Un remolque de estiércol de caballo regalado por el picadero del pueblo puede ser el mejor aporte que reciba un huerto en años, o puede dejarlo sin tomates durante tres temporadas. La diferencia no está en el estiércol sino en dos cosas que no se aprecian al cargarlo: si el caballo comió forraje tratado con herbicidas hormonales y si el montón ha compostado de verdad. Merece la pena saber qué se está echando a la tierra.

Montón de estiércol de caballo compostado

Qué es realmente, en números

El caballo es un herbívoro monogástrico con fermentación en el intestino grueso, no un rumiante. Digiere la fibra peor que la vaca y aprovecha menos el nitrógeno de la ración. El resultado es un estiércol con mucho material lignocelulósico sin digerir y relativamente poco nitrógeno, al que además se suma la cama —paja, viruta o serrín— que sale del box mezclada con las deyecciones y que puede suponer la mitad del volumen del remolque.

Como orientación sobre materia fresca con cama, y con la advertencia de que los valores reales varían mucho según la ración, la proporción de cama y el tiempo que lleve el montón parado:

  • Caballo: en torno a 0,5-0,7 % de nitrógeno, 0,25-0,35 % de fósforo (P₂O₅), 0,5-0,6 % de potasio (K₂O). Materia seca alta, 25-30 %. Relación carbono/nitrógeno del conjunto con cama entre 25:1 y 40:1, y hasta 60:1 si la cama es viruta de madera abundante.
  • Vacuno: 0,5-0,6 % N, pero con mucha más humedad, materia seca del 15-20 %, textura pastosa y C/N más baja, en torno a 20:1. Nutricionalmente parecido por kilo, físicamente muy distinto.
  • Gallinaza: 1,5-4 % N, 1,5-3 % de fósforo, materia seca alta y C/N muy baja, de 7:1 a 12:1. Es un fertilizante rápido y concentrado, con mucho amonio y mucho calcio, no un enmendante.
  • Oveja y cabra: intermedio, seco, algo más rico que el de caballo.

La lectura correcta de esa tabla es que el estiércol de caballo no es un abono, es una enmienda orgánica. Un kilo aporta poco nitrógeno; lo que aporta en cantidad es carbono estructural y materia orgánica estable que se convierte en humus. Y ahí está su virtud: mejora la estructura del suelo, aumenta la porosidad y la capacidad de retención de agua en suelos arenosos, esponja los arcillosos compactos, alimenta la vida microbiana y aporta micronutrientes. Para levantar un suelo agotado o muy arcilloso no hay nada mejor. Para dar de comer nitrógeno a una lechuga con prisa, mal candidato.

Su relación C/N alta explica también el efecto secundario del estiércol fresco de caballo con mucha cama: al enterrarlo, los microorganismos que descomponen esa paja necesitan nitrógeno para hacerlo y lo toman del suelo, dejando al cultivo sin él durante semanas. Es el bloqueo o hambre de nitrógeno, y se manifiesta como plantas amarillentas y paradas justo después de haber «abonado». Con estiércol bien compostado, cuya C/N ha bajado a 15-20:1, no ocurre.

Por qué hay que compostarlo

Aplicar estiércol de caballo fresco directamente al cultivo tiene tres inconvenientes serios.

Quema las raíces. El fresco contiene amoniaco y sales solubles en concentración alta, y al fermentar en contacto con el suelo genera calor y ácidos orgánicos. Las raíces finas en contacto directo con él se deshidratan y se necrosan; en plántulas y en macetas el daño es rápido y visible. El estiércol de caballo es más seco y por tanto algo menos agresivo que la gallinaza, pero quema igual si se pone en el hoyo de plantación y se planta encima.

Trae semillas de malas hierbas. El caballo pasta y come heno, y una parte importante de las semillas que ingiere atraviesa su tubo digestivo intacta y viable. El paso por el rumen de la vaca destruye más semillas; el caballo, menos. Un montón de estiércol fresco esparcido en el huerto es una siembra de amaranto, cenizo, verdolaga y gramíneas, y la escarda de esa siembra cuesta más trabajo que todo el beneficio del aporte. El compostaje resuelve esto de una manera muy concreta y comprobable: si el montón alcanza 55-65 °C durante al menos tres días seguidos en toda su masa, la mayoría de las semillas pierde la viabilidad, junto con los patógenos y los huevos de parásitos.

