Bajo el nombre de menta se agrupan varias especies del género Mentha y una cantidad enorme de híbridos y cultivares, y no todas huelen igual. Además de la hierbabuena de toda la vida hay mentas con notas de manzana, piña, naranja, limón, jengibre o chocolate, que no son un invento comercial: son variaciones reales en la composición de los aceites esenciales de la hoja, seleccionadas y multiplicadas por esqueje durante décadas.

Todas se cultivan igual y todas comparten el mismo rasgo determinante: un rizoma agresivo que coloniza cualquier tierra que tenga cerca. Esa es la primera decisión del cultivo, antes que el sustrato o el riego. La menta va en su propio tiesto, siempre.

Qué menta es cada una

  • Hierbabuena, Mentha spicata. La menta de cocina española, de hoja lanceolada y arrugada y aroma dulce y suave. Es la de los guisos, las habas, el gazpacho y el mojito.
  • Menta marroquí, un cultivar de Mentha spicata de hoja más brillante y aroma más limpio, la que se usa en el té a la menta.
  • Menta piperita, Mentha x piperita, híbrido natural de Mentha aquatica y Mentha spicata. Es la mentolada de verdad, con ese punto picante y frío, y la que se usa en confitería y en licores. Al ser híbrida, no sale fiel de semilla.
  • Menta manzana o mastranto, Mentha suaveolens. Hoja redondeada, aterciopelada y de color gris verdoso, con aroma más afrutado y menos mentolado. Su variedad de hoja jaspeada de blanco es la que suele venderse como menta piña.
  • Menta chocolate, un cultivar de Mentha x piperita de tallos oscuros que recuerda a la combinación de menta y cacao.
  • Mentas cítricas, cultivares del grupo Mentha x piperita f. citrata, con matices de naranja, bergamota o limón.
  • Menta jengibre, Mentha x gracilis, de hoja pequeña y a menudo variegada en amarillo.
  • Menta corsa, Mentha requienii, diminuta y tapizante, que se usa entre las juntas de losas de un camino porque desprende aroma al pisarla. No es de cocina.

Los nombres comerciales de fantasía se reparten sobre todo entre cultivares de Mentha suaveolens y de Mentha x piperita. Si en la etiqueta no aparece el nombre científico, lo práctico es frotar una hoja en el vivero y decidir por el olfato.

El rizoma manda

La menta es una vivaz que se expande por rizomas subterráneos y estolones aéreos. Plantada en un bancal, en dos temporadas ha ocupado todo lo que tenía alrededor y aparece a metros de distancia, entre las lechugas o al otro lado del camino. Sacarla después es un trabajo largo, porque cada trozo de rizoma que queda enterrado rebrota.

La solución es tenerla en maceta, de 25 a 30 centímetros de diámetro y al menos 20 de profundidad. Si se quiere en el suelo, se entierra la maceta entera dejando el borde tres o cuatro centímetros por encima del nivel del terreno, para que los estolones aéreos no pasen por encima. Y conviene revisar el borde un par de veces al año.

Tampoco es buena idea meter dos mentas distintas en el mismo tiesto: la más vigorosa desplaza a la otra en una temporada y acabas con una sola, sin saber muy bien cuál.

Luz, sustrato y riego

La menta prefiere el sol de la mañana y la sombra de la tarde. A pleno sol funciona si no le falta agua, pero en el interior peninsular, con 38 grados en julio, la hoja se quema por los bordes y pierde calidad; en semisombra se mantiene tierna y más grande. En sombra profunda se ahíla y pierde aroma.

Quiere un sustrato rico en materia orgánica, profundo y fresco. Es de las pocas aromáticas que no tolera secarse: si el cepellón llega a punto de marchitez, la hoja se estropea y tarda en recuperarse. En verano, en terraza, eso puede significar riego diario. Lo que no soporta es el agua estancada en el plato durante días.

