A finales de los años cincuenta llegó a Valencia el virus de la tristeza de los cítricos, y en las décadas siguientes hubo que arrancar y replantar millones de naranjos en toda la costa mediterránea española. No fue por la variedad: fue por el patrón. Todos aquellos árboles estaban injertados sobre naranjo amargo, la combinación que el virus hace colapsar por la línea de unión. Aquella reconversión, la mayor de la historia de la citricultura española, se hizo entera a golpe de navaja de injertar.

Conviene tener presente ese episodio antes de injertar un naranjo, porque explica de qué va realmente esta operación. No se injerta para "poner naranjas en un árbol": se injerta para elegir por separado la raíz y la copa, y la raíz es la mitad que decide si el árbol vivirá veinte años o veinte meses.

Injerto de yema realizado en el tronco de un naranjo joven

Qué resuelve el injerto en un naranjo

El naranjo dulce (Citrus sinensis) se puede reproducir de semilla, y además con bastante fidelidad, porque sus pepitas son poliembriónicas: además del embrión sexual llevan embriones nucelares formados a partir de tejido de la madre, que son clones suyos. Aun así, plantar una pepita de naranja y esperar naranjas es un plan a diez años vista, y con mala letra. El plantón de semilla pasa por una fase juvenil larga, crece disparado hacia arriba, se llena de espinas y sus raíces no tienen ninguna virtud especial.

El injerto arregla tres cosas a la vez:

Adelanta la cosecha. Una yema tomada de un árbol adulto ya está en fase productiva; injertada sobre un patrón de dos años, empieza a dar fruta en dos o tres campañas.

Adapta el árbol al suelo. Buena parte del terreno agrícola español es calizo, con pH por encima de 8, y algunas aguas de riego arrastran una salinidad considerable. La resistencia a esas condiciones está en la raíz, no en la variedad.

Reconvierte plantaciones sin arrancarlas. Cambiar una parcela de Navelina a Lane Late reinjertando la copa cuesta dos años de cosecha; arrancar y replantar cuesta seis o siete.

Patrones que se usan hoy en España

La elección es definitiva. Un patrón equivocado no se corrige con abonos ni con poda: se nota a partir del quinto año y ya no hay solución.

Citrange Carrizo y citrange Troyer (C. sinensis × Poncirus trifoliata) son los más plantados para naranjo dulce. Dan buen vigor, tolerancia a la tristeza, buena calidad de fruta y cierta resistencia a Phytophthora. Su punto flaco es la caliza activa: por encima de un 7-8 % amarillean de clorosis férrica y hay que estar corrigiendo con quelatos toda la vida del árbol.

Mandarino Cleopatra (Citrus reshni) es la respuesta clásica al suelo calizo y al agua salina. Aguanta muy bien ambas cosas y tolera la tristeza, pero es lento: retrasa la entrada en producción varios años y tiende a dar fruta algo más pequeña.

Forner-Alcaide 5 y Forner-Alcaide 13, obtenidos en el IVIA cruzando mandarino Cleopatra con Poncirus, se seleccionaron precisamente para juntar lo que faltaba: tolerancia a tristeza, a caliza, a salinidad y a nematodos. Son la elección razonable en plantación nueva en el Levante.

Poncirus trifoliata reduce el tamaño del árbol y da fruta excelente, lo que interesa en plantaciones densas y en árboles de maceta grande, pero es el más sensible de todos a la caliza.

Naranjo amargo (Citrus aurantium) sigue siendo un árbol magnífico por sí mismo —de ahí que llene las calles de Sevilla y Córdoba— y como patrón fue insuperable en suelos pesados. Injertar naranjo dulce sobre él, en cambio, es plantar un árbol condenado en cuanto un pulgón le traiga el virus.

Para el jardín, dos preguntas bastan. ¿Blanquea el suelo, o el agua deja costra en el grifo? Entonces Cleopatra o Forner-Alcaide, no Carrizo puro. ¿El invierno baja de -5 °C? Entonces conviene un patrón con genes de Poncirus, que aporta algo de tolerancia al frío, y aceptar que la copa sigue siendo lo delicado.

El calendario del injertador

La técnica que se puede usar cada mes depende de si la corteza despega o no, y eso depende de la actividad del cambium.

De abril a junio y de agosto a septiembre, con temperatura media por encima de 15 °C y savia en movimiento, la corteza se separa limpiamente y se puede injertar de yema: escudete en T o injerto de chapa. La ventana de finales de verano es la preferida en el Levante: la yema suelda antes de que baje el calor, pasa el invierno dormida y arranca en marzo con la temporada entera por delante.

De febrero a marzo, con el árbol aún parado o recién arrancando, se hacen los injertos de púa: hendidura, corona, injerto de puente. Aquí no hace falta que despegue la corteza en el sentido de la yema, sino que el patrón esté a punto de mover para que empuje savia hacia la púa.

