Quien recorre la costa de Lanzarote o el sur de Tenerife atraviesa kilómetros de matorral gris azulado, redondeado, con las ramas gruesas y desnudas apuntando al cielo. Eso es un tabaibal, y las plantas que lo forman son Euphorbia, el mismo género que la flor de Pascua y los cactus falsos de interior. En Canarias hay una docena larga de especies endémicas de este grupo, pero dos concentran casi todo el uso paisajístico y ornamental: la tabaiba dulce y la tabaiba amarga.
Antes de seguir conviene decir lo que va después con la poda, porque condiciona todo lo demás: el látex blanco que sueltan al cortarlas es irritante y en los ojos puede causar lesiones serias. Es una característica del género completo, no un defecto de estas especies. Se trabaja con guantes y con gafas de protección, y no se manipulan con niños cerca.
Las dos tabaibas y cómo distinguirlas
La tabaiba dulce (Euphorbia balsamifera) es un arbusto de 1 a 2 metros, a veces algo más en ejemplares viejos, con porte de cúpula muy regular. Las ramas son gruesas, grisáceas y desnudas salvo en el extremo, donde agrupan una roseta de hojas estrechas, lanceoladas, de un verde algo azulado. Su látex es menos cáustico que el de otras especies del género —de ahí el nombre popular—, pero eso no lo convierte en inofensivo: sigue irritando piel y mucosas.
La tabaiba amarga o tabaiba salvaje (Euphorbia regis-jubae, antes tratada como E. obtusifolia) es más alta y más desordenada: alcanza 2 o 3 metros, ramifica en candelabro desde bastante arriba y tiene las ramas más delgadas y de color más verdoso. Sus hojas son más anchas y de punta obtusa, y su látex es notablemente más agresivo. Cuando florece produce ciatios amarillentos que destacan sobre el follaje.
El truco de campo más rápido está en el conjunto: la dulce forma una bola compacta y ordenada, la amarga un candelabro abierto. Si hay duda, la sección de la rama ayuda —la de E. balsamifera es más gruesa en proporción a su longitud—, y la hoja acaba de decidir, aguda en la dulce, roma en la amarga.
El género en Canarias no acaba ahí. El cardón (Euphorbia canariensis) es la especie columnar, cactiforme, que ocupa las laderas rocosas y que a menudo se confunde con un cactus; y Euphorbia lamarckii y Euphorbia atropurpurea aparecen en distintos puntos del archipiélago. Todas comparten la misma advertencia sobre el látex.
El tabaibal: qué es y dónde vive
El piso basal canario ocupa desde el nivel del mar hasta unos 300 o 400 metros de altitud, con más recorrido en las vertientes sur. Es el ambiente más seco y más cálido de las islas: precipitaciones que en muchos puntos no llegan a 200 mm anuales, temperaturas suaves todo el año y una insolación considerable. La vegetación que lo cubre de forma natural es el tabaibal-cardonal, una formación de matorral suculento adaptado a esas condiciones.
Dentro de ese conjunto, el tabaibal dulce se sitúa en las zonas más costeras y áridas, muchas veces sobre malpaíses y arenales, mientras que el tabaibal amargo aguanta algo más de humedad y sube algo más en altitud, ocupando también terrenos alterados y bordes de camino donde se comporta como colonizadora eficaz.
Es una vegetación que ha perdido mucha superficie por el cultivo y la urbanización de la franja costera, y de ahí que en jardinería insular se recurra a ella cada vez más: se planta lo que ya estaba, con lo que la demanda de agua y de mantenimiento baja hasta casi cero.
Cultivo: suelo, agua y sol
Fuera de Canarias, la tabaiba se puede cultivar en la costa mediterránea cálida y en el sur peninsular, siempre que el invierno no baje de forma habitual de 0 °C. Aguanta heladas muy cortas y débiles, hasta unos -2 °C en planta adulta y bien asentada, pero un episodio de varios días bajo cero la mata o la deja irreconocible. En el resto de España se cultiva en maceta grande con invernada bajo cubierto.
El sustrato tiene que drenar deprisa. En suelo, sirve cualquier terreno arenoso, pedregoso o volcánico; en arcillas pesadas hay que plantar sobre caballón o cambiar el hoyo por una mezcla de tierra vegetal, arena gruesa y grava en proporciones parecidas. La causa habitual de muerte en cultivo no es la sequía sino la asfixia radicular seguida de podredumbre del cuello.
Pide sol directo, sin matices. A media sombra se estira, pierde el porte compacto y florece poco. Tolera bien la brisa marina y el salitre, lo que la hace muy útil en jardines de primera línea.
