Dos plantas comparten el nombre de rosa de Jericó y no tienen nada que ver entre sí: una crucífera del desierto de Oriente Próximo y un licopodio mexicano emparentado con los helechos. Las separan cientos de millones de años de evolución, viven en dos continentes distintos y solo comparten una cosa: llegan a casa como una bola seca y parda que se abre al mojarla. A partir de ahí, todo cambia, incluido el detalle nada menor de que una de las dos está muerta y la otra no.

Rosa de Jericó seca en forma de bola antes de abrirse con el agua

Anastatica hierochuntica: la verdadera, y está muerta

Anastatica hierochuntica es la rosa de Jericó original, la que da nombre al asunto. Pertenece a las Brassicaceae, la familia de la col, la mostaza y el alhelí, y crece en los desiertos y semidesiertos de Egipto, Israel, Jordania, Siria, la península arábiga e Irán, además de zonas del Sáhara.

En vida es una planta anual pequeña, de unos pocos centímetros a un palmo, de hojas grises y flores diminutas y blancas. Aprovecha una temporada de lluvias breve para germinar, crecer, florecer y fructificar. Cuando llega la sequía, muere. Y aquí empieza lo interesante: al morir, las hojas caen y las ramas se curvan hacia dentro hasta encerrar los frutos en una jaula leñosa cerrada, que puede desprenderse del suelo y rodar con el viento.

Lo que se compra en una tienda es exactamente eso: el esqueleto seco de una planta muerta con las semillas dentro. Cuando se moja, las ramas se abren en pocos minutos, con un movimiento que parece deliberado. No lo es. Es higroscopia pura: los tejidos muertos de las ramas tienen paredes celulares que absorben agua y se hinchan de forma desigual según su orientación, y esa diferencia de hinchamiento genera un movimiento mecánico. Funciona igual que las escamas de una piña de pino, y funciona con la planta muerta desde hace veinte años.

El sentido biológico es la dispersión temporal de la semilla. La jaula se abre solo cuando hay agua suficiente, es decir, cuando hay una posibilidad real de que la plántula prospere. Con la sequía se vuelve a cerrar y guarda lo que no ha soltado. El ciclo se repite indefinidamente, lo que en un desierto es una estrategia excelente.

Selaginella lepidophylla: la falsa, y esa sí revive

Selaginella lepidophylla se comercializa como falsa rosa de Jericó, rosa de Jericó mexicana o planta de la resurrección. Es un licopodio —el grupo de las selaginelas, plantas vasculares sin flor ni semilla, que se reproducen por esporas—, y crece en el desierto de Chihuahua, entre el norte de México y el suroeste de Estados Unidos.

Su bola seca la forman frondes vivos y enrollados, cubiertos de escamitas verdes diminutas. Al hidratarse se despliegan en una roseta plana que en unas horas recupera el color verde y reanuda la fotosíntesis. No hay truco mecánico aquí: la planta está viva y realmente se recupera.

El fenómeno se llama poiquilohidria. La planta no regula su contenido de agua frente al ambiente, sino que se equilibra con él, y tolera perder más del 90 % de su agua celular sin morir. Para lograrlo acumula azúcares protectores como la trehalosa y proteínas de tipo LEA que estabilizan las membranas y sustituyen físicamente al agua alrededor de las estructuras celulares durante la desecación. Las plantas capaces de esto se llaman plantas de resurrección, y son un grupo muy reducido.

Cómo distinguirlas al comprarlas

En seco se parecen bastante, pero hay señales fiables:

Color al hidratarse. Es el criterio definitivo. La Selaginella se pone verde en unas horas y desprende olor a musgo húmedo. La Anastatica se abre y se queda parda o grisácea, porque no tiene clorofila que reactivar.

Textura y estructura. La Anastatica es leñosa y rígida, de ramas gruesas y separadas, como un manojo de palitos; suele conservar frutos secos visibles, pequeñas vainas entre las ramas. La Selaginella es fina, plumosa y elástica, con frondes muy divididos que recuerdan a un helecho enrollado.

