Un ramo de azucenas sobre la mesa y un gato en la casa forman una combinación que puede terminar en insuficiencia renal aguda en menos de tres días. No hace falta que el animal muerda el tallo: le basta con rozar el polen y limpiárselo después, o beber del agua del jarrón. Ese es el ejemplo que mejor resume el asunto, porque combina una planta muy común, una especie muy sensible y una vía de exposición que no resulta nada evidente.

Este artículo está ordenado por gravedad y no por orden alfabético, que es como conviene leerlo. Lo primero son las plantas que matan.

Perro tumbado junto a plantas de interior

Riesgo vital: las que pueden matar

Lilium y Hemerocallis en gatos. Los géneros Lilium (azucena, lirio oriental, lirio asiático, lirio de tigre, Lilium longiflorum) y Hemerocallis (lirio de día) producen en el gato una necrosis tubular renal que evoluciona a insuficiencia renal aguda. La toxina no está identificada del todo, pero el cuadro es constante y es específico de los felinos: en el perro, la misma planta provoca poco más que molestia digestiva.

Lo que hace este caso tan peligroso es la exposición: toda la planta es tóxica, incluidos el polen y el agua del jarrón. Un gato que se acicala tras haber pasado bajo un ramo, o que bebe del florero, ya se ha expuesto. Los primeros signos son vómitos y apatía en las horas siguientes; después parece mejorar durante un intervalo engañoso y al cabo de 24 a 72 horas aparece el fallo renal. El tratamiento veterinario precoz, dentro de las primeras horas, cambia por completo el pronóstico; iniciado tarde, con frecuencia no hay nada que hacer.

La medida sensata en casa con gato es no tener estas plantas ni aceptar ramos que las incluyan. No sirve ponerlas en alto. Conviene saber además que el nombre "lirio" se aplica en castellano a plantas de géneros muy distintos: Zantedeschia (cala), Convallaria (lirio de los valles) o Iris no dan este cuadro renal, aunque son tóxicas por otras vías; el Convallaria majalis, de hecho, es cardiotóxico y grave.

Adelfa (Nerium oleander). El arbusto ornamental más extendido en medianas de carretera, jardines y paseos marítimos de toda España, y uno de los más tóxicos que se pueden tener. Contiene glucósidos cardiotónicos que alteran el ritmo del corazón. Afecta a perros, gatos, caballos, cabras y aves, y una cantidad pequeña de hoja basta para un cuadro grave. Toda la planta lo es: hoja verde, hoja seca, flor, tallo, savia y el humo de su combustión. Un riesgo concreto y frecuente es la poda: los restos amontonados atraen a los animales, sobre todo a los herbívoros y a los perros que roen ramas. Retirar y no dejar el desecho accesible.

Tejo (Taxus baccata). Los taxinos afectan a la conducción cardíaca y la muerte puede sobrevenir con rapidez y sin apenas signos previos. Todas las partes son tóxicas salvo la parte carnosa roja del arilo; la semilla que hay dentro, no. Es especialmente peligroso para caballos y rumiantes, y también para el perro. La hoja seca de un seto podado mantiene la toxicidad. En setos de jardín y en fincas con animales, la precaución es real y no teórica.

Digital (Digitalis purpurea). Origen de la digoxina, glucósido que actúa directamente sobre el corazón. Cualquier parte de la planta, fresca o seca, y también el agua del jarrón. Crece silvestre en zonas de montaña del norte peninsular y se cultiva como ornamental de flor.

Cica o falsa palmera (Cycas revoluta). Muy vendida como planta de patio y de interior, y responsable de intoxicaciones graves en perros, que muestran interés por sus semillas. La cicasina provoca fallo hepático agudo, además de vómitos, diarrea con sangre y signos neurológicos. La semilla es la parte más tóxica con diferencia, aunque hoja y tronco también lo son. La mortalidad es alta incluso con tratamiento, y por eso es una planta que sale mejor no tener con perro en casa.

Bulbos de narciso y de tulipán. Narcissus y Tulipa concentran sus alcaloides y glucósidos en el bulbo, mucho más que en la hoja o la flor. Un mordisco a una hoja da un cuadro digestivo; un perro que desentierra y consume varios bulbos puede llegar a arritmias, temblores y depresión respiratoria. La bolsa de bulbos guardada en el garaje o la plantación otoñal recién hecha son los dos momentos de riesgo. Lo mismo vale para el jacinto (Hyacinthus orientalis) y, en menor medida, para el ajo ornamental.