El riego, en suelo y planta establecida, puede ser inexistente en la mayor parte de España mediterránea. En maceta, un riego cada dos o tres semanas de primavera a otoño, dejando secar el sustrato por completo entre uno y otro, y nada de agua en verano si la planta ha entrado en reposo. En invierno, apenas humedecer una vez al mes si no llueve.
Abonado: casi ninguno. Un aporte de fertilizante de liberación lenta bajo en nitrógeno al inicio de la primavera basta para plantas en maceta. En suelo no hace falta, y el exceso de nitrógeno produce brotes blandos que después se estropean.
Floración y reposo estival
La tabaiba florece de invierno a principios de primavera, entre diciembre y abril según la especie y la altitud. Lo que parece una flor es en realidad un ciatio, la inflorescencia característica de las Euphorbia: un grupo de flores unisexuales reducidísimas rodeadas de brácteas y glándulas nectaríferas. En E. balsamifera son pequeños y verdoso-amarillentos, discretos; en E. regis-jubae resultan más vistosos por su número.
El fenómeno que conviene entender es otro. Al llegar el calor y la sequía —de junio en adelante—, la planta pierde las hojas y queda reducida a las ramas grises y desnudas. No está muerta ni enferma: es una estrategia de ahorro de agua, un reposo estival, exactamente igual de normal que la caída de hoja de un chopo en noviembre pero en la estación contraria. La respuesta equivocada es regar más para «recuperarla», y ese exceso de agua en verano con la planta parada sí la puede matar.
Con las primeras lluvias de otoño rebrota. Si en octubre o noviembre no ha sacado hojas nuevas, entonces sí hay motivo para revisar el cuello y las raíces.
Poda y multiplicación con seguridad
La tabaiba no necesita poda de formación: su arquitectura ya es la que tiene que ser. Solo se retiran ramas secas, rotas o mal orientadas, y el momento adecuado es a finales de invierno, después de la floración.
Cada corte suelta látex de inmediato y en cantidad. Guantes de nitrilo, gafas de protección y manga larga, y las herramientas se limpian después porque el látex seco sigue siendo irritante al rehidratarse. Si salpica la piel, lavar con agua y jabón sin frotar; si alcanza un ojo, lavado abundante y consulta médica sin esperar a ver qué pasa. La planta no debe podarse con niños ni animales en la zona, y los restos se retiran en el momento, no se dejan al alcance.
La multiplicación por esqueje es sencilla y es como se propaga habitualmente. Se corta un trozo de rama de 15 a 20 cm a finales de invierno o en primavera, se lava el corte con agua para detener el flujo de látex y se deja secar la herida a la sombra durante una o dos semanas hasta que forme callo. Solo entonces se planta, en sustrato muy arenoso, apenas humedecido y sin volver a regar hasta que aparezca brotación nueva. Un esqueje plantado en fresco se pudre.
Por semilla también funciona, con siembra en primavera sobre sustrato arenoso a 20-25 °C, pero la germinación es irregular y el crecimiento inicial lento.
Problemas frecuentes
El exceso de riego, ya dicho, encabeza la lista: ramas que se ablandan en la base y se ennegrecen indican podredumbre, y a esas alturas rara vez hay solución más allá de rescatar esquejes de las partes sanas.
La cochinilla algodonosa (Planococcus citri y afines) se instala en las axilas de las hojas y en la unión de las ramas, sobre todo en ejemplares cultivados en maceta o en jardines con poca ventilación. Se retira con un algodón mojado en alcohol de 70° o con jabón potásico aplicado por la tarde. El pulgón aparece en la brotación de primavera y desaparece solo en cuanto el brote endurece.
En jardinería mediterránea peninsular, el riesgo real es el frío húmedo prolongado del invierno: no tanto la temperatura mínima como la combinación de suelo encharcado y termómetro bajo.
En resumen
La tabaiba dulce (Euphorbia balsamifera), compacta y redondeada, y la amarga (Euphorbia regis-jubae), abierta en candelabro, son los arbustos que definen el tabaibal del piso basal canario, la vegetación de la franja costera más seca del archipiélago. En jardín piden sol pleno, suelo que drene deprisa y prácticamente nada de agua una vez arraigadas, resisten el salitre y sobreviven a mínimas cercanas a 0 °C pero no a heladas mantenidas. Florecen en invierno y pierden la hoja en verano como reposo normal, así que las ramas desnudas de julio no son motivo para regar más. Y en cualquier manipulación que implique corte, el látex blanco es irritante y peligroso para los ojos: guantes, gafas y ningún niño cerca.