Hay un grupo de plantas que resuelve su descendencia sin flores ni semillas: emite brotes completos desde la base, con su propio tallo y sus propias raíces, y cuando esos brotes tienen tamaño suficiente pueden vivir por su cuenta. Se llaman hijuelos, y multiplicar por ellos es la operación de jardinería con mayor tasa de éxito que existe: no hay que enraizar nada, porque la raíz ya está hecha.

Hijuelos de cinta colgando de un estolón

Qué es un hijuelo y en qué se diferencia de un esqueje

Un hijuelo —también llamado hijo, retoño, chupón basal o, en inglés, pup— es un brote lateral que la planta madre produce a partir de una yema situada en el rizoma, en la corona o en la base del tallo, y que desarrolla su propio sistema radicular mientras sigue unido a ella. Es una planta entera formada por la madre.

Un esqueje, en cambio, es un fragmento de tejido —un trozo de tallo, una hoja, una raíz— que se corta y se induce a formar raíces que no tenía. La diferencia práctica es enorme: el esqueje tiene que sobrevivir a un periodo sin raíces, alimentándose de sus reservas y perdiendo agua por las hojas, y ahí es donde fracasa; el hijuelo, si se separa con raíces, no pasa por esa fase.

La consecuencia es una tasa de éxito muy diferente. Un esqueje de tallo bien hecho enraíza en un porcentaje que depende de la especie, la época y las condiciones. Un hijuelo con tres o cuatro raíces propias arraiga prácticamente siempre.

Los hijuelos son solo una de las formas de multiplicación vegetativa, y conviene distinguirla de sus vecinas. En los estolones, la planta emite un tallo rastrero, aéreo o superficial, en cuyo extremo o nudos se forma la planta hija: es lo que hacen la fresa y la cinta. En los rizomas, el tallo subterráneo se extiende y de él brotan nuevos vástagos, como en la Sansevieria o el bambú. Y los bulbillos son bulbos pequeños formados junto al bulbo madre, o incluso en la inflorescencia y en las axilas de las hojas en algunas especies. Todas comparten lo esencial: la descendencia es genéticamente idéntica a la madre, un clon, con las ventajas y los límites que eso implica.

Esa identidad genética es, precisamente, el motivo por el que interesa. Una variedad variegada, un aloe concreto, una fresa de un cultivar determinado o un agave con un dibujo particular no se reproducen fielmente por semilla; por hijuelo, sí. Y no hay periodo juvenil que esperar: el hijuelo continúa donde estaba la madre.

Por qué la madre a veces muere después

Hay plantas que florecen una vez en su vida, producen semilla y mueren. Se llaman monocárpicas, y la palabra explica por qué los hijuelos no son un extra en esas especies, sino su forma de continuar.

En un agave, la planta acumula reservas durante años —entre ocho y treinta según la especie, no cien, pese al nombre popular de «planta del siglo»— y llegado el momento moviliza todo lo almacenado en una inflorescencia gigantesca, que en Agave americana puede pasar de siete metros. Ese esfuerzo agota la roseta, que no vuelve a crecer: se seca y se derrumba en los meses siguientes. Lo que queda vivo es el anillo de hijuelos que ha ido emitiendo desde el rizoma alrededor de su base, y que en la práctica sustituyen al ejemplar madre en el mismo sitio.

En las bromelias ocurre lo mismo con otro calendario. Una Guzmania, una Vriesea, un Aechmea fasciata o una Neoregelia florecen una sola vez; la bráctea coloreada dura meses y después la roseta madre empieza un declive lento que puede prolongarse un año o más. Mientras tanto emite de dos a cinco hijuelos por la base. Comprar una bromelia en flor es, por tanto, comprar una planta que ya está en su última etapa: lo que hay que hacer con ella no es intentar salvarla, sino esperar a sus hijos.

La platanera (Musa) y la piña (Ananas comosus) presentan una variante: lo monocárpico es el falso tallo o la roseta, no el individuo entero. Cada pseudotallo de platanera fructifica una vez y se seca, pero el rizoma subterráneo sigue vivo y emite hijos continuamente, de modo que la mata es perenne aunque cada tallo sea de un solo uso. Es la razón por la que en una plantación se corta el pseudotallo tras la cosecha y se deja crecer al hijo elegido.