Lo que no funciona es el mes de julio en el interior peninsular. Con 38 °C y aire seco, el escudete se deshidrata mientras lo estás atando. Tampoco funciona diciembre: la savia parada no suelda nada y la herida se queda abierta a la humedad todo el invierno.

Comprueba siempre antes de empezar, con una incisión de prueba en el propio patrón: si al girar la punta de la navaja la corteza se levanta en solapa limpia y aparece una superficie húmeda y verdosa, adelante.

Injertar un patrón joven de yema

El patrón adecuado tiene uno o dos años y el grosor de un lápiz grueso, entre 8 y 15 mm en la zona de injerto.

Prepara la vareta. Córtala de una rama del año ya endurecida, de un naranjo adulto sano y de la variedad que quieres, evitando ramas con flor o fruto y evitando los chupones acuosos. Elimina el limbo de las hojas y deja un centímetro de pecíolo, que servirá de mango y, más adelante, de indicador. Envuelta en papel húmedo dentro de una bolsa aguanta el día sin problema.

Desinfecta la navaja entre árbol y árbol. La exocortis y la cachexia son viroides que pasan de un cítrico a otro solo con la hoja de la herramienta; no hacen falta ni insectos ni raíces en contacto. Lejía doméstica diluida al 10 %, un minuto, y aclarado. Con eso se evita una infección que no tiene tratamiento y que se manifiesta años después en forma de árbol enano y corteza escamosa.

Corte en T. A unos 25-30 cm del suelo, en la cara que no reciba el sol directo del mediodía. Un tajo vertical de 3 cm y otro horizontal de 1 cm arriba, cortando solo corteza. En parcelas con riego a manta o en zonas lluviosas, invierte la T (transversal abajo) para que el agua no se embolse dentro del corte.

Escudete. Con la navaja, arranca de la vareta una lámina de corteza de unos 2,5 cm con la yema en el centro. Antes de meterla, mira el reverso: debe verse un pequeño abultamiento justo detrás de la yema. Si hay un agujerito, el punto de crecimiento se ha quedado en la vareta y ese escudete no va a brotar nunca.

Coloca y ata. Introduce el escudete deslizándolo bajo las solapas y recorta lo que sobre por arriba. Ata con cinta elástica de injertar de abajo arriba, montando cada vuelta sobre la anterior. Firme, sin estrangular. Todo el proceso, desde que sacas el escudete hasta que queda atado, debería llevar menos de un minuto: la superficie de corte se oxida enseguida y una película parda ya no suelda.

Injerto de chapa o de placa. Cuando el patrón es algo más grueso y la corteza demasiado rígida para levantar solapas, la alternativa es sacar un rectángulo de corteza del patrón y sustituirlo por otro idéntico con la yema de la variedad. Prende igual de bien y exige más pulso al medir.

Comprobar el prendimiento y forzar la yema

Tres o cuatro semanas después, toca el pecíolo con el dedo. Si se desprende solo, la yema ha soldado. Si sigue pegado y seco, y el escudete se ha oscurecido, ha fallado y aún estás a tiempo de repetir por el otro lado del tronco si la temporada lo permite.

Afloja la atadura en ese momento. Una cinta olvidada seis meses deja un anillo de estrangulamiento en el tronco por el que el árbol se parte años después.

La yema soldada no brota mientras la copa del patrón siga por encima mandando: hay que quitarle esa dominancia. Corta el patrón unos 12 cm por encima del injerto y usa el tocón como tutor para atar el brote nuevo, que sale tierno y se desgaja con el viento. Cuando el brote de la variedad tenga dos palmos y haya endurecido, elimina el tocón a ras con un corte en bisel hacia el lado opuesto. Si el injerto fue de septiembre, este forzado se hace en febrero o marzo.

Y desde ese día, revisión periódica del pie. Todo lo que brote por debajo de la línea de injerto es patrón: en los citranges se reconoce sin dudar porque saca hojas trifoliadas, tres foliolos en lugar de uno. Arráncalos de un tirón hacia abajo cuando aún son tiernos, no los cortes dejando muñón. Un chupón de citrange consentido durante una primavera crece el doble que el injerto y en dos años se ha quedado con el árbol, que entonces dará unos frutos pequeños, amargos y llenos de pepitas. Ese es el final de los naranjos "que se volvieron amargos" de los que se oye hablar: no se volvió nada, ganó el patrón.

Cambiar de variedad en un naranjo adulto

El reinjerto de copa es una operación habitual en el campo español y perfectamente asumible en un jardín. Sirve para pasar de una variedad de recolección temprana a una tardía, o para reconvertir un naranjo de fruta mediocre.

