«Fácil» no significa lo mismo para todos, y ahí empiezan los problemas: quien pide una planta fácil porque viaja mucho necesita otra cosa que quien la pide porque su piso interior no ve el sol. Antes de la lista conviene definir qué hace fácil a una planta de interior, porque con esa definición en la mano cada uno puede elegir por su cuenta y acertar más que copiando recomendaciones ajenas.
Qué hace fácil a una planta de interior
Son cuatro propiedades, y ninguna planta las tiene todas al máximo.
Tolerancia a la luz escasa. Un salón bien iluminado a ojo humano recibe una fracción muy pequeña de la luz exterior, y la caída con la distancia a la ventana es brutal: a dos metros de un cristal queda en torno a la décima parte de lo que hay pegado a él. Las plantas que aguantan eso proceden casi todas del sotobosque tropical, donde crecen bajo dosel. Una comprobación práctica sin aparatos: si a mediodía, en el sitio donde va la planta, no se puede leer un libro cómodamente sin encender la luz, ahí no vive nada; y la prueba de la sombra —poner la mano a un palmo de la pared— dice mucho, porque una sombra nítida indica luz directa, una difusa indica luz indirecta buena y ninguna sombra indica que el sitio es decorativo, no vegetal.
Tolerancia a la sequía por olvido. Depende de si la planta almacena agua. Las que tienen hojas suculentas, rizomas engrosados o tubérculos —Sansevieria, Zamioculcas— pueden pasar semanas sin riego porque llevan su propia despensa. Las de hoja fina y sin reservas se marchitan en tres días de calefacción.
Tolerancia al exceso de riego. Es el factor decisivo, y suele quedar en segundo plano. Una planta de interior muere mucho más a menudo ahogada que seca, porque la raíz necesita oxígeno y un sustrato saturado no lo tiene: las raíces asfixiadas se pudren, la planta deja de absorber agua y se marchita, lo que se interpreta como sed y se responde regando más. Lo que hace tolerante a una planta aquí es tener raíces gruesas y carnosas, que resisten unos días de anoxia, en lugar de raicillas finas que se pudren en 48 horas.
Ritmo lento y pocas plagas. Una planta lenta pide maceta cada cuatro años en vez de cada año, no se descompensa, no exige poda y no agota el sustrato. Y una planta de hoja gruesa y cutícula dura es mala presa para la araña roja (Tetranychus urticae), que es la plaga clásica del piso con calefacción, y para la cochinilla algodonosa. Las de hoja fina y tierna las atraen.
Con esos cuatro ejes, la lista se ordena sola: por el tipo de descuido que cada planta perdona.
Las que perdonan el olvido de riego
Sansevieria trifasciata, hoy Dracaena trifasciata, lengua de suegra. Es la planta más difícil de matar por abandono que existe en un piso. Hojas suculentas erguidas, rizoma subterráneo y metabolismo CAM: abre los estomas de noche, lo que reduce muchísimo la pérdida de agua. Aguanta de tres a seis semanas sin riego en invierno y dos o tres en verano. Tolera desde luz directa filtrada hasta un rincón bastante oscuro, aunque en penumbra crece muy despacio y las variedades variegadas pierden el amarillo del borde. Sustrato: mitad universal, mitad árido. El único modo real de perderla es regarla en invierno con la casa fría: el rizoma se pudre desde la base y las hojas se ablandan por abajo. Tóxica para gatos y perros (saponinas): provoca babeo, vómitos y diarrea si la mordisquean.
Zamioculcas zamiifolia. Tiene rizomas tuberosos del tamaño de una patata y pecíolos gruesos que almacenan agua; puede pasar dos meses sin riego y no inmutarse. Va bien lejos de la ventana y también con luz media; el sol directo le quema las hojas. Crece muy despacio, no da plagas prácticamente nunca y pide maceta cada cuatro o cinco años. Regar cuando el sustrato esté seco del todo y no antes; en invierno, una vez al mes basta. Si le salen tallos larguísimos y separados, le falta luz. Tóxica para gatos y perros por oxalato de calcio: irritación de boca, babeo y vómitos. La savia irrita también la piel sensible.
Cactus y crasas de interior (Haworthia, Gasteria, Echeveria, Crassula ovata, Aloe vera). Perdonan la sequía como ninguna otra cosa, pero solo son fáciles si el sitio tiene mucha luz: junto a una ventana al sur, no en el interior de la habitación. Sin luz se ahílan, se estiran y se deforman irreversiblemente. Haworthia y Gasteria son las que mejor toleran luz media. Riego escaso y espaciado, y en invierno prácticamente nulo si la casa está fresca. Aloe y Crassula son moderadamente tóxicas para gatos.
