Una hoja de violeta africana clavada en sustrato húmedo acaba dando una planta entera. Una hoja de ficus de goma, tratada exactamente igual, echa raíces preciosas y se queda ahí para siempre, verde y viva, sin producir jamás un tallo. La diferencia entre los dos casos es la clave de toda la multiplicación por hoja, y explica por qué a veces funciona a la primera y otras veces no funciona nunca, por mucho que se insista.
Por qué una hoja puede convertirse en planta
Una hoja aislada tiene que resolver dos problemas distintos para dar un individuo nuevo: emitir raíces y emitir un brote. Lo primero es relativamente fácil; muchísimas especies forman raíces adventicias en el corte con solo humedad y calor. Lo segundo es lo difícil, porque exige que algunas células del tejido de la hoja vuelvan atrás en su especialización y organicen un meristemo caulinar nuevo, es decir, una yema capaz de crecer indefinidamente.
Esa capacidad no la tienen todas las plantas. En el ficus de goma (Ficus elastica) o en el grueso de los arbustos leñosos, la hoja enraíza y se detiene: no hay yema, no hay planta. Por eso los esquejes de esas especies deben llevar siempre un trozo de tallo con al menos una yema axilar. La hoja sola es un callejón sin salida, aunque durante meses parezca lo contrario.
Conviene ser preciso con la terminología: reproducir por hoja no es reproducción en sentido biológico, sino multiplicación vegetativa. No hay semilla, ni polen, ni mezcla genética. Lo que se obtiene es un clon: mismas flores, mismo porte, mismo comportamiento que la planta madre. Es una ventaja cuando el ejemplar es bueno y una limitación cuando se buscan variedades nuevas.
Las especies que responden de verdad
Merece la pena separar los grupos, porque cada uno pide una técnica distinta.
Crasas de hoja carnosa. Es el grupo más agradecido y el que antes da resultados. Funcionan Echeveria, Graptopetalum, Pachyphytum, Sedum (especialmente Sedum morganianum, la cola de burro), Crassula ovata y Kalanchoe. La hoja debe desprenderse limpia, con su base intacta: si se rompe y queda pegado un trozo a la roseta, la yema se queda en la planta madre y la hoja no dará nada. Se gira suavemente hacia los lados hasta que salta sola.
Sansevieria o lengua de suegra (Dracaena trifasciata). Se corta la hoja en secciones de 5 a 8 cm y se entierran unos 2 cm, siempre con la orientación original: si se plantan del revés no enraízan, porque el transporte de auxinas es polar. Una marca con rotulador o un corte en pico en el extremo superior evita el despiste.
Begonias de hoja (Begonia rex y afines). Aquí las yemas se forman sobre los nervios principales. Dos métodos: seccionar la hoja en triángulos, cada uno con un trozo de nervio grueso apuntando hacia abajo, o dejar la hoja entera boca abajo sobre el sustrato y hacer cortes transversales en los nervios, sujetándola con piedrecitas para que haya contacto.
Gesneriáceas. La violeta africana (Saintpaulia ionantha) se multiplica con hoja y un pecíolo corto, de 2 o 3 cm, enterrado en ángulo. Streptocarpus admite un método llamativo: partir la hoja a lo largo, retirando el nervio central, y enterrar el borde cortado de cada mitad; de esa línea salen varias plantitas seguidas.
Peperomias (Peperomia obtusifolia, P. caperata) y Zamioculcas zamiifolia. Ambas funcionan, pero la segunda pide una paciencia poco común: forma primero un pequeño tubérculo subterráneo y el primer brote puede tardar entre cuatro y ocho meses.
Caso aparte: Kalanchoe daigremontiana y K. tubiflora producen plántulas ya formadas en el borde de la hoja, con sus raíces incluidas. Solo hay que recogerlas y posarlas sobre sustrato. Por eso mismo se comportan como invasoras en macetas vecinas y en el litoral mediterráneo se han naturalizado.
El detalle que rara vez se cuenta: la variegación se pierde
Es habitual multiplicar por hoja una sansevieria 'Laurentii', esa de bordes amarillos, y encontrarse a los meses con hijos completamente verdes. No es un fallo de técnica. Esa variegación es quimérica: la planta tiene dos líneas celulares distintas superpuestas, y la capa amarilla solo se mantiene en la estructura original. Cuando el brote nuevo se forma a partir de células internas de la hoja, sale con el genotipo verde.
Lo mismo ocurre con muchas begonias y crasas variegadas de borde. Si interesa conservar el dibujo, hay que multiplicar por división del rizoma o separación de hijuelos, no por hoja. Es una de esas cosas que ahorra un año de espera si se sabe de antemano.
