Tres árboles sin parentesco entre sí responden al nombre de sicomoro, y pertenecen a tres familias distintas: una morácea africana, una sapindácea europea y una platanácea americana. Antes de hablar de cultivo hay que decidir de cuál se habla, porque las exigencias de uno no sirven para los otros. El de este artículo es el primero: Ficus sycomorus L., la higuera sicomoro, el árbol de los textos bíblicos y de las tumbas egipcias.

Los tres sicomoros

Ficus sycomorus, la higuera sicomoro o higuera del faraón. Morácea de África tropical y del este del continente, con presencia antigua en Egipto, Levante y el sur de la península arábiga. Es la que el griego bautizó sykómoros, palabra formada por syke, higuera, y moron, mora: fruto de higuera, hoja de morera. De ahí salió el nombre y de ahí salió también el enredo, porque cualquier árbol de hoja parecida a la de la morera acabó heredando la etiqueta.

Acer pseudoplatanus, el falso plátano o arce sicomoro. Sapindácea de la montaña europea, presente en España en el Pirineo y la Cordillera Cantábrica y muy plantada en parques y alineaciones del norte. Es lo que en las islas británicas llaman sycamore a secas. Se reconoce sin dificultad: hoja opuesta y palmatilobada con cinco lóbulos, y frutos en disámaras con las alas formando un ángulo cerrado. Nada que ver, ni botánica ni climáticamente, con la higuera africana.

Platanus occidentalis, el plátano americano. Platanácea del este de Estados Unidos, y lo que allí se llama sycamore. Es el pariente americano del plátano de sombra de nuestras calles. Ese nudo de nombres entre plátanos verdaderos y sicomoros se trata en el artículo dedicado al género Platanus, así que aquí basta con dejar claro que ni el plátano americano ni el arce tienen que ver con la especie que sigue.

Resumen operativo: si el texto es inglés y británico, sicomoro es un arce; si es inglés y estadounidense, es un plátano; si es bíblico, egipcio o africano, es un Ficus.

Ejemplar de Ficus sycomorus

Ficus sycomorus: cómo es

Es un árbol de hoja perenne o semicaduca según el clima, de 12 a 20 m de altura y copa desmesuradamente ancha, a menudo más ancha que alta, que puede pasar de 30 m de diámetro en ejemplares viejos. El tronco es grueso, corto y ramificado bajo, con frecuencia acanalado y con contrafuertes en la base, y luce una corteza lisa de color amarillo verdoso o crema que se descama en placas finas y que es su rasgo más llamativo de lejos.

Toda la planta contiene látex blanco, como el resto del género, que al cortar brota abundante y puede irritar la piel y las mucosas; conviene manejarlo con guantes en podas.

La hoja mide de 5 a 14 cm, es ovada a casi redondeada, con la base acorazonada, el margen entero u ondulado y el ápice romo, de tacto áspero por ambas caras. Es una hoja claramente distinta de la de la higuera común, Ficus carica, que es palmatilobada y de lóbulos profundos. Ese contorno redondeado, parecido al de una hoja de morera, es el origen del nombre.

Los frutos y por qué se punzaban

Los frutos son siconos, higos verdaderos: receptáculos carnosos cerrados con las flores en el interior. Aquí aparece la primera diferencia notable con la higuera común: en Ficus sycomorus nacen agrupados en racimos colgantes sobre braquiblastos que brotan directamente del tronco y de las ramas gruesas, un fenómeno llamado caulifloría. Un árbol adulto se cubre de racimos de higos pegados a la madera, y produce varias oleadas al año. El sicono maduro mide de 2 a 5 cm y vira del verde al amarillo o rojizo.

La polinización, como en todas las higueras, depende de una avispa específica, en este caso Ceratosolen arabicus. El problema histórico es que el árbol se cultivó durante milenios fuera del área de su avispa polinizadora —en Egipto y en el Levante mediterráneo— y allí se multiplicó siempre por esqueje, de manera que la mayor parte de sus frutos no llegaban a polinizarse y se quedaban pequeños, duros y sin madurar.

La respuesta fue una técnica agrícola documentada desde la Antigüedad: punzar o sajar el sicono verde con una uña, una hoja metálica o un instrumento de punta unos días antes de la recolección. La herida desencadena una producción intensa de etileno, la hormona de la maduración, y el fruto se ablanda, se agranda y se endulza en tres o cuatro días. Es, en esencia, la misma respuesta fisiológica que provoca hoy el tratamiento con etileno en cámaras comerciales, obtenida con un corte.

El oficio tenía nombre propio en hebreo antiguo. En el libro de Amós, el profeta se define a sí mismo como boyero y punzador de sicomoros, referencia que solo se entiende conociendo esta práctica. Y es en un sicomoro donde el Evangelio de Lucas sitúa a Zaqueo subido para ver pasar la comitiva en Jericó: un árbol de copa ancha, ramas bajas y tronco fácil de trepar, exactamente lo que es esta especie.