Puede llevar patógenos. Aunque el estiércol equino es menos problemático en este aspecto que el de rumiantes o el de cerdo, el compostaje termófilo elimina el riesgo sanitario en hortalizas que se comen crudas.

Cómo compostarlo y cuánto tarda

El estiércol de caballo con cama de paja composta casi solo, porque viene con la mezcla de carbono y nitrógeno ya razonablemente hecha y con estructura suficiente para airearse. El montón necesita:

  • Volumen. Menos de un metro cúbico no retiene el calor y no llega a temperatura termófila. Un montón de 1,2-1,5 m de alto y otro tanto de ancho es lo que funciona.
  • Humedad de esponja escurrida, alrededor del 50-60 %. Seco no fermenta; encharcado se pudre en anaerobiosis y huele a amoniaco y a podrido. En verano español hay que regarlo.
  • Aire. Volteos cada dos o tres semanas al principio, llevando el exterior al centro para que todo el material pase por la fase caliente. Sin volteo también composta, pero tarda el doble y la periferia nunca se calienta, así que las semillas de los bordes sobreviven.
  • Cubrición. Una lona o malla que evite que las lluvias de otoño lo laven y se lleven el nitrógeno, y que en verano frene la desecación. Que respire; el plástico hermético lo pudre.

Con cama de paja, volteos regulares y humedad controlada, el proceso tarda de 3 a 6 meses. Con cama de viruta o serrín de madera, que tienen una C/N altísima y lignina difícil de degradar, hace falta de 9 a 18 meses, y conviene añadir una fuente de nitrógeno —hierba de siega, restos verdes— para arrancar. Sin volteos, en montón parado, hay que contar un año o año y medio para paja y hasta dos para viruta.

El punto de madurez se reconoce sin análisis:

  • Color marrón oscuro casi negro, uniforme.
  • Olor a tierra de bosque, a mantillo. Nada de amoniaco, nada de olor a establo. Si huele a cuadra, no está.
  • Textura desmenuzable, grumosa. No se reconocen ni la paja ni las bolas de deyección; a lo sumo quedan fibras leñosas.
  • Temperatura igual a la del ambiente, sin recalentarse tras un volteo. Mientras siga calentándose, sigue trabajando.
  • Volumen reducido a la mitad o menos del inicial.
  • Lombrices abundantes en el montón. No aparecen hasta que la fase caliente ha terminado y el material ya no es hostil; su presencia es una buena señal de madurez.

Cuánto aplicar y cuándo

Dosis orientativas de estiércol de caballo compostado:

  • Huerto en producción, mantenimiento anual: 3-5 kg/m², una capa de 2-3 cm incorporada superficialmente. Equivale a unos 30-50 t/ha.
  • Suelo pobre, arenoso o muy arcilloso, primera enmienda: 8-10 kg/m² el primer año, unos 5 cm, y bajar a la dosis de mantenimiento los siguientes.
  • Frutales y árboles: 10-20 kg por pie adulto, esparcidos en corona bajo la proyección de la copa, sin arrimarlo al tronco.
  • Como acolchado superficial: 2-3 cm sobre el suelo, sin enterrar. Es la forma menos laboriosa y muy eficaz.
  • En sustrato de maceta: como mucho un 20-25 % del volumen, y solo si está muy maduro. Nunca puro, porque su conductividad eléctrica es alta.

La época natural en España es el otoño o el final del invierno, de octubre a febrero, con dos o tres semanas de margen antes de plantar o sembrar. Se incorpora a los 10-15 cm superficiales, no más hondo: la vida del suelo que ha de transformarlo es aeróbica y a 30 cm de profundidad no funciona. Enterrarlo con azada de volteo profundo desperdicia buena parte del aporte.

Dos avisos de dosis. El estiércol de caballo aporta bastante potasio y, en aplicaciones repetidas y altas durante años, acumula fósforo en el suelo hasta niveles que bloquean la absorción de hierro y zinc; una analítica de suelo cada tres o cuatro años en un huerto muy abonado no está de más. Y hay cultivos que prefieren suelo pobre: las aromáticas mediterráneas —romero, tomillo, lavanda, salvia— dan menos aroma y se ahílan con exceso de materia orgánica, y las raíces como la zanahoria se bifurcan y ahorquillan en suelo recién estercolado, por lo que se siembran en la parcela que recibió el estiércol el año anterior.