Las que perdonan la falta de luz
Aspidistra elatior, pilistra. La planta de los portales y los patios sombríos españoles, y por buenos motivos. Sobrevive en luz muy escasa, aguanta frío —resiste en exterior en zonas templadas y soporta bajadas hasta cerca de 0 °C—, tolera el aire seco y una limpieza irregular. Crece con una lentitud notable, lo que es exactamente lo que se pide a una planta de rincón. Se riega cuando la superficie está seca y se abona muy poco. Es un caso raro de planta de interior clásica no tóxica para gatos y perros. Su punto débil es el sol directo, que le quema la hoja, y la araña roja si el ambiente es muy seco.
Epipremnum aureum, poto. Trepadora o colgante de crecimiento rápido que vive en luz media y aguanta luz escasa, aunque con poca luz la variedad dorada pierde el jaspeado y se vuelve verde entera. Es la planta que mejor avisa: cuando tiene sed, las hojas se ablandan visiblemente y se recupera en horas al regar. Enraíza en un vaso de agua en dos semanas, así que se multiplica sin esfuerzo. Sustrato universal con perlita y riego cuando los primeros centímetros estén secos. Tóxico para gatos y perros (oxalato de calcio), y es una planta que cuelga al alcance de un gato, lo que la hace peor opción de lo que su fama sugiere en una casa con animales.
Aglaonema. Es la mejor opción para un salón interior con luz de ventana lejana. Aguanta luz escasa mejor que casi cualquier planta de hoja decorativa, tiene hoja gruesa, crece despacio y no se descompensa. Las variedades verdes y plateadas toleran menos luz que las rojas y rosadas, que necesitan luz media clara para mantener el color. Quiere temperatura estable por encima de 15-16 °C y sufre con corrientes frías, así que no va junto a una puerta de entrada en invierno. Riego moderado, dejando secar la mitad superior del sustrato. Tóxica para gatos y perros por oxalato de calcio.
Las que perdonan el exceso de riego
Ninguna planta soporta un encharcamiento permanente, pero algunas toleran mucho mejor que otras el riego frecuente y generoso, que es el descuido más común.
Chlorophytum comosum, cinta o malamadre. Tiene raíces engrosadas, casi tuberosas, que almacenan agua y resisten tanto un olvido como una mano pesada con la regadera. Va bien en luz media o clara sin sol directo, crece rápido, emite estolones con hijuelos que enraízan al tocar tierra y se regala en cantidad. Su fallo típico son las puntas marrones, causadas casi siempre por el flúor y el cloro del agua del grifo y por el exceso de sales de abono, no por falta de agua; con agua reposada o de lluvia y menos abono, mejora. Aguanta bien un patio o balcón fresco en verano. No tóxica para gatos y perros, y además es una de las pocas de esta lista con la que se puede vivir sin vigilar al animal, aunque los gatos la mordisquean con entusiasmo y pueden vomitar por indigestión.
Schlumbergera, cactus de Navidad. Es un cactus epífito de la selva atlántica brasileña, no de desierto, y eso cambia todo: quiere sustrato que se mantenga ligeramente fresco, luz indirecta clara y humedad ambiental razonable. Perdona bastante mejor el riego frecuente que un cactus de desierto, siempre que el sustrato sea aireado —corteza fina y perlita en la mezcla— y no quede agua en el plato. Vive décadas y florece cada año en noviembre o diciembre si en otoño recibe noches frescas de 12-15 °C y trece o catorce horas de oscuridad ininterrumpida durante cinco o seis semanas; una lámpara encendida por la noche en esa habitación puede impedir la floración. No se mueve de sitio cuando tiene botones, porque los tira. No tóxico para gatos y perros.
Spathiphyllum wallisii, espatifilo, merece una mención aquí: tolera el sustrato fresco constante mejor que la media y avisa de la sed dejando caer todas las hojas de golpe, recuperándose en pocas horas al regar. No es tan fácil como su fama en luz muy escasa —deja de florecer y sus hojas se afinan—, y es tóxico para gatos. Aguanta, sin embargo, el error de regar de más si el drenaje es correcto.
Las que tienen fama de fáciles y no lo son en una casa española
Todas se venden como plantas de interior sin más precisión, y todas fallan por el mismo motivo: la humedad relativa de un piso con calefacción en invierno, que ronda el 25-35 %, contra el 60-80 % que piden.
Helechos (Nephrolepis exaltata, Adiantum raddianum). Frondes finas, sin cutícula gruesa y sin reservas: en un salón con radiador se secan las puntas en días y la planta se llena de restos marrones. Necesitan sustrato que nunca se seque del todo, aire húmedo constante y ninguna corriente. Pulverizar las hojas no cambia la humedad ambiental más que unos minutos. Donde sí van bien es en un cuarto de baño con ventana o en un patio interior fresco. Adiantum, el culantrillo, es especialmente exigente y un solo secado completo lo mata. No tóxicos para gatos y perros —el helecho de Boston es de las plantas seguras—, lo cual no basta para hacerlos fáciles.
