Una bandeja de semillero que a las tres semanas sigue vacía no da ninguna pista por sí sola, y ahí está el problema: el diagnóstico hay que sacarlo de lo poco que se ve y de lo que se recuerda haber hecho. Este artículo no trata de acelerar nada, sino de averiguar qué ha pasado. La pregunta de partida es siempre la misma y tiene tres respuestas posibles: no ha salido nada, salió y se cayó, o salió y creció mal. Cada una lleva a una lista de causas distinta.

Semillas germinando en sustrato

Antes de nada: desenterrar tres semillas

Es la maniobra que más información da y la que menos se hace. Con la punta de un lápiz o una pinza, se levantan con cuidado dos o tres semillas de una esquina de la bandeja y se miran a contraluz. Lo que se encuentra manda sobre todo lo demás.

La semilla sigue seca, dura y del mismo tamaño que en el sobre. No ha llegado agua, o la cubierta es impermeable. Es un problema de humedad o de dormición física.

La semilla está hinchada, blanda, pero entera y blanca por dentro. Tomó agua y se quedó parada. Es un problema de temperatura o de dormición fisiológica.

La semilla está blanda, oscura, viscosa o huele agrio. Se pudrió. Exceso de agua, sustrato frío durante demasiados días, o ambas cosas.

No aparece semilla por ninguna parte. O se sembró más profunda de lo que se cree, o algo se la llevó.

No ha salido nada: semilla vieja o mal conservada

La viabilidad no se pierde de golpe: cae en una curva. Un lote puede pasar de germinar al 90 % a hacerlo al 30 % y luego al 5 %, y en esa fase intermedia lo que se ve es una nascencia rala y desigual que se confunde con mala siembra.

La longevidad depende de la especie. Uno o dos años: chirivía, cebolla, puerro, cebollino, salsifí, angélica. Dos o tres: zanahoria, apio, perejil, judía, guisante, espinaca, maíz dulce. Cuatro o cinco: tomate, berenjena, remolacha, acelga, lechuga, brásicas. Cinco a ocho: pepino, calabacín, calabaza, melón, sandía.

Y depende mucho más de dónde ha estado el sobre. La regla práctica de conservación de semilla dice que la suma de la temperatura en grados Fahrenheit y el porcentaje de humedad relativa debe quedar por debajo de 100; traducido a la vida real, un cajón fresco y seco de un armario interior conserva, y un invernadero, un trastero bajo cubierta o una caseta de jardín no conservan nada. Un sobre de tomate guardado dos veranos en un cobertizo a 40 °C puede estar más muerto que otro de ocho años en la parte baja de la nevera dentro de un bote con gel de sílice.

La prueba de germinación en papel: saber si el lote sirve

Es la única forma de dejar de suponer. Sirve para decidir si merece la pena volver a sembrar ese sobre o comprar otro, y da el resultado en una semana o diez días.

Se cuentan diez semillas —o veinte, si el sobre da para ello: cuantas más, más fiable el porcentaje—. Se humedece papel de cocina doblado en dos o tres capas y se escurre hasta que no gotee. Las semillas se colocan separadas, se pliega el papel, se mete en una bolsa de cierre hermético o en un táper y se guarda a la temperatura óptima de la especie. Se abre a diario un momento para renovar el aire y comprobar que el papel no se ha secado.

Se anota el día en que emerge cada radícula. Al llegar al doble del plazo normal de la especie, se cuenta cuántas han nacido: ocho de diez significa que el lote está perfecto y el fallo estaba en la bandeja; cuatro o cinco de diez, que el lote sirve pero hay que sembrar el doble de semilla; una o ninguna, que ese sobre se tira. Si además todas nacen muy tarde y con radículas cortas y torcidas, el lote ha perdido vigor aunque el porcentaje parezca aceptable: germinará en papel y fallará en tierra fría.

Un detalle: la prueba mide el lote, no la siembra. Si la prueba sale al 90 % y la bandeja sigue vacía, el problema está en cualquiera de los apartados siguientes.

Sembrada demasiado profunda

La semilla germina con las reservas que lleva dentro y no puede fotosintetizar hasta que los cotiledones ven la luz. Si el trayecto hasta la superficie es más largo de lo que dan esas reservas, la plántula se agota bajo tierra. Se la encuentra al excavar: un tallo blanco, curvado, con los cotiledones todavía cerrados, muerto a dos centímetros de la superficie.

La regla es enterrar a dos o tres veces el diámetro de la semilla. Para una semilla de lechuga o de petunia eso es prácticamente nada; para una judía, un par de centímetros. En sustratos pesados o que se apelmazan con el riego hay que quedarse en la parte baja del intervalo, porque la costra superficial que se forma al secarse un sustrato con mucha arcilla o mucha turba fina es una barrera física real: la plántula empuja y no la rompe. Cubrir con vermiculita en vez de con el propio sustrato resuelve las dos cosas a la vez, porque no forma costra y deja pasar algo de luz.

