Un tarro de cristal cerrado, colocado en una repisa donde le dé el sol de julio a través de la ventana, supera los 45 °C en el interior en poco más de una hora. Las Fittonia que había dentro salen de esa tarde traslúcidas y babosas, y no se recuperan. No es un problema de riego ni de haber elegido mal las plantas: es puro efecto invernadero, y basta una tarde.

Con eso fuera del camino, montar un terrario en un recipiente reciclado es de las cosas más agradecidas que se pueden hacer con un rato libre y quince euros. Lo que sigue son ideas de recipiente, pero sobre todo el criterio para saber qué planta va en cada uno, porque el envase determina el microclima y el microclima determina qué sobrevive.

Terrario de cristal con plantas de interior

Lo primero: ¿cerrado o abierto?

Todo lo demás depende de esta decisión, así que conviene tomarla antes de comprar una sola planta.

Un terrario cerrado —tarro con tapa, bombona con corcho, caja de cristal con cierre— recicla su propia agua. La humedad se evapora, condensa en el vidrio y vuelve al sustrato. La humedad relativa interior se queda entre el 80 y el 100 %, y ahí solo prosperan plantas de sotobosque tropical húmedo: Fittonia albivenis, Peperomia de hoja pequeña, Soleirolia soleirolii (lágrimas de ángel), Pilea depressa, Hypoestes phyllostachya, Selaginella, Ficus pumila, helechos pequeños como Pteris cretica o Asplenium, y musgo.

Un terrario abierto —bol, copa ancha, pecera sin tapa, bandeja de cristal— pierde humedad constantemente y se seca. Ese es el sitio de las suculentas y cactus pequeños: Haworthia, Echeveria, Crassula, Sedum, Gasteria, Sempervivum.

Ahora la parte que se ignora por sistema: estas dos listas no se mezclan jamás. Un jardincito de suculentas dentro de un tarro con tapa está muerto en tres o cuatro semanas; la Echeveria se pone traslúcida por la base, el tallo se vuelve marrón blando y la planta se cae de lado. Las suculentas necesitan que el sustrato se seque del todo entre riegos y aire circulando alrededor de la hoja, y en un recipiente sellado no se da ninguna de las dos condiciones. Las fotos preciosas de suculentas en bombonas cerradas que circulan por internet son montajes de estudio hechos para la foto, no terrarios que lleven meses vivos.

Las capas, y qué hace realmente cada una

De abajo arriba, en un recipiente sin agujero de drenaje —que son todos estos—:

Drenaje, 2-3 cm. Arlita (leca), grava lavada, picón o guijarros. Es la reserva donde va a parar el agua sobrante, para que la raíz no quede sumergida. Sin esta capa, un riego de más se queda en el fondo y pudre todo desde abajo. Con recipientes bajos de menos de 12 cm de alto, redúcela a 1,5 cm o te quedas sin sitio para la raíz.

Separador. Un trozo de malla mosquitera, geotextil o fibra de coco. Impide que el sustrato se cuele entre la grava y acabe convirtiendo el drenaje en barro. Un calcetín viejo de nailon cortado sirve perfectamente.

Carbón activo, una capa fina. Aquí conviene ser honesto: se recomienda en todas partes como si fuera un filtro permanente, y no lo es. Adsorbe compuestos y olores hasta que se satura, y luego es solo un material inerte más. Ayuda los primeros meses en un cerrado y no estorba, pero no compensa un exceso de riego ni evita los hongos. Si no tienes, no pasa nada; si tienes, ponlo.

Sustrato, 4-6 cm como mínimo. Para tropicales de terrario cerrado: turba o fibra de coco con un 20-30 % de perlita y algo de corteza fina. Para suculentas: sustrato de cactus con un 50 % añadido de arena gruesa lavada o puzolana. En los dos casos, sustrato de saco, nunca tierra del jardín ni de una maceta usada: la tierra de exterior entra con larvas de mosquita del sustrato, semillas de mala hierba y esporas de hongos que en un ambiente cerrado y templado se multiplican sin freno.

Decoración. Musgo, corteza, piedras, ramitas. Estético y, en el caso del musgo, útil para frenar la evaporación en un abierto.

De la linterna al embudo: qué recipiente pide qué planta

Casi cualquier cristal transparente vale. Lo que cambia entre uno y otro es la boca, el volumen y si cierra o no.

Farolillo o linterna de vela. Estructura metálica con cristales y una portezuela lateral. No cierra hermético, así que se comporta como un semicerrado: humedad alta pero con renovación de aire, que es un punto medio muy cómodo. Va bien con helechos pequeños y musgo. Dos precauciones concretas: comprueba que la base sea estanca de verdad, porque muchos faroles baratos tienen el fondo ensamblado y gotean sobre el mueble; y ten en cuenta que el metal se oxida con la humedad constante, así que descarta los de hojalata fina.