Calathea y Maranta. Preciosas y muy vendidas, y de las más exigentes que se pueden comprar. Piden humedad ambiental alta, temperatura estable por encima de 18 °C sin corrientes, sustrato siempre fresco pero nunca encharcado y, muy en particular, agua blanda: son extremadamente sensibles al flúor, al cloro y a la dureza del agua, y en gran parte de España el agua del grifo les quema los bordes de las hojas de forma progresiva e irreversible. Con agua de lluvia u osmosis y un ambiente húmedo son viables; con agua del grifo en un piso seco, no. Curiosamente, no son tóxicas para mascotas.
Orquídeas de supermercado (Phalaenopsis). Se venden en flor, se disfrutan tres meses y se convierten en un problema. No son difíciles, pero lo que piden no se parece a lo que se hace con ellas: raíces fotosintéticas que necesitan aire, sustrato de corteza y no de tierra, riego por inmersión cada siete a diez días con secado completo entre riegos, nada de agua acumulada en el cogollo central —por ahí entra la podredumbre que las mata— y, para volver a florecer, un descenso de temperatura nocturna de unos 5-6 °C durante varias semanas en otoño. La forma habitual de perderlas es regarlas un poco cada pocos días manteniendo la corteza húmeda de forma permanente. Son no tóxicas para gatos y perros.
Un cuarto caso que conviene mencionar: Ficus benjamina, que no es difícil de mantener pero sí muy sensible al cambio. Un traslado, una corriente o un cambio de riego le hacen soltar la mitad de las hojas. Se elige si va a quedarse quieta en un sitio luminoso durante años.
Toxicidad para gatos: el resumen
Conviene tenerlo claro antes de comprar, sin dramatizar: la mayoría de estos casos son irritaciones de boca y digestivas, molestas pero no graves, y ocurren cuando el animal muerde la hoja.
Tóxicas o irritantes: Sansevieria, Zamioculcas, Epipremnum (poto), Aglaonema, Spathiphyllum, Dieffenbachia, Monstera, Philodendron, Aloe vera, Crassula ovata. Casi todas por oxalato de calcio, que produce dolor de boca, babeo y vómitos.
Seguras: Aspidistra elatior, Chlorophytum comosum, Schlumbergera, Calathea, Maranta, Phalaenopsis, Nephrolepis exaltata, Peperomia, Howea forsteriana (kentia).
Aparte, y aunque no sea planta de interior habitual, conviene saber que el lirio de verdad (Lilium y Hemerocallis), el que llega en ramos, causa insuficiencia renal aguda en gatos con muy poca cantidad, incluso con el polen. Eso sí es una urgencia veterinaria y no debe entrar en una casa con gato.
Cómo elegir según el descuido de cada uno
Traducido a situaciones concretas.
Se viaja a menudo o se olvida regar: Sansevieria y Zamioculcas, que aguantan un mes largo sin nadie en casa. Si el sitio tiene mucha luz, crasas.
Se riega de más: Chlorophytum, Spathiphyllum y Schlumbergera, en macetas con buen drenaje y sin plato con agua.
El piso es oscuro: Aspidistra, Aglaonema y Zamioculcas. Y si no hay ninguna ventana en la habitación, no hay planta: se elige una con luz artificial de cultivo o se pone algo que no esté vivo.
Hay gatos: Aspidistra, Chlorophytum, Schlumbergera, kentia y Peperomia.
Es la primera planta: poto por lo rápido que responde y lo bien que avisa, o Zamioculcas por lo poco que exige.
Y dos hábitos que hacen fácil a casi cualquier planta: comprobar el sustrato con el dedo hasta la segunda falange antes de regar, en vez de regar por calendario, y vaciar el plato diez minutos después. Con esas dos cosas se evita la causa de muerte más frecuente en interior.
En resumen
Una planta es fácil por cuatro motivos: tolera luz escasa, tolera la sequía porque almacena agua, tolera el exceso de riego porque su raíz es gruesa, y crece despacio sin atraer plagas. La tercera es la que más vidas salva, porque el ahogamiento mata más plantas de interior que la sed.
Para el olvido de riego: Sansevieria y Zamioculcas, ambas capaces de pasar semanas sin agua, y crasas si el sitio tiene sol directo.
Para la penumbra: Aspidistra elatior, Aglaonema y poto, con la advertencia de que sin luz suficiente las variegadas pierden el dibujo.
Para quien riega de más: Chlorophytum comosum, espatifilo y Schlumbergera, que perdonan el sustrato fresco si el drenaje funciona.
Helechos, Calathea y las orquídeas de supermercado tienen fama inmerecida de fáciles: fallan por la humedad relativa baja de un piso con calefacción y, en el caso de Calathea, por la dureza del agua del grifo.
Con gatos, conviene quedarse en Aspidistra, cinta, cactus de Navidad, kentia o Peperomia, y mantener fuera de casa los ramos con Lilium.