Lo que llamamos «la flor» de un girasol son en realidad más de mil flores apretadas en un disco, y esa confusión no es una curiosidad de botánico: explica por qué cortar un girasol marchito no da otra flor en el mismo punto y por qué la semilla se recoge de otra manera. El conjunto ordenado de flores que una planta forma sobre un mismo eje se llama inflorescencia, y reconocer de qué tipo es cambia cómo se poda, cómo se despunta y cuándo se recolecta.

Inflorescencia con flores agrupadas sobre un mismo eje

Qué es y por qué agrupar flores

Una inflorescencia es una rama especializada en llevar flores. Tiene un eje principal o raquis, unos ejes secundarios llamados pedúnculos, y cada flor individual va sobre su propio pedicelo. En la base de cada ramificación suele haber una hoja modificada, la bráctea, que a veces es diminuta y a veces es la parte vistosa de todo el conjunto.

Agrupar flores tiene ventajas evidentes. Una flor sola de dos milímetros es invisible para un polinizador a distancia; cien juntas forman una señal grande y llamativa por muy poco coste en tejido. Además, un insecto que aterriza en una umbela de hinojo recorre docenas de flores sin volver a volar, lo que multiplica la eficacia de cada visita. Y escalonar la apertura —que unas flores abran mientras otras ya están cuajando— reparte el riesgo: una helada o un día de viento no arruina toda la floración de la planta.

La distinción de fondo es entre dos arquitecturas. En las inflorescencias racemosas o indefinidas, el eje principal sigue creciendo por la punta y va produciendo flores; la floración avanza de abajo arriba o de fuera adentro, y la planta puede seguir alargándose. En las cimosas o definidas, el eje termina en una flor y el crecimiento continúa a partir de ramas laterales; la primera flor en abrir es la del centro o la del extremo.

Esa diferencia no es teórica. Una espiga de Salvia abre de abajo arriba y sigue produciendo flores nuevas mientras la despuntes; una cima de Phlox o de Dianthus tiene un número de flores fijado desde el principio.

Los tipos con ejemplos de jardín

Racimo. Eje alargado con flores pediceladas, cada una sobre su rabillo, que abren de abajo arriba. Es el modelo de la glicinia (Wisteria sinensis), del laburno (Laburnum anagyroides), del alhelí (Matthiola incana), del jacinto y de la grosella. Cuando el racimo cuelga se le llama a veces racimo péndulo, y en la glicinia es justamente lo que hace la floración espectacular.

Espiga. Como un racimo pero con las flores sentadas directamente sobre el eje, sin pedicelo. Llantén (Plantago), verbena, muchas Salvia y las gramíneas en sentido amplio. La lavanda (Lavandula angustifolia) forma una espiga corta y densa, y el Amaranthus una compuesta y colgante. Una variante es el amento o candelilla, espiga colgante de flores unisexuales que se desprende entera: sauce, chopo, avellano, abedul, nogal.

Umbela. Todos los pedicelos parten del mismo punto y alcanzan aproximadamente la misma altura, formando un plano o una cúpula, como las varillas de un paraguas. Es la firma de las apiáceas: hinojo (Foeniculum vulgare), zanahoria (Daucus carota), eneldo, cilantro, perejil, angélica. En la mayoría es compuesta: cada radio de la umbela grande termina en una umbelita. También la forman el agapanto (Agapanthus africanus), el ajo ornamental (Allium) y la hiedra (Hedera helix).

Corimbo. Los pedicelos salen a alturas distintas del eje pero tienen longitudes desiguales que compensan, de modo que todas las flores acaban al mismo nivel. Se distingue de la umbela por ese detalle: en el corimbo los rabillos arrancan escalonados. Peral, manzano (Malus), espino albar (Crataegus monogyna), Spiraea, milenrama (Achillea millefolium) e Iberis.

Capítulo. El eje se acorta y se ensancha hasta formar un receptáculo plano o convexo sobre el que se asientan muchísimas flores sésiles, rodeadas por brácteas que forman el involucro —lo que parece un cáliz—. Es la inflorescencia de las asteráceas o compuestas, y ahí está el equívoco del girasol: en Helianthus annuus, en la margarita (Bellis perennis), en la caléndula, en el aster, en la dalia, en el crisantemo o en la equinácea, lo que se ve como una flor es un conjunto. Las «flores» que parecen pétalos son flores liguladas completas, cada una con su corola alargada, y el centro está formado por flores flosculosas tubulares, que son las que producen la semilla. Un capítulo de girasol contiene entre mil y dos mil flores.

Capítulo floral de una compuesta con flores liguladas y flosculosas

Cima. La inflorescencia definida por excelencia: el eje remata en flor y las ramas laterales continúan por debajo. Si sale una sola rama a cada lado se llama dicasio; si sale solo una, monocasio. Clavel y Dianthus, Phlox, saúco (Sambucus nigra), viburno, muchas euforbiáceas, Sedum y Hydrangea. La nomeolvides y el heliotropo forman un monocasio enrollado en espiral que se va desenrollando conforme abre.

Panícula. Racimo ramificado, es decir, un racimo cuyos ejes secundarios son a su vez racimos. Da esa forma piramidal y suelta de la hortensia paniculada (Hydrangea paniculata), la lila (Syringa vulgaris), la vid (Vitis vinifera), la avena, la Astilbe y las gramíneas ornamentales como Miscanthus, Panicum o Stipa.