En cambio, la mayor parte de las plantas que dan hijuelos no son monocárpicas: el aloe, la Sansevieria, el clorofito o los cactus emiten hijos sin ninguna relación con su floración y la madre vive indefinidamente. Ahí, separar hijuelos es simplemente aprovechar un excedente y, de paso, evitar que la maceta se convierta en una masa apretada de rosetas que compiten entre ellas.

Cuándo se separa: la regla del tamaño

Es la decisión que determina el éxito, y hay un criterio que sirve para casi todo: el hijuelo se separa cuando alcanza entre un tercio y la mitad del tamaño de la madre, y siempre que tenga raíces propias visibles.

El motivo es fisiológico. Mientras está unido, el hijuelo recibe agua y azúcares de la madre y no depende de sí mismo. Separado antes de tiempo, tiene que sostener sus hojas con una raíz insuficiente, y la relación entre superficie que transpira y raíz que absorbe se desequilibra; el resultado es un hijo que se para meses o que se pudre. Un hijuelo de un tercio del tamaño de la madre ya ha desarrollado bastante raíz y tiene reservas propias.

La época importa casi tanto. La separación se hace en primavera, entre marzo y junio, o a comienzos del otoño en climas suaves, con la planta en crecimiento activo, porque una herida cicatriza y una raíz coloniza sustrato mucho más rápido con temperatura y luz que en noviembre. En interior con temperatura estable el margen es más amplio, pero el principio se mantiene.

Y en las especies monocárpicas hay una consideración adicional: los hijuelos crecen más rápido y más grandes mientras están unidos a la madre, incluso cuando esta ya está en declive, porque siguen recibiendo sus reservas. Con una bromelia florecida conviene esperar a que el hijo tenga la mitad de la altura de la madre, aunque la madre esté fea, y solo entonces separarlo.

Cómo se separa, paso a paso

El procedimiento general vale para casi todas las especies, con los matices que se ven después.

Regar la planta el día anterior. Un cepellón húmedo se manipula sin desmoronarse y las raíces se separan mejor.

Sacar toda la mata de la maceta. Trabajar con la planta dentro del tiesto, cortando a ciegas, arranca raíces del hijuelo. Se vuelca, se saca el cepellón entero y se retira sustrato con los dedos hasta ver la unión.

Localizar el punto de unión. Es un cuello estrecho entre madre e hijo, a veces un trozo de rizoma corto. A partir de ahí, se separan las raíces de ambos con los dedos, deshaciendo la maraña con paciencia en vez de tirar.

Cortar con herramienta limpia. Cuchillo bien afilado o tijera de podar, desinfectados con alcohol antes y entre plantas. Un corte limpio y neto cicatriza; uno desgarrado abre la puerta a la podredumbre. Se corta lo más cerca posible de la madre, dejando al hijo todas sus raíces.

Dejar secar el corte en suculentas y cactus. Este paso es específico y decisivo: agaves, aloes, sansevierias, cactus y bromelias se dejan al aire, a la sombra, entre dos y siete días hasta que la herida forme callo. Plantar de inmediato una suculenta con la herida fresca en sustrato húmedo es la forma más habitual de perder un hijuelo. Las plantas de hoja tierna —clorofito, fresa— se plantan directamente.

Plantar en maceta pequeña. Ajustada al volumen de raíz, no grande: un tiesto amplio con un hijuelo pequeño mantiene el sustrato húmedo durante semanas y lo pudre. Sustrato adecuado a la especie, drenante.

Primeros riegos. En plantas de hoja tierna, riego normal desde el principio. En suculentas y cactus, nada de agua durante una o dos semanas tras plantar, y después riegos ligeros. Sombra luminosa, sin sol directo, hasta que se vea crecimiento nuevo: es la señal de que ha arraigado.

Un caso frecuente: hijuelos sin raíces. Ocurre con cactus, aloes o bromelias que se desprenden o se cortan demasiado pronto. No están perdidos: se dejan callecer, se plantan en sustrato muy drenante ligeramente húmedo, se sujetan con una piedra o un palillo para que no se muevan, y se tratan como esquejes. Enraízan en semanas o meses según especie y temperatura.

Agave

Emite hijuelos desde rizomas subterráneos que se extienden un palmo o más y afloran alrededor de la madre. En Agave americana, A. attenuata, A. victoriae-reginae o A. filifera es la vía normal de multiplicación.