Se desmocha el árbol en febrero o marzo, dejando tres o cuatro brazos principales cortados a una altura cómoda y con un diámetro de entre 5 y 12 cm. En cada brazo se colocan dos púas, por hendidura o por corona bajo la corteza, cada una con dos o tres yemas y con un bisel largo y limpio de unos 4 cm. Repartir varios puntos de injerto reparte también el riesgo y evita que la copa nueva salga de un solo cuello frágil.

Dos cuidados marcan la diferencia:

Blanquear toda la madera expuesta con pintura de cal o blanco de injertar. La corteza de un naranjo que ha vivido treinta años bajo su propia sombra no está preparada para el sol de junio: se quema, se agrieta y por ahí entra la gomosis. Este paso no es opcional en el sur peninsular.

Dejar un brazo "tirasavia" sin injertar durante el primer verano, con sus hojas. El árbol necesita algo de superficie foliar para no colapsar mientras las púas arrancan, y ese brazo se elimina al invierno siguiente, cuando la copa nueva ya funciona sola. Desmochar a cero y esperar es lo que hace que un reinjerto se seque entero en agosto.

Como todos los cítricos son entre sí injertables, la tentación del árbol con cuatro frutas distintas aparece sola. Funciona, pero exige mano: el limonero y el pomelo crecen mucho más deprisa que el naranjo dulce y, sin una poda anual que los frene, en cuatro años se han comido las ramas de naranja.

El injerto de puente, para salvar un árbol dañado

Merece un apartado porque casi nunca se plantea y salva árboles que se dan por perdidos. Cuando un naranjo tiene el tronco anillado —por una gomosis de Phytophthora que ha destruido la corteza en toda la circunferencia, por roedores en invierno, o por un roce de desbrozadora— la savia elaborada deja de bajar a las raíces y el árbol muere, aunque tarde una temporada en hacerlo.

La solución es puentear la zona muerta. En primavera temprana, con la corteza ya despegable, se limpia la herida hasta madera sana, se levantan solapas de corteza por encima y por debajo del anillo dañado y se insertan cuatro o cinco púas de un año, biseladas por los dos extremos, salvando el hueco. Se clavan con puntillas finas, se sellan y se protegen del sol. Si prenden, esas púas engrosan, se sueldan y reconstruyen la conexión entre copa y raíz. En árboles con valor —un naranjo viejo de patio, un ejemplar bien formado— la operación merece el intento antes de coger la motosierra.

Errores que cuestan el árbol

Plantar con la unión enterrada. La línea de injerto tiene que quedar bien visible por encima del suelo y fuera del alcance del agua de riego. Enterrada, la variedad echa raíces propias y anula al patrón, y la humedad constante en la unión invita a la gomosis, que en cítricos empieza casi siempre exactamente ahí.

Tomar yemas de un árbol enfermo por tenerlo a mano. Un naranjo con hojas moteadas, nervios amarillos o brotes deformes puede llevar viroides o virus que pasarán al árbol nuevo. En plantación comercial la normativa española exige material vegetal certificado precisamente por esto, y el movimiento de plantas de cítrico entre zonas está regulado por el riesgo de plagas de cuarentena.

Regar por aspersión mojando el injerto. Agua sobre la unión, cinta que retiene humedad y hongos de suelo: la combinación pudre escudetes que ya habían prendido.

Abonar fuerte con nitrógeno justo antes de injertar. Tejido acuoso, blando, que suelda mal. El abonado va después del prendimiento, para empujar el brote nuevo.

Injertar con temperaturas extremas. Por debajo de 13 °C el cambium apenas se divide; por encima de 35 °C, y sobre todo con viento seco, la desecación gana la carrera a la soldadura. La franja cómoda para cicatrizar está entre 18 y 27 °C.

En resumen

Injertar un naranjo es sencillo de ejecutar y exigente de planificar. El patrón se elige antes que nada, mirando la caliza del suelo, la salinidad del agua y las heladas de la zona: citranges Carrizo o Troyer donde el suelo lo permita, mandarino Cleopatra o los híbridos Forner-Alcaide donde haya caliza o sal, y naranjo amargo descartado como patrón por la tristeza, por magnífico que sea como árbol ornamental.

La época manda sobre la técnica: yema en T o de chapa entre abril y junio o entre agosto y septiembre, con la corteza despegando; púa por hendidura o corona en febrero y marzo para reinjertar árboles hechos. Navaja afilada y desinfectada con lejía diluida, vareta agostada con el pecíolo recortado, escudete con el punto de crecimiento intacto y atado inmediato.

Y luego lo que de verdad decide el resultado: comprobar el pecíolo a las tres semanas, aflojar la cinta, forzar la yema en marzo cortando el patrón por encima, blanquear la madera expuesta si has reinjertado la copa, y arrancar sin piedad todo lo que brote por debajo de la unión durante los primeros años. Los brotes trifoliados del patrón no son un detalle estético: son el árbol que quieres perdiendo la partida.


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