Cuadro grave, aunque rara vez mortal

Difenbaquia y el resto de aráceas. Dieffenbachia, Philodendron, Monstera deliciosa, Anthurium, Spathiphyllum, Zantedeschia, Alocasia, Caladium, Colocasia. Todas comparten el mismo mecanismo y merece explicarse porque no es una intoxicación al uso: sus tejidos contienen rafidios, cristales de oxalato cálcico en forma de agujas, alojados en células especializadas. Al morder la hoja, esas agujas se disparan y se clavan en labios, lengua, paladar y faringe, arrastrando consigo enzimas irritantes.

El efecto es inmediato: dolor intenso, salivación abundante, la boca a manotazos, hinchazón de labios y lengua, dificultad para tragar. En los casos peores el edema de la vía aérea llega a comprometer la respiración, y eso es una urgencia. La parte buena es que el dolor es tan inmediato que el animal suele soltar la hoja al primer bocado, lo que limita la cantidad ingerida.

La difenbaquia es la más agresiva del grupo. El potos, que también es arácea, se trata más abajo porque su cuadro habitual es más leve.

Ricino (Ricinus communis). Naturalizado en cunetas, solares y ramblas de media España. La semilla contiene ricina, una toxina que inactiva la síntesis proteica celular, con un cuadro digestivo hemorrágico intenso y posible daño multiorgánico. La semilla entera y sin masticar pasa con frecuencia sin liberar la toxina, pero eso no es algo con lo que contar. El riesgo aparece sobre todo en paseos por zonas donde la planta crece sola y con perros que mordisquean lo que encuentran.

Brugmansia y Datura (floripondio, estramonio). Alcaloides tropánicos con efecto anticolinérgico: pupilas dilatadas, sequedad de mucosas, taquicardia, agitación, alucinaciones y convulsiones. Toda la planta, con concentración alta en semillas y flores. La Brugmansia es un ornamental frecuente en patios del litoral y la Datura stramonium crece espontánea en terrenos removidos.

Azalea y rododendro (Rhododendron spp.). Las grayanotoxinas alteran los canales de sodio de las células nerviosas y cardíacas. Vómitos, salivación, debilidad, descoordinación, bradicardia y arritmias. Basta una cantidad de hoja modesta para un cuadro serio, y la hoja se mantiene tóxica todo el año por ser planta perenne. Muy presentes en jardines de clima atlántico y como planta de regalo en maceta.

Otras de este grupo, más brevemente: acebo (Ilex aquifolium), cuyos frutos rojos provocan gastroenteritis marcada; muérdago (Viscum album), con efecto cardiovascular; hortensia (Hydrangea), con glucósidos cianogénicos en hoja y flor; y aguacate (Persea americana), cuya persina resulta especialmente peligrosa para pájaros y conejos, mientras que en perro y gato el problema principal suele ser el hueso, por obstrucción.

Muy comunes, de cuadro leve o moderado

Aquí conviene bajar el tono. Estas plantas aparecen en cualquier lista de "plantas mortales para tu mascota" y el cuadro real es casi siempre digestivo y autolimitado. Saberlo evita sustos innecesarios y, sobre todo, evita tirar la casa por la ventana cuando lo que hace falta es observar al animal.

Potos (Epipremnum aureum). Arácea, con los mismos rafidios de oxalato, pero en menor densidad que la difenbaquia. Lo típico: babeo, molestia bucal, algún vómito y recuperación en unas horas. Molesto y desagradable, no una emergencia salvo que haya hinchazón importante o dificultad para respirar o tragar.

Ficus (Ficus benjamina, Ficus elastica). El látex blanco de sus tallos irrita piel y mucosas y provoca vómito y salivación si se ingiere hoja. Cuadro leve. En animales sensibles puede dar dermatitis de contacto en el hocico.

Sansevieria o lengua de suegra (Dracaena trifasciata). Contiene saponinas: vómitos, a veces diarrea, salivación. Se resuelve solo en la mayoría de casos. El mismo perfil tienen las demás Dracaena de interior, con el matiz de que en gato pueden añadir descoordinación y pupilas dilatadas.

Aloe vera. El gel interior de la hoja es inocuo; el problema es el látex amarillo de justo bajo la piel, con antraquinonas de efecto laxante potente. Vómito, diarrea, a veces orina de color rojizo. Sin gravedad habitualmente, aunque un animal pequeño con diarrea intensa puede deshidratarse.