Se separan en primavera o principios de verano, cuando el hijuelo tiene ocho o diez centímetros y varias hojas formadas. Al excavar aparece el rizoma que lo une a la madre: se corta con un cuchillo, dejando dos o tres centímetros de rizoma pegados al hijo. Se dejan secar de tres a siete días —los cortes en agave son gruesos y jugosos— y se plantan en sustrato muy mineral: mitad árido, tipo pómice o arena gruesa de sílice, y mitad sustrato universal. Sin riego durante diez días.

Precaución real con las espinas: las de Agave americana son duras, con una punta terminal capaz de atravesar un guante fino, y la savia contiene saponinas y oxalatos que irritan la piel y pueden causar dermatitis. Guantes gruesos, manga larga y cuidado con los ojos al manipular las hojas.

Aloe

Aloe vera (Aloe barbadensis), Aloe arborescens y muchos otros aloes producen hijuelos abundantes desde la base, tan pegados a la madre que llegan a formar un cepellón apretado que frena el crecimiento del conjunto. Separarlos es tanto una forma de multiplicar como una operación de mantenimiento.

Se hace en primavera. Se saca todo el cepellón y se busca la unión, que en aloe es corta y a veces se separa con las manos. Los hijuelos que ya tengan tres o cuatro raíces propias son los buenos; los que salgan sin nada se tratan como esquejes. Callecer de dos a cuatro días y plantar en sustrato drenante, sin regar durante una semana.

Un Aloe vera bien colocado —mucha luz, incluso sol directo suave— da varios hijuelos al año. Es tóxico para gatos y perros por las antraquinonas de la parte amarilla del látex, así que conviene tenerlo fuera de su alcance.

Sansevieria

Sansevieria trifasciata, hoy clasificada como Dracaena trifasciata, se extiende por rizomas gruesos y blancos que empujan hasta romper macetas de plástico. Los brotes nuevos aparecen a unos centímetros de la mata, y son hijuelos completos con su porción de rizoma.

La separación en primavera es sencilla: se saca la mata, se localiza el rizoma que une el brote nuevo con el grupo y se corta con cuchillo, dejando raíces en ambos lados. Se deja secar el corte dos o tres días y se planta en mezcla de sustrato universal y árido a partes iguales. Riego escaso.

Merece la pena señalar por qué esta vía es preferible al esqueje de hoja, que también funciona: las variedades variegadas no conservan el borde amarillo si se multiplican por hoja. La variegación de Sansevieria trifasciata 'Laurentii' es quimérica, está en una capa concreta de tejido, y un esqueje de hoja regenera desde tejido interno, dando plantas verdes lisas. Por rizoma sí se mantiene. Es tóxica para gatos y perros.

Clorofito: el caso del estolón

Chlorophytum comosum, la cinta o malamadre, es la demostración más visible de todo esto. Cuando la planta está establecida emite unos tallos largos y arqueados —los estolones— en cuyos extremos aparecen primero unas flores blancas pequeñas y después pequeñas rosetas completas, con hojas y con unos abultamientos blancos que son raíces aéreas incipientes.

Hay tres formas de sacar plantas de ahí, todas fáciles.

Acodo, la más segura. Sin cortar el estolón, se apoya la roseta hija sobre la superficie de una maceta pequeña con sustrato húmedo, colocada al lado de la madre, y se sujeta con una horquilla de alambre o un clip doblado. En dos o tres semanas ha enraizado; entonces se corta el estolón. La hija nunca deja de recibir apoyo de la madre durante el proceso.

Corte y siembra directa. Se corta la roseta con dos centímetros de estolón y se planta directamente, con la base a ras de sustrato. Funciona bien si la roseta ya traía raicillas visibles.

En agua. Se pone la base en un vaso, cambiando el agua cada dos o tres días. Enraíza en una o dos semanas y es vistoso, pero las raíces formadas en agua son más frágiles y la planta sufre algo al pasar a tierra; conviene trasplantar cuando midan dos o tres centímetros, sin dejar que crezcan más.

Un detalle que explica muchas cintas sin hijos: la planta emite estolones cuando el fotoperiodo es corto —días de menos de doce horas— y cuando el cepellón está algo apretado. Una cinta en una maceta enorme, con abono abundante y luz constante, hace hojas y no hijos. La cinta no es tóxica para gatos, aunque tienden a mordisquearla y pueden vomitar por indigestión.

