En diciembre queda uva colgando de las parras del Vinalopó, protegida por bolsas de papel que se colocaron una a una en agosto. Ese detalle explica bastante bien qué es la fruta de invierno en la península: en parte fruto que madura ahora mismo en el árbol, en parte fruto de otoño que se ha sabido conservar, y en parte cultivo forzado que llega antes de tiempo. Distinguir las tres cosas cambia lo que compras, lo que pagas y a qué sabe.

Selección de frutas de temporada de invierno

Qué gana uno comiendo de temporada

El argumento nutricional se exagera a menudo. Una manzana de cámara en febrero conserva la mayor parte de sus minerales y de su fibra; pierde vitamina C, sí, pero tampoco era una fuente destacada. Lo que de verdad cambia con la temporada es otra cosa.

El punto de recolección. Una fruta que se recoge cerca de casa y se vende en pocos días puede cortarse madura. Una que tiene que cruzar un océano se corta verde para que aguante el viaje, y hay frutos que sencillamente no terminan de hacer azúcar una vez separados de la planta. Los cítricos son el caso extremo: no maduran después de cortados. Una naranja verde de árbol será una naranja ácida en tu cocina para siempre. Lo mismo vale para la uva, la granada y la fresa. En cambio el caqui, la chirimoya, la pera de invierno y el membrillo sí siguen madurando fuera del árbol, y por eso se venden duros.

El precio. Cuando la campaña está en su punto álgido, la oferta se dispara y el kilo baja. Las clementinas de diciembre y las naranjas de zumo de enero son, con diferencia, la fruta más barata del año en calidad-precio.

Conviene deshacer una confusión: de temporada y de proximidad no significan lo mismo. Un arándano de Chile en enero es de temporada allí y ha volado nueve mil kilómetros. Y al revés, un tomate de invernadero almeriense en enero es de proximidad y no es de temporada. Si te interesan las dos cosas a la vez, mira el origen impreso en la etiqueta, no la sección del lineal donde lo han puesto.

Los cítricos, que son el grueso de la campaña

De noviembre a mayo, el calendario frutícola español lo marcan Valencia, Castellón, Huelva, Sevilla y Murcia. Merece la pena aprenderse cuatro nombres de variedad, porque dentro de la palabra «naranja» hay frutas muy distintas.

Naranja de mesa. La Navelina abre la campaña en noviembre y llega hasta enero; es fácil de pelar, sin semillas y algo menos jugosa. La Navel Lane Late toma el relevo de febrero a abril. Las navel llevan un pequeño fruto secundario dentro del ápice, el «ombligo» que les da nombre.

Naranja de zumo. La Salustiana, de diciembre a marzo, es fina de piel y rinde muchísimo líquido. La Valencia Late cierra el año citrícola de marzo a junio. Hay un detalle práctico que se ignora con las navel: su zumo amarga a los pocos minutos por la limonina, así que si exprimes navelinas, bébelo enseguida. Con Salustiana o Valencia el problema no aparece.

Sanguinas. Sanguinelli y Moro pigmentan la pulpa de rojo gracias a las antocianinas, y necesitan noches frías para hacerlo. Están en su momento de febrero a abril. Un invierno templado da sanguinas pálidas: no es un defecto del fruto, es el clima.

Mandarinas. Las satsumas tempranas (Okitsu, Owari) entran en octubre, verdes por fuera y ya dulces por dentro. La Clemenules domina de noviembre a enero. Después llegan Hernandina, Clemenvilla y Ortanique, más tardías y más jugosas, y por último Nadorcott y Tango en primavera. Si te encuentras semillas en una clementina que no debería tenerlas, es porque hubo polinización cruzada con otra variedad cercana; no cambia nada del sabor.

Pomelo. Aquí toca una advertencia seria, y va antes que el resto. El pomelo y su zumo inhiben la enzima CYP3A4 intestinal y elevan de forma imprevisible los niveles en sangre de varios medicamentos: estatinas como simvastatina y atorvastatina, algunos antagonistas del calcio como el nifedipino, inmunosupresores como ciclosporina y tacrolimus, y la amiodarona, entre otros. El efecto puede durar más de veinticuatro horas, de modo que separar la toma del desayuno no lo resuelve. Si tomas medicación crónica, la pregunta al farmacéutico dura treinta segundos y es la que hay que hacer. La naranja dulce corriente no produce esta interacción; la naranja amarga y el pomelo sí.

Naranjas de temporada recién recolectadas

Caqui y chirimoya: dos frutas que hay que saber comprar

El caqui (Diospyros kaki) se recoge de octubre a diciembre, con la Ribera del Xúquer valenciana como zona de referencia y la variedad Rojo Brillante como reina absoluta. Rojo Brillante es astringente: si lo muerdes recién cortado, los taninos solubles te dejan la boca como si hubieras masticado un membrillo crudo. Existen dos caminos. O lo dejas ablandar hasta que la pulpa queda gelatinosa y se come con cuchara, o compras el que ya viene tratado en cámara con atmósfera rica en CO₂ durante veinticuatro horas, que es lo que se vende duro y crujiente para comer a mordiscos. El tratamiento no le añade nada al fruto: solo insolubiliza los taninos. Variedades como Fuyu no son astringentes de partida y se comen duras sin más.

La chirimoya (Annona cherimola) es de la Costa Tropical de Granada y Málaga, y su campaña va de octubre a febrero. Se compra dura, de piel verde y sin manchas negras, y se deja tres o cuatro días fuera de la nevera hasta que cede a la presión del dedo. Guardarla en el frigorífico antes de que madure la mata: por debajo de unos 8 °C sufre daño por frío, la piel se pone negra y la pulpa nunca llega a estar dulce. Solo después de madura, y para ganar un par de días, tiene sentido meterla en frío. Las semillas no se comen ni se mastican: contienen acetogeninas de las anonáceas, son tóxicas y basta con escupirlas, que es lo que se hace de forma natural.

