Un ninfálido de nueve centímetros de envergadura cruzando el jardín a la altura de la copa, con vuelo de planeador y una banda naranja encendida en el borde de las alas, no pasa desapercibido. Es Charaxes jasius, la mariposa del madroño, el ninfálido de mayor tamaño de Europa y una de las pocas mariposas continentales que tienen aire tropical, porque en realidad pertenece a un género africano que solo asoma la cabeza por el borde norte del Mediterráneo.

Charaxes jasius, la mariposa del madroño, con las alas abiertas

Cómo reconocerla

La envergadura va de 65 a 90 mm, con hembras que rozan los 95. El anverso es pardo muy oscuro, casi negro, atravesado en el margen exterior por una banda continua de color amarillo anaranjado, seguida de una fila de lúnulas azuladas en las alas posteriores. Cada ala posterior termina en dos colas, un carácter que sirve para separarla al vuelo de cualquier otra mariposa ibérica: las demás especies con cola llevan una sola por ala.

El reverso es un asunto distinto. Cuando cierra las alas aparece un mosaico de castaños, blancos, ocres y azules metálicos que reproduce el aspecto de una corteza o de una hoja seca; posada sobre un tronco desaparece por completo. La combinación de anverso llamativo y reverso críptico es habitual en las mariposas de vuelo rápido: el color sirve para el reconocimiento entre individuos en movimiento, el camuflaje para el reposo.

El comportamiento la identifica tanto como el dibujo. Los machos son territoriales: eligen un posadero elevado —la punta de un madroño, un alcornoque, una roca en lo alto de una ladera—, patrullan desde allí y expulsan a cualquier otro macho que entre en su espacio, incluidos a veces pájaros pequeños. Después vuelven al mismo lugar exacto, lo que permite observarlos con facilidad si se localiza el posadero.

De qué se alimenta el adulto

Apenas visita flores. La mariposa del madroño se nutre de fruta fermentada, savia exudada por heridas de los árboles y jugos en descomposición: higos partidos en el suelo, uva pasada, frutos de madroño maduros, savia de encinas o alcornoques heridos. Ese hábito explica su vuelo pesado y errático al final del verano y también que se deje acercar mucho mientras se alimenta.

Para quien quiera verla de cerca en el jardín, esto es más útil que cualquier planta de flor: un plato con fruta muy madura a la sombra, o simplemente no barrer los higos caídos bajo la higuera en septiembre.

El ciclo: dos generaciones y una oruga con casco

En España la especie completa dos generaciones anuales. Los adultos de la primera vuelan de mayo a junio; los de la segunda, más numerosos y los que casi siempre se ven, entre agosto y octubre, con el pico en septiembre coincidiendo con la maduración de la fruta.

La hembra pone los huevos de uno en uno, nunca en puesta agrupada, sobre el haz de una hoja de madroño. El huevo es esférico, amarillo pálido y desarrolla en pocas horas un anillo rojizo característico; mide poco más de un milímetro y medio.

La oruga es lo más llamativo del ciclo. Es verde vivo, achatada y ancha como una babosa, con la superficie granulada, y luce en el dorso dos pares de ocelos amarillos con centro azul o rojo. La cabeza está rematada por cuatro cuernos dispuestos en un casco cuadrangular, dos largos y dos algo menores, con las puntas rojizas. Tejen una almohadilla de seda en el haz de la hoja sobre la que reposan siempre en la misma postura y a la que regresan tras cada salida a comer, lo que la vuelve prácticamente invisible sobre la hoja coriácea del madroño: mismo verde, misma textura brillante, mismo nervio central.

Tras cuatro o cinco mudas se transforma en una crisálida corta, redondeada y de un verde claro, colgada de un pedúnculo, que parece un fruto sin madurar.

La invernada es la clave de su distribución: pasa el invierno como oruga, no como huevo ni como crisálida, sobre las hojas del madroño. Como Arbutus unedo es de hoja perenne, la oruga tiene comida y sustrato durante todo el invierno, pero necesita que no hiele con dureza ni de forma prolongada. Por eso la mariposa falta en el interior frío aunque haya madroños plantados.

Mariposa del madroño posada mostrando el reverso jaspeado de las alas

Dónde se ve en España

Su mapa es, con pocas excepciones, el mapa del madroño en clima suave. Es frecuente en Andalucía occidental y las sierras de Cádiz y Málaga —Los Alcornocales, Sierra de las Nieves, el entorno del Estrecho—, en Extremadura, en toda la franja litoral y prelitoral catalana (Montseny, Garraf, Montnegre), en Castellón y Valencia (sierra de Espadán, Calderona), en las Baleares y en puntos cálidos de Galicia y la cornisa cantábrica donde hay madroñales. Alcanza también los valles abrigados del Sistema Central y algunas gargantas de Gredos y de la sierra de Madrid.

Falta en la meseta norte, en el interior seco del valle del Ebro y en el sureste árido, y no está presente en Canarias. Fuera de la Península ocupa el resto de la cuenca mediterránea y el Magreb, y el género se despliega en África subsahariana con más de doscientas especies.

Varias comunidades la incluyen en sus catálogos de fauna protegida o de especies de interés, no porque esté al borde de la extinción sino porque depende por completo de una comunidad vegetal —el madroñal y el bosque mediterráneo maduro— que se pierde con los incendios y la urbanización.

Qué plantar si se quiere tenerla

La respuesta corta es madroño, Arbutus unedo. Sin él no hay ciclo posible en Europa continental: es la única planta nutricia de la que se alimentan sus orugas aquí, y no acepta sustitutos por muy emparentados que parezcan.

Algunas condiciones prácticas:

Plantar en suelo, no en maceta. Una hembra busca ejemplares establecidos, con volumen de copa. Un madroño en contenedor de 20 litros rara vez recibe puesta. El momento de plantación es el otoño, de octubre a diciembre, para que enraíce antes del verano.

Sol o media sombra, suelo ácido a neutro y bien drenado. Tolera suelos ligeramente calizos, pero en terrenos de pH alto amarillea por clorosis férrica. Riego de apoyo los tres primeros veranos; después aguanta la sequía estival sin problemas en clima mediterráneo.

Un solo ejemplar sirve, aunque tres o cuatro en grupo funcionan mejor. Los frutos, además, aportan alimento a los adultos en octubre y a mirlos y currucas.

Nada de insecticidas en el madroño ni cerca de él. Un tratamiento con piretroides o con Bacillus thuringiensis mata las orugas que se quieren atraer. Si el árbol tiene cochinilla o pulgón puntual, se resuelve con jabón potásico dirigido y aceptando algo de daño.

Cuidado con la poda de invierno. Entre noviembre y marzo las orugas están sobre las hojas, y podar el madroño en ese periodo se lleva la generación entera al triturador. Si hay que dar forma, mejor hacerlo en julio, después del vuelo de la primera generación.

Completar con higuera, parra o granado proporciona a los adultos la fruta pasada de la que se alimentan, y dejar una zona sin barrer bajo esos árboles hace el resto.

¿Puede dar problemas en el jardín?

No. La puesta es aislada, la densidad de orugas por árbol es de unos pocos individuos y el daño foliar en un madroño adulto resulta imperceptible. No ataca a otras plantas, no perfora frutos sanos —solo se alimenta de los ya abiertos o caídos— y no transmite enfermedades. Un madroño con orugas de Charaxes jasius es un madroño en buen estado.

En resumen

Charaxes jasius es el mayor ninfálido europeo: 65 a 90 mm, alas pardas con banda naranja y dos colas por ala posterior, reverso críptico, machos territoriales que vuelven siempre al mismo posadero y adultos que se alimentan de fruta fermentada y savia en lugar de néctar.

Su oruga, verde y con cuatro cuernos en la cabeza, vive exclusivamente sobre el madroño y pasa el invierno en sus hojas, lo que ata la especie a la franja mediterránea y a los inviernos suaves. Vuela en dos generaciones, en mayo-junio y de agosto a octubre.

Para atraerla al jardín basta plantar Arbutus unedo en suelo, no tratar con insecticidas, evitar la poda invernal y dejar fruta madura a su alcance. No causa daños de ningún tipo.


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