Buena parte de los calendarios de jardinería que circulan en castellano vienen traducidos del inglés, y eso se nota en octubre. En Yorkshire, el otoño es el principio del cierre: se recoge, se protege y se espera a marzo. En Sevilla, en Valencia o en Zaragoza, octubre es una segunda arrancada, con el suelo todavía templado, las lluvias volviendo y las plantas mediterráneas saliendo del parón de verano.

Aplicar el calendario del norte de Europa a un jardín español lleva a podar cuando no toca, a regar de más, a tirar la hoja caída y a perder la mejor ventana de plantación del año. Lo que sigue está pensado para el clima de aquí.

Por qué el otoño es la mejor época para plantar en España

Todo se explica con una diferencia de temperaturas. En octubre el aire ya se ha enfriado —máximas de 18 a 24 °C en buena parte del país— pero el suelo conserva el calor acumulado en verano: a 20 cm de profundidad sigue entre 15 y 20 °C, y no bajará de 10 °C hasta bien entrado diciembre en el interior, o hasta enero en el litoral.

Esa combinación es exactamente lo que necesita una planta recién puesta. La parte aérea, con días cortos y aire fresco, apenas transpira y apenas demanda: si es caducifolia, además, se está deshojando. Mientras tanto, la raíz sigue creciendo, porque las raíces de la mayoría de árboles y arbustos siguen activas mientras el suelo esté por encima de 5-7 °C. La planta gasta poco arriba y trabaja abajo.

El resultado es que una plantación de octubre dispone de cinco o seis meses de enraizamiento antes de que llegue el primer calor de mayo. Una plantación de marzo tiene ocho o diez semanas escasas y afronta el verano con un sistema radicular a medio hacer, dependiendo del riego para no morirse.

Qué plantar ahora

Árboles y arbustos en contenedor. De octubre a diciembre, en cuanto hayan caído las primeras lluvias y el suelo esté húmedo pero no encharcado. Encinas y quejigos, almeces, algarrobos, arces de Montpellier, madroños, cipreses, adelfas, laureles, viburnos, pitosporos.

A raíz desnuda, la fórmula más barata para setos y frutales caducifolios: de noviembre a febrero, en pleno reposo. Se planta el mismo día que llega el material o se entierra provisionalmente en un montón de tierra suelta. Rosales a raíz desnuda, en diciembre y enero.

Aromáticas y arbustos mediterráneos. Lavanda, romero (Salvia rosmarinus), tomillo, santolina, jaras, salvias, teucrios, Phlomis. Plantados en otoño enraízan con las lluvias y pasan su primer verano con la mitad de riego que si se plantaran en primavera. Eso sí: en suelo pesado, sobre caballón.

Vivaces y tapizantes: Gaura, Perovskia, Achillea, Nepeta, Hemerocallis, gramíneas ornamentales como Stipa tenacissima o Miscanthus.

Huerto de invierno: ajos y habas en octubre y noviembre, guisantes, cebolla de grano, espinaca, acelga, lechuga de invierno, coles.

Lo que no conviene plantar ahora son las especies sensibles al frío que necesitan calor para arrancar: buganvillas, cítricos en zonas de helada, hibiscos tropicales, plumbago, palmeras. Todo eso, a primavera. En el litoral cálido y en Canarias, la restricción prácticamente desaparece.

Jardín en otoño con árboles de hoja dorada y suelo cubierto de hojarasca

El riego: bajar el programador antes de que se note

Dejar el programador con el ciclo de agosto durante septiembre y octubre es una de las causas más habituales de pérdidas en jardín ornamental, y el daño se ve en enero cuando ya no hay explicación aparente.

La razón es la evapotranspiración. En el centro peninsular, la ETo de referencia ronda los 6-7 mm diarios en julio, baja a 3-4 mm en septiembre, a 1,5-2 mm en octubre y queda por debajo de 1 mm en diciembre. Un jardín que en agosto necesitaba una cantidad concreta de agua, en octubre necesita menos de un tercio. Si el programador sigue igual, el suelo no llega a airearse nunca entre riegos, y sobre un suelo que además recibe lluvia, se pasa directamente a la asfixia radicular y a las podredumbres de cuello.