Consume muchos nutrientes, sobre todo si se corta con frecuencia. Un aporte quincenal de abono orgánico líquido durante la primavera y el verano mantiene la hoja grande y de color intenso. Como se va a consumir, se descartan los fertilizantes y tratamientos que no estén expresamente autorizados para uso doméstico en plantas comestibles.

El frío no es un problema: la menta es rústica en toda la Península. Con las heladas pierde la parte aérea y parece muerta, pero el rizoma resiste bajo tierra y rebrota en primavera. En febrero se retiran los restos secos a ras de tiesto.

Cosecha y conservación

La hoja alcanza su mejor momento justo antes de la floración; después, la planta invierte en flor y la hoja pierde aroma y se vuelve más basta. Por eso conviene ir cortando ramas a lo largo de toda la temporada y pinzar las inflorescencias cuando aparecen. Si se deja florecer, se corta la mata entera a unos cinco centímetros del suelo y en pocas semanas rebrota tierna.

Se cosecha por la mañana, cortando el tallo por encima de un par de hojas, y se usa fresca siempre que sea posible: la menta seca conserva bastante aroma pero pierde el punto fresco. Para conservarla, dos métodos que funcionan mejor que el secado: picar la hoja, repartirla en una cubitera con un poco de agua y congelar, o guardar los ramos con el tallo en un vaso de agua en la nevera, cubiertos con una bolsa, donde aguantan una semana.

Multiplicar y renovar la mata

Los esquejes de menta enraízan con una facilidad casi ridícula: se corta un tallo de diez o doce centímetros, se le quitan las hojas de abajo y se pone en un vaso con agua en un sitio luminoso. En una semana o diez días tiene raíces y se puede plantar. También arraiga directamente en sustrato húmedo.

La división de mata se hace en primavera. Cada dos o tres años la maceta se llena de rizoma viejo y leñoso, el sustrato se agota y la planta produce hoja pequeña. Entonces se saca el cepellón, se descartan las partes centrales endurecidas, se conservan los trozos de rizoma con brotes sanos del exterior y se replantan en sustrato nuevo. Es la operación que devuelve una menta cansada a su estado original.

Roya y oídio

La menta apenas tiene plagas, pero sí dos hongos habituales. La roya, Puccinia menthae, se reconoce por unas pústulas anaranjadas o marrones en el envés de la hoja, con manchas amarillas correspondientes en el haz; aparece con humedad y aire quieto. El oídio deja un polvillo blanco sobre la superficie.

Como la hoja se come, lo sensato no es tratar sino podar: se cortan a fondo los tallos afectados, se retiran del tiesto sin dejar restos en el sustrato y no se compostan. Después se separa la planta de sus vecinas para que corra el aire, se riega al pie y nunca por encima, y se evita mojar la hoja al atardecer. Si la mata está muy afectada, lo más rápido es cortarla entera a ras y dejar que rebrote limpia.

Un apunte sobre el poleo

El poleo, Mentha pulegium, es también una menta y se cultiva igual, pero merece una advertencia. Contiene pulegona en cantidad apreciable, y su aceite esencial es tóxico, de modo que la esencia concentrada no debe usarse por vía oral bajo ningún concepto. La infusión tradicional es otra cosa, pero tampoco es planta para consumir en cantidad ni de forma continuada, y está desaconsejada en el embarazo. Cualquier duda sobre su uso corresponde al médico o al farmacéutico.

En resumen

Las mentas de sabores son cultivares reales de Mentha suaveolens, Mentha x piperita y otras especies del género, y se cultivan todas igual: tiesto individual, sustrato rico, semisombra en verano y riego constante. La regla de oro es no plantarlas nunca directamente en un bancal, porque el rizoma se lo come todo.

La hoja se corta antes de la floración y se pinzan las flores para mantener la calidad. Cada dos o tres años la mata pide división y sustrato nuevo, y con esquejes en un vaso de agua se tienen plantas de reserva en diez días. Si aparece roya, se poda a fondo y se retira el material afectado, porque tratar una planta que se va a comer no es opción.


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