Bol de vidrio o ensaladera. Boca ancha, poca altura, evaporación rápida. Es el envase ideal para suculentas y no lo es para nada tropical. Al ser tan bajo, ajusta las capas: 1,5 cm de grava, sin separador si quieres ganar sitio, y 5 cm de mezcla arenosa. Riega con jeringuilla o pipeta directamente en la base de cada planta, unos 10-15 ml por planta cada dos o tres semanas, y nunca mojando la roseta.

Terrario montado en un bol de cristal transparente

Cafetera de émbolo (prensa francesa). Quita el émbolo y el filtro y te queda un cilindro alto y estrecho. Es bonito y es incómodo: la boca angosta obliga a plantar con pinzas largas y a manejarse con un embudo de papel para meter el sustrato sin ensuciar las paredes. Aprovecha la forma vertical con una sola planta que crezca hacia arriba —un helecho pequeño— o con una columna de musgo. La tapa metálica puesta encima funciona como cierre parcial y se puede girar para abrir o cerrar el paso de aire, que es una ventaja real.

Pecera o esfera colgante con abertura lateral. Colgada queda espectacular, pero recuerda que el aire caliente se acumula arriba: a la altura del techo de un salón en verano puede haber cuatro o cinco grados más que a la altura de una mesa. Colgar y olvidarse es la receta para encontrarla seca. Cuélgala a la altura de los ojos, no del techo, y lejos del radiador.

Joyero o caja de cristal con perfil metálico. Es en la práctica una caja de Ward en miniatura, el invento victoriano con el que se transportaban plantas vivas en barco durante meses. Funciona muy bien con Fittonia, Selaginella y musgo, porque el cierre imperfecto da algo de ventilación. Si la caja lleva forro de terciopelo o fieltro por dentro, arráncalo antes: se empapa, cría moho y huele.

Tetera de cristal. El pitorro, que parece un estorbo, es lo mejor que tiene: ventila lo justo para que no se sature de humedad y permite añadir agua con un cuentagotas sin desmontar nada ni tocar las hojas. Con la tapa puesta es un cerrado; sin ella, un abierto. Un terrario con dos modos.

Embudos de laboratorio y probetas. Preciosos y de capacidad ridícula. Con 3 o 4 cm de sustrato no hay raíz que se sostenga a medio plazo: úsalos para tillandsias, para un esqueje enraizado de Ficus pumila que irás renovando, o directamente como decoración con musgo seco. No esperes un ecosistema.

Las plantas de aire son otro asunto

Las tillandsias (Tillandsia ionantha, T. xerographica, T. usneoides) aparecen constantemente en fotos de terrarios y funcionan con reglas distintas a todo lo anterior.

No llevan sustrato. Ni tierra, ni musgo alrededor de la base, ni fibra de coco. Absorben agua y nutrientes por unas escamas de la hoja llamadas tricomas, y sus raíces, cuando las tienen, son solo para agarrarse. El musgo húmedo apelotonado bajo la roseta retiene agua en el punto exacto donde no debe haberla y pudre el centro de la planta: se detecta cuando tiras suavemente de la roseta y se deshace en hojas sueltas. Colócalas apoyadas sobre grava, sobre corcho o sobre un soporte, con la base al aire.

Riego por inmersión. Sumérgelas 20-30 minutos una vez por semana, o dos veces por semana en pisos con calefacción seca en invierno. Después —y esto es lo que decide si vive— sacúdelas y déjalas boca abajo hasta que estén completamente secas, idealmente en menos de tres o cuatro horas. Si se quedan con agua embalsada en la axila de las hojas, se pudren.

Agua. En buena parte de España el agua del grifo es dura, y las tillandsias acumulan las sales de calcio en los tricomas hasta bloquear la absorción; se ve como un velo blanquecino y la planta va perdiendo color. Usa agua de lluvia, agua embotellada de mineralización muy débil o agua del grifo reposada 24 horas si tu zona tiene agua blanda. Nada de agua destilada pura de forma continuada, que no aporta nada.

Aire. Necesitan corriente. Meterlas en un tarro cerrado es matarlas.

Luz y temperatura, que es donde se pierden

Luz indirecta brillante. Una ventana orientada al norte, o a uno o dos metros de una ventana al este o al sur con visillo. Es la posición que quieren casi todas las plantas de terrario, que en su hábitat viven en el suelo del bosque, bajo copas.

Sol directo sobre cristal, nunca. Volvemos a la primera frase del artículo porque no hay otro descuido que haga tanto daño en tan poco tiempo. El vidrio deja entrar la radiación y no deja salir el calor; en un recipiente cerrado, el interior sube muy por encima de la temperatura de la habitación en cuestión de minutos. Un alféizar orientado al sur en un julio castellano cocina un terrario en una sola tarde. Y de paso, un cristal curvo puede concentrar la luz como una lupa y quemar puntos concretos de la hoja.