Cómo ajustarlo:

  • Reduce la frecuencia, no el tiempo por riego. Es el error de ajuste más común: pasar de 20 a 10 minutos tres veces por semana moja solo los primeros centímetros y la raíz se queda en superficie. Mejor mantener los 20 minutos y pasar de tres riegos semanales a uno.
  • Escalona la bajada: en septiembre, dos tercios de lo de agosto; en octubre, un tercio; en noviembre, riego de apoyo solo si hay quince días secos.
  • Instala o revisa el sensor de lluvia. Ver los aspersores funcionando bajo un chaparrón es lo más caro de todo el otoño.
  • Riega por la mañana, no al atardecer. Con noches frescas y largas, el follaje mojado toda la noche favorece oídio, roya y botritis.
  • Las plantaciones nuevas van aparte. Un árbol recién puesto necesita riegos de asentamiento aunque el resto del jardín esté a media ración: un riego abundante en la plantación y luego cada diez o quince días si no llueve, hasta que el suelo esté frío.
  • Antes de las primeras heladas, en zonas de interior, purga la instalación: cierra la llave general, abre los drenajes y vacía las electroválvulas y los goteros de superficie. El hielo revienta los codos de PVC y los cabezales.

La hoja caída no es basura

Cada otoño se meten en bolsas y se llevan al punto limpio toneladas de un material que el jardín produce gratis y que además le hace falta. La hojarasca es carbono, es cobertura y es refugio de fauna: lo mismo que se compra luego en sacos de mantillo.

Bajo setos, arbustos y en los macizos: déjala donde cae, o repártela hasta formar una capa de 4-6 cm. Protege el suelo del golpe de la lluvia, mantiene la humedad, modera la temperatura y las lombrices la van incorporando. Deja libres los 10 cm que rodean el cuello de cada planta.

En el césped: ahí sí hay que actuar, porque una capa continua de hoja mojada tapa la luz, asfixia el tepe y crea la humedad estancada donde prosperan Rhizoctonia y Microdochium. La solución rápida no es rastrillar: es pasar la cortadora con la cuchilla alta y sin cesta para triturar la hoja. Los fragmentos se descomponen en semanas y aportan nitrógeno. Si la capa es demasiado gruesa para triturarla, se recoge con la cortadora y cesta y se lleva a los macizos.

Mantillo de hojas: la hoja de roble, haya, castaño o carpe tarda entre uno y dos años en convertirse en un mantillo oscuro y esponjoso, excelente como enmienda y como componente de sustratos de siembra. Se hace en un cercado de malla metálica de un metro de lado, o en sacos de rafia con agujeros, humedeciendo y prensando. No hace falta voltear.

En la compostera: la hoja seca es el material marrón que casi siempre falta. Mézclala con restos verdes de cocina y de siega en proporción aproximada de dos a uno en volumen.

Dos excepciones. La hoja enferma no se deja bajo el árbol: la del peral y el manzano con moteado (Venturia), la del castaño de Indias con la mancha foliar, la del plátano de sombra con antracnosis y la del rosal con mancha negra son el inóculo de la primavera siguiente. Esa se retira y se lleva a compostaje municipal o a un montón separado y caliente. Y la hoja de nogal, con abundante juglona, conviene compostarla aparte y bien madurada antes de usarla en el huerto.

Retira también la hoja que se acumula en canalones, sumideros y arquetas, sobre todo en zonas de Levante y del sureste donde las lluvias de octubre pueden llegar de golpe.

Alfombra de hojas secas en el suelo del jardín en otoño

Lo que no se poda en otoño, y por qué

El otoño da ganas de podar: el jardín está desordenado, hace buena temperatura y hay tiempo. Es mala idea en casi todos los casos, por tres motivos concretos.

