El mejor consejo de agosto para casi toda España es incómodo de dar y ahorra dinero: no plantes. Con el suelo a 35 °C en los primeros centímetros, aire seco y sol de doce horas, una planta recién puesta gasta por las hojas mucha más agua de la que unas raíces cortadas pueden absorber, y el resultado es una planta que se marchita, rebrota mal y arrastra el retraso hasta otoño. Agosto es un mes de sostener lo que ya está y de fabricar, en semillero, el huerto de otoño y de invierno.
Por qué el calor bloquea el arraigo
Una planta que acaba de trasplantarse tiene el sistema radicular reducido al cepellón y, durante los primeros días, prácticamente no absorbe: los pelos radiculares que hacen el trabajo fino se rompen en la manipulación y tardan de una a dos semanas en rehacerse. Mientras tanto, la parte aérea sigue transpirando. Con 38 °C y humedad relativa del 20 %, la demanda evaporativa es brutal y el balance se rompe en horas.
A eso se suma la temperatura del suelo. Un bancal descubierto y soleado supera con facilidad los 35 °C en los primeros diez centímetros a media tarde, y por encima de 30 °C la raíz crece mal, respira más de lo que conviene y es más vulnerable a hongos como Phytophthora o Pythium, que aprovechan justo la combinación de calor y riego abundante.
Hay una excepción llamativa: el cactus y la suculenta. Muchos crecen en verano y se plantan bien ahora, con la ventaja de que el sustrato seca deprisa y el riesgo de podredumbre baja. Un Echinocactus grussonii o una Crassula trasplantados en agosto —en seco, esperando cuatro o cinco días antes del primer riego— agarran sin problema. Es la excepción que confirma la regla.
El semillero de otoño e invierno: el verdadero trabajo del mes
Lo que sí toca en agosto es sembrar en bandeja, a resguardo, las hortalizas que ocuparán el bancal de septiembre a marzo. Las brasicáceas necesitan entre 30 y 45 días de semillero, así que sembradas ahora se trasplantan a mediados o finales de septiembre, justo cuando el suelo ya ha perdido el calor extremo y todavía queda luz para que se hagan antes del invierno. Sembrarlas en septiembre es llegar tarde: la planta entra en el frío demasiado pequeña y se queda.
- Col, repollo y lombarda (Brassica oleracea var. capitata).
- Coliflor y brócoli (Brassica oleracea var. botrytis e italica); elige variedades de ciclo medio o largo para escalonar la cosecha.
- Col rizada o kale (Brassica oleracea var. sabellica), que además mejora de sabor con las primeras heladas.
- Puerro (Allium porrum), de semillero largo, unos 60 días hasta plantón.
- Escarola (Cichorium endivia) y achicoria.
- Apio (Apium graveolens) en zonas de otoño largo.
El semillero de agosto tiene sus propias reglas. La bandeja debe estar a media sombra, no a pleno sol: un alveolo pequeño se calienta y se seca en un par de horas de sol directo. Riega dos veces al día si hace falta, siempre a primera hora y al caer la tarde. Y ojo con la lechuga: la semilla de Lactuca sativa entra en termoinhibición por encima de 28-30 °C y sencillamente no germina. Si quieres lechuga de otoño sembrada en agosto, siembra de noche en sustrato fresco, o guarda la bandeja sembrada 48 horas en la parte baja de la nevera antes de sacarla, o espera a septiembre.
Siembra directa que sí funciona en agosto
Son pocas cosas y dependen mucho de la zona.
La zanahoria (Daucus carota) admite siembra de agosto para cosecha de noviembre y diciembre, con la condición de mantener el surco constantemente húmedo hasta la nascencia, que puede tardar dos o tres semanas. Un trozo de arpillera o de malla de sombreo sobre la línea, retirado en cuanto asome, resuelve la mitad del problema.
La judía de mata baja (Phaseolus vulgaris) sembrada en la primera quincena todavía da cosecha en octubre en el interior templado y en el norte; en Andalucía o Murcia el calor de agosto hace que se caiga la flor y no cuaje, así que ahí conviene esperar a septiembre.
También entran rabanito (Raphanus sativus), muy rápido, en 25-30 días; acelga (Beta vulgaris var. cicla), que germina bien en calor; canónigo (Valerianella locusta) y espinaca (Spinacia oleracea) hacia el final de mes en zonas frescas —la espinaca también sufre termoinhibición por encima de 25 °C—, y nabo, perejil y cilantro en el norte peninsular.
En la cornisa cantábrica y en Galicia, donde agosto rara vez supera los 28 °C y la humedad ambiental es alta, este listado se amplía bastante: allí sí es un mes de siembra razonable, con la precaución contraria —vigilar mildiu en las lechugas y babosas en las plántulas.
Los bulbos que se plantan ahora y florecen en semanas
Hay un grupo de geófitas mediterráneas que hacen justo lo contrario que el resto del jardín: pasan el verano dormidas bajo tierra y brotan con las primeras lluvias de final de verano. Se plantan secas, en agosto, a unos 10-15 cm de profundidad y en suelo con buen drenaje.
- Sternbergia lutea, de flor amarilla idéntica a un azafrán, que abre en septiembre y octubre.
- Colchicum autumnale y Colchicum speciosum, que florecen desnudos, sin hojas, poco después de plantarse. Conviene saber que toda la planta es muy tóxica por su contenido en colchicina, incluidos bulbo y semilla; se han dado intoxicaciones graves por confundir sus hojas primaverales con las del ajo de oso. No es una planta para un jardín donde jueguen niños pequeños, y basta con manipular el bulbo con guantes y lavarse después.
- Crocus sativus, el azafrán, que se planta entre julio y agosto para florecer a finales de octubre.
- Amaryllis belladonna, Lycoris y Nerine, con el mismo calendario.
