De los tres números que trae cualquier saco de abono, el potasio es el único que no acaba formando parte de ninguna molécula de la planta. El nitrógeno se convierte en proteína y el fósforo en ADN y en ATP; el potasio circula suelto, como ion K+, y trabaja precisamente por estar suelto. Esa peculiaridad explica a la vez para qué sirve, por qué su carencia se ve donde se ve y por qué el borde de las hojas viejas es el sitio donde primero aparece la quemadura.

Qué hace el potasio dentro de la planta

El potasio es el catión más abundante del citoplasma vegetal y supone entre el 1 % y el 5 % de la materia seca, más que el fósforo y a menudo tanto como el nitrógeno. Un tomate en plena producción extrae bastante más potasio que nitrógeno. Sus funciones son cuatro, y todas dependen de que se pueda mover deprisa.

Regulación estomática. Los estomas se abren porque las dos células oclusivas que los forman bombean K+ hacia dentro; el agua entra por ósmosis detrás del ion, las células se hinchan y se curvan, y el poro se abre. Para cerrar, el potasio sale y el agua con él. Una planta con potasio suficiente cierra los estomas rápido cuando aprieta el sol y los abre cuando puede fotosintetizar sin gastar agua de más. Con potasio escaso ese control se vuelve torpe: la planta transpira cuando no debe y se marchita en las horas centrales aunque el suelo esté húmedo.

Transporte de azúcares. La carga de sacarosa en el floema funciona con un transportador que aprovecha un gradiente de protones mantenido por una ATPasa de membrana, y esa bomba necesita potasio para trabajar. Sin potasio, la hoja fabrica azúcar y no consigue exportarlo al fruto, al tubérculo o a la raíz. De ahí que la carencia se note tanto en la calidad de lo que se cosecha y no solo en el tamaño.

Turgencia, sequía y frío. Al ser el principal soluto osmótico, el potasio determina el potencial osmótico celular: cuanto más concentrado está, más agua puede retener la célula frente a un suelo seco, y más baja el punto de congelación del contenido celular. Una planta bien nutrida en potasio aguanta mejor una ola de calor y una helada moderada, y esto es medible: en frutales y en vid la diferencia entre un año con potasio ajustado y otro sin él se ve en la resistencia del brote a las heladas tardías.

Robustez y sanidad. El potasio activa más de sesenta enzimas y participa en la síntesis de celulosa y lignina. Su falta deja tejidos blandos, tallos que se doblan, entrenudos débiles y una epidermis más fácil de perforar por hongos. En césped, un abonado de otoño con potasio reduce la incidencia de fusariosis invernal; sin él, la pradera pasa el invierno más blanda y más enferma.

Por qué el síntoma sale en la hoja vieja y por el borde

El potasio es un elemento muy móvil por el floema. Cuando el suministro se queda corto, la planta lo desmonta de los tejidos maduros y lo reenvía a los brotes en crecimiento y a los frutos, que son la prioridad. El resultado es que las hojas de la base del tallo se quedan sin él mientras las de arriba siguen verdes. Esa es la primera regla del diagnóstico: carencia de potasio, síntoma en hoja vieja, de abajo hacia arriba.

La segunda regla es dónde exactamente dentro de la hoja. El potasio entra en la hoja por el pecíolo y se distribuye por la red de nervios; el tejido que queda más lejos de esa red —el margen y la punta— es el último en recibirlo y el primero en quedarse por debajo del umbral cuando la planta empieza a retirarlo. A eso se suma que el margen es el borde por el que termina la corriente de transpiración y donde se acumulan compuestos como la putrescina, que se sintetiza en exceso cuando falta potasio y resulta tóxica para el tejido.

El cuadro se desarrolla en tres fases:

  • Un amarilleo del borde de las hojas más viejas, en forma de banda que sigue el contorno de la hoja, mientras el centro y los nervios siguen verdes.
  • La banda amarilla se vuelve parda y seca, quebradiza, con un aspecto de quemadura por sol o por producto químico. Es la necrosis marginal, y suele quedar un halo clorótico entre la parte seca y el verde sano.
  • La hoja se abarquilla hacia abajo o hacia arriba según la especie, se seca desde el borde hacia el nervio central y termina cayendo. Los entrenudos se acortan y la planta pierde vigor sin llegar a amarillear entera.