Temperatura. Entre 18 y 26 °C están cómodas. Por debajo de 12 °C las tropicales empiezan a sufrir, así que lejos de ventanas frías en invierno; y lejos también del radiador, del portátil y de la vitrocerámica.

Si el sitio bonito de la casa no tiene luz suficiente, una tira LED de espectro completo a 20-30 cm por encima, encendida 10-12 horas al día con un temporizador de enchufe, resuelve el problema por muy poco dinero.

Regar un terrario cerrado: leer el cristal

Es lo que más cuesta entender porque va contra la costumbre. Un cerrado bien montado no se riega prácticamente nunca, y hay quien lleva años sin abrir el suyo.

En el montaje, humedece el sustrato hasta que esté como una esponja escurrida, sin que quede agua libre visible entre la grava del fondo. Para un tarro de tres litros son unos 80-100 ml. Cierra y observa durante la primera semana.

El indicador está en la condensación, y se lee así:

Vaho ligero por la mañana que desaparece a mediodía: el punto exacto. No toques nada.

Cristal empañado de forma permanente, sin ver el interior, y gotas grandes resbalando: hay exceso de agua. Destapa unas horas al día durante varios días hasta que se equilibre. Si sigue igual, saca el conjunto y airea el sustrato.

Nada de condensación en ningún momento y sustrato claro al tacto: falta agua. Añade con pulverizador o jeringuilla, 20-30 ml, y espera dos días antes de volver a juzgar.

Un moho blanco algodonoso sobre la corteza o el sustrato en las primeras semanas es normal y suele desaparecer solo cuando el sistema se estabiliza; retira lo visible con unas pinzas y ventila. Si el moho aparece sobre las hojas, hay demasiada humedad y poca circulación: destapa. Y si quieres una solución de fondo, introduce colémbolos (Folsomia candida), unos artrópodos diminutos que se venden precisamente para esto, se comen el moho y los restos vegetales y no dañan la planta viva.

Fallos que arruinan el montaje

Recoger musgo del monte. Además de traer plagas y de ser un musgo adaptado a exterior que en interior amarillea, la recolección de musgo y líquenes está regulada o directamente prohibida en muchas comunidades autónomas, y arrancarlo destruye un hábitat que tarda años en rehacerse. Cómpralo preservado o cultivado.

Meter plantas que van a crecer demasiado. Un Ficus benjamina o una Dieffenbachia de vivero acaban tocando el cristal en meses. Elige ejemplares de maceta de 5-6 cm y especies de porte pequeño; y aun así, cuenta con recortar la Fittonia y el Ficus pumila cada seis u ocho meses.

Apretar el sustrato. Compactar la tierra al plantar expulsa el aire de la raíz. Asiéntalo con suavidad y ya.

Amontonar demasiadas plantas. Tres o cuatro en un recipiente de tres litros son bastantes. Sin aire entre ellas, la humedad se estanca y aparecen las podredumbres.

Olvidar a los animales de casa. Varias plantas habituales en estos montajes no son inocuas: la savia lechosa de las Euphorbia —muchos "cactus" de tienda lo son— irrita piel y ojos y es peligrosa si llega a la boca, y la Dieffenbachia provoca inflamación bucal. Si tienes gato, un terrario cerrado con tapa firme y en alto es más seguro que un bol abierto.

Herramientas. Para bocas estrechas, pinzas largas de acuarofilia, palillos chinos, una cuchara atada a una varilla y un tapón de corcho pinchado en un palo para asentar el sustrato. Con eso se planta cualquier cosa sin meter la mano.

En resumen

Prácticamente cualquier recipiente de cristal transparente sirve —farol, bol, cafetera de émbolo, joyero, tetera, pecera—, y lo que decide el resultado es si cierra o no. Cerrado significa humedad alta permanente y plantas de sotobosque tropical: Fittonia, Peperomia, Pilea, helechos pequeños, musgo. Abierto significa aire seco y suculentas. Meter suculentas en un tarro con tapa es condenarlas a pudrirse en un mes.

Monta por capas: 2-3 cm de arlita o grava, un separador de malla, una pizca de carbón activo (que ayuda unos meses, no para siempre) y 4-6 cm de sustrato de saco, nunca tierra de jardín. Las tillandsias van aparte: sin sustrato ninguno, remojo semanal de 20-30 minutos, secado completo boca abajo y agua poco mineralizada.

Coloca el conjunto en luz indirecta brillante y nunca al sol directo, porque el vidrio convierte una tarde soleada en un horno. Y riega leyendo la condensación: vaho por la mañana que se disipa a mediodía es la señal de que está todo bien y de que no tienes que hacer nada.


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