Dos meses y medio separan la semilla enterrada de la flor abierta, y en ese plazo el girasol (Helianthus annuus) levanta entre uno y tres metros de planta. Esa velocidad explica casi todo lo que hay que saber de su cultivo: no admite pérdidas de tiempo, no perdona un trasplante y necesita agua justo cuando decide en qué gastar toda esa biomasa.

Cultivo de girasoles en el jardín

Siembra directa: por qué el trasplante le sienta mal

El girasol desarrolla una raíz pivotante que en las primeras dos semanas ya ha bajado 20 o 25 centímetros buscando agua profunda. Esa raíz principal no rebrota si se rompe: cuando se corta, la planta reparte el trabajo entre raíces laterales superficiales y el resultado es un ejemplar más bajo, más sensible a la sequía y con mucha más tendencia a tumbarse con el viento. Un girasol trasplantado tarde puede quedarse en la mitad de altura y sacar un capítulo pequeño sin que haya ninguna otra causa aparente.

Por eso se siembra donde va a vivir. La semilla se entierra a 2-3 centímetros de profundidad, con el suelo ya a 10-12 °C como mínimo; por debajo de esa temperatura germina lento y se pudre con facilidad. En el centro y el sur peninsular eso suele ocurrir a partir de mediados de marzo, en la cornisa cantábrica y el interior norte más bien en abril o principios de mayo. Siembra dos o tres semillas por golpe y aclara al que mejor arranque.

Si aun así quieres adelantar en semillero, hazlo en maceta de turba o de papel que se plante entera, y saca al exterior cuando la plántula tenga dos hojas verdaderas y no más. Pasado ese punto, la raíz ya llegó al fondo y cualquier manipulación cuesta cosecha.

Marco de plantación: flor grande o muchas flores

El girasol responde al espacio de una forma muy directa, y eso permite decidir qué tipo de planta se quiere antes de sembrar.

Para una flor grande, de las que dan capítulos de 25 a 35 centímetros en las variedades gigantes tipo 'Mammoth' o 'Titan', deja 45 a 60 centímetros entre plantas y unos 70 entre líneas. Cada ejemplar tiene raíz, luz y agua suficientes para concentrar todo en un solo capítulo terminal.

Para muchas flores, que es lo que interesa en un jardín ornamental o para cortar, baja el marco a 20-30 centímetros y elige variedades ramificadas. La competencia reduce el diámetro de cada flor a 10-15 centímetros, pero multiplica el número y escalona la floración durante semanas en vez de concentrarla en unos días. Escalonar además la siembra cada quince días desde abril hasta finales de junio alarga la temporada hasta septiembre.

Las variedades enanas de balcón, de 40 a 60 centímetros, admiten maceta a partir de 25-30 centímetros de diámetro y otro tanto de profundidad. Menos de eso y la raíz pivotante toca fondo antes de tiempo.

El heliotropismo y lo que pasa cuando la flor se abre

La planta joven sigue al sol de verdad. El tallo se orienta al este de madrugada, acompaña al sol durante el día y de noche vuelve a girar hacia el este antes del amanecer. El mecanismo no es un giro del capítulo sobre sí mismo: es crecimiento diferencial del tallo. Las células del lado este se alargan más durante el día y las del oeste durante la noche, de modo que el tallo se arquea alternativamente hacia un lado y hacia otro. Es un movimiento de crecimiento gobernado por el reloj circadiano de la planta, y por eso solo funciona mientras el tallo sigue alargándose.

Aquí viene el detalle que sorprende. Cuando la flor se abre, el heliotropismo se acaba y el capítulo se queda mirando al este de forma permanente. Deja de seguir al sol porque el tallo ha terminado su crecimiento y se ha lignificado: sin elongación no hay giro posible. Pero la orientación final no es casual, y tiene una consecuencia medible.

Un capítulo orientado al este recibe el sol de primera hora y se calienta antes que el aire ambiente. Esa diferencia de unos pocos grados durante la mañana atrae bastantes más abejas y otros polinizadores que un capítulo orientado al oeste, que sigue frío hasta el mediodía. Más visitas tempranas significa mejor cuajado del grano. La planta, en la práctica, ha convertido su orientación final en una estufa para atraer visitas.