La poda estimula la brotación. Al cortar se elimina la dominancia apical y las yemas de debajo se activan. Con las temperaturas suaves de octubre y noviembre en España, esa brotación sale de verdad, tierna y sin lignificar, y la primera helada de diciembre la quema. La planta ha gastado reservas para nada y entra en invierno con madera dañada.

Las heridas no cierran. Un corte cicatriza mediante compartimentación, un proceso que requiere actividad metabólica. Con frío y humedad, el árbol trabaja despacio y la herida queda abierta durante meses. Al mismo tiempo, es la época en que los hongos de madera esporulan con las lluvias.

Se pierde la floración del año siguiente. Los arbustos que florecen en primavera lo hacen sobre madera formada el verano anterior. Podar en otoño una forsitia, un jazmín de invierno, una lila, un celindo, una weigela, un Kerria o un Ribes sanguineum es cortar las yemas de flor. Estos se podan justo después de florecer, en primavera.

Y hay un grupo con riesgo específico: los Prunus —cerezo, ciruelo, almendro, melocotonero, laurel-cerezo— no deben podarse con frío y humedad, porque es cuando entran Chondrostereum purpureum, causante del plateado, y los chancros bacterianos. Su poda va en verano, tras la cosecha, con tiempo seco.

Lo que sí se puede hacer en otoño: retirar madera muerta, rota o claramente enferma en cualquier momento; recortar setos de hoja perenne a principios de otoño para que lleguen limpios al invierno; aclarar ligeramente trepadoras que estén tapando canalones o ventanas; y cortar a ras las vivaces que ya se han secado, aunque dejar en pie las de tallo hueco y las gramíneas hasta febrero da estructura invernal y refugio a insectos auxiliares.

La poda de formación y renovación de caducifolios se hace a finales de invierno, en enero o febrero, cerca ya del despertar vegetativo, cuando la herida cierra rápido y no queda expuesta media estación.

Césped y pradera

Septiembre y octubre son la mejor ventana del año para sembrar césped de estación fría —Festuca arundinacea, Lolium perenne, Poa pratensis—. El suelo a 15-20 °C hace germinar en siete a catorce días, y la plántula dispone de otoño, invierno y primavera para instalarse antes del verano. Sembrar en abril o mayo obliga a criar un césped recién nacido bajo el calor de junio.

El orden de trabajos en un césped existente:

  • Escarificar para retirar el fieltro acumulado, cuando supera el centímetro.
  • Airear con púa hueca, extrayendo cilindros de suelo, en céspedes compactados o con mucho tránsito.
  • Resembrar a razón de 15-25 g/m² sobre suelo abierto, y rastrillar ligeramente para tapar la semilla.
  • Recebar con una capa fina, de 3-5 mm, de arena de sílice y mantillo.
  • Abonar con una fórmula de otoño: nitrógeno bajo y potasio alto. El potasio engrosa la pared celular, mejora la tolerancia al frío y reduce la incidencia de hongos. Un abono rico en nitrógeno en octubre produce hoja blanda que es justo lo que buscan los hongos de invierno.
  • Subir la altura de corte un par de centímetros respecto al verano y espaciar las siegas.

Si tu césped es de estación cálida —bermuda (Cynodon dactylon), grama, Zoysia, Paspalum—, el otoño no es época de siembra: entra en latencia y amarillea con las primeras noches frías, y eso es normal. Lo que se hace es o aceptar el color pajizo del invierno, o resembrar en superficie con Lolium perenne en octubre para tener verde hasta mayo.

Para pradera florida o mezclas de bajo mantenimiento, la siembra de otoño aprovecha las lluvias y da a muchas semillas mediterráneas el periodo fresco que necesitan para germinar. Suelo mullido superficialmente, sin abonar —la fertilidad favorece a las gramíneas agresivas frente a las flores—, semilla a voleo, rulado o pisado para asegurar contacto, y paciencia.

Bulbos de floración primaveral

De septiembre a diciembre se plantan los bulbos que florecerán entre febrero y mayo. Regla general de profundidad: dos o tres veces la altura del bulbo, con la punta hacia arriba, en suelo drenante. En maceta, algo más superficiales.

