Hacer compost es más sencillo de lo que parece y casi todo lo que sale mal se reduce a dos cosas: la proporción entre materiales y la falta de aire. Si aciertas en esas, el montón se calienta solo, no huele y en unos meses tienes el mejor abono que vas a echarle a tu jardín, hecho con lo que ibas a tirar.
La proporción, que es el 80% del asunto
Todo lo que echas al montón entra en una de dos categorías:
Verdes, ricos en nitrógeno y húmedos: restos de fruta y verdura, césped recién segado, posos de café, restos de poda tierna, malas hierbas sin semilla, estiércol.
Marrones, ricos en carbono y secos: hojas secas, paja, cartón sin tinta plastificada, serrín de madera no tratada, ramas trituradas, papel de cocina usado.
La proporción que funciona es aproximadamente dos o tres partes de marrón por cada una de verde, medido en volumen, no en peso. Y aquí está el error clásico: la mayoría de la gente acumula verdes —restos de cocina, césped— y se queda corta de marrones. El resultado es una masa apelmazada, maloliente y llena de moscas.
Consejo práctico: guarda un saco de hojas secas en otoño junto a la compostera. Es exactamente lo que te va a faltar en primavera y verano.
Paso a paso
1. Elige el sitio. En semisombra, sobre tierra desnuda y no sobre solado. El contacto con el suelo permite que suban lombrices y microorganismos, que son quienes hacen el trabajo. Con acceso cómodo para voltear y con un punto de agua cerca.
2. Empieza por una base gruesa. Unos 10 o 15 centímetros de ramas y material leñoso en el fondo. Esto crea una cámara de aire y drena, y evita que la parte baja se encharque, que es donde empiezan casi todos los problemas.
3. Ve alternando capas. Una de verdes de unos cinco centímetros, dos o tres de marrones. No hace falta ser exacto, pero sí evitar meter un montón grande de una sola cosa.
4. Trocea. Cuanto más pequeño, más rápido. Un tronco entero tarda años; el mismo tronco triturado, meses.
5. Humedece según montas. Debe quedar como una esponja escurrida: húmedo al tacto pero sin soltar agua al apretar un puñado.
6. Cubre. Con una tapa, una lona o una capa de paja, para que la lluvia no lo empape ni el sol lo seque.
Voltear: lo que separa tres meses de un año
La descomposición rápida es aeróbica: necesita oxígeno. Si el montón se compacta, las bacterias que trabajan sin aire toman el relevo, el proceso se vuelve lentísimo y aparece el olor.
Voltea cada dos o tres semanas, pasando el material de fuera hacia dentro con una horca. En un montón bien montado notarás calor al abrirlo: entre 50 y 65 grados en los primeros días, que es lo que mata semillas de malas hierbas y patógenos.
Si nunca se calienta, suele faltar volumen —un montón por debajo de un metro cúbico pierde calor demasiado rápido— o faltan verdes.
Qué no echar
Carne, pescado, lácteos y grasas. Atraen roedores y huelen mal.
Excrementos de perro y gato. Pueden llevar parásitos que resisten el compostaje doméstico.
Plantas enfermas y malas hierbas con semilla, salvo que estés seguro de alcanzar temperaturas altas de forma sostenida.
Restos de poda tratados con fitosanitarios persistentes, y madera tratada o pintada.
Ceniza en cantidad. Sube mucho el pH. Un puñado ocasional no pasa nada; una chimenea entera, sí.
Cítricos y cebolla en exceso. No están prohibidos, pero en cantidad acidifican y molestan a las lombrices. Repártelos.
Diagnóstico rápido de problemas
Huele a podrido o a amoníaco. Demasiado verde y poco aire. Añade marrones y voltea.
No pasa nada, sigue igual que el primer día. Falta humedad o falta nitrógeno. Riega y añade verdes.
Está seco y polvoriento. Riega mientras volteas, no solo por encima.
Nunca se calienta. Poco volumen o material demasiado grueso. Junta más cantidad y trocea.
Moscas de la fruta. Restos de cocina expuestos en superficie. Entiérralos siempre bajo una capa de marrones.
Hormigas. Señal de que está demasiado seco.
Cuándo está listo y cómo usarlo
Entre tres y seis meses si volteas con regularidad y troceas; hasta un año si lo dejas a su aire.
Sabrás que está terminado porque es oscuro, desmenuzable, huele a tierra de bosque y no reconoces los materiales originales. Ya no se calienta al voltearlo.
Úsalo como enmienda, no como sustrato: dos o tres centímetros extendidos sobre la superficie del jardín en otoño o primavera, o mezclado en un 20 o 30% con el sustrato de las macetas. Compost puro en maceta retiene demasiado y suele traer exceso de sales.
Si tienes prisa, tamízalo y devuelve lo grueso al montón nuevo, que además hace de iniciador.
En resumen
Dos o tres partes de marrón por una de verde, base de ramas para que drene, humedad de esponja escurrida y volteo cada dos o tres semanas. Si huele, faltan marrones y aire; si no pasa nada, falta agua o nitrógeno. Y cuando esté hecho, va por encima del suelo, no como sustrato.