Higos del sicomoro creciendo sobre las ramas

El sicomoro en el Egipto antiguo

Egipto es un país sin bosque, y la madera de construcción y de ebanistería llegaba importada del Líbano a un coste alto. El sicomoro fue, junto con la acacia y el tamarisco, una de las pocas fuentes de madera local de dimensiones aprovechables: ligera, blanda, poco duradera a la intemperie pero muy estable en el clima seco del valle del Nilo. Con ella se fabricaron desde muebles y utensilios hasta cajas de momia y sarcófagos del Reino Antiguo y del Reino Medio, muchos de los cuales han llegado íntegros hasta hoy.

El árbol tuvo además un peso simbólico considerable. Se asociaba a la diosa Hathor, invocada como señora del sicomoro, y aparece en las pinturas funerarias como el árbol que ofrece agua y frutos al difunto en su tránsito. Se han recuperado frutos secos de la especie en ajuares de tumbas, incluida la de Tutankamón. Ese uso funerario, madera y ofrenda a la vez, es lo que ha fijado su nombre en la memoria cultural muy por encima de su papel agrícola.

Cultivo en España

Conviene ser claro: es un árbol de clima cálido y sin heladas, y su cultivo al aire libre en la Península está limitado a franjas muy concretas.

Clima. Vegeta bien con temperaturas entre 20 y 35 °C y no tolera el frío: por debajo de 0 °C sufre daño foliar y de ramillas, y una helada de −2 o −3 °C mata los brotes o el árbol joven. En España solo prospera en Canarias y, con protección y en microclima favorable, en el litoral más templado de Málaga, Almería y Murcia. En el interior peninsular, únicamente en invernadero de grandes dimensiones, lo que en la práctica lo descarta.

Espacio. Es el segundo factor eliminatorio. Copa de veinte o treinta metros de diámetro y sistema radicular potente y superficial, capaz de levantar pavimentos y de interferir con conducciones, como el de otros Ficus de gran porte. Es árbol de parque, finca o avenida ancha, no de jardín particular.

Exposición y suelo. Pleno sol. Suelo profundo, suelto y bien drenado; acepta arenas y suelos pobres, y tolera cierta salinidad y la caliza. No admite encharcamiento.

Riego y abonado. Riegos regulares durante los primeros años para formar el árbol: en verano, cada tres o cuatro días en suelo arenoso, semanal en suelo franco. Ya establecido resiste sequía prolongada gracias a su raíz extendida, aunque con riego de apoyo crece mucho más y mantiene mejor la hoja. Abonado equilibrado en primavera durante la fase de formación; después es prácticamente innecesario.

Poda. Solo de formación y limpieza, en la época cálida y sin heladas previstas. Responde bien al corte, pero las heridas grandes sangran látex de forma abundante.

Multiplicación. La vía práctica, y la histórica, es el esqueje semileñoso: estacas de ramas de uno o dos años, tomadas en primavera o principios de verano, en sustrato aireado, con calor de fondo y ambiente húmedo. También funciona el acodo aéreo. La semilla es viable, pero requiere frutos realmente polinizados —lo que fuera del área de Ceratosolen arabicus es incierto— y da plantas de crecimiento inicial lento.

Fructificación fuera de su área. Sin la avispa polinizadora presente, un ejemplar cultivado en la Península o en Canarias producirá siconos que no cuajan y que caen o quedan duros en la rama. Como árbol de sombra funciona; como frutal, no, salvo con la intervención manual que se describía más arriba y en las condiciones térmicas adecuadas.

En resumen

El nombre sicomoro designa tres árboles distintos: Ficus sycomorus, la higuera sicomoro de África y Oriente Próximo; Acer pseudoplatanus, el falso plátano europeo, que es el sycamore británico; y Platanus occidentalis, que es el sycamore estadounidense. El sicomoro propiamente dicho, y el que trata este artículo, es Ficus sycomorus: árbol de 12 a 20 m con copa muy ancha, corteza amarillenta, hoja ovada de base acorazonada y látex irritante. Sus higos nacen en racimos sobre el tronco y las ramas gruesas y, cultivado fuera del área de su avispa polinizadora Ceratosolen arabicus, no maduran solos: de ahí la práctica antigua de punzar el fruto verde, que dispara la producción de etileno y lo ablanda en pocos días. Su madera sirvió en Egipto para muebles y sarcófagos, y el árbol quedó ligado a la diosa Hathor y al ajuar funerario. En España solo se cultiva al aire libre en Canarias y en el litoral cálido más protegido: no soporta heladas, necesita mucho espacio, tiene raíz superficial invasora y se multiplica con facilidad por esqueje semileñoso o acodo aéreo.


Contenidos relacionados