La cama caliente

Hay un uso del estiércol de caballo en el que su defecto —la mucha fibra y la fermentación intensa— se convierte en la virtud. La fermentación aeróbica de estiércol fresco con paja libera calor, y ese calor puede aprovecharse como calefacción de un semillero en invierno. Es la técnica de la cama caliente, usada en la horticultura europea desde el siglo XVIII y perfectamente vigente para adelantar plantel sin electricidad.

Se excava un hoyo de 50-60 cm de profundidad con la superficie del cajón o del semillero que se quiere calentar por encima. Se rellena con una capa de 40-50 cm de estiércol de caballo fresco con cama de paja, humedecido y bien pisado para que quede compacto pero no apelmazado —si queda demasiado suelto se enfría enseguida, si se aplasta en exceso se vuelve anaerobio y no calienta—. Encima se pone una capa de 15-20 cm de tierra o de sustrato de siembra, y sobre todo ello un marco con cristal o policarbonato, o un túnel de plástico.

La fermentación arranca en dos o tres días y el interior del estiércol llega a 60-70 °C. Es imprescindible esperar a que ese pico pase —de cinco a ocho días— antes de sembrar o de colocar bandejas: sembrar en el pico cuece las semillas y libera amoniaco que daña las plántulas. Cuando el sustrato de arriba se estabiliza entre 18 y 25 °C, ya se puede sembrar. La cama mantiene esa temperatura de raíz durante seis a ocho semanas, con descenso progresivo, y permite tener plantel de tomate, pimiento, berenjena, melón o calabacín en febrero en zonas donde al aire libre sería impensable.

Ventaja añadida: cuando la cama se agota, el estiércol de abajo está medio compostado y sirve de enmienda para el huerto en primavera. Se necesita bastante volumen, así que solo tiene sentido si hay acceso a estiércol fresco abundante.

Aviso serio: herbicidas hormonales persistentes

Este es el riesgo real del estiércol de caballo, y conviene tenerlo claro antes de aceptar un remolque gratis.

Existe una familia de herbicidas hormonales —aminopiralida, clopiralida, picloram, aminociclopiraclor, del grupo de las piridín-carboxílicas— que se emplea para controlar dicotiledóneas en praderas, pastos y cereales sin dañar la hierba. Su problema es la persistencia: no se degradan al pasar por el aparato digestivo del animal, ni en la orina, ni durante el compostaje. Sobreviven meses o años ligados a la lignina del material vegetal, y se van liberando lentamente conforme el compost se descompone en el suelo.

El resultado, cuando ese compost llega a un huerto, es un cuadro característico: hojas nuevas retorcidas, acopadas y con forma de helecho o de cuchara, tallos en tirabuzón, crecimiento detenido, frutos deformes o ausentes. Las plantas más sensibles son precisamente las que más se cultivan: solanáceas —tomate, patata, pimiento, berenjena—, leguminosas —judía, guisante, haba—, además de lechuga, zanahoria, girasol y dalias. Las gramíneas, el maíz y las coles apenas lo acusan, así que la parcela puede parecer sana en unos bancales y arruinada en otros. El daño puede durar de uno a tres años en el suelo, y no hay forma práctica de neutralizarlo: solo esperar, mantener el suelo activo y aireado, cultivar gramíneas mientras tanto y, en un huerto pequeño, retirar y reemplazar el sustrato afectado.

El estiércol de caballo es especialmente propenso a este problema porque los caballos comen heno y forraje comprados, de procedencia desconocida, con frecuencia de praderas tratadas. Preguntar al propietario no siempre resuelve: rara vez sabe con qué se trató el prado del que salió el heno que compró.

La prueba de la judía

La forma de saberlo antes de estropear una temporada entera es un bioensayo casero, sencillo y concluyente. Se hace con judía o guisante, que son muy sensibles y germinan rápido, aunque también sirve el tomate.