Semilla que necesita luz y se tapó

Las especies fotoblásticas positivas llevan un fitocromo que solo desbloquea la germinación cuando recibe luz roja, es decir, cuando la semilla está en superficie y no bajo hojas ni bajo tierra. Enterradas un centímetro, no germinan y además muchas entran en dormición secundaria: aunque después se descubran, ya no responden.

Las más habituales en una siembra doméstica: Lactuca sativa (lechuga), Apium graveolens (apio), Digitalis purpurea, Antirrhinum majus, Petunia, Begonia, Campanula, Nicotiana, Impatiens, Alyssum, Primula, tomillo y orégano.

Corrección: sembrar en superficie, presionar con la palma para que la semilla contacte con el sustrato, y no cubrir o cubrir con una veladura mínima de vermiculita. Como la semilla queda expuesta, el riesgo pasa a ser la desecación, así que se riega con pulverizador y se tapa la bandeja con una tapa transparente o un plástico hasta la nascencia, nunca con un plástico opaco.

El caso contrario existe y da el mismo síntoma: Allium cepa (cebolla), puerro, Nigella damascena, Delphinium, Phlox drummondii, Calendula officinalis y Cyclamen se inhiben con luz y hay que cubrirlas bien.

Temperatura por debajo del umbral

Cada especie tiene una temperatura mínima por debajo de la cual la germinación no avanza, aunque la semilla esté hidratada y viva. Y lo que cuenta es la temperatura del sustrato, que en una bandeja apoyada en un suelo de terraza o en el alféizar de una ventana en marzo puede ir cinco o seis grados por debajo de la del aire de la habitación. Un termómetro de sonda clavado en el sustrato cuesta poco y cierra la discusión.

Umbrales orientativos por debajo de los cuales conviene no sembrar: pimiento y berenjena, 18 °C (van bien a 25-30 °C); tomate y albahaca, 15 °C (bien a 22-26 °C); calabacín, pepino y melón, 15-16 °C; judía, 14 °C; maíz, 12 °C. Por debajo de esos valores la semilla no muere de inmediato: se queda hinchada esperando, y cada día que pasa así es un día de exposición a los hongos del suelo. Esa es la causa real de la mayoría de las siembras de febrero que se pudren.

El extremo opuesto se pasa por alto y explica los fracasos de agosto. La lechuga entra en termoinhibición por encima de 27-28 °C: el embrión se bloquea y no nace ninguna. La espinaca se inhibe por encima de 25 °C, y el apio y el perejil van mal por encima de 25 °C. Si la siembra de finales de verano falla en bloque, no es la semilla: es el calor del sustrato. Se soluciona sembrando en la parte más fresca de la casa, o dando a la bandeja 24-48 horas en la nevera después de humedecerla.

Sustrato seco por dentro aunque la superficie parezca húmeda

La turba rubia seca es hidrófoba: repele el agua. Un sustrato que ha llegado seco de la bolsa y se ha regado por encima con una regadera forma una lámina superficial oscura y mojada mientras el interior del alvéolo sigue polvoriento. La semilla queda justo en la frontera, toma algo de agua, empieza la imbibición y se seca a las pocas horas. Una imbibición interrumpida en muchas especies mata el embrión, y en otras induce dormición secundaria.

Se comprueba volcando un alvéolo en la mano: si el cepellón se deshace en polvo seco por dentro, ese es el diagnóstico.

La forma correcta de humedecer un sustrato nuevo es hacerlo antes de llenar las bandejas: se vuelca en un barreño, se añade agua tibia poco a poco y se amasa con las manos hasta que un puñado apretado se mantenga compacto y suelte una o dos gotas. A partir de ahí, riego por capilaridad, apoyando la bandeja en unos dedos de agua durante diez o quince minutos y retirándola cuando la superficie oscurezca. Ese sistema moja de abajo arriba, no arrastra la semilla y no deja bolsas secas.

Dormancia no rota

Si la semilla desenterrada sigue dura y seca al cabo de dos semanas en sustrato húmedo, la cubierta es impermeable: dormición física, típica de leguminosas leñosas y de algunas malváceas y convolvuláceas. Si está hinchada, blanca y sana pero parada durante meses, es dormición fisiológica, propia de rosáceas, arces, avellano y buena parte de la flora leñosa de clima templado, y también de Aquilegia, Primula o Lavandula.