Distinguirlo de lo que se le parece:

  • Quemadura por salinidad o por cloruro: también marginal y también en hojas viejas, pero el borde seco es más nítido, sin la banda amarilla previa tan marcada, y aparece asociado a costra blanca en el suelo, a conductividad alta en el agua o a plantas dañadas justo donde alcanza un aspersor.
  • Golpe de sol o viento seco: afecta a las hojas más expuestas, sean viejas o nuevas, y respeta las del interior de la mata.
  • Carencia de magnesio: también empieza en hojas viejas, pero el amarilleo es internervial —entre los nervios, con los nervios marcados en verde— y no marginal.
  • Exceso de abono o fertilizante mal disuelto: quema igual, pero aparece de golpe tras la aplicación y en toda la planta.
Hojas maduras de arce

Dónde más se nota: cultivo por cultivo

Tomate (Solanum lycopersicum). Es el cultivo donde la carencia se lee mejor, porque el fruto la delata antes que la hoja. Aparece maduración irregular: manchas amarillas o verdes que no llegan a rojo, sobre todo alrededor del pedúnculo, lo que se llama hombros verdes o amarillos. Al cortar el fruto se ve el tejido interior blanquecino y duro, con haces vasculares marcados. La pared del fruto queda fina, la conservación empeora y el sabor sale plano por falta de azúcares. En hoja, las inferiores se quedan con el borde marrón y quebradizo mientras el ramillete de arriba parece sano. El calor intenso y un exceso de magnesio en el sustrato agravan el cuadro.

Patata (Solanum tuberosum). Es un cultivo muy exigente: extrae del orden de 6-8 kg de K2O por tonelada de tubérculo. La carencia da hojas viejas de un verde oscuro con reflejo broncíneo, que después se necrosan por el borde, y un follaje que envejece antes de tiempo. Los tubérculos salen pequeños y numerosos, y con menos materia seca. Hay un detalle de calidad muy conocido: los tubérculos de plantas mal nutridas en potasio tienden a ennegrecer tras la cocción.

Frutales de hueso (melocotonero, nectarina, ciruelo, cerezo). El síntoma clásico es la quemadura marginal en las hojas de la mitad basal del brote del año, con las hojas de la punta todavía verdes, y una tendencia a rizarse hacia arriba en forma de cuchara. La cosecha sale con fruto pequeño, mal coloreado y poco azucarado, y las yemas de flor del año siguiente vienen débiles. Un árbol con una cosecha muy cargada puede mostrar la carencia solo ese año, porque el fruto se lleva todo el potasio disponible.

Vid (Vitis vinifera). Los viticultores lo llaman quemado o desecación de las hojas: bordes secos en las hojas basales del sarmiento desde el envero, racimos que maduran de forma desigual y bayas con menos azúcar. En variedades tintas el limbo puede virar a rojizo antes de secarse.

Rosal (Rosa spp.). Borde de las hojas inferiores pardo y seco, foliolos pequeños, tallos florales finos que no sostienen la flor, botones que abren mal y menor resistencia al frío del invierno siguiente. Un rosal con carencia de potasio también es más sensible al oídio y a la mancha negra, por el debilitamiento de los tejidos.

Otros. En judía y alubia, borde seco en las hojas basales y vainas mal llenas. En fresa, hojas viejas con margen rojizo que después se seca y fruto blando. En césped, franjas amarillentas en la hoja madura y baja tolerancia al pisoteo. En cítricos y otros leñosos de hoja perenne, hojas gruesas y quebradizas con la punta seca, y fruto de corteza rugosa y gruesa.

Las causas: por qué falta si el suelo lo tiene

Suelos arenosos y lluviosos. El K+ se retiene por adsorción en el complejo de cambio del suelo, que depende de la arcilla y de la materia orgánica. Un suelo arenoso con poca materia orgánica tiene una capacidad de intercambio catiónico baja —por debajo de 8-10 meq/100 g— y retiene poco: la lluvia y el riego abundante arrastran el potasio por debajo de la zona de raíces. En la cornisa cantábrica y en Galicia, con suelos ácidos y lavados, la carencia de potasio es habitual; en macetas y jardineras con riego frecuente, también, por la misma razón.

Competencia entre cationes. La raíz absorbe calcio, magnesio, potasio, amonio y sodio por sitios de transporte que se solapan, y un exceso de uno frena la entrada de los demás. Un encalado reciente y generoso, una enmienda de dolomita mal medida o un agua de riego rica en magnesio pueden inducir una carencia de potasio en un suelo cuyo análisis diga que hay potasio de sobra. Como referencia orientativa, en el complejo de cambio interesa un reparto cercano a 65-80 % de calcio, 10-15 % de magnesio y 3-5 % de potasio; cuando el magnesio se dispara por encima del potasio en una relación superior a 5 a 1, aparece el antagonismo. El sodio de las aguas salinas hace lo mismo.

Potasio fijado. Los suelos con arcillas de tipo 2:1 —ilitas y vermiculitas, frecuentes en el interior peninsular— atrapan el K+ entre las láminas de la arcilla, donde queda inaccesible para la raíz. El análisis de potasio total puede ser alto y el potasio asimilable, bajo. Los ciclos de humectación y secado liberan parte de ese potasio, pero muy despacio.

Sequía del suelo. Es la causa más ignorada y una de las más frecuentes en verano. El potasio llega a la raíz sobre todo por difusión a través de la película de agua que rodea las partículas del suelo, no por flujo masivo. Si el suelo se seca, esa película se rompe, la difusión se frena y la planta deja de recibir potasio aunque el suelo esté bien provisto. Por eso la quemadura marginal aparece en julio y agosto en jardines que no la tuvieron en primavera. Lo mismo hace la compactación, que reduce el volumen de suelo explorado por la raíz.

