Un tipi vegetal es una estructura cónica de cañas cubierta por plantas trepadoras que forma, en unas ocho semanas, una cabaña de hojas con espacio dentro para sentarse. Se construye en una hora, ocupa poco más de metro y medio de diámetro y produce comida durante todo el verano. Es de las pocas cosas del huerto que combinan bien con niños pequeños: hay que clavar cañas, atar cuerdas, sembrar y esperar, y el resultado es un sitio donde jugar.

La planta clásica para cubrirlo es la judía de enrame, que trepa sola, cubre deprisa y da cosecha durante meses. Se monta en primavera, cuando ya no hay riesgo de heladas y el suelo se ha templado, y se elige un sitio a pleno sol, porque las judías necesitan seis horas largas de sol directo para producir.

Construir un tipi de judías verdes es fácil: se trata de aprovechar el carácter trepador de esta especie y guiar las plantas a lo largo de una estructura de obelisco.

Qué plantas sirven y cuáles no

Hay que usar plantas volubles, es decir, que se enrosquen solas alrededor de un soporte vertical. Las que funcionan:

  • Judía de enrame, Phaseolus vulgaris. La opción principal: crece rápido, cubre bien y produce vainas desde julio hasta el otoño.
  • Judía escarlata, Phaseolus coccineus. Trepa igual y además da flores rojas muy vistosas; sus vainas también se comen. Prefiere veranos no demasiado tórridos, así que va mejor en el norte y en el interior fresco que en el sur.
  • Capuchina, Tropaeolum majus. Se enreda por los tallos y aporta flores naranjas y amarillas. Sus flores y hojas son comestibles, con sabor picante, lo que la hace especialmente adecuada aquí.
  • Pepino de enrame, que trepa con zarcillos y agradece la altura porque el fruto queda limpio y recto.
  • Guisante de enrame, solo si el tipi se monta en otoño o a finales de invierno, porque no aguanta el calor.

El calabacín, en cambio, no trepa: hace mata rastrera y no cubre una estructura vertical por mucho que se ate. Y conviene evitar las campanillas ornamentales del género Ipomoea, que suelen recomendarse para estas estructuras por sus flores: sus semillas son tóxicas por ingestión, algo poco recomendable en una cabaña donde van a jugar niños, y además varias de estas especies tienen un comportamiento claramente invasor en zonas costeras españolas, donde escapan de los jardines y colonizan riberas y taludes. Para poner color, la capuchina y la judía escarlata cumplen la misma función sin ninguno de los dos inconvenientes.

Materiales

  • Siete o nueve cañas de bambú de dos a dos metros y medio, cuanto más gruesas mejor.
  • Cuerda resistente de fibra natural o rafia gruesa.
  • Una pala o azada.
  • Compost o sustrato de huerto para enriquecer el surco de siembra.
  • Paja o corteza de pino de granulometría fina para el suelo interior.
  • Semillas o plantel de judía de enrame, y de capuchina si se quiere flor.

Paso a paso

1. Marcar el círculo. Se traza un círculo de 1,30 a 1,60 metros de diámetro y se excava un surco de unos 20 centímetros de ancho y profundidad siguiendo la línea. Se rellena con la tierra mejorada con compost, que es donde irán las semillas.

2. Clavar las cañas. Se corta en bisel el extremo inferior de cada caña y se entierra entre 25 y 30 centímetros, justo por la parte exterior del surco, repartidas de forma regular. Hay que dejar un hueco mayor entre dos de ellas para la entrada. Conviene inclinarlas de manera que las puntas converjan en el centro.

3. Atar la cúspide. Se juntan los extremos superiores y se atan con cuerda dando muchas vueltas, apretando bien, y se remata con varios nudos. Después hay que empujar la estructura desde varios lados para comprobar que no se mueve: los niños van a entrar y salir apoyándose en las cañas, y un tipi que baila es un tipi que se cae encima de alguien.

4. Reforzar en horizontal. Un par de vueltas de cuerda atadas en horizontal alrededor de las cañas, a media altura y a un metro del suelo, triangulan la estructura y le dan mucha más rigidez. De paso sirven de apoyo intermedio a las plantas.

