Un fruto aplastado por los polos, con costillas profundas marcadas desde el pedúnculo y el hombro todavía verdoso cuando el resto ya ha virado: así se reconoce un Marmande legítimo antes de cortarlo. Al abrirlo aparece la otra mitad de su fama: carne densa, pocos lóculos, poco líquido y semillas escasas.

El nombre viene de Marmande, en el departamento francés de Lot-et-Garonne, donde se seleccionó a comienzos del siglo XX a partir de material italiano y francés. Es un Solanum lycopersicum de polinización abierta, no un híbrido, salvo en las selecciones comerciales tipo Marmande VR, que incorporan resistencias a Verticillium y Fusarium. En el huerto español se comporta como variedad temprana y agradecida, con un par de puntos débiles muy concretos que conviene conocer antes de plantar.

Frutos de tomate Marmande aplastados y con costillas marcadas

Cómo es la planta y cómo es el fruto

La mata es semideterminada. Esto importa más de lo que parece, porque en muchos catálogos aparece descrita como «mata baja» y el hortelano la planta sin tutor. En la práctica, las estirpes que circulan hoy alcanzan entre 1,2 y 1,6 metros, cargan fruto pesado y se tumban con el primer viento de junio. Hay que entutorarla igual que a una mata indeterminada; lo que cambia es que su crecimiento se frena solo tras seis u ocho ramilletes, en lugar de seguir hasta las heladas.

El fruto pesa entre 150 y 300 gramos, achatado y acostillado, de piel fina. La carne es firme y con poco jugo, lo que la hace excelente en crudo: ensalada, tomate aliñado, pan con aceite, relleno al horno. Para conserva triturada rinde peor que un tipo pera, no por sabor sino por rendimiento: la piel fina se deshace y hay que colar más.

Es una variedad temprana. Los primeros frutos maduran entre 70 y 85 días desde el trasplante, unas dos o tres semanas antes que un tomate de mata grande tipo Corazón de buey. En zonas de verano muy caliente esa precocidad es su mejor baza: cuaja la primera tanda antes de que llegue el calor que esteriliza el polen.

El lío con el RAF y con el Montserrat

Mucha confusión de vivero se aclara con un dato: RAF son las siglas de «Resistente Al Fusarium». No es un lugar ni un apellido. Se obtuvo en los años sesenta trabajando precisamente sobre material Marmande para incorporar resistencia a la fusariosis vascular, y por eso el RAF conserva la forma achatada, el acostillado y el hombro verde de su antecesor. La diferencia práctica está en el cultivo: el RAF da su sabor característico cuando se riega con agua salina y en invernadero de Almería; sembrado en un huerto de secano regado con agua dulce, produce un tomate correcto pero sin nada de aquello por lo que se paga.

El Montserrat catalán tampoco es un Marmande, aunque compartan silueta desde lejos. El Montserrat es hueco por dentro, con lóculos vacíos que lo hacen ideal para rellenar; el Marmande es macizo. Si al cortar un supuesto Montserrat encuentra carne llena, le han vendido otra cosa.

Semillero y trasplante

La siembra se hace en semillero protegido. En el litoral mediterráneo y el sur, de enero a febrero; en la meseta y el norte, de febrero a mediados de marzo. La semilla necesita 20-25 °C para germinar bien y tarda entre siete y doce días; por debajo de 13 °C la nascencia se vuelve irregular y aparecen los hongos de damping-off. Un cajón junto a una ventana orientada al sur no basta en febrero: hace falta o bien un pequeño cable calefactor, o bien esperar dos semanas más.

Nada más nacer, la plántula necesita luz abundante. Con poca luz se ahíla, produce un tallo largo y débil y el hortelano cree que va muy bien porque «crece mucho». Es al revés: ese tallo delgado es un fracaso, no un avance.

Se trasplanta con cinco o seis hojas verdaderas, entre 15 y 20 cm, y con el suelo por encima de 12-14 °C. Fechas orientativas: marzo en la costa sur y levantina, abril en la costa cantábrica y en el valle del Ebro, de finales de abril a mediados de mayo en el interior y en zonas altas, donde las heladas tardías llegan hasta bien entrado el mes.

