Intercalar plantas de flor entre las hortalizas no es decoración. Cumple tres funciones concretas: atrae polinizadores, sin los cuales calabacines, tomates, pepinos y fresas cuajan mal; alimenta y aloja a la fauna auxiliar que se come las plagas, sobre todo sírfidos, mariquitas, crisopas y avispas parasitoides; y en algunos casos desvía a los insectos dañinos hacia una planta que no importa que se estropee.
Las candidatas útiles son casi todas herbáceas anuales o vivaces de flor sencilla, baratas, fáciles y rápidas de reponer. El único requisito serio es que sean compatibles en riego con sus vecinas hortícolas: una lavanda entre lechugas regadas a diario dura una temporada. Y conviene escalonarlas para que haya flor abierta de febrero a noviembre, porque una fauna auxiliar que solo encuentra comida tres semanas en julio no se instala.
El aroma que emiten las flores y tallos de los tagetes repele a los insectos perjudiciales que suelen afectar a las verduras de hoja, como las lechugas, y las tomateras.
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Qué fauna se quiere atraer
El insecto auxiliar más rentable del huerto pequeño es el sírfido, esa mosca a rayas amarillas y negras que se queda suspendida en el aire y que mucha gente confunde con una avispa. El adulto solo come néctar y polen, y por eso hay que darle flores; la larva, en cambio, es un depredador voraz que se come cientos de pulgones a lo largo de su desarrollo. Los sírfidos ponen los huevos justo donde hay colonia de pulgón, de manera que el trabajo consiste en que las hembras estén rondando por allí.
Con las mariquitas y las crisopas pasa algo parecido: los adultos completan su dieta con polen y néctar. Y las avispas parasitoides, diminutas y del todo inofensivas para las personas, que ponen sus huevos dentro de pulgones y orugas, buscan flores pequeñas y planas donde puedan alcanzar el néctar con sus piezas bucales cortas. Ahí las umbelíferas en flor (eneldo, cilantro, hinojo y las zanahorias que se dejan espigar) valen más que cualquier flor vistosa de corola profunda.
Por eso la recomendación general es la variedad: flores grandes y abiertas para las abejas y los abejorros, y flores pequeñas agrupadas en umbelas o capítulos para la fauna auxiliar menuda.
Tagete
El más usado en el huerto es Tagetes patula, la damasquina o clavel de moro, junto con Tagetes erecta. Es anual, florece de forma continua desde finales de primavera hasta la primera helada y no pide más que sol y riego moderado.
Su fama viene de las raíces: los tagetes liberan compuestos con actividad contra los nematodos formadores de nódulos del género Meloidogyne, que son un problema serio en huertos de suelo cálido y arenoso del este y el sur peninsulares. Conviene entender bien cómo funciona, porque cuatro tagetes de adorno en la esquina del bancal no hacen nada. El efecto real se consigue cultivando el tagete de forma densa y en toda la superficie afectada durante un ciclo completo de dos o tres meses, como cultivo de cobertura, antes de plantar la hortaliza sensible. Enterrarlo después como abono verde suma materia orgánica.
Como planta acompañante, entre lechugas y tomateras, su aportación principal es la floración larga y el olor fuerte del follaje, que desorienta a algunos insectos que localizan sus plantas huésped por el olfato. Es un efecto secundario, no un insecticida.
Caléndula
Calendula officinalis es probablemente la mejor inversión del huerto por lo que cuesta un sobre de semillas. Se siembra a voleo en otoño o a finales de invierno, germina sin cuidados, