Dos elementos en un solo cristal, sin acompañantes inútiles: eso es el nitrato de potasio, y ahí está casi toda su razón de ser en el riego. Cada gramo que se disuelve aporta nitrógeno en la forma que la raíz toma de inmediato y potasio sin cloruro, sin sodio y sin sulfato detrás. Es un producto sencillo de manejar y con dos particularidades que conviene conocer antes de comprarlo: no se puede mezclar con cualquier cosa en el mismo depósito, y su venta está regulada por motivos que nada tienen que ver con la jardinería.
Qué es y qué aporta
El nitrato de potasio, KNO3, es una sal cristalina blanca. En el mundo agrícola se conoce también como nitrato potásico o, en el lenguaje antiguo de la botica, salitre o nitro. El producto de grado fertilizante se fabrica hoy por vía industrial, sobre todo haciendo reaccionar cloruro potásico con ácido nítrico o con nitrato sódico.
Su riqueza declarada es 13-0-46: un 13 % de nitrógeno, nada de fósforo y un 46 % de potasio expresado como K2O. Algunos envases indican 13,5-0-46 o 13-0-45 según el proceso y la pureza; las diferencias son de décimas y no cambian el manejo.
Los dos datos que importan de esa etiqueta son estos:
- Todo el nitrógeno es nítrico (NO3-). No hay urea ni amonio, así que no depende de que ninguna bacteria lo transforme antes de que la planta pueda usarlo. Funciona igual en marzo con el suelo a 10 °C que en julio, cosa que no ocurre con la urea o el sulfato amónico.
- El potasio no lleva acompañante salino. El sulfato potásico arrastra azufre, el cloruro potásico arrastra cloruro. Aquí el contraión del potasio es el propio nitrato, que además es nutriente. Sumando ambos, cerca del 59 % del peso del saco es nutriente declarado; el resto, agua de cristalización y trazas.
Ese detalle del cloruro no es teórico. Buena parte del regadío español trabaja con aguas que ya traen cloruros, y hay cultivos ornamentales y frutales —cítricos, aguacate, fresa, muchas plantas de acidófilas en maceta— que acusan el cloruro antes que ninguna otra sal. Con nitrato potásico se aporta potasio sin sumar ese ion.
Por qué se usa en floración y cuajado
La lógica del abonado por fases es sencilla: mientras la planta construye hoja y tallo consume sobre todo nitrógeno; cuando pasa a flor y fruto, el reparto se invierte y el potasio se convierte en el elemento más extraído. En un tomate o en un pimiento en plena producción, la extracción de potasio llega a doblar la de nitrógeno.
El potasio es el ion que carga los azúcares en el floema y los lleva hasta el fruto, el que regula la apertura estomática y el que mantiene la presión de turgencia. Traducido al jardín: calibre, firmeza, color y contenido de azúcar. Un abonado de floración con relación N:K baja —del orden de 1:3 o 1:4— es exactamente lo que ofrece el 13-0-46.
Frente a otras fuentes de potasio, el nitrato tiene además una ventaja de ritmo. El nitrógeno nítrico que lo acompaña es una dosis pequeña y de acción inmediata, suficiente para sostener el crecimiento sin empujar a la planta a hacer hoja, que es justo lo que estropea una floración. Un abonado nitrogenado fuerte en ese momento alarga entrenudos, retrasa la flor y deja tejido blando donde se instala el pulgón.
Usos concretos donde encaja bien:
- Hortícolas de fruto (tomate, pimiento, berenjena, melón, calabacín): desde el cuaje del primer ramillete hasta el final de la recolección, alternado con un abono equilibrado.
- Frutales: en la fase de engorde del fruto, de junio a agosto según especie, cuando el potasio marca calibre y grados Brix.
- Ornamentales de flor en maceta y jardinera: geranios, petunias, surfinias, rosales, hortensias. Desde que se ven los botones florales.
- Preparación para el frío: un aporte potásico a final de verano, con el nitrógeno ya retirado, ayuda al agostamiento de la madera y mejora la resistencia a la helada en arbustos y frutales jóvenes.
Lo que no hace, y conviene decirlo: no fuerza la floración de una planta que no está en edad ni en condiciones de florecer, y no compensa la falta de luz, un tiesto pequeño o una poda mal hecha.