  • Narciso (Narcissus): el mejor para España. Se planta pronto, en septiembre y octubre, y naturaliza bien: vuelve solo cada año y se multiplica. Los de la sección Tazetta, como el 'Paperwhite', van especialmente bien en el sur.
  • Muscari, crocus, ipheion, alium, fresia, ranúnculo y anémona: octubre y noviembre. Los rizomas de ranúnculo y anémona se hidratan unas horas en agua antes de plantar.
  • Jacinto: octubre y noviembre.
  • Tulipán: se planta el último, en noviembre o diciembre, cuando el suelo ya está frío; plantado en septiembre en clima cálido enraíza mal y sale desigual. Al sur de Madrid, y salvo variedades botánicas como Tulipa clusiana o Tulipa saxatilis, los tulipanes se comportan como anuales: florecen bien el primer año y decaen después, porque no reciben el frío invernal que necesitan.

En sentido contrario, los bulbos y tubérculos de floración estival —dalia, gladiolo, begonia tuberosa, canna— se arrancan tras el amarilleo de la hoja en zonas con heladas fuertes, se dejan secar y se guardan en cajas con serrín, en oscuridad y a 8-12 °C. En litoral sin heladas pueden quedarse en tierra, cortando el riego.

Revisión previa al frío

Media hora de trabajo en noviembre ahorra pérdidas en enero.

  • Entra las plantas sensibles antes de que la mínima nocturna baje de 10-12 °C, no cuando ya ha helado. Revísalas por cochinilla y araña roja antes de meterlas, y ubícalas en la habitación más luminosa y fresca de la casa.
  • Protege las macetas más que las plantas. En un tiesto, el frío entra por todos los lados y el cepellón se hiela mucho antes que el suelo del jardín. Agrupa los tiestos contra un muro orientado al sur, súbelos del suelo sobre tacos o pies, y envuelve el recipiente con plástico de burbujas o rafia. Un velo de invernada de 17-30 g/m² sobre la copa protege dos o tres grados frente a la helada de irradiación.
  • Revisa tutores, ataduras y vientos. Los temporales de otoño derriban árboles jóvenes mal anclados. Comprueba que las ataduras no estrangulen y que el tutor no roce la corteza.
  • Limpia canalones y comprueba los sumideros del jardín antes de las lluvias intensas.
  • Aplica cobre en los caducifolios frutales tras la caída de hoja: un tratamiento con oxicloruro de cobre o caldo bordelés en ese momento reduce mucho la abolladura del melocotonero, el cribado y los chancros. Se repite a finales de invierno, antes de que abran las yemas.
  • Limpia y engrasa las herramientas, afila cuchillas y tijeras, y vacía el depósito de gasolina de la cortadora o añade estabilizante.
  • Acolcha con 5-8 cm de corteza, paja o compost la base de las plantas menos rústicas: rebaja la oscilación térmica del suelo y protege la raíz.

En resumen

En España el otoño no cierra el jardín, lo abre. Con el suelo todavía a 15-20 °C y el aire ya fresco, es la mejor época del año para plantar árboles, arbustos y aromáticas: la raíz trabaja todo el invierno y la planta llega al verano siguiente asentada.

Baja el programador de forma escalonada —menos riegos, no riegos más cortos— y purga la instalación antes de las heladas. Deja la hoja caída en los macizos o tritúrala sobre el césped en vez de tirarla, apartando solo la enferma. No podes: la poda de otoño provoca brotación tierna que se hiela, deja heridas que no cierran y elimina las yemas de flor de los arbustos de primavera; el trabajo de formación va a finales de invierno.

Siembra o resiembra césped de estación fría en septiembre y octubre con abono rico en potasio, planta los bulbos de primavera dejando los tulipanes para el final, y dedica un rato de noviembre a entrar las plantas sensibles, envolver las macetas, revisar tutores y aplicar cobre en los frutales tras la caída de hoja.


Contenidos relacionados