Lo que esto implica para el jardín es sencillo: coloca los girasoles pensando desde dónde los vas a mirar. Si los siembras al este de la terraza, por la tarde verás todas las nucas. Si los siembras al oeste, los tendrás de cara.

El riego: el momento que decide la cosecha

El girasol tolera la sequía mejor que muchos cultivos de verano porque su raíz profunda alcanza agua que otras plantas no tocan. Eso no significa que dé igual regarlo o no; significa que el riego rinde de forma muy desigual según el momento.

Desde la nascencia hasta que aparece el botón floral, el consumo es moderado y conviene incluso quedarse algo corto: un riego escaso al principio obliga a la raíz a bajar y hace la planta más autónoma después.

El periodo crítico va desde dos semanas antes de la floración hasta dos o tres semanas después, que es cuando ocurre el cuajado y el llenado del grano. Un estrés hídrico en esa ventana no se recupera: los granos del centro del capítulo se quedan vanos, planos y vacíos, y el peso final cae sin remedio. En esas semanas, riego abundante y espaciado, mojando en profundidad (unos 25-30 litros por metro cuadrado cada 7-10 días en suelo medio, más a menudo en arenoso), mejor que riegos diarios y superficiales que solo mantienen mojados los primeros centímetros.

A partir de que el reverso del capítulo empieza a amarillear, el riego se reduce y se corta. Seguir regando al final solo retrasa el secado y favorece la podredumbre del capítulo, sobre todo por Botrytis cinerea y Sclerotinia sclerotiorum, que en años húmedos convierten la flor en una masa gris o parda.

Tutorado de las variedades altas

Un capítulo de 30 centímetros lleno de grano pesa cerca de un kilo, y cuelga de un tallo de tres metros en el momento del año en que más tormentas de verano hay. Las variedades por encima de 1,80 metros agradecen tutor, y por encima de 2,50 lo necesitan salvo en sitio muy resguardado.

Clava la caña o el tutor de hierro al sembrar o poco después, no cuando la planta ya está crecida: hincar un tutor de 60 centímetros junto a un girasol de dos metros atraviesa la raíz pivotante. Que el tutor llegue a unos dos tercios de la altura prevista y quede enterrado 40-50 centímetros. Ata con rafia o cinta ancha en dos o tres puntos, en ocho y sin apretar, para que el tallo pueda engordar.

Aporcar la base con cinco o diez centímetros de tierra cuando la planta alcanza el medio metro también ayuda: emite raíces adventicias en la zona enterrada y gana anclaje. En grupos, plantar en bloque en vez de en fila suelta hace que se protejan entre ellos del viento.

Variedades sin polen para flor cortada

Para jarrón se han seleccionado variedades macho-estériles, que no producen polen: 'ProCut', 'Sunrich', 'Vincent'. La ventaja es práctica y evidente: no manchan el mantel, no dejan la nube de polvo amarillo sobre la mesa y molestan menos a quien tenga alergia al polen de compuestas. Además suelen dar un capítulo de tallo único, recto y de tamaño uniforme, que es lo que busca la flor cortada.

La contrapartida hay que tenerla clara: sin polen no hay recurso para las abejas ni semilla que recoger. Si el objetivo es alimentar polinizadores o cosechar pipas, elige variedades convencionales. Lo razonable en un jardín es mezclar: una zona de ramificadas sin polen para cortar y otra de variedades de grano.

El corte se hace cuando los pétalos exteriores (lígulas) empiezan a levantarse pero el capítulo aún no está del todo abierto, a primera hora de la mañana, con corte en bisel y paso inmediato al agua. Retira las hojas que queden sumergidas y cambia el agua cada dos días: en jarrón aguanta de 6 a 12 días según variedad.

Cosechar la semilla y dar con el punto

Capítulo de girasol listo para cosechar las semillas

El punto de cosecha no se juzga por delante, sino por detrás. Estas son las señales de madurez fisiológica:

El dorso del capítulo pasa de verde a amarillo limón y después a marrón. Las brácteas del borde se secan y se vuelven pardas. Las lígulas amarillas se marchitan y caen. Las semillas están duras, rayadas de blanco y negro según variedad, y se desprenden con un frotado suave de la mano. Si hay que arrancarlas, falta.

Desde la floración plena a este punto pasan entre 30 y 45 días. En España suele caer entre finales de agosto y octubre según fecha de siembra y zona.