Espádice con espata. Espiga carnosa y gruesa con flores diminutas incrustadas, envuelta o acompañada por una bráctea grande y coloreada, la espata. Es el diseño de las aráceas: Anthurium, Spathiphyllum, Zantedeschia —la cala—, filodendro, Monstera y aro. Lo que se compra como «flor» del anturio es la espata roja; las flores de verdad son los granos del cilindro central. Conviene recordar que la savia de casi todas las aráceas contiene oxalato cálcico en cristales de aguja y resulta irritante para boca, garganta y piel, así que en casa con niños o animales conviene situarlas fuera de alcance y manipularlas con guantes al podar. Si hay contacto o ingestión, consulta al médico o al servicio de toxicología.

Sicono. El caso más extremo: el receptáculo se cierra sobre sí mismo formando una urna carnosa con las flores mirando hacia dentro y un pequeño orificio en el ápice, el ostiolo. Es el higo. Lo que se come en Ficus carica no es un fruto en sentido estricto sino una inflorescencia entera convertida en infrutescencia, y la polinización de las variedades caprificadas depende de una avispa diminuta, Blastophaga psenes, que entra por el ostiolo. Las higueras comunes de jardín en España suelen ser partenocárpicas y no necesitan esa avispa.

Para qué sirve saberlo

Aquí está la parte práctica, que es donde la botánica se convierte en tijera.

Recolectar semilla. En un capítulo de compuesta, la semilla está en el disco central, no en los pétalos aparentes. En caléndula, equinácea, zinnia o girasol se espera a que el disco se seque y las brácteas del involucro se abran hacia atrás; entonces se corta el capítulo entero y se desgrana. Y no toda flor ligulada da semilla: en muchas especies son estériles y solo sirven de reclamo, de modo que un capítulo lleno de pétalos y sin disco visible —las variedades dobles de dalia o crisantemo— puede no dar semilla viable. En una umbela de zanahoria o hinojo, las umbelas maduran en orden: la central primero y las laterales después, así que se recolecta en dos o tres pasadas y no de golpe. En un racimo de alhelí o de digital, lo mismo de abajo arriba, y la semilla de la base es la más gruesa.

Despuntar y prolongar la floración. Retirar la flor marchita funciona porque la planta deja de invertir en semilla y vuelve a florecer, pero dónde se corta depende del tipo. En un capítulo —dalia, cosmos, zinnia, rudbeckia— se corta el pedúnculo entero hasta el primer par de hojas o el primer brote lateral, porque el capítulo agotado no produce nada más; dejar el rabillo pelado es feo e inútil. En una espiga o racimo indefinido —salvia, lavanda, digital, altramuz— basta con cortar la porción marchita, y en muchos casos la planta emite espigas laterales desde las axilas inferiores; en la Salvia nemorosa, un corte a un tercio de altura tras la primera floración da una segunda tanda en cuatro o cinco semanas. En una umbela o corimbo se retira la cabezuela completa. En una panícula de hortensia paniculada, las flores secas se dejan todo el invierno y se cortan en marzo, porque florece sobre madera nueva.

Despuntar para ramificar. Cuando la inflorescencia es terminal y definida, quitar el brote apical de una planta joven obliga a ramificar y multiplica el número de inflorescencias. Es lo que se hace con la albahaca, el cosmos, la Antirrhinum, la petunia o el crisantemo. Al revés, si quieres una sola flor grande para corte —dalia de exposición, crisantemo de flor grande— se hace desbotonado: se dejan el botón central y se eliminan los laterales.

Podar sin perder la floración. Saber si una planta florece en el extremo del brote del año o sobre madera vieja se traduce en fechas. Las que forman panículas terminales sobre brote nuevo —Hydrangea paniculata, Buddleja davidii, Lagerstroemia, Spiraea japonica— se podan a fondo a final de invierno. Las que llevan la inflorescencia sobre madera del año anterior —lila, forsitia, Spiraea de floración primaveral, Philadelphus— se podan justo después de florecer, porque en verano ya están formando las yemas del año que viene.

Reconocer familias y anticipar comportamiento. Una umbela en una planta con hojas muy divididas y olor aromático apunta a apiácea, con dos consecuencias inmediatas: atrae mucho insecto auxiliar —sírfidos, avispas parásitas, coccinélidos— y por eso conviene dejar florecer algún hinojo o cilantro en el huerto; y por otro lado, en el campo hay apiáceas silvestres muy tóxicas, así que ninguna umbelífera desconocida se prueba ni se recolecta. Un capítulo indica compuesta, y las compuestas son de las plantas que más semilla suelta y más se resiembran solas: un solo Cosmos puede llenarte el arriate al año siguiente si no se despunta.

Contar la floración real. Una espiga de Salvia de dos semanas no es una flor: son ochenta abriendo por turnos. Eso explica por qué una espiga «dura» mucho más que una flor solitaria de amapola, y por qué en el corte floral se recogen espigas y racimos cuando han abierto entre un cuarto y un tercio de sus flores; las de arriba abren ya en el jarrón. En cambio, un capítulo se corta cuando está completamente abierto, porque ya no abrirá más.

En resumen

La inflorescencia es la disposición de un grupo de flores sobre un eje común, y sirve para verse desde lejos, aprovechar mejor cada visita de un polinizador y escalonar el riesgo de floración. Se dividen en indefinidas —racimo, espiga, umbela, corimbo, capítulo, panícula, y las formas especializadas como el espádice o el sicono— y definidas o cimosas, donde el eje termina en flor. Reconocer cuál tienes delante decide dónde cortas: el capítulo agotado se retira entero hasta el primer brote, la espiga se rebaja para provocar una segunda tanda, la umbela se recolecta en varias pasadas porque no madura a la vez, y una panícula terminal marca si la poda va en invierno o después de florecer. Es la diferencia entre podar con criterio y podar a bulto.


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