También es el mes de encargar y recibir los bulbos de primavera —tulipán, narciso, jacinto, muscari—, aunque esos no se plantan hasta octubre o noviembre. Guárdalos en un lugar fresco, seco y aireado hasta entonces.
Riego: cuánto, cuándo y por qué a esas horas
El riego de agosto es el que sostiene el huerto entero, y la hora es casi tan importante como la cantidad.
Riega al amanecer. Entre las seis y las nueve de la mañana la evaporación es mínima, la planta llega hidratada a las horas centrales y el follaje se seca durante el día, lo que reduce mildiu y botritis. La segunda mejor opción es el atardecer, después de las ocho, con la salvedad de que la hoja pasa la noche mojada; en cultivos sensibles a hongos, riega solo al pie.
No riegues a mediodía. Se pierde una parte grande del agua por evaporación antes de que penetre y, en el goteo superficial, el agua caliente del tubo puede escaldar raicillas.
Mejor menos veces y más cantidad. Un riego que moja solo los tres primeros centímetros mantiene las raíces en la franja de suelo que más se calienta y más rápido seca. Un riego profundo cada dos o tres días, mojando 20-30 cm, obliga a la raíz a bajar y da autonomía a la planta. Compruébalo con el dedo o con un destornillador: si entra fácil hasta un palmo, hay agua abajo.
El acolchado es la herramienta más rentable del mes. Cinco a diez centímetros de paja, restos de siega secos, corteza o incluso cartón sobre el suelo bajan la temperatura del sustrato entre cinco y diez grados, cortan la evaporación directa y frenan la hierba. Déjalo separado un par de dedos del cuello de la planta para que no se mantenga húmedo contra el tallo.
Vigila el estrés hídrico irregular más que la sequía en sí. La podredumbre apical del tomate y del pimiento —esa mancha negra y hundida en la base del fruto— no es una enfermedad ni se cura con calcio pulverizado: es una carencia funcional de calcio provocada porque el agua deja de fluir de forma constante. Regularidad de riego y acolchado la evitan.
Sombra temporal y protección del cultivo
Una malla de sombreo del 30-50 % puesta sobre arcos, o incluso una tela vieja tensada durante las horas centrales, baja varios grados la temperatura de la hoja y evita el golpe de sol en frutos expuestos: el tomate, el pimiento y la berenjena se queman en la cara sur con una mancha blanquecina y apergaminada que después se pudre. Nunca deshojes tomateras en agosto pensando que así maduran antes; esas hojas son precisamente las que dan sombra al fruto.
Por encima de 32-35 °C el polen del tomate y del pimiento pierde viabilidad y las flores caen sin cuajar. Es normal y no significa que el cultivo esté enfermo; la producción se recupera sola cuando bajen las noches en septiembre.
En el jardín ornamental, agosto es también el mes de las plagas de sequedad: araña roja (Tetranychus urticae), que prolifera con calor seco y se combate en buena parte subiendo la humedad ambiental y mojando el envés, y trips y mosca blanca en invernadero. Revisa el envés de las hojas una vez por semana.
Lo que se recoge
Agosto es un mes generoso en cosecha aunque sea pobre en siembra: tomate, pimiento, berenjena, calabacín, pepino, judía verde, melón, sandía, maíz dulce y las primeras calabazas. El calabacín y la judía se recolectan cada dos o tres días, porque en cuanto un fruto se hace grande y empieza a formar semilla la planta reduce la floración.
Es también el momento de recoger ajo y cebolla ya curados y de guardarlos en sitio seco y ventilado, y de recolectar semilla de las variedades que quieras conservar, eligiendo las plantas más sanas y no simplemente el fruto más grande.
Las aromáticas —tomillo, romero, orégano, ajedrea— se cortan estas semanas si aún no lo has hecho: tras la floración conservan buena carga de aceite esencial y el corte estimula brote nuevo antes del otoño.
Septiembre es la fecha real de plantar
La razón por la que merece la pena esperar unas semanas es que en septiembre coinciden tres cosas que en agosto no se dan juntas: el aire ya refresca por la noche, el suelo sigue caliente —entre 18 y 24 °C, el rango ideal para que la raíz crezca deprisa— y suelen llegar las primeras lluvias.
Ese desfase entre el aire, que se enfría antes, y el suelo, que conserva el calor acumulado durante semanas, es el motivo por el que el otoño es la mejor época del año en clima mediterráneo para plantar árboles, arbustos, setos, vivaces, aromáticas y césped. Una planta puesta en octubre pasa el invierno haciendo raíz sin gasto en hojas y llega al verano siguiente con el sistema radicular hecho. La misma planta puesta en marzo entra en su primer verano a medio instalar y necesitará riego de socorro durante dos temporadas.
Aprovecha agosto para preparar ese momento: decidir dónde va cada cosa, encargar planta y bulbos, revisar el riego automático y sus goteros, y aportar compost o estiércol compostado al bancal para que se integre antes de septiembre.
En resumen
En agosto se planta poco y se hace bien poco: el suelo caliente y la demanda de agua impiden que una planta nueva arraigue, con la excepción de cactus y suculentas. Lo que corresponde es el semillero protegido de brásicas, puerro y escarola para trasplantar en septiembre; la siembra directa de zanahoria, rabanito, acelga, judía de mata baja y, en el norte, canónigo y espinaca; y la plantación de las geófitas de floración otoñal, Sternbergia, Colchicum —tóxica, conviene saberlo— y azafrán. Riega al amanecer, profundo y espaciado, acolcha el suelo, pon media sombra en las horas centrales y recoge cada dos o tres días. El trabajo grande de plantación es septiembre y octubre, cuando el aire ya ha bajado y el suelo todavía está templado: esa combinación es la que hace raíz.