Corta el capítulo con 30 centímetros de tallo y cuélgalo boca abajo en sitio aireado, seco y a la sombra, con una bolsa de malla o de papel alrededor para recoger lo que caiga. Dos o tres semanas después, frota los capítulos sobre un recipiente y las semillas saldrán solas. Aventa para separar restos de brácteas.

Antes de guardar hay que asegurar el secado: la semilla debe quedar en torno al 10 % de humedad, es decir, que al morderla cruja y no se doble. Guardada en tarro de cristal o bolsa de papel, en oscuridad y por debajo de 15 °C, la semilla de girasol conserva buena germinación tres o cuatro años. Si es para consumo, la pipa cruda con humedad se enrancia rápido por su alto contenido en aceite; consérvala en frío.

Las aves, que llegan antes que tú

Jilgueros, verderones, gorriones y palomas conocen el calendario del girasol mejor que el hortelano y empiezan a picar el capítulo cuando la semilla todavía está en grano lechoso. Un capítulo desatendido puede quedar vacío en pocos días.

Lo que funciona es embolsar: en cuanto las lígulas se marchiten, cubre cada capítulo con una bolsa de tela de malla fina, media vieja o saco de cebollas, atada al tallo sin apretar. Deja pasar el aire, porque una bolsa de plástico condensa y pudre el capítulo. También sirve adelantar la cosecha: se puede cortar el capítulo cuando el dorso está amarillo, aunque las semillas aún no estén del todo secas, y terminar el secado colgado bajo techo.

La alternativa es asumir el reparto y dejar algunos capítulos en pie como comedero natural para el invierno. Un girasol seco de pie alimenta pájaros durante meses y no cuesta nada.

La alelopatía: qué no sembrar después

El girasol libera al suelo compuestos que inhiben la germinación y el crecimiento de otras plantas. Están en las raíces, en las hojas caídas y en los restos de tallo que quedan tras la cosecha: sobre todo ácidos fenólicos como el clorogénico y el isoclorogénico, además de terpenoides. Es el mismo tipo de estrategia del nogal con la juglona, aunque menos agresiva y bastante más pasajera.

En la práctica se traduce en dos cosas. Primero, las siembras directas de semilla fina germinan mal en un bancal que acaba de llevar girasol: lechuga, zanahoria, cebolla, judía y patata acusan el efecto. Segundo, si dejas los restos de tallo triturados sobre el suelo, el efecto dura más, porque los compuestos se van liberando conforme se descompone la materia.

La solución es sencilla. Retira los restos de tallo y raíz del bancal en vez de incorporarlos ahí mismo, y llévalos al compost, donde la fermentación degrada los fenoles en unas semanas. Deja pasar seis a ocho semanas antes de sembrar cultivos sensibles, o planta de plantel en vez de sembrar directamente, que aguanta mucho mejor. Los cereales y las gramíneas apenas lo notan, así que un centeno o una avena de invierno después del girasol funciona bien como cultivo puente.

Ese mismo efecto se puede aprovechar a favor: una franja densa de girasoles mantiene bastante limpia de hierbas adventicias la superficie que ocupa.

En resumen

Siembra directa a 2-3 centímetros con el suelo a 10-12 °C, sin trasplantar, porque la raíz pivotante rota no se recupera. Marco amplio de 45-60 centímetros si buscas capítulos grandes, apretado de 20-30 si prefieres muchas flores para cortar. La planta joven sigue al sol por crecimiento diferencial del tallo; al abrirse la flor el tallo lignifica, el giro se detiene y el capítulo queda mirando al este, lo que lo calienta pronto y le trae más polinizadores. Riega en profundidad desde dos semanas antes de la floración hasta el llenado del grano, y corta el riego cuando el dorso amarillee. Tutor puesto al sembrar en las variedades de más de 1,80 metros. Las macho-estériles sin polen son la elección para jarrón, a costa de no dar semilla ni alimentar abejas. Cosecha cuando el dorso esté marrón y las brácteas secas, seca colgado boca abajo y guarda al 10 % de humedad. Embolsa los capítulos si no quieres compartirlos con los pájaros. Y retira los restos de la planta antes de sembrar de nuevo: sus fenoles frenan la germinación de lo que venga detrás durante un mes y medio o dos.


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