Hay dos tierras de diatomeas en el mercado y una de ellas no debe entrar nunca en un jardín ni en un gallinero. Antes de hablar de dosis, de plagas o de resultados hace falta dejar clara esa distinción, porque el material equivocado supone un riesgo respiratorio real y el envase no siempre lo advierte con claridad.

El aviso: amorfa sí, calcinada no

La tierra de diatomeas, o diatomita, es un sedimento formado por los caparazones silíceos —los frústulos— de algas microscópicas, las diatomeas (Bacillariophyta), acumulados durante millones de años en fondos marinos y lacustres. En su estado natural, esa sílice es amorfa: no tiene estructura cristalina.

El material que se vende para filtros de piscina ha pasado por un proceso de calcinación, a menudo con fundente, a temperaturas del orden de 800 a 1.000 °C. Ese tratamiento transforma buena parte de la sílice amorfa en sílice cristalina —cristobalita y tridimita—, cuyo contenido puede superar el 50 %. La sílice cristalina inhalada está clasificada por la IARC en el grupo 1, cancerígena para el ser humano, y es la causa de la silicosis. No es un material para espolvorear al aire libre, ni para poner al alcance de animales, ni para tratar plantas.

La que se usa en jardinería y con animales es la tierra de diatomeas natural de calidad alimentaria (grado alimentario, food grade), sin calcinar, con un contenido de sílice cristalina por debajo del 1-2 %. En la Unión Europea la kieselguhr o tierra de diatomeas está aprobada como sustancia activa insecticida, y para un jardín doméstico lo correcto es comprar un producto registrado y etiquetado para ese uso, no un saco industrial sin especificar.

Y una precisión más, que vale también para la buena: el polvo irrita. Es un material extremadamente fino que reseca las mucosas, la garganta y los ojos, y deshidrata la piel de las manos. Cualquier aplicación se hace con mascarilla FFP2, gafas y guantes, en día sin viento, y con las personas y los animales fuera de la zona hasta que el polvo se ha depositado. No es un producto «inofensivo porque es natural»: es inofensivo por vía oral en calidad alimentaria y molesto por vía respiratoria siempre.

Aplicación de tierra de diatomeas en polvo

Cómo mata a un insecto

El mecanismo es físico, no químico. No hay veneno, ni acción sobre el sistema nervioso, ni absorción sistémica por la planta.

El exoesqueleto de un artrópodo está recubierto por una fina capa de ceras epicuticulares que es lo único que impide que el animal pierda agua por evaporación. Cuando el insecto camina sobre el polvo, ocurren dos cosas simultáneas: las partículas, microscópicamente afiladas y porosas, abrasionan esa capa de cera, y al mismo tiempo la sílice porosa adsorbe los lípidos que la componen. Rota la barrera, el animal se deshidrata y muere.

De ese mecanismo se derivan todas las virtudes y todas las limitaciones del producto:

No genera resistencia bioquímica. No hay una enzima que un insecto pueda desarrollar para degradar un cristal de sílice. Sí existen diferencias de sensibilidad entre especies según el grosor de la cutícula y su comportamiento.

No deja residuo tóxico ni plazo de seguridad químico, aunque sí deja una película blanca visible que hay que lavar antes de comer la hortaliza.

Es lento. La muerte tarda de uno a diez días según la especie, la dosis y la humedad ambiente. Frente a un ataque explosivo que exige frenar el daño hoy, la tierra de diatomeas llega tarde.

Necesita contacto directo. Lo que no pisa el polvo no se ve afectado en absoluto.

Seca funciona, mojada no

Esta es la condición que decide si el tratamiento sirve o no sirve. Un frústulo de diatomea rodeado de agua deja de abrasionar la cera y deja de adsorber lípidos: el polvo se apelmaza y se convierte en barro blanco inerte.

En la práctica, la eficacia cae de forma acusada por encima de un 70-80 % de humedad relativa y es prácticamente nula por encima del 85 %. Y basta el rocío de una noche, un riego por aspersión o una lluvia para anular una aplicación entera.

Consecuencias operativas: se aplica después de la lluvia, no antes; se repite tras cada precipitación y tras cada riego que alcance la zona tratada; se riega por goteo y no por aspersión donde haya tratamiento; y en un otoño lluvioso del norte peninsular sencillamente no es la herramienta adecuada. En cambio, en un verano seco del interior, en un almacén, en un gallinero o en el interior de una vivienda, las condiciones son ideales y el producto rinde.

Existe la aplicación en suspensión acuosa —del orden de 25 a 50 g por litro, pulverizada con boquilla ancha y agitación constante—, útil para cubrir troncos o superficies grandes con menos polvo en el aire. Conviene entender que esa aplicación no actúa hasta que el agua se evapora y queda la película seca: es una forma de repartir el polvo, no una forma de hacerlo funcionar mojado.

No distingue entre plaga y polinizador

El mecanismo es puramente físico y, por tanto, actúa sobre cualquier artrópodo que entre en contacto con el polvo: abejas, abejorros, mariquitas, larvas de crisopa y de sírfido, arañas, avispas parasitoides. Un tratamiento indiscriminado sobre un cultivo en flor mata a los mismos auxiliares que estaban haciendo el trabajo gratis, y a los polinizadores de los que depende la cosecha de frutales, cucurbitáceas y leguminosas.

De ahí tres reglas que no admiten excepción:

Nunca sobre flor abierta. Ni en frutales en floración, ni en calabacín, ni en aromáticas floridas, ni en el arriate de vivaces.
Aplicar al atardecer, cuando la actividad de las abejas ha cesado.
Dirigir, no espolvorear a voleo. El suelo alrededor del cuello de la planta, el tronco, una banda de barrera, el envés de las hojas afectadas: nunca la planta entera y nunca en nube.

Dónde funciona de verdad

Protección de grano y legumbre almacenados. Es el uso mejor documentado y el que da resultados más consistentes, porque un tarro cerrado es un ambiente seco y estable. Mezclada con el producto seco a razón de 0,5 a 1 gramo por kilo (500-1.000 ppm) y agitando para repartirla, controla gorgojos del género Sitophilus y el gorgojo de la judía (Acanthoscelides obtectus). Deja el grano polvoriento; se lava antes de cocinar.

Ácaro rojo del gallinero (Dermanyssus gallinae). Aplicada en las grietas de los posaderos, en los nidales y en el baño de arena de las aves, funciona bien porque el gallinero es seco y el ácaro se desplaza obligatoriamente por esas superficies. Se aplica con las gallinas fuera y con mascarilla, y se repite cada pocas semanas.

Barreras contra plagas caminantes. Una banda de 3 a 5 cm de ancho y 2-3 mm de espesor alrededor del cuello de una planta, del pie de una maceta o del borde de un semillero corta el paso a hormigas, cochinillas de la humedad y, parcialmente, a babosas y caracoles. La limitación de siempre: el rocío de la madrugada, que es justo cuando los gasterópodos se mueven, deja la banda inoperante, de modo que contra babosas es un recurso auxiliar y no una solución.

Interiores y rendijas. Rodapiés, cuadros eléctricos, huecos tras muebles, entradas de hormigas: el interior de una vivienda es seco y oscuro, condiciones perfectas. Contra cucarachas y hormigas, una capa muy fina —una capa gruesa la rodean— aplicada en los recorridos da buen resultado a lo largo de días.

Superficie del sustrato en maceta contra los adultos de mosquita del sustrato (esciáridos). Ayuda, aunque el factor que de verdad corta el ciclo es dejar secar los dos primeros centímetros entre riegos.

Dónde no sirve para nada

Merece la pena tener clara la lista, porque ahorra dinero y tiempo perdidos.

Cualquier plaga que viva dentro del tejido vegetal: larvas minadoras dentro de la hoja, taladros dentro de la madera, larvas de mosca de la fruta o de carpocapsa dentro del fruto. El polvo no llega y no tiene acción sistémica. Efecto nulo.

Hongos, bacterias, virus y nematodos. El mecanismo abrasivo no aplica a organismos sin cutícula cerosa. No es un fungicida.

Araña roja (Tetranychus urticae). Prolifera precisamente en ambiente seco y polvoriento, y el polvo depositado sobre el follaje molesta a sus depredadores más que a ella. Puede empeorar el problema.

Cochinilla algodonosa y cochinillas con caparazón. La capa de cera o el escudo protegen al insecto de la abrasión. Contra estas, el jabón potásico o el aceite de parafina hacen el trabajo mucho mejor.

Pulgón en brote tierno. Algún efecto tiene, pero es lento y exige repetir, y un chorro de agua o una aplicación de jabón potásico resuelve en una tarde lo que la diatomea no termina en una semana.

Suelo mojado, zona de goteo, cultivo bajo aspersión o clima húmedo. Ya se ha dicho: sin sequedad no hay efecto.

Como abono. La diatomita es un 80-90 % de dióxido de silicio con algo de calcio, magnesio y hierro en forma poco soluble. El silicio es un elemento beneficioso para algunas especies, no un nutriente esencial para la mayoría, y el que aporta la diatomita se libera con extrema lentitud. Como enmienda es esencialmente un material inerte: puede mejorar algo la retención de agua y la porosidad de un sustrato —de hecho, los granulados de diatomita calcinada se usan como sustrato de drenaje en bonsái—, pero comprarla para fertilizar es gastar de más.

Como antiparasitario interno de perros, gatos o aves. Este punto conviene decirlo sin rodeos: los ensayos controlados en aves y en ganado no han mostrado una reducción consistente de la carga de parásitos internos al administrarla en la dieta, el mecanismo abrasivo carece de sentido en un tubo digestivo lleno de mucus y agua, y su manipulación implica riesgo de inhalación para el animal y para quien la maneja. Frente a una parasitosis, la vía correcta es el veterinario, que dispone de antiparasitarios eficaces y dosificados. Su utilidad con animales está en el ambiente —cama, grietas, baño de arena—, no dentro del animal.

Dosis y modo de aplicación

Espolvoreo sobre vegetación: 2 a 5 g/m² con un espolvoreador de fuelle, que reparte una película finísima y uniforme. Un montón visible de polvo no es más eficaz: los insectos lo esquivan y la planta pierde luz.
Banda de barrera en suelo: 3-5 cm de ancho, 2-3 mm de espesor, renovada tras cada riego o lluvia.
Grano y legumbre almacenados: 0,5-1 g/kg, mezclando bien.
Gallinero y rendijas: capa fina en grietas, posaderos y nidales, repitiendo cada 2-4 semanas.
Suspensión para troncos y superficies: 25-50 g/l, agitando durante toda la aplicación, y contando con que actúa solo tras secarse.

Momento del día: atardecer, sin viento y sin lluvia prevista en 24 horas. Equipo: mascarilla FFP2, gafas, guantes. Y almacenamiento en envase cerrado y seco, porque una tierra de diatomeas que ha cogido humedad en el cobertizo ya no vale para nada aunque se seque después: los frústulos se apelmazan y pierden la finura que los hacía útiles.

En resumen

Solo se usa tierra de diatomeas natural amorfa de calidad alimentaria. La calcinada de filtros de piscina contiene sílice cristalina, clasificada como cancerígena por inhalación, y no tiene lugar en un jardín. Incluso la buena se aplica con mascarilla FFP2, gafas y guantes, porque el polvo irrita mucosas y reseca la piel.

Mata por abrasión y desecación: rompe la capa de ceras del exoesqueleto y el artrópodo pierde agua. No es un veneno, no deja residuo tóxico y no genera resistencia bioquímica, pero tarda días en actuar y exige contacto directo.

Funciona seca y deja de funcionar mojada. Por encima del 80 % de humedad relativa la eficacia se desploma, y un rocío o un riego por aspersión anulan la aplicación.

No distingue entre plaga y auxiliar: nunca sobre flor abierta, siempre al atardecer y siempre dirigida a una zona concreta, nunca a voleo sobre la planta entera.

Rinde bien en grano y legumbre almacenados, en el gallinero contra el ácaro rojo, en barreras contra hormigas y caminantes y en rendijas de interior. No hace nada contra minadores, taladros, larvas dentro del fruto, hongos, nematodos ni cochinillas protegidas por cera, puede empeorar la araña roja, no es un abono y no debe emplearse como antiparasitario interno de mascotas: para eso, el veterinario.


Contenidos relacionados