El diagnóstico aquí consiste sobre todo en reconocer que no hay fallo: la siembra estaba bien hecha y a esa semilla le faltaba un tratamiento previo. En el artículo dedicado a los métodos de germinación se explican la escarificación y la estratificación con sus tiempos. Lo que importa desde el punto de vista del diagnóstico es no tirar la bandeja: muchas semillas de leñosas germinan escalonadamente a lo largo de un año o dos, y una maceta olvidada en un rincón sombreado y regada de vez en cuando puede nacer la primavera siguiente.

Semilla comida: hormigas, pájaros y roedores

Cuando al excavar no aparece nada —ni semilla, ni resto, ni plántula muerta— y la siembra era reciente, alguien se la ha llevado.

Las hormigas recolectoras del género Messor, muy activas en toda la península, vacían un semillero al aire libre en una noche y se llevan con preferencia las semillas grandes y ricas en aceite: girasol, calabaza, guisante, judía, maíz. La pista es un reguero de tránsito hacia el nido y a veces un pequeño montón de cubiertas vacías descartadas junto a la entrada. Sube la bandeja a una mesa con las patas en cubetas de agua, o siembra en semillero cubierto con malla; los cebos y las barreras químicas en una mesa de cultivo no compensan.

Los pájaros levantan la semilla recién sembrada en siembra directa —girasol, guisante, maíz— y también arrancan las plántulas recién nacidas por curiosidad; se resuelve con una malla o un velo térmico hasta que la plántula tenga hojas verdaderas. Los ratones son el problema clásico de las semillas de árbol dejadas a la intemperie para estratificar: una malla metálica fina sobre la maceta es obligatoria.

Otro comensal frecuente en interior son las larvas de mosca del sustrato (Bradysia, sciáridos), que en sustratos muy húmedos y ricos en turba roen las raicillas de las plántulas recién nacidas. Se reconocen por los mosquitos negros pequeños que salen del alvéolo al mover la bandeja. Dejar secar la superficie entre riegos, regar por capilaridad y cubrir con una capa de vermiculita o arena cortan su ciclo.

Salió y se cayó: damping-off

Es el cuadro más reconocible de todos. La plántula ha nacido bien, tiene los cotiledones abiertos, y de un día para otro aparece tumbada con el tallo estrangulado y acuoso justo a ras de sustrato, como pellizcado. La parte de arriba sigue verde durante unas horas. Se extiende en círculo, y en dos o tres días puede vaciar media bandeja.

Lo causan hongos y oomicetos del suelo, sobre todo Pythium y Rhizoctonia solani, y a veces Fusarium y Phytophthora. Cada uno tiene su ambiente favorito: Pythium necesita agua libre y prospera en sustratos encharcados y fríos, y sus zoosporas nadan por la película de agua entre partículas; Rhizoctonia aguanta condiciones menos húmedas y avanza por contacto entre plántulas, por eso deja calvas de bordes netos en las siembras densas. Hay una variante que ocurre antes de la emergencia y se confunde con semilla mala: la semilla germina y la radícula se pudre bajo tierra sin llegar a salir.

Cuando aparece, no hay curación de las plántulas afectadas. Lo que se hace es cortar la extensión: retirar de inmediato las caídas y el sustrato que las rodea, dejar de regar por arriba, quitar la tapa transparente para que baje la humedad ambiental, aumentar la ventilación con un ventilador pequeño a baja velocidad, y espolvorear la superficie con una capa fina de vermiculita seca o arena silícea, que mantiene el cuello seco. Un tratamiento con Trichoderma harzianum, que sí está disponible para uso doméstico, ayuda como colonizador competitivo del sustrato, pero funciona mucho mejor aplicado desde el principio que como remedio.

La prevención es toda ambiental: sustrato nuevo de semillero, no tierra de jardín ni sustrato reutilizado; bandejas y alvéolos lavados y desinfectados si vienen de otra temporada; siembra clara, una o dos semillas por alvéolo, para que haya aire entre plántulas; riego por capilaridad y no por encima; dejar que la superficie se seque entre riegos; ventilar a diario; y sembrar a la temperatura correcta, porque una nascencia rápida deja menos ventana de infección. El agua estancada en la bandeja inferior después del riego es el criadero perfecto de Pythium: hay que vaciarla.

Salió y está ahilada

La plántula ha nacido, pero es un tallo largo, fino y pálido, con los cotiledones diminutos en la punta y una tendencia a tumbarse por su propio peso. Se llama ahilamiento o etiolación, y es una respuesta hormonal: con poca luz la planta prioriza la elongación del tallo sobre todo lo demás, buscando salir de la sombra.

La causa es siempre falta de luz, casi siempre combinada con exceso de calor. Una habitación bien iluminada para un ojo humano recibe una fracción mínima de la luz del exterior, y detrás de un cristal orientado al norte en enero esa fracción es irrisoria. El calor agrava el cuadro porque acelera el crecimiento sin que haya fotosíntesis que lo sostenga.