Fresa

Fragaria × ananassa emite estolones a partir del verano, después de la fructificación, con una o varias plantas hijas escalonadas a lo largo del tallo rastrero. La primera roseta del estolón, la más cercana a la madre, es la más vigorosa y la que conviene conservar; las siguientes salen más débiles.

El método es el acodo: se apoya cada roseta sobre una maceta con sustrato y se sujeta con una horquilla, sin cortar. En tres o cuatro semanas ha enraizado y se corta el estolón. Se plantan en su sitio definitivo en septiembre u octubre en la mayor parte de España, para que arraiguen antes del invierno y produzcan la primavera siguiente.

Dos advertencias de cultivo. La primera, que una mata de fresa dedicada a producir estolones produce menos fruta: si interesa la cosecha, se cortan los estolones según salen, y si interesa multiplicar, se dejan solo dos o tres por planta. La segunda, sanitaria: las fresas acumulan virus y hongos con los años, y multiplicar indefinidamente de las propias matas propaga esos problemas. Lo razonable es renovar la plantación cada tres años y partir cada cierto tiempo de planta certificada.

Bromelias

En Guzmania, Vriesea, Aechmea, Neoregelia y Billbergia, los hijuelos aparecen en la base de la roseta madre después de la floración, a veces entre las hojas exteriores y a veces desde un estolón corto.

Se espera a que el hijo tenga entre un tercio y la mitad de la altura de la madre, lo que puede llevar de seis meses a un año. Entonces se retira todo el conjunto de la maceta, se separa el hijo con un corte limpio y se dejan secar las heridas dos o tres días. El sustrato debe ser muy aireado: corteza de pino fina con perlita y algo de fibra de coco, nunca tierra compacta, porque son epífitas. Se planta poco profundo, sujetando la roseta con un tutor si hace falta, ya que al principio tiene poca raíz y se vuelca.

El riego de una bromelia va a la copa central, el depósito que forman las hojas, que se mantiene con agua limpia y se renueva cada una o dos semanas para que no se pudra; el sustrato se riega poco. Agua de lluvia o de baja mineralización, porque la cal mancha las hojas. Con luz brillante indirecta, un hijo tarda entre dos y cuatro años en florecer.

Hay un truco clásico para forzar la floración cuando la planta ya es adulta: encerrar la maceta en una bolsa de plástico con una manzana madura durante una semana. La manzana desprende etileno, que en bromelias induce la inducción floral. No funciona si la planta aún es pequeña.

Platanera

Musa emite dos tipos de hijos desde el rizoma, y distinguirlos importa. Los hijos de espada tienen hojas estrechas y lanceoladas y una base ancha y bien conectada al rizoma: son los vigorosos y los que hay que conservar. Los hijos de agua, con hojas anchas desde el principio y base estrecha, tienen poca conexión con el rizoma, crecen mal y se eliminan.

Se separan cuando alcanzan de 80 cm a un metro y medio, con un corte vertical de pala afilada o azada que se lleve una porción de rizoma con raíces. Época: primavera o comienzos de verano, con la tierra caliente. Se recortan las hojas a la mitad para reducir la transpiración mientras arraiga, y se planta en hoyo amplio con materia orgánica, con riego abundante y constante.

En el manejo de una mata de platanera se deja el pseudotallo que está fructificando, un hijo de relevo y a veces un tercero de reserva, y se eliminan los demás. Tras cosechar el racimo, el pseudotallo madre se corta a ras y el hijo pasa a ser el principal. En la España peninsular la platanera solo fructifica en el litoral más cálido y en Canarias; tierra adentro se cultiva como planta ornamental y las heladas la queman.

Piña

Ananas comosus produce tres tipos de material de propagación y no todos valen lo mismo. La corona es el penacho de hojas de encima del fruto, y es el más lento: tarda entre dos y tres años en fructificar. Los hijuelos basales o suckers, que salen del tallo bajo tierra, son los mejores: fructifican en un año o año y medio. Los bulbillos o slips, que salen del pedúnculo justo bajo el fruto, quedan en un punto intermedio.

La corona se prepara arrancándola con un giro seco en vez de cortándola, retirando las hojas inferiores hasta ver los primordios de raíz —unos puntitos marrones alrededor del tallo— y dejándola secar dos o tres días antes de plantar en sustrato drenante. Los hijuelos basales se separan cuando tienen un tercio del tamaño de la madre y se plantan del mismo modo, tras callecer.

