El guano es el excremento acumulado de aves marinas y de murciélagos, depositado durante siglos en lugares donde apenas llueve —islas y acantilados de la costa del Pacífico sudamericano, cuevas de zonas cálidas y secas—, lo que ha permitido que se conserve sin lavarse ni descomponerse del todo. Esa combinación de origen y clima es lo que lo convierte en un fertilizante extraordinariamente concentrado, y no en un estiércol cualquiera.
Conviene entender bien qué es antes de comprarlo, porque en los centros de jardinería se vende bajo etiquetas muy diversas y con composiciones que no tienen nada que ver entre sí. Un guano de ave marina peruano y un guano de murciélago de cueva son productos distintos, con usos distintos, y usarlos indistintamente es el primer error.
Por qué el guano es tan potente
La razón es climática. En la mayor parte del planeta, los excrementos de las aves se descomponen y sus nutrientes se lavan con la lluvia en cuestión de semanas. En la costa desértica del Perú y el norte de Chile, donde la corriente de Humboldt genera una franja de aridez extrema, las colonias de guanay (Leucocarbo bougainvillii), piquero (Sula variegata) y pelícano peruano llevan milenios depositando excrementos que casi nunca se mojan. El resultado son depósitos de varios metros de espesor en los que el nitrógeno, el fósforo y la materia orgánica se han concentrado en lugar de perderse.
Ese es el motivo por el que el guano fue durante el siglo XIX un producto estratégico de escala mundial, con guerras de por medio, y por el que sigue siendo el abono orgánico más rico que se puede comprar. Como referencia, un estiércol de vaca compostado ronda el 0,5-1 % de nitrógeno; un guano de ave marina de buena calidad puede superar el 10 %.
Los dos guanos: de ave marina y de murciélago
Guano de ave marina. Es el clásico, el peruano. Su rasgo definitorio es un contenido de nitrógeno muy alto junto con bastante fósforo. Las cifras comerciales habituales van en torno a un NPK de 10-10-2, aunque hay lotes que rondan el 12-11-2 y otros más bajos según profundidad y antigüedad del depósito. El potasio siempre es escaso, porque es el elemento más soluble y el que primero se lava. Aporta además calcio, magnesio, azufre y micronutrientes en cantidades apreciables.
Guano de murciélago. Aquí la composición depende de lo que coman los murciélagos. El de especies insectívoras es más rico en nitrógeno; el de especies frugívoras, más rico en fósforo. Y el guano de cueva muy antiguo, mineralizado, ha perdido casi todo el nitrógeno y queda como un producto casi exclusivamente fosfatado, con valores del tipo 0-10-0 o 2-14-1. Ese es el que interesa para inducir floración y fructificación. La confusión es frecuente: mucha gente compra guano de murciélago esperando el efecto de crecimiento del de ave marina y obtiene lo contrario.
La consecuencia práctica es sencilla. Guano de ave marina en la fase de crecimiento vegetativo, cuando la planta debe hacer hoja y estructura. Guano de murciélago fosfatado en la fase de floración y cuajado. Si compras uno solo y lo aplicas todo el año, estarás desequilibrando algo.
Formas de presentación y dosis
El guano se vende en polvo, en pellets o granulado, y en extracto líquido. Cambia la velocidad de acción, no la naturaleza del producto.
El polvo es el más rápido y también el más agresivo. El granulado o peletizado libera más despacio y es más manejable, mejor opción para el jardinero medio. El líquido es un extracto para fertirrigación, de efecto casi inmediato y duración corta.
Sobre dosis, y aquí conviene ser conservador porque el guano perdona poco:
En plantas en maceta, entre 5 y 10 gramos por litro de sustrato mezclados en el trasplante —una cucharada sopera rasa por cada maceta de dos litros, aproximadamente—. Nunca dejar el guano en contacto directo con las raíces desnudas: se mezcla con el sustrato o se pone una capa de sustrato limpio entre medias.
En huerto y arriates, entre 50 y 100 gramos por metro cuadrado incorporados en los primeros diez centímetros de suelo, dos o tres semanas antes de plantar. En suelos ya fértiles quédate en la parte baja del rango.
En abonado de cobertera, espolvorear alrededor de la planta sin tocar el cuello, rastrillar ligeramente y regar a continuación. El riego posterior no es opcional: sin agua, el guano se queda en superficie, pierde nitrógeno por volatilización amoniacal y no llega a la raíz.
En extracto líquido, sigue la dilución del fabricante, que suele estar entre 2 y 5 ml por litro de agua, cada diez o quince días durante la temporada de crecimiento.
Un guano granulado aplicado al suelo tiene un efecto de entre dos y tres meses. No hace falta repetir cada quince días.
El error más frecuente: tratarlo como si fuera compost
Esta es la creencia que más plantas mata. Mucha gente asume que, por ser natural, el guano se puede usar a discreción. No es así. Con un 10 % de nitrógeno y una salinidad considerable, el guano se comporta más como un abono mineral concentrado que como una enmienda orgánica.