Solubilidad y cómo se disuelve
El nitrato de potasio es muy soluble en agua: en torno a 316 g por litro a 20 °C, y por encima de 450 g a 30 °C. Para uso en jardinería y fertirriego eso significa que nunca va a haber problema de disolución si se maneja con un poco de cabeza.
Hay un detalle físico curioso y con consecuencias prácticas: la disolución es endotérmica, es decir, absorbe calor. Al echar una cantidad apreciable en un cubo, el agua se enfría de manera perceptible, y como la solubilidad depende mucho de la temperatura, un agua fría de invierno disuelve bastante menos y más despacio. Si se prepara una solución madre concentrada en enero con agua a 8 °C, es normal ver cristales sin disolver en el fondo del bidón; con agua templada y agitación desaparecen.
Concentraciones de trabajo, para orientarse:
- Riego de plantas en maceta y huerto: entre 0,5 y 1,5 g por litro de agua de riego, una o dos veces por semana durante la fase de fructificación. Un gramo por litro sube la conductividad del agua alrededor de 1,2-1,4 dS/m, así que hay que contar con lo que ya trae el agua de red.
- Solución madre para dosificador: no pasar de 100-150 g por litro y guardarla en un depósito propio. Concentraciones mayores cristalizan al bajar la temperatura por la noche y atascan el inyector.
- Aplicación foliar: entre 3 y 5 g por litro, a primera hora o al atardecer, nunca con el sol dando de pleno ni por encima de 28-30 °C. Concentraciones más altas queman la hoja, y el margen depende mucho de la especie: conviene probar en una rama antes de tratar toda la planta.
Se conserva en su envase bien cerrado y en sitio seco. Es higroscópico moderado: en un garaje húmedo el saco abierto se apelmaza y forma terrones que luego cuesta pesar bien.
Salinidad: por qué sale mejor parado que otras sales
Todo abono mineral disuelto aumenta la salinidad de la solución del suelo, y ahí es donde el nitrato potásico gana posiciones. La forma clásica de comparar unas sales con otras es el índice de salinidad, una escala relativa en la que al nitrato sódico se le asigna el valor 100. Los valores por peso de producto quedan aproximadamente así:
- Cloruro potásico: 116
- Nitrato amónico: 105
- Urea: 75
- Nitrato potásico: 74
- Sulfato amónico: 69
- Sulfato potásico: 46
Pero la comparación honesta no se hace por kilo de producto, sino por unidad de nutriente aportada, y en ese terreno el nitrato potásico destaca: cada 100 kg llevan casi 59 unidades fertilizantes, casi el doble que muchas alternativas. Aportar la misma cantidad de potasio con cloruro potásico introduce en el suelo bastante más sal total, y además del tipo que peor toleran las raíces.
Esto lo hace especialmente adecuado para cultivo en maceta, donde el volumen de sustrato es pequeño y las sales se acumulan riego tras riego, y para suelos y aguas ya salinos, situación habitual en el levante y el sureste peninsular. Bajo índice de salinidad no significa inocuo: sigue siendo una sal, y triplicar la dosis sigue quemando raíces. Los síntomas de un exceso —bordes de hoja secos, marchitez con el sustrato mojado, costra blanca en el borde del tiesto— están descritos con detalle en el artículo sobre abonos químicos.
La regla de los dos depósitos: nunca junto al calcio
Quien prepare soluciones concentradas se encuentra tarde o temprano con un bidón que amanece con un poso blanco y lechoso en el fondo. La causa casi siempre es la misma: se han juntado en el mismo recipiente productos que reaccionan entre sí.
La química es directa. En una solución muy concentrada, el ion calcio (Ca2+) se encuentra con el sulfato (SO42-) y forma sulfato de calcio, que es yeso y es prácticamente insoluble; y con el fosfato forma fosfato de calcio, todavía menos soluble. Ambos precipitan y se van al fondo. Lo que precipita ya no alimenta a nadie: se ha perdido el abono, se atasca el gotero y el filtro, y la planta recibe una solución desequilibrada sin que nadie se entere.
De ahí la práctica estándar del fertirriego, que consiste en separar dos depósitos madre:
- Depósito A: nitrato de calcio y quelato de hierro.
- Depósito B: sulfato de magnesio, fosfato monopotásico, sulfato potásico y el resto de micronutrientes.