Poinsettia o flor de Pascua (Euphorbia pulcherrima). Tiene bastante peor fama de la que merece, y conviene decirlo con claridad. Su reputación de planta mortal procede de un caso mal documentado de 1919 que se repitió durante décadas sin comprobarse. Los análisis posteriores de miles de exposiciones registradas no encontraron muertes atribuibles ni cuadros graves. Lo que produce su látex es irritación bucal, algo de salivación, vómito ocasional y a veces dermatitis en el punto de contacto. Es una planta de la que hay que apartar al gato mordedor, no una que haya que expulsar de casa en Navidad.

De la misma familia sí merecen más respeto otras euforbiáceas, como la corona de espinas (Euphorbia milii) o los cactus columnares del género Euphorbia, cuyo látex es bastante más cáustico, sobre todo si alcanza el ojo.

Y una nota sobre plantas seguras, que también tiene su utilidad: la palmera areca (Dypsis lutescens), la calathea, la maranta, el helecho de Boston (Nephrolepis exaltata), la peperomia, la cinta (Chlorophytum comosum, que atrae al gato pero solo provoca vómito por exceso) y la mayoría de aromáticas de cocina no plantean problema. La hierba gatera (Nepeta cataria) y la avena o el trigo germinado en maceta son, además, una manera razonable de dar al gato algo que mordisquear que no sea el potos.

Qué hacer si el animal ha comido una planta

No provocar el vómito por cuenta propia. Es el punto más importante. El agua oxigenada, la sal, el aceite y los remedios que circulan por internet causan daños añadidos, y en el caso de las plantas con oxalato o con látex cáustico, el vómito hace pasar el irritante una segunda vez por un esófago ya dañado. Si un animal está aletargado, convulsionando o con dificultad para tragar, provocar el vómito añade riesgo de aspiración. La decisión de inducir el vómito es del veterinario y solo en determinadas situaciones y ventanas de tiempo.

Retirar los restos de la boca y del suelo, con cuidado, y limitar el acceso del animal a la planta.

Llevar un trozo de la planta al veterinario, o el ramo entero, o la etiqueta de vivero si se conserva. Identificar la especie es la información que cambia el tratamiento: no se maneja igual una arácea que un glucósido cardíaco. Una foto clara de la planta entera, la hoja y la flor sirve si no se puede cortar. Anotar también la hora aproximada y la cantidad estimada.

Llamar y salir hacia el veterinario sin esperar a ver si mejora, en cualquiera de los casos del primer bloque. Con azucenas y gato, la premura es determinante. Fuera de horario, buscar el hospital veterinario de urgencias más cercano.

Instituto Nacional de Toxicología: 91 562 04 20, atención telefónica las 24 horas. Aunque su cometido es la toxicología humana, atiende consultas sobre productos y plantas y puede orientar mientras se llega a la consulta. No sustituye al veterinario: complementa.

Signos que obligan a acudir de inmediato aunque no se sepa qué ha comido: vómitos repetidos, temblores o convulsiones, descoordinación, dificultad respiratoria, encías pálidas o azuladas, hinchazón de cara o lengua, salivación intensa y persistente, apatía marcada o dejar de orinar.

Prevención razonable

Con gato en casa, la lista de exclusión es corta y estricta: nada de Lilium ni Hemerocallis, ni plantados ni en ramo. Es la decisión con más impacto de todas.

Con perro joven o con cachorro, revisar el jardín en busca de adelfa, tejo, cica y ricino, y vigilar los restos de poda, que es cuando el material tóxico queda a su alcance en el suelo. Guardar los bulbos de otoño en un armario cerrado y proteger la zona recién plantada.

Ofrecer alternativa masticable, sobre todo al gato de interior. Buena parte del mordisqueo de plantas responde a aburrimiento y a la necesidad de fibra vegetal, y una maceta de hierba de gato desvía bastante el interés.

Y mantener una etiqueta con el nombre científico en las macetas nuevas. En una urgencia, saber que aquello es Cycas revoluta y no una palmera cualquiera ahorra un tiempo que cuenta.

En resumen

Las plantas de riesgo vital son Lilium y Hemerocallis en gatos —donde bastan el polen o el agua del jarrón para provocar insuficiencia renal aguda—, adelfa, tejo, digital, Cycas revoluta con su fallo hepático y los bulbos de narciso y tulipán en cantidad. En el escalón siguiente, la difenbaquia y las aráceas por sus rafidios de oxalato, el ricino, Brugmansia y Datura, y azalea y rododendro. Potos, ficus, sansevieria y aloe dan cuadros digestivos leves, y la flor de Pascua arrastra una fama muy superior a su toxicidad real. Ante una ingestión: no provocar el vómito, llevar un trozo de la planta al veterinario y acudir sin demora; el Instituto Nacional de Toxicología atiende en el 91 562 04 20.


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