Pulgones. Esa es la respuesta corta, y se queda corta en casi todo lo importante: la larva y el adulto no comen lo mismo ni en la misma cantidad, hay mariquitas que no tocan un pulgón en su vida, los adultos necesitan flores tanto como presas para poner huevos, y el bicho gris con manchas naranjas que se aplasta por reflejo al verlo en un rosal es precisamente la fase que más pulgones se come.
La familia, en orden
Las mariquitas son los coleópteros de la familia Coccinellidae, con unas 6.000 especies descritas en el mundo y alrededor de un centenar en la península ibérica. La más conocida aquí es Coccinella septempunctata, la de siete puntos, seguida de Adalia bipunctata, Propylea quatuordecimpunctata y Hippodamia variegata.
La mayoría son depredadoras, pero no todas comen lo mismo:
- Afidófagas: viven de pulgones. Coccinella, Adalia, Hippodamia, Propylea. Son la mayor parte de lo que se ve en el huerto.
- Coccidófagas: especializadas en cochinillas. Cryptolaemus montrouzieri contra el cotonet, Rhyzobius lophanthae y Chilocorus contra los diaspídidos de los cítricos.
- Acarófagas: Stethorus punctillum, una mariquita negra diminuta de menos de 1,5 mm que come exclusivamente ácaros, sobre todo araña roja.
- Micófagas: Halyzia sedecimguttata, anaranjada con puntos blancos, se alimenta de las hifas del oídio. Es depredadora de un hongo, no de un insecto.
- Fitófagas: pocas y sí perjudiciales. Subcoccinella vigintiquatuorpunctata, la de veinticuatro puntos, roe hojas de alfalfa y de cariofiláceas.
Qué come en cada estadio
El huevo
La hembra pone grupos de 10 a 50 huevos amarillos o anaranjados, alargados y colocados de pie, casi siempre en el envés de una hoja y a pocos centímetros de una colonia de pulgón. Esa proximidad no es casual: la larva recién nacida apenas se desplaza y necesita comer en las primeras horas.
Lo primero que come, de hecho, suelen ser los huevos vecinos que aún no han eclosionado, incluidos los de su propia puesta. El canibalismo en las primeras horas está integrado en la estrategia y aumenta cuando escasea la presa.
La larva, que es lo que hay que aprender a reconocer
Esta es la parte práctica del artículo. La larva de mariquita no se parece en nada al adulto: es alargada, blanda, aplanada, con seis patas bien visibles y aspecto de pequeño caimán o de oruga espinosa. Mide de 1 a 10 mm según el estadio, y suele ser gris azulada o negra con manchas y bandas naranjas o amarillas, a veces con tubérculos o pelos cortos. Se mueve deprisa por el tallo y no se enrolla ni se deja caer como una oruga.
Pasa por cuatro estadios larvarios en dos o tres semanas a 20-25 ºC, mudando entre uno y otro, y después se fija por el extremo del abdomen a una hoja o un tallo y forma una pupa inmóvil, naranja y negra, redondeada, que se confunde con un huevo o con una cochinilla. De ahí sale el adulto en cinco a ocho días, blando y pálido, con los puntos aún sin formar.
Todo esto importa por una razón muy concreta: quien revisa un rosal con pulgón y aplasta el bicho gris que corre entre ellos está destruyendo la fase más voraz de su mejor aliado, y dejando intactos los pulgones. Enseñar la larva a quien trabaja el huerto, o mirarla una vez con calma para memorizarla, vale más que cualquier tratamiento.
El adulto
Come pulgones también, pero menos, y complementa con polen, néctar y melaza. Vuela, así que se desplaza a buscar colonias nuevas, y esa movilidad es a la vez su virtud y el motivo de que soltarlas de golpe no sirva de mucho.
Cuántos pulgones, en cifras
Las cifras varían según la especie, el pulgón y la temperatura, pero los órdenes de magnitud son consistentes:
- Una larva de Coccinella septempunctata consume entre 200 y 500 pulgones durante todo su desarrollo larvario.
- En el cuarto estadio, el último y más grande, puede comerse de 50 a 100 pulgones al día. Ese estadio concentra más de la mitad del consumo total.
- Un adulto come del orden de 20 a 50 pulgones diarios cuando hay abundancia.
- Una hembra a lo largo de su vida, sumando lo que come ella y lo que comerá su descendencia inmediata, mueve cifras de varios miles.