El nitrato de potasio, por sí mismo, es compatible con el nitrato de calcio, porque ni el nitrato ni el potasio precipitan con el calcio. El problema práctico es otro: el nitrato potásico suele acompañar a sulfatos y fosfatos en el depósito B, y ese depósito no debe recibir jamás un producto cálcico. Tampoco conviene añadir calcio a un bidón donde ya haya sulfato de magnesio, aunque el nitrato potásico esté en medio y parezca inofensivo.
Tres precauciones más, del mismo orden:
- No mezclar en el mismo depósito abonos con productos alcalinos —caldo bordelés, azufre mojable, lechada de cal—; suben el pH y precipitan micronutrientes.
- Con aguas duras, muy frecuentes en España, ya hay calcio y bicarbonato en el propio agua. Con las diluciones normales de riego no hay problema, pero preparar la solución madre con esa agua acorta su vida útil.
- Añadir siempre el producto al agua, no al revés, y con el agitador en marcha.
Un producto controlado: lo que hay que saber al comprarlo
Conviene decirlo sin rodeos, porque explica cosas que desconciertan a quien lo busca por primera vez. El nitrato de potasio es un oxidante, y por esa propiedad figura desde hace siglos entre las materias empleadas en pirotecnia y en explosivos. La normativa europea lo tiene en cuenta.
El Reglamento (UE) 2019/1148, sobre comercialización y utilización de precursores de explosivos, distingue dos listas. En el anexo I están las sustancias restringidas al público general por encima de cierta concentración —entre ellas el nitrato de amonio con 16 % o más de nitrógeno, que por eso ha desaparecido de las estanterías de jardinería—. El nitrato de potasio está en el anexo II, el de sustancias sujetas a notificación: no está prohibida su venta a particulares, pero el vendedor tiene obligación de comunicar a las autoridades las transacciones sospechosas, las desapariciones y los robos.
Las consecuencias prácticas al comprarlo:
- Es normal que un comercio pida identificación, que pregunte el destino del producto o que registre la venta. No es desconfianza del vendedor, es una obligación legal.
- Los formatos grandes —sacos de 25 kg— se distribuyen sobre todo por el canal agrícola y las cooperativas, orientados a explotaciones. Para jardinería se encuentran envases de 1 a 5 kg sin dificultad.
- El producto de alta pureza, el de grado técnico o reactivo, tiene un control más estricto y suele exigir acreditación profesional. Para abonar no hace ninguna falta: el grado fertilizante rinde exactamente igual como nutriente.
- Se almacena separado de materiales combustibles —gasolina, disolventes, aceites, trapos, madera, azufre— y lejos de fuentes de calor. Por sí solo no arde, pero al ser oxidante aviva de forma notable cualquier fuego que ya exista.
En el jardín, usado como abono y en las dosis de riego habituales, es un producto seguro y bien conocido. Guantes al manipular el polvo, no comer ni fumar mientras se pesa, lavarse las manos después y guardar el saco fuera del alcance de niños y animales.
En resumen
El nitrato de potasio es un abono simple 13-0-46 que aporta nitrógeno enteramente nítrico —disponible al instante, también con frío— y potasio sin cloruro ni sodio detrás. Cerca del 59 % de su peso es nutriente.
Su terreno es la fase de flor y fruto, cuando la extracción de potasio supera a la de nitrógeno: cuaje y engorde en hortícolas y frutales, floración en ornamentales de maceta y agostamiento de madera a final de verano. Aporta el poco nitrógeno necesario sin empujar a la planta a hacer hoja.
Se disuelve con facilidad, en torno a 316 g/l a 20 °C, aunque el agua fría lo disuelve peor y la disolución enfría el cubo. En riego se maneja entre 0,5 y 1,5 g/l; en foliar, de 3 a 5 g/l a primera o última hora y nunca con calor fuerte.
Su índice de salinidad es de los más bajos por unidad de nutriente aportada, lo que lo hace idóneo en maceta y en zonas de agua salina. Bajo no quiere decir nulo: sigue siendo una sal.
En soluciones concentradas nunca comparte depósito con productos cálcicos junto a sulfatos y fosfatos: se forma yeso y fosfato de calcio, que precipitan, atascan goteros y desequilibran el abonado. De ahí la separación clásica en depósito A y depósito B.
Es una sustancia sujeta a control por su carácter oxidante y su uso en explosivos. Su venta a particulares no está prohibida, pero el comerciante debe notificar transacciones sospechosas, es habitual que pidan identificación, y los formatos grandes y de alta pureza circulan por canal profesional. Se almacena seco y apartado de combustibles.