Al plantar, entierre el tallo hasta las primeras hojas. El tomate emite raíces adventicias en toda la porción enterrada y la planta ancla mucho mejor. Si la planta se le ha ahilado, túmbela en un surco dejando fuera solo la punta: el tallo enterrado se convierte en raíz en una semana. El marco habitual es de 40-50 cm entre plantas y 90-120 cm entre líneas. Apretarlas más no aumenta la cosecha; aumenta el mildiu.

Entutorado y poda

Caña, espaldera o cuerda vertical, cualquiera sirve, pero colocada en el momento del trasplante. Clavar un tutor en junio junto a una mata ya desarrollada corta raíces gruesas justo cuando la planta está llenando fruto.

La poda del Marmande es moderada. Elimine los brotes axilares que salen por debajo del primer ramillete de flores, que son los que compiten con más fuerza, y deje que la mata forme uno o dos ejes por encima. Despuntar demasiado a una semideterminada tiene un coste directo: como su crecimiento se detiene solo, cada eje eliminado son ramilletes que ya no se producirán. En cultivo al aire libre en el interior peninsular sí conviene despuntar la guía a finales de julio o principios de agosto, por encima del último ramillete que dé tiempo a madurar; lo que cuaje después llegará a las lluvias de octubre sin virar.

Deshoje solo las hojas bajas amarillas o salpicadas de tierra, y con tiempo seco. Un desnude agresivo del tercio superior expone el fruto al sol directo y aparecen las quemaduras de piel: manchas blanquecinas y aplastadas en la cara sur del tomate.

Cultivo de varias variedades de tomate en el huerto

El riego decide el rajado y el culo negro

Los dos problemas serios del Marmande son fisiológicos, no parasitarios, y los dos salen del cubo de riego.

El rajado aparece cuando la planta pasa sed y luego recibe agua de golpe, o cuando cae una tormenta de agosto sobre un huerto seco. La pulpa se hincha más deprisa de lo que la piel puede estirarse y el fruto se abre, en grietas radiales desde el pedúnculo o en anillos concéntricos. La piel fina y el acostillado del Marmande lo hacen especialmente sensible. La solución no es regar más, sino regar igual: riego por goteo, dosis moderadas y frecuencia constante, con un acolchado de paja o restos de siega que amortigüe los altibajos de humedad del suelo.

El culo negro —una mancha parda, seca y hundida en la punta del fruto— se atribuye siempre a falta de calcio, y aquí conviene precisar. Los suelos españoles son en su gran mayoría calizos: calcio hay de sobra. El problema es de transporte. El calcio viaja con la corriente de transpiración y no se redistribuye una vez depositado, de modo que cualquier cosa que interrumpa la absorción de agua durante el engorde del fruto —un secado del cepellón, una salinidad alta, un exceso de abono amoniacal, una raíz dañada por escarda— deja los frutos jóvenes sin calcio en la punta. Echar más caliza o cáscara de huevo triturada a un suelo ya calcáreo no arregla nada. Lo que lo arregla es un riego regular y no pasarse con el nitrógeno.

Abonado

Estercolado de fondo en otoño o invierno, 3-4 kg/m² de compost o estiércol bien hecho, incorporado antes del trasplante. Estiércol fresco en primavera es mala idea: quema raíz y dispara el crecimiento vegetativo.

A partir del cuaje del primer ramillete, la planta pide potasio más que nitrógeno. Un exceso de nitrógeno en esa fase da una mata soberbia, verde oscura, de hojas enrolladas y tallos gruesos, con flores que caen sin cuajar y frutos que rajan con facilidad. Ceniza de madera tamizada (un puñado por planta, sin repetir mucho, porque sube el pH), un abono de fondo con más K que N, o extracto de consuelda si lo tiene a mano.

El pH ideal ronda 6,0-6,8. En suelos muy calizos, con pH por encima de 8, es habitual ver clorosis férrica: hojas jóvenes amarillas con los nervios verdes. Se corrige con un quelato de hierro adecuado a pH alto, no con sulfato de hierro, que se bloquea en cuanto toca la caliza.

Plagas y enfermedades

Tuta absoluta, la polilla del tomate, es hoy la plaga dominante en casi toda la península. Deja galerías transparentes en la hoja y perfora el fruto por debajo del cáliz. Funcionan las trampas de feromona para seguimiento y los tratamientos con Bacillus thuringiensis var. kurstaki aplicados al atardecer, repetidos cada siete a diez días mientras haya vuelo. Retire y destruya los frutos picados; dejarlos en el suelo mantiene el ciclo.