El dato que conviene retener es el reparto: la larva come mucho más que el adulto, y lo hace concentrado en unas dos semanas y sin moverse del sitio. Una puesta en un rosal infestado limpia la colonia; un adulto que pasa volando, no.
Qué más comen, además de pulgones
Las afidófagas son generalistas dentro de su gusto por presas blandas y lentas. Aceptan de buen grado cochinillas jóvenes —las ninfas móviles, antes de que fabriquen el escudo—, ninfas y huevos de mosca blanca, araña roja y otros ácaros tetraníquidos, psilas, ninfas de trips y huevos de mariposas y polillas que encuentren de paso.
Cuando la presa escasea, recurren a la melaza, la secreción azucarada que dejan pulgones y cochinillas sobre las hojas, y al polen. Eso les permite aguantar entre colonias sin morirse de hambre, aunque con esa dieta no ponen huevos.
Un matiz útil: no todos los pulgones les valen igual. Algunos, como los que viven sobre adelfa o sobre plantas ricas en alcaloides, secuestran esos compuestos y resultan poco palatables o directamente tóxicos para las larvas. Una colonia de pulgón amarillo en la adelfa puede quedarse sin depredadores por ese motivo.
Por qué hacen falta flores, y no solo plagas
Aquí está la clave de tener mariquitas todo el año en lugar de recibirlas dos semanas en mayo.
Los adultos necesitan polen y néctar. El néctar les da energía para volar; el polen aporta proteína y es determinante en la maduración de los huevos en varias especies. Un huerto donde solo hay hortalizas y ninguna flor abierta es un lugar donde las mariquitas pasan, comen y se van, porque no encuentran con qué completar la dieta ni dónde repostar cuando la colonia de pulgón se acaba.
Las flores que funcionan son las de corola corta y accesible, porque la mariquita no tiene aparato bucal para tubos profundos:
- Umbelíferas: hinojo (Foeniculum vulgare), eneldo, cilantro, apio y zanahoria dejados subir a flor, Ammi majus. Son las mejores, con diferencia.
- Compuestas: caléndula (Calendula officinalis), Cosmos, Achillea millefolium, tanaceto, margaritas.
- Aliso de mar (Lobularia maritima), que florece casi todo el año en clima mediterráneo y es de las plantas más rentables que se pueden meter en un huerto.
- Trigo sarraceno (Fagopyrum esculentum) como cubierta rápida de primavera y verano.
La idea es tener algo en flor de marzo a octubre sin huecos, en una franja o en cabeceras de bancal, y no una floración concentrada en un mes. Y hay una decisión que cuesta aceptar pero es la que sostiene el sistema: tolerar algo de pulgón. Un huerto sin ninguna presa no mantiene depredadores, y cuando llegue la explosión de pulgón no habrá nadie esperando.
Dos cosas que arruinan lo anterior. La primera, los insecticidas de amplio espectro, y también algunos admitidos en producción ecológica: las piretrinas naturales y el jabón potásico matan larvas de mariquita con la misma facilidad que pulgones, y el pulgón se recupera antes. La segunda, las hormigas: cuidan y defienden las colonias de pulgón por la melaza, y expulsan activamente a las larvas de mariquita. Poner bandas de cola en los troncos de los frutales cambia el resultado más que cualquier producto.
El invierno: agregaciones
En otoño, cuando bajan las temperaturas y desaparece la presa, los adultos buscan refugio y lo hacen en grupo, a veces de cientos o miles de individuos. Se guían por rastros de feromonas dejados en años anteriores, lo que hace que los mismos sitios se usen temporada tras temporada.
Invernan bajo cortezas sueltas, en hojarasca acumulada, en grietas de muros de piedra, entre las hojas secas de una gramínea ornamental o en huecos de mampostería. Varias especies de montaña suben a cotas altas y se concentran bajo piedras en collados ventosos.
En el jardín eso se traduce en algo sencillo: no limpiar del todo. Dejar en pie las gramíneas y los tallos secos de vivaces hasta marzo, mantener un montón de leña o de hojarasca en un rincón y no encalar ni raspar todas las cortezas viejas proporciona el refugio invernal que decide cuántas mariquitas habrá en abril. Los hoteles de insectos comerciales funcionan de forma irregular; un montón de ramas y hojas secas funciona siempre.
Si en octubre aparecen mariquitas dentro de casa, en marcos de ventanas y persianas, es esta conducta buscando una grieta. Se recogen con un vaso y se sacan a un sitio resguardado, sin aspirador, porque al asustarse liberan una gota de hemolinfa amarilla y amarga —la defensa química que anuncian con su color— que mancha y huele.