Una sobredosis produce quemadura de raíz por presión osmótica: la disolución del suelo se vuelve tan concentrada que la raíz pierde agua en lugar de absorberla. Los síntomas son bordes de hoja secos y quebradizos, marchitez con el sustrato húmedo y, en casos serios, muerte de la planta. Si ocurre, la única solución es lavar el sustrato regando abundantemente con agua limpia varias veces para arrastrar las sales.
El guano tampoco mejora la estructura del suelo. No aporta volumen ni esponjosidad ni retención de agua, porque la cantidad que se aplica es mínima. Si tu suelo es compacto o arenoso, necesitas compost, estiércol compostado o mantillo, y el guano va aparte como complemento nutricional. Son cosas distintas y no se sustituyen.
Cuándo usarlo y cuándo no
Funciona muy bien en hortalizas de hoja —lechuga, acelga, espinaca, col—, que responden con fuerza al nitrógeno; en frutales y hortalizas de fruto usando el fosfatado antes de la floración; en rosales, con una aplicación de guano de ave marina a finales de invierno tras la poda; y en plantas de flor en maceta, donde el sustrato se agota rápido.
No lo uses, en cambio, en plantas mediterráneas de suelo pobre: lavanda (Lavandula angustifolia), romero (Salvia rosmarinus), tomillo (Thymus vulgaris), jara, salvia. Estas especies están adaptadas a suelos escasos en nutrientes; con exceso de nitrógeno crecen blandas, se ahílan, pierden concentración de aceites esenciales —es decir, aroma y sabor— y se vuelven mucho más sensibles al frío y a los hongos. Es un error muy común en jardines mediterráneos españoles: abonar generosamente aromáticas que precisamente prosperan porque nadie las abona.
Tampoco en cactus y suculentas más allá de dosis muy pequeñas y puntuales, ni en leguminosas —judías, guisantes, habas—, que fijan su propio nitrógeno atmosférico gracias a las bacterias del género Rhizobium y a las que un exceso de nitrógeno les hace producir follaje en lugar de vaina.
Y cuidado con el momento: aplicar guano rico en nitrógeno a finales de verano o en otoño a arbustos y frutales estimula brotes tiernos que no llegan a lignificar antes de las primeras heladas y se pierden. El nitrógeno se aplica de finales de invierno a mediados de verano; a partir de ahí, si acaso, fósforo y potasio.
Manejo, olor y seguridad
El guano huele, sobre todo el fresco y el líquido. En interior, esperar unas horas después de aplicar antes de estar mucho tiempo en la habitación es razonable.
Usa guantes y mascarilla antipolvo al manipular el polvo. No es paranoia: el guano de murciélago de cueva puede contener esporas de Histoplasma capsulatum, el hongo que causa la histoplasmosis, una infección respiratoria que se contrae inhalando polvo contaminado. El riesgo con producto comercial tratado y envasado es bajo, pero la precaución cuesta nada. Guárdalo en un recipiente cerrado, en seco, fuera del alcance de niños y mascotas: los perros lo encuentran apetecible y una ingestión considerable provoca gastroenteritis seria.
Un apunte sobre sostenibilidad
El guano es un recurso renovable solo en teoría. Se regenera a un ritmo muchísimo más lento del que se extrae, y la explotación intensiva del siglo XIX y XX diezmó las poblaciones de aves marinas que lo producen. Hoy la extracción en Perú está regulada por ciclos que dejan descansar las islas varios años, pero el producto sigue siendo limitado y su transporte hasta Europa tiene un coste ambiental que no aparece en la etiqueta.
Dicho sin dramatismo: el guano es un excelente refuerzo puntual, no la base de la fertilidad de un jardín. Esa base la dan el compost propio, los restos de poda triturados, el acolchado y el estiércol local compostado. El guano llega después, para aportar la concentración que esos materiales no tienen.
En resumen
El guano es el abono orgánico más concentrado que existe, con hasta un 10 % de nitrógeno en el de ave marina y un perfil marcadamente fosfatado en el de murciélago mineralizado. Elige el primero para crecimiento vegetativo y el segundo para floración y fructificación, y no los uses indistintamente.
Dosifica con prudencia —5 a 10 g por litro de sustrato en maceta, 50 a 100 g por metro cuadrado en suelo— y riega siempre después de aplicarlo. Recuerda que su potencia lo acerca más a un fertilizante mineral que a una enmienda: no mejora la estructura del suelo y en exceso quema las raíces. Mantenlo lejos de aromáticas mediterráneas, leguminosas y suculentas, y no lo apliques con nitrógeno alto entrado el otoño. Bien usado, es una herramienta excelente. Usado como si fuera compost, es una forma cara de estropear un cultivo.