Una plántula muy ahilada no se endereza: el tallo ya se ha alargado y no encoge. Lo que se puede hacer es limitar el daño y salvar la planta. En cuanto emergen los cotiledones, bajar la temperatura a 16-18 °C de día y algo menos de noche, y subir la luz al máximo disponible: la ventana más luminosa de la casa, orientación sur o sureste, o un panel LED de cultivo a 20-30 cm y 14 horas diarias. Girar la bandeja media vuelta cada día evita que se inclinen todas hacia el cristal. Y una corriente de aire suave un rato al día, con un ventilador pequeño, engrosa el tallo: el movimiento induce una respuesta de refuerzo mecánico.

En tomate y en las cucurbitáceas hay un rescate posible: al trasplantar se entierra el tallo ahilado hasta justo debajo de los cotiledones, porque emiten raíces adventicias a lo largo del tallo enterrado y la planta se rehace. En pimiento, berenjena, brásicas o lechuga esto no funciona y el tallo enterrado se pudre; ahí lo razonable es descartar y resembrar, que en marzo se recupera el tiempo sin dificultad.

Salió torcida o deforme

Varios cuadros distintos comparten esta descripción y conviene separarlos.

La cubierta de la semilla se queda pegada en la punta como un casco y los cotiledones no abren. Es el llamado helmet head, y ocurre en girasol, calabaza, judía o rúcula cuando la siembra fue demasiado superficial: la semilla necesita algo de fricción y humedad en el sustrato para descalzarse. Se corrige humedeciendo la cubierta con unas gotas de agua, esperando unos minutos y retirándola con las uñas o unas pinzas; si se fuerza en seco, se arrancan los cotiledones. Para las siguientes siembras, cubrir un poco más y mantener la superficie húmeda hasta la emergencia.

El tallo emerge doblado en U y no se yergue. Suele ser costra superficial: la plántula ha empujado, no ha roto la corteza y ha seguido creciendo en horizontal por debajo. Romper la costra con cuidado y, en adelante, cubrir con vermiculita.

Los cotiledones salen retorcidos, con manchas cloróticas o bordes quemados. Aquí lo más probable es toxicidad del sustrato: compost sin terminar de madurar, que sigue fermentando y libera amoniaco y ácidos orgánicos; abono mezclado en el sustrato de siembra, que las plántulas no necesitan y que por salinidad quema las raicillas; o agua muy dura acumulada. La conductividad alta del sustrato es una causa frecuente y silenciosa. El semillero se hace con sustrato pobre; el abono empieza cuando aparecen las primeras hojas verdaderas, y muy diluido.

Hojas verdaderas deformadas, estrechas, con nervios retorcidos. Si el semillero está al aire libre o cerca de una zona tratada, hay que sospechar deriva de herbicida hormonal; también se han dado casos por usar compost o estiércol procedente de pastos tratados con clopiralida o aminopiralida, que persisten en la materia orgánica. Las plantas afectadas no se recuperan y ese sustrato no sirve.

Plántulas normales pero de tamaños muy dispares en la misma bandeja. Suele ser desigualdad de humedad o de temperatura dentro de la bandeja —un extremo más cerca del cristal frío, o de un radiador— más que un problema de semilla.

En resumen

El primer paso del diagnóstico es desenterrar dos o tres semillas: seca y dura señala falta de agua o dormición física; hinchada y blanca, temperatura insuficiente o dormición fisiológica; blanda y oscura, podredumbre; ausente, siembra profunda o depredación.

Una prueba con diez semillas sobre papel húmedo separa en una semana el problema de lote del problema de siembra, y da un porcentaje con el que decidir si se resiembra ese sobre o se compra otro.

Las causas de que no salga nada son pocas y repetidas: semilla vieja o guardada en calor, siembra más profunda que dos o tres veces el diámetro, semilla fotoblástica positiva enterrada, temperatura de sustrato por debajo del umbral —o por encima, en las siembras de verano de lechuga y espinaca—, sustrato seco por dentro por hidrofobia de la turba, dormición sin tratar y semilla llevada por hormigas o pájaros.

Si nació y se cayó estrangulada a ras de tierra, es damping-off por Pythium o Rhizoctonia, y se combate con higiene, siembra clara, riego por capilaridad, ventilación y una veladura de vermiculita, no con remedios de última hora.

Si nació larga y pálida, falta luz y sobra calor: se baja la temperatura, se sube la iluminación y se acepta que solo el tomate y las cucurbitáceas se rescatan enterrando el tallo al trasplantar.

Y si nació deforme, hay que mirar el sustrato antes que la semilla: compost inmaduro, abono en el semillero o costra superficial explican casi todos esos cuadros.


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