La mariquita asiática, Harmonia axyridis
Originaria de Asia oriental, Harmonia axyridis se introdujo en Europa y América como agente de control biológico en cultivos protegidos entre los años ochenta y noventa. Se escapó, se naturalizó y hoy está extendida por buena parte del territorio peninsular tras las primeras citas de finales de la década de 2000.
Identificarla no es trivial porque es extraordinariamente variable: mide de 5 a 8 mm —bastante más que la mayoría de las autóctonas—, y puede ser naranja con hasta 19 puntos, roja con dos, o negra con dos o cuatro manchas rojas. La pista más fiable está en el pronoto blanco con una marca negra en forma de M o de W, y en las patas, que suelen ser pardas o anaranjadas y no negras.
El problema no es que coma pulgones, que los come y muchos. Es lo que hace además:
- Depredación intragremial: consume huevos, larvas y pupas de otras mariquitas, incluidas las nativas, mientras que sus propias larvas están mejor defendidas químicamente y son rechazadas por ellas. El intercambio es asimétrico y siempre en la misma dirección.
- Transmisión de parásitos: porta microsporidios a los que es tolerante y que resultan letales para las larvas de especies autóctonas que la depredan.
- Daño en viña: cuando se vendimia con racimos contaminados, los compuestos que libera —metoxipirazinas— alteran el vino de forma perceptible y difícil de corregir.
- Invasión de viviendas en otoño en agregaciones grandes, molestas y difíciles de manejar.
El declive documentado de Adalia bipunctata en zonas de Europa donde H. axyridis se ha establecido es un caso de manual de desplazamiento competitivo. En España figura entre las especies exóticas invasoras reguladas, de modo que su comercialización y su suelta están prohibidas. Si aparece en el jardín no hay mucho que hacer a escala individual, pero conviene no confundirla con las nativas ni fomentarla.
Comprar mariquitas y soltarlas: por qué falla
Se venden en bolsas de cientos o miles de adultos, con la promesa de resolver el pulgón en una tarde. En jardín abierto el resultado habitual es que a las 48 horas no queda casi ninguna.
Las razones son concretas. Buena parte de los adultos comercializados son Hippodamia convergens recolectados en agregaciones invernales de montaña, no criados en insectario. Salen de la diapausa con reservas de grasa y con un programa de comportamiento fijo: antes de asentarse y reproducirse tienen que realizar un vuelo de dispersión largo. Al abrir la bolsa, hacen exactamente eso: se van. Y como vienen de poblaciones silvestres, pueden traer parásitos como Dinocampus coccinellae y microsporidios que se quedan en el jardín aunque ellas no.
Lo que sí funciona, por orden de utilidad:
- Crear las condiciones —flor escalonada, refugio invernal, tolerancia a algo de pulgón, cero insecticidas de amplio espectro, hormigas controladas— y dejar que lleguen solas. Llegan, y se quedan.
- Soltar larvas en lugar de adultos si se recurre a la compra: las larvas no vuelan, se quedan donde se dejan y comen desde el primer día.
- Usar la especie adecuada en espacio cerrado: en invernadero, Cryptolaemus montrouzieri contra cotonet y Rhyzobius lophanthae contra diaspídidos dan resultados reales, porque el recinto impide la dispersión y porque son especialistas de la plaga.
- Soltar al atardecer, sobre plantas con presa abundante y con el follaje humedecido, que reduce algo el vuelo inmediato. Es una mejora marginal, no una solución.
En resumen
Las mariquitas comen pulgones sobre todo, y también cochinillas jóvenes, mosca blanca, araña roja y huevos de otros insectos; algunas especies están especializadas en ácaros, en cochinillas o incluso en oídio. La larva —gris azulada, alargada, con manchas naranjas y sin ningún parecido con el adulto— consume entre 200 y 500 pulgones en dos o tres semanas, mucho más que el adulto, y es la fase que hay que aprender a no aplastar. Los adultos necesitan además polen y néctar, así que sin flores accesibles de marzo a octubre no se quedan, y sin hojarasca ni tallos secos en pie no tienen dónde invernar. La asiática Harmonia axyridis es invasora y desplaza a las autóctonas. Y comprar adultos para soltarlos en jardín abierto rara vez sirve: vuelan y se van. Sale más a cuenta plantar hinojo y aliso, y guardar el insecticida.