5. Sembrar. Se siembran tres o cuatro judías al pie de cada caña, por la cara interior del círculo, enterradas unos tres centímetros. Sembrar por dentro facilita después escardar por fuera sin pisar el cultivo. Cuando nazcan se aclara a dos plantas por caña. Si se usa plantel, dos por caña y el cepellón a ras de suelo.

6. Regar y acolchar. Un riego generoso con regadera, y después se cubre el suelo del interior con paja o corteza de pino fina, de tres o cuatro centímetros. Sirve para tres cosas: hace de suelo mullido donde sentarse, conserva la humedad y evita que salgan hierbas dentro.

Riego y conducción

Las judías tardan entre ocho y quince días en emerger, según la temperatura del suelo. Sembradas en un suelo todavía frío, por debajo de 12 grados, no nacen y se pudren, así que en el interior peninsular conviene esperar a mayo.

Al principio hay que ayudarlas: cuando los tallos alcanzan 20 o 30 centímetros se enrollan a mano alrededor de la caña, en el sentido en que la planta tiende a girar, y se sujetan con una atadura floja. A partir de ahí siguen solas. Cuando llegan a la cúspide, en unas siete u ocho semanas, se pinzan las puntas para que ramifiquen hacia los lados y cierren la cubierta.

El riego tiene que ser regular, y muy especialmente desde la floración: si les falta agua justo cuando están cuajando, las flores se caen y la producción se desploma. Riego al pie, con regadera o goteo, nunca mojando la hoja, y por la mañana. Un tipi bien acolchado consume bastante menos agua que las mismas plantas en un bancal desnudo.

El enemigo de las primeras semanas son los caracoles y las babosas, que se comen las plántulas recién nacidas en una noche. Conviene revisar al anochecer los primeros días, sobre todo después de una lluvia o de un riego abundante.

Cosecha

Las primeras vainas llegan entre 55 y 70 días después de la siembra, según variedad. Hay que recogerlas jóvenes, cuando aún están tiernas y antes de que se marque el grano a través de la vaina: una judía que grana se vuelve fibrosa y, lo que es peor, la planta interpreta que ya ha cumplido su ciclo y deja de florecer.

Por eso conviene pasar a cosechar cada dos o tres días durante toda la temporada. Es una tarea perfecta para hacer con los niños, y mantenida con constancia alarga la producción hasta bien entrado el otoño.

Dos advertencias, porque hay niños de por medio

La primera es de seguridad alimentaria. Las judías verdes no se comen crudas: Phaseolus vulgaris contiene fitohemaglutinina, una lectina que se destruye con la cocción pero que en crudo provoca trastornos digestivos, y las judías secas o las vainas ya granadas la contienen en mayor cantidad. Como en un tipi es habitual que los niños piquen directamente de la planta, conviene explicárselo desde el principio y recoger para la cocina, no para comer en el sitio. Lo que sí se puede probar crudo son las flores y las hojas de capuchina.

La segunda es estructural. Las puntas de bambú cortadas en bisel quedan afiladas, y algunas van a estar a la altura de la cara de un niño: conviene lijarlas o rematarlas. Y la estructura hay que revisarla después de cada episodio de viento fuerte, sobre todo cuando ya está cubierta de vegetación y hace de vela.

En resumen

Un tipi de judías se hace con siete u ocho cañas de dos metros clavadas en círculo, atadas arriba y reforzadas con un par de vueltas de cuerda en horizontal, y se siembran tres o cuatro judías de enrame al pie de cada caña, por dentro. Se monta cuando el suelo supera los 12 grados y en un sitio a pleno sol, y en siete u ocho semanas la cubierta está cerrada.

Para dar color, capuchina o judía escarlata, ambas comestibles, mejor que las campanillas ornamentales. Después, riego regular al pie desde la floración, acolchado en el interior, vigilancia de caracoles al principio y cosecha cada dos o tres días para que la planta no deje de producir. Y la regla que no se puede saltar: las judías verdes se comen cocinadas, nunca crudas.


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