Granada, uva, membrillo

La granada (Punica granatum) va de septiembre a diciembre, con la Mollar de Elche como variedad dulce de semilla blanda y la Wonderful como la ácida de color intenso. Una granada buena pesa mucho para su tamaño y tiene la piel algo apergaminada, no tersa; las grietas superficiales son señal de fruto lleno, no de fruto pasado. Se conserva semanas en un sitio fresco.

La uva de mesa de diciembre es casi siempre Aledo, del Vinalopó alicantino. El sistema es singular: en agosto se embolsa racimo por racimo en papel parafinado y la uva sigue en la cepa hasta noviembre o diciembre, protegida del sol, de la lluvia y de la avispa. Eso permite servir uva recién cortada en Nochevieja, con la piel fina y el grano firme. Si compras uva en enero o febrero, ya suele venir de cámara o del hemisferio sur.

El membrillo (Cydonia oblonga) se recoge de octubre a diciembre y no se come crudo: duro, ácido y astringente. Su gracia es la pectina, altísima, que gelifica sin ayuda de nada. Un membrillo bien maduro perfuma una habitación entera; se conserva un par de meses en fresco sin tocarse.

Manzana y pera: fruta de otoño que llega hasta la primavera

Ninguna de las dos madura en invierno. Se recolectan entre agosto y octubre y se conservan en cámaras de atmósfera controlada, donde se baja el oxígeno a un 1-2 % y se sube el CO₂, con lo que la fruta reduce su respiración casi al mínimo y aguanta meses. Por eso hay Golden y Conferencia en marzo. No es fraude, es tecnología de conservación, y explica también por qué a veces una manzana de febrero tiene textura harinosa: llevaba demasiado tiempo dentro.

En manzana, la Reineta gris del Bierzo es la de asar por excelencia, porque su acidez aguanta el horno sin deshacerse en puré. Fuji y Pink Lady son las que mejor mantienen el crujido en conservación larga; Golden se ablanda antes. En pera, la Conferencia del Rincón de Soto o de Lleida es la reina del invierno, con esa característica «roseta» rugosa en la zona del pedúnculo. La pera se recoge siempre dura y madura fuera del árbol: si esperas a que ablande en la rama, se te hace harinosa por dentro antes de que te des cuenta.

Y la fresa, que no es de invierno

Aparece en los lineales desde enero y se ha instalado la idea de que forma parte de la temporada fría. La fresa de Huelva de enero y febrero sale de macrotúneles de plástico, con planta de vivero frigorífico plantada en octubre. En campo abierto peninsular, el fresón llega de abril a junio, y la fresa silvestre o de bosque, más tarde todavía. Si esperas a marzo o abril, el mismo dinero compra una fruta con bastante más azúcar y aroma, porque habrá tenido horas de sol y salto térmico que en enero no existen. Comprarla en enero no tiene nada de malo; llamarla fruta de invierno sí es inexacto.

Qué de todo esto puedes tener tú en el huerto

Si el objetivo es cosechar en invierno con tus propios árboles, el reparto por clima peninsular queda así.

Cítricos. Zona mediterránea, Andalucía occidental y microclimas resguardados. El limonero aguanta hasta unos -3 °C, la naranja y la mandarina hasta -5 o -6 °C durante horas cortas, y el pomelo es de los más frioleros. En zonas de heladas fuertes, maceta grande y a resguardo del viento norte.

Caqui. Sorprendentemente rústico: soporta -10 °C ya en reposo y da fruto en casi toda la mitad sur y el interior. Necesita mucho sol y no le gustan los suelos encharcados. Un solo árbol da cosecha porque las variedades comerciales son partenocárpicas.

Granado y membrillero. Los dos frutales más agradecidos que existen para un huerto pequeño: aguantan sequía, calcáreo y frío moderado, y prácticamente no piden poda más allá de aclarar chupones.

Chirimoyo. Solo en litoral subtropical libre de heladas, Costa Tropical o Canarias. Fuera de ahí no cuaja, y donde sí lo hace suele requerir polinización manual con pincel porque sus flores son protogínicas y no coinciden bien los sexos.

Manzano y peral. Necesitan horas de frío: unas 800-1.200 horas por debajo de 7 °C para las variedades clásicas. En el sur cálido conviene elegir variedades de bajo requerimiento o quedarse con Anna y similares.

Los meses de invierno, además, son los de trabajo en el frutal de hoja caduca. Con el árbol parado se hace la poda de formación y fructificación, se aplica el tratamiento de invierno con cobre y aceite de parafina contra cochinilla y huevos invernantes, y se plantan a raíz desnuda manzanos, perales, membrilleros y granados: de diciembre a febrero, con la tierra fresca y antes de que empiece a mover la yema. Los cítricos, en cambio, no se podan en enero; se espera a que pase el riesgo de helada, entre marzo y abril.

En resumen

El invierno peninsular da cítricos en pleno apogeo, caqui y chirimoya de campaña propia, granada, uva embolsada del Vinalopó y membrillo; y arrastra desde el otoño manzanas y peras guardadas en atmósfera controlada. La fresa de enero es cultivo forzado, no temporada. Los cítricos y la uva hay que comprarlos ya maduros porque no mejoran en casa, mientras que caqui, chirimoya, pera y membrillo se compran duros a propósito. Y si tomas medicación habitual, el pomelo es la única fruta de esta lista que conviene consultar antes con el farmacéutico.


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