Cómo hacerlo, paso a paso
Época. En la Península, de abril a junio y de nuevo en septiembre. Lo que manda no es el calendario sino la temperatura del sustrato: entre 20 y 25 °C todo va rápido; por debajo de 15 °C el enraizamiento se para y sube el riesgo de podredumbre. En julio y agosto, en el interior peninsular, el problema es el contrario: se deshidrata la hoja antes de que enraíce, así que hay que buscar sombra y ambiente algo más húmedo.
Elección de la hoja. Ni la más vieja ni la más tierna. Una hoja madura, firme, sin manchas ni marcas de cochinilla, de una planta bien hidratada y que no esté en plena floración. Las hojas de plantas floridas tienen menos reservas de carbohidratos y enraízan peor.
El corte y el secado. Cuchilla o tijera limpia, desinfectada con alcohol de 70°. En las crasas, y solo en ellas, hay que dejar la hoja secando al aire, a la sombra, entre dos y cinco días, hasta que la herida forme un callo seco. Plantar una hoja de Echeveria recién arrancada en sustrato húmedo termina casi siempre en pudrición. En begonias, violetas y peperomias no se seca: se planta en el momento.
Sustrato. Nada de tierra de jardín ni de sustrato universal a secas. Una mezcla que funciona bien es 50 % de turba rubia o fibra de coco y 50 % de perlita o arena de sílice lavada. Para crasas, subir la parte mineral hasta el 70 %. El objetivo es que retenga algo de humedad pero se airee enseguida; el enemigo real es el sustrato encharcado, no la sequedad.
Hormonas. Prescindibles en los casos que se han descrito. El ácido indolbutírico ayuda con esquejes leñosos, no con hojas de begonia o de crasa, que enraízan solas. Y no resuelve el problema de fondo: si la especie no forma yemas, ninguna hormona de enraizamiento se la va a inventar.
Humedad y luz. Luz clara sin sol directo. Para begonias, violetas y peperomias conviene un miniinvernadero, una bandeja tapada o una bolsa transparente, ventilando unos minutos al día para que no se condense agua sobre los tejidos. Las crasas, al revés: sin tapar, al aire, y con pulverizaciones ligeras al sustrato en vez de riegos.
Plazos realistas. Raíces visibles en 2 a 4 semanas en buena parte de las crasas y en las violetas. El brote llega mucho más tarde: en Echeveria, entre 6 y 12 semanas; en sansevieria, entre 2 y 4 meses; en Zamioculcas, medio año largo. No hay que trasplantar cuando aparecen las raíces, sino cuando la plantita hija tiene ya tres o cuatro hojas propias. Y la hoja madre no se corta: se deja hasta que se seque sola, porque sigue alimentando al hijo.
Errores que echan a perder la tanda
El vaso de agua. Enraizar hojas de crasas en agua es la forma más rápida de perderlas. Las raíces acuáticas que se forman tienen menos pelos absorbentes y sufren al pasar a sustrato. En violetas se puede hacer, pero incluso ahí el resultado en sustrato es mejor.
Enterrar demasiado. La hoja de una crasa no se entierra: se posa sobre el sustrato, apoyando el extremo cortado, o como mucho se apoya sobre él inclinada. Enterrada se pudre.
Regar el conjunto como si fuera una maceta. Hasta que haya raíces no hay nada que absorba agua. Riegos abundantes en esa fase solo asfixian y favorecen a Botrytis. Mejor humedecer poco y a menudo la superficie.
Manosear. Levantar la hoja cada tres días para ver si ha enraizado rompe las raicillas nuevas, que son extremadamente frágiles. Un tirón muy suave a las tres semanas, y basta.
Hacer una sola. El porcentaje de éxito rara vez llega al 100 %, ni siquiera con buena técnica. Poner ocho o diez hojas cuesta lo mismo que poner una y garantiza el resultado.
En resumen
Multiplicar por hoja funciona solo en las especies capaces de formar yemas adventicias en el tejido foliar: crasas, sansevierias, begonias de hoja, violetas africanas, Streptocarpus, peperomias y Zamioculcas. En el resto, la hoja enraíza y muere sin dar planta, así que hay que recurrir al esqueje con yema. Lo demás es cuestión de condiciones: temperatura de 20 a 25 °C, primavera u otoño, sustrato aireado, callo previo en las crasas, ambiente cerrado en las de hoja fina, riego escaso y paciencia con los plazos. Y un detalle que evita disgustos: si la planta madre es variegada, los hijos saldrán verdes, porque la variegación quimérica no viaja en una hoja.