Diagnóstico serio. Un análisis de suelo cuesta poco y da el potasio asimilable, normalmente extraído con acetato amónico y expresado en mg/kg (ppm). A grandes rasgos, por debajo de 100 ppm de K el nivel es bajo, entre 100 y 200 medio y por encima de 250 alto, con la salvedad de que el umbral sube en suelos arcillosos y baja en arenosos. El análisis debe traer también el calcio y el magnesio de cambio, porque sin ellos no se puede juzgar la competencia. Cuidado con las unidades: los boletines a veces expresan el resultado en K2O, que equivale a multiplicar el potasio elemental por 1,2.

Cómo se corrige

El primer paso no es abonar sino asegurar el riego, porque un suelo seco no entrega el potasio que ya tiene. Corregido eso, las opciones:

  • Sulfato potásico (K2SO4). Alrededor del 50 % de K2O y un 18 % de azufre, sin cloro y con un índice de salinidad bajo. Es el potásico de referencia en jardinería y en cultivos delicados. Dosis orientativas para una carencia real: 30-50 g/m² en huerto y macizos, 300-800 g repartidos bajo la copa de un frutal adulto, 30-40 g por rosal. Se aplica a final de invierno o a comienzo de primavera, incorporado ligeramente y regado.
  • Cloruro potásico (KCl). Un 60 % de K2O y bastante más barato, pero con un índice de salinidad muy alto y con el cloruro como acompañante. No se usa en plantas sensibles al cloro: frutales de hueso, vid, fresa, judía, aguacate, cítricos, tabaco ni patata de calidad, donde el cloruro reduce la materia seca del tubérculo. Tampoco en suelos ya salinos, en agua de riego con conductividad alta ni en cultivo en maceta, porque no hay lavado que retire el cloruro. En cultivo extensivo y suelo lavado por lluvia abundante sigue teniendo su sitio.
  • Nitrato potásico (13-0-46). Muy soluble, aporta nitrógeno nítrico y potasio a la vez y es el habitual en fertirriego durante la fase de cuajado y engorde de fruto. También sirve como corrección foliar de urgencia, en disolución al 0,5 %, aplicada a última hora de la tarde y nunca con la planta en estrés hídrico ni por encima de 28-30 °C. La vía foliar alivia, no resuelve: el volumen que entra por la hoja es pequeño frente a la demanda.
  • Sulfato potásico magnésico. En torno a 30 % de K2O y 10 % de MgO. Útil cuando faltan los dos a la vez, y desaconsejable si el magnesio ya está alto, que es justo la situación que puede haber provocado la carencia.
  • Cenizas de leña. Contienen un 5-10 % de K2O soluble, y también mucho carbonato cálcico y potásico: suben el pH. Tienen sentido en dosis pequeñas —100-150 g/m² al año— en suelos ácidos, y ninguno en suelo calizo, donde agravan el bloqueo del hierro. No se aplican junto a abonos amoniacales.
  • Compost y estiércol. Aportan potasio en forma muy asimilable, entre un 0,5 % y un 1,5 % sobre materia seca, y de paso mejoran la capacidad de intercambio del suelo, que es la solución de fondo en terrenos arenosos.

Una advertencia final sobre el exceso. El potasio no es tóxico para la planta en sí, pero abonar de más induce carencias de magnesio y dificulta la absorción de calcio, y las consecuencias son conocidas: podredumbre apical en tomate y pimiento, bitter pit en manzana y hojas viejas amarilleando entre los nervios. En un suelo con buen análisis, un aporte anual de mantenimiento y materia orgánica basta; los abonados de choque solo se justifican con un síntoma claro o un análisis que los respalde.

En resumen

El potasio actúa como ion libre: abre y cierra los estomas, empuja la carga de azúcares hacia el fruto, sostiene la turgencia frente a la sequía y al frío y endurece los tejidos. Al ser muy móvil por el floema, la planta lo retira de las hojas viejas para dárselo a los brotes nuevos, y por eso el síntoma empieza abajo, con un amarilleo del borde que se convierte en necrosis marginal seca y quebradiza, mientras el centro de la hoja y los nervios siguen verdes.

Se nota especialmente en tomate —maduración irregular y hombros verdes—, en patata, en frutales de hueso y en vid, con quemadura en las hojas basales del brote, y en rosal, con tallos florales débiles.

Las causas: suelos arenosos que lo lavan, exceso de calcio, magnesio o sodio que compiten en la absorción, arcillas que lo fijan entre sus láminas y, sobre todo, un suelo seco que impide su difusión hasta la raíz aunque lo contenga. Se corrige con sulfato potásico, que no aporta cloro y tiene índice de salinidad bajo; el cloruro potásico es más barato pero queda descartado en frutal de hueso, vid, fresa, judía, cítricos, aguacate y cultivo en maceta.


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