Mosca blanca (Bemisia tabaci) importa menos por lo que chupa que por lo que transmite: el virus del rizado amarillo del tomate, el famoso «virus de la cuchara», que enana la planta y enrolla las hojas hacia arriba. No tiene cura. La única defensa real es la barrera física —malla de 10x20 hilos si cultiva bajo estructura— y arrancar las plantas afectadas. El Marmande de polinización abierta no lleva resistencia a este virus.

Mildiu (Phytophthora infestans) es el riesgo de las primaveras húmedas del norte y de cualquier zona con rocío persistente: manchas pardas aceitosas en hoja y tallo, con un fieltro blanquecino en el envés. Riegue siempre al pie, nunca por aspersión, airee la planta y, si la temporada viene lluviosa, aplique cobre de forma preventiva antes de que aparezcan las manchas. El cobre no cura, protege.

Complete con rotación: nada de solanáceas —tomate, patata, pimiento, berenjena— en el mismo bancal durante tres o cuatro años. Es la medida más barata contra Fusarium y Verticillium, y si tiene antecedentes de marchitez vascular en su huerto, elija la selección Marmande VR.

Cuándo recolectar

Aquí hay un detalle propio de la variedad: el Marmande conserva el hombro verde cuando ya está maduro. Esperar a que el fruto esté rojo uniforme desde el pedúnculo significa cosechar pasado, con la carne blanda y la piel a punto de rajar. El punto correcto es cuando el color rojo cubre los dos tercios inferiores, el fruto cede levemente a la presión de los dedos y se desprende con un movimiento suave del pedúnculo.

No lo guarde en la nevera. Por debajo de 12 °C el tomate pierde de forma irreversible buena parte de los compuestos volátiles que forman su aroma, y esa pérdida no se recupera al sacarlo. En un plato, en la cocina, fuera del sol directo, aguanta cuatro o cinco días.

Una mata bien llevada da entre 3 y 4 kg. Con seis plantas hay tomate de ensalada para una familia durante todo el verano.

Guardar semilla

Al ser de polinización abierta, el Marmande clásico se reproduce fiel: la semilla que guarde este verano dará el año que viene plantas iguales a la madre. Con las selecciones híbridas F1 no ocurre, así que compruebe el sobre antes de tomarse el trabajo.

El método es sencillo: elija el mejor fruto de la mejor planta —no el que sobró—, extraiga las semillas con su gel en un vaso con un dedo de agua y déjelo fermentar dos o tres días a temperatura ambiente, hasta que se forme una película en la superficie. Esa fermentación destruye la capa gelatinosa que inhibe la germinación y, de paso, reduce bacteriosis transmitidas por semilla. Lave, escurra, seque sobre un plato —nunca sobre papel absorbente, se pegan— y guarde en sobre de papel, en seco y fresco. La semilla de tomate germina bien durante cuatro o cinco años.

Ventajas e inconvenientes, sin adornos

A favor: precocidad real, sabor equilibrado entre dulce y ácido, carne maciza que rinde mucho en crudo, planta rústica y semilla que se puede guardar. Le va bien el clima peninsular y cuaja antes de los picos de calor.

En contra: raja con facilidad si el riego es irregular, es sensible al culo negro por la misma razón, no tiene resistencias víricas y su piel fina lo hace mal viajero, motivo por el que casi nunca lo encontrará en un supermercado y sí en un huerto. La productividad total por planta es inferior a la de un híbrido moderno de invernadero; lo que se gana es sabor.

En resumen

El Marmande es un tomate francés de polinización abierta, achatado y acostillado, macizo, temprano y de mata semideterminada que necesita tutor pese a lo que digan algunas etiquetas. Siémbrelo en semillero entre enero y marzo según zona, trasplántelo con el suelo por encima de 12-14 °C enterrando bien el tallo, y déjelo a 40-50 cm entre plantas.

Sus dos fallos típicos —rajado y culo negro— no se corrigen con productos sino con constancia en el riego y contención con el nitrógeno; el calcio rara vez falta en un suelo español. Vigile Tuta absoluta y mosca blanca, rote las solanáceas, recoja el fruto cuando aún tenga el hombro verde y no lo meta en la nevera. Del mejor fruto guarde semilla: al año siguiente tendrá exactamente la misma planta.


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