lo habitual es lo contrario —se poda a uno o dos brazos y se destalla—, así que aquí el SCROG se usa distinto: no para multiplicar guías, sino para tumbar en horizontal un brazo largo que no cabe de pie.

Lo que no conviene es pinzar y tejer el mismo día. Cada operación es una herida o un esfuerzo mecánico, y sumarlas frena el cultivo una semana.

El caso del ordenador: un ejercicio extremo

Una caja de torre ATX ofrece un volumen interno de entre 30 y 45 litros, con unos 40 cm de alto útiles como mucho una vez retirados los soportes. Sobre el papel es un armario de cultivo diminuto con ventiladores y alimentación ya instalados, y de ahí sale la idea. En la práctica hay tres problemas que rara vez se resuelven bien.

Interior de una torre de ordenador vaciada y preparada como armario de cultivo

Calor. Toda la potencia eléctrica de la lámpara acaba convertida en calor dentro de una caja metálica cerrada. Un LED de 40 W disipando en 35 litros sube la temperatura interior con facilidad 10 o 12 °C sobre la de la habitación. En un piso español en julio, con 28 °C en el salón, dentro se pasa de 38 °C, y por encima de 30 °C la fotosíntesis neta de casi cualquier hortícola empieza a caer porque la respiración se dispara y los estomas se cierran.

Ventilación. Los ventiladores de 80 y 120 mm de un ordenador están diseñados para mover aire contra muy poca resistencia. Basta con que crucen una hoja o un filtro para que el caudal real se desplome. Renovar el aire de la caja varias veces por minuto —que es lo que exige un cultivo con luz— requiere ventiladores mejores y aberturas más grandes que las ranuras originales, y entonces ya no es un ordenador, es una caja agujereada.

Volumen de raíz. Es la limitación de fondo. En 40 cm de alto no caben la lámpara, su distancia de seguridad, la planta y una maceta decente. Queda sitio para un tiesto de uno o dos litros, y en dos litros de sustrato una planta con luz abundante agota el agua en menos de un día y la solución nutritiva se concentra y saliniza. El resultado son plantas que van bien tres semanas y luego se paran.

A eso se añade lo evidente: humedad, tierra y agua conviviendo con una fuente de alimentación de 230 V dentro de una carcasa metálica. Si aun así se quiere hacer, lo sensato es retirar por completo la electrónica original, alimentar la iluminación desde fuera con su propio transformador y su diferencial, y elegir una planta que tolere el sitio: berros, brotes de rúcula, orégano, o una Fittonia ornamental. Para un chile o un tomate hace falta bastante más espacio.

Un armario de cultivo textil de 60 × 60 × 140 cm cuesta poco, ventila con extractor de verdad y permite una maceta de 15 litros. Como ejercicio de miniaturización el ordenador tiene su gracia; como sistema de producción no compite.

Dónde aplicarlo de verdad

Aromáticas. Albahaca, menta (Mentha spicata), orégano (Origanum vulgare) y perejil bajo un panel LED en una estantería. El SCROG con malla baja, a 15 cm, convierte una mata en una superficie de hoja cortable durante meses.

Chiles. Capsicum annuum y C. chinense responden muy bien: son plantas de porte arbustivo, tallos flexibles mientras son jóvenes y ciclo largo, así que compensa el trabajo de tejer. En interior, con 14 horas de luz, fructifican sin problema.

Tomate cherry. Variedades de porte determinado o semideterminado como 'Balconi Red' o 'Tiny Tim'. Con una malla a 30 cm se tumban los brazos y se evita que la planta choque con el foco a las seis semanas.

Ornamentales de interior. Ficus pumila, Philodendron scandens o cualquier trepadora responde a la misma lógica en una pantalla vertical: guiada en plano, ramifica en vez de colgar en un solo cordón.

Sobre el cannabis, que es donde el SCROG se popularizó: en España el autocultivo en domicilio privado destinado al consumo propio se tolera, mientras que el cultivo a la vista, la cesión y el tráfico son delito. No hay más que añadir en un artículo de jardinería.

Errores que estropean un SCROG

Malla demasiado alta. Deja un tramo de tallo ciego debajo que no produce y encima acerca la copa al foco.

Tejer tarde. Un tallo lignificado no se dobla, se parte. Hay que revisar el cultivo cada dos o tres días durante la fase de tejido.

Maceta pequeña. Una planta extendida en un metro cuadrado de malla necesita un cepellón acorde. Por debajo de 10 litros, el SCROG amplio no se sostiene.

Aire quieto. Una superficie densa de hojas horizontales atrapa humedad. Un ventilador pequeño moviendo el aire por encima y por debajo del plano previene hongos y refuerza los tallos.

Seguir tejiendo en floración o cuaje. A partir de ahí cada manipulación cuesta flores. Se para y se deja trabajar a la planta.

En resumen

El SCROG es conducción horizontal: una malla de cuadro ancho a 20-30 cm del sustrato por la que se van tejiendo los brotes hasta dejar todas las puntas en un mismo plano. Rompe la dominancia apical sin cortar, iguala la radiación que recibe cada punta bajo un foco de alcance corto y resuelve el problema de altura de los espacios bajos. Se empieza cuando los brotes sobresalen 10 cm, se combina bien con un pinzado previo y se detiene al entrar en floración o cuaje. Aplicado a aromáticas, chiles, tomate cherry o trepadoras de interior es una técnica sólida y barata. Dentro de un ordenador es un ejercicio de miniaturización que casi siempre fracasa por calor, ventilación insuficiente y falta de volumen de raíz: por poco más dinero, un armario textil con extractor hace el mismo trabajo y lo hace bien.


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