Velocidad de apertura. La crucífera se abre rápido, en minutos, porque es mecánica pura. La selaginela tarda más, entre varias horas y un día, porque además de desenrollarse tiene que rehidratar tejido vivo.

Raíces. La Selaginella presenta un mechón de raicillas oscuras en la cara inferior de la roseta. La Anastatica del comercio suele venir cortada y sin raíz funcional.

Cuidados de la Anastatica

No es una planta, es un objeto biológico, y se maneja como tal. Se coloca en un plato con un dedo de agua a temperatura ambiente, apoyada por la base; en pocos minutos empieza a abrirse. Conviene sacarla al cabo de uno o dos días como mucho, escurrirla y dejarla secar completamente al aire, porque el agua estancada sobre material muerto termina en moho y mal olor. Cambiar el agua a diario mientras esté abierta reduce el problema.

Entre exhibición y exhibición se guarda seca, en un lugar aireado y sin humedad. Aguanta ciclos indefinidos: el movimiento no consume nada vivo.

Si el objetivo es germinar sus semillas, se hidrata sobre un sustrato arenoso muy drenante y se mantiene templado, en torno a 20-25 °C. Las plántulas que salen son anuales de desierto y no toleran encharcamiento ni frío; en España es un ejercicio de curiosidad más que un cultivo. La costumbre extendida de usarla como amuleto para la suerte o la prosperidad pertenece al terreno de la tradición, no al de la horticultura, y no interviene en sus cuidados.

Cuidados de la Selaginella lepidophylla

Esta sí es una planta viva y admite dos formas de mantenerla.

Como curiosidad, en ciclos. Se hidrata sobre un plato con agua poco profunda, se disfruta abierta tres o cuatro días y se deja secar del todo antes del siguiente ciclo. Es importante que seque de verdad, porque mantenerla húmeda de forma permanente en un plato sin drenaje la pudre. Los ciclos repetidos la desgastan poco a poco: cada resurrección tiene un coste metabólico, y una planta sometida a muchos ciclos seguidos acaba reverdeciendo con menos vigor. Espaciarlos, dejando semanas o meses en seco, la mantiene mejor.

Como planta de cultivo permanente. Da mejor resultado a largo plazo. Se planta en maceta ancha y poco profunda con sustrato muy drenante —mezcla de turba o fibra de coco con arena gruesa o perlita a partes iguales, y una capa de grava en el fondo—, se mantiene ligeramente húmeda pero nunca encharcada y se sitúa en luz indirecta brillante, sin sol directo de mediodía, que quema los frondes. Temperaturas entre 15 y 27 °C; por debajo de 10 °C conviene resguardarla, así que en la mayor parte de España es planta de interior o de invernadero. Agradece humedad ambiental alta, y va bien en cuarto de baño con luz o en terrario abierto. Riego preferentemente con agua de lluvia o descalcificada: el agua muy dura deja cercos de cal sobre los frondes.

Se multiplica por división de la roseta en primavera, separando porciones con raicillas propias. Por esporas es posible pero lento y poco práctico en casa.

Selaginella lepidophylla desplegada y verde tras hidratarse

En resumen

Hay dos rosas de Jericó y conviene saber cuál se tiene. Anastatica hierochuntica, la verdadera, es una crucífera anual del desierto de Oriente Próximo cuyo esqueleto seco se abre y se cierra por higroscopia para soltar semilla cuando llueve: la planta está muerta y el movimiento es física de tejidos, no vida. Selaginella lepidophylla, la falsa rosa de Jericó mexicana, es un licopodio poiquilohídrico que tolera perder casi toda su agua y revive de verdad, reverdeciendo y volviendo a fotosintetizar. Se distinguen al mojarlas: la que se pone verde es la selaginela; la que se abre en minutos y sigue parda y leñosa es la Anastatica. La primera se guarda seca entre exhibiciones y se saca del agua a los dos días para que no enmohezca; la segunda vive mejor plantada en sustrato drenante, con luz indirecta, entre 15 y 27 °C y agua sin cal.


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