Una piña necesita mucha luz, temperatura por encima de 18 °C y sustrato ligeramente ácido y muy drenante. En interior en España es viable como planta ornamental; el fruto solo llega con calor abundante y paciencia.

Bulbosas con bulbillos

Muchos bulbos producen bulbos hijos alrededor del bulbo principal, llamados bulbillos o, cuando son muy pequeños, bulbils.

El narciso (Narcissus) y el ajo ornamental (Allium) multiplican con facilidad: al arrancar la mata en verano, después de que el follaje haya amarilleado por completo, el bulbo madre aparece rodeado de hijos de distintos tamaños. Se separan a mano —los que se desprenden con un ligero empuje están listos; los que resisten, se dejan otro año—, se secan a la sombra en un sitio ventilado y se replantan en otoño. Los mayores florecerán esa temporada; los pequeños, en dos o tres años.

El tulipán (Tulipa) forma bulbillos, pero en el clima cálido de gran parte de España degeneran y el ejemplar rara vez repite floración; suelen tratarse como planta de un año.

Los jacintos (Hyacinthus) producen pocos bulbillos de forma natural; el escarificado en cruz de la base del bulbo, la técnica que se emplea en producción comercial, provoca la formación de muchos.

El amarilis (Hippeastrum) da bulbos hijos pegados al principal que se separan al trasplantar, en otoño, dejándolos con raíces. Y los ajos (Allium sativum) y algunas Lilium forman bulbils aéreos en la inflorescencia o en las axilas de las hojas que se recogen y se siembran como si fueran semillas grandes.

Un punto común a todas: no cortar las hojas verdes después de la floración. Esa es la fase en la que el bulbo rellena sus reservas y forma los hijos del año siguiente. Se espera a que el follaje amarillee y se seque solo.

Cactus con hijuelos basales

Muchas cactáceas emiten hijos alrededor de la base o en los laterales del cuerpo: Mammillaria, Echinopsis, Rebutia, Gymnocalycium, Astrophytum en ocasiones, y prácticamente todas las agrupadas en cojín.

Muchos se desprenden con una torsión suave de la mano —envuelta en papel de periódico doblado varias veces o con pinzas de cocina, que es la forma práctica de manipular un cactus sin clavarse nada—. Si el hijo se resiste, se corta en la base con cuchillo afilado. Los que ya traen raicillas propias van directos a maceta; los que no, se tratan como esquejes.

El paso crítico es el callecido: de cinco a diez días al aire, en sombra, hasta que la superficie del corte esté seca y dura. Después se planta apenas apoyado en la superficie de un sustrato muy mineral —dos partes de árido por una de sustrato— sin enterrar, sujetándolo con unas piedrecitas si hace falta. Nada de riego hasta pasadas una o dos semanas, y a partir de ahí, riegos ligeros y espaciados. La mejor época es de abril a junio.

Los cactus de Navidad (Schlumbergera) no dan hijuelos: se multiplican por esquejes de dos o tres segmentos de tallo, dejados secar un par de días antes de plantar. Y en las Opuntia, las palas se comportan igual: cada una es un esqueje que enraíza tras callecer.

En resumen

Un hijuelo es una planta completa que la madre forma desde el rizoma o la corona y que desarrolla raíces propias antes de separarse. Por eso arraiga casi siempre, mientras que un esqueje tiene que fabricar raíces que no tiene.

Los agaves y las bromelias son monocárpicos: florecen una vez y mueren, y los hijuelos son su relevo. En la platanera y la piña lo monocárpico es el pseudotallo o la roseta, no el rizoma. En aloe, sansevieria, clorofito o cactus la madre no muere y el hijuelo es simple excedente.

El hijuelo se separa cuando alcanza de un tercio a la mitad del tamaño de la madre y tiene raíces visibles, en primavera, sacando toda la mata de la maceta y cortando con herramienta desinfectada.

En suculentas, cactus, agaves y bromelias, el corte se deja secar entre dos y siete días antes de plantar, y no se riega hasta pasada una o dos semanas. En clorofito y fresa se planta directamente, y el acodo sobre una maceta contigua, sin cortar el estolón, es el método con menos riesgo.

En bulbosas, los bulbillos se separan cuando el follaje ha amarilleado del todo, se secan a la sombra y se replantan en otoño; los pequeños tardan dos o tres años en florecer.

Y en Sansevieria variegada, la multiplicación por rizoma es la única que conserva el borde amarillo: el esqueje de hoja devuelve plantas verdes.


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