  1. Tomar muestra representativa del montón de estiércol o compost: varios puñados de distintos puntos y profundidades, mezclados.
  2. Preparar dos series de macetas. En la serie de prueba, una mezcla de dos partes de estiércol por una de sustrato limpio o tierra sin tratar; en la serie testigo, solo el sustrato limpio. Tres macetas de cada, como mínimo, para que un fallo aislado no confunda.
  3. Sembrar tres judías por maceta, regar con agua limpia y mantener las dos series en el mismo sitio, con la misma luz y el mismo riego.
  4. Esperar de dos a tres semanas, hasta que las plantas tengan dos o tres hojas verdaderas.
  5. Comparar. Si las de la serie de prueba salen igual que las del testigo, el material está limpio. Si sus hojas nuevas salen acopadas, retorcidas, alargadas y estrechas o con los nervios en abanico, si los tallos se curvan o el crecimiento se para mientras el testigo va bien, hay residuo herbicida y ese estiércol no se echa al huerto.

El ensayo tarda tres semanas y cuesta un puñado de judías. Un huerto contaminado tarda dos años en recuperarse. La proporción entre las dos cosas hace que la prueba sea razonable siempre que el estiércol proceda de un origen nuevo o desconocido. Si sale positivo, ese material aún puede usarse en zonas de césped, en setos o en ornamentales de porte leñoso, o dejarse compostar dos o tres años más y volver a probar.

Aviso segundo: antiparasitarios y fauna del compost

Los caballos se desparasitan con regularidad, y los productos habituales son lactonas macrocíclicas —ivermectina, moxidectina, abamectina— y bencimidazoles como el fenbendazol. Una fracción importante de la dosis se excreta sin metabolizar en las heces durante los días siguientes al tratamiento.

Estas moléculas son activas frente a invertebrados en general, no solo frente a los parásitos del caballo. En el estiércol fresco afectan a los escarabajos coprófagos, a las larvas de dípteros y, en concentraciones altas, a las lombrices: en un vermicompostador doméstico, estiércol de un caballo desparasitado hace pocos días puede matar la población de Eisenia fetida. El efecto sobre el ecosistema del estercolero en el campo está bien documentado y es una de las causas del declive de los escarabajos del estiércol en zonas ganaderas.

Lo tranquilizador es que estos compuestos sí se degradan con el compostaje, a diferencia de los herbicidas del apartado anterior. La ivermectina se descompone con el calor, la actividad microbiana y la luz; tras un compostaje termófilo completo y unos meses de maduración, la actividad residual es baja o nula. Las medidas prácticas son dos: no recoger el estiércol de las tres o cuatro semanas siguientes a una desparasitación —basta con preguntar cuándo se hizo—, y compostar siempre antes de aplicar, con mayor motivo si el destino es un vermicompostador o un suelo que se quiere mantener biológicamente activo. Para el huerto, el estiércol bien compostado de un caballo desparasitado no plantea problema.

En resumen

El estiércol de caballo aporta poco nitrógeno —en torno al 0,5-0,7 %— y mucha fibra, con una relación C/N de 25:1 a 40:1, o más si la cama es viruta. Eso lo convierte en una enmienda excelente para dar estructura, humus y retención de agua a un suelo, y en un abono mediocre para nutrir un cultivo con prisa. En fresco quema las raíces por sales y amoniaco, provoca bloqueo de nitrógeno al descomponerse y siembra el huerto de malas hierbas, porque el caballo destruye menos semillas que el rumiante; por eso se composta: de 3 a 6 meses con cama de paja y volteos, de 9 a 18 con viruta, hasta que huela a tierra de bosque, se desmenuce, no recaliente y tenga lombrices. Compostado se aplican 3-5 kg/m² al año en huerto de mantenimiento y 8-10 en la primera enmienda de un suelo pobre, incorporándolo a 10-15 cm en otoño o final de invierno. En fresco tiene un uso brillante: la cama caliente, 40-50 cm bajo 15-20 cm de tierra, esperando de cinco a ocho días a que baje el pico de 60-70 °C antes de sembrar. Y dos precauciones antes de aceptar un montón desconocido: hacer la prueba de la judía por los herbicidas hormonales tipo aminopiralida, que sobreviven al compostaje y arruinan tomates y judías durante años, y no recoger el estiércol del mes siguiente a una desparasitación, cuyos residuos matan lombrices y fauna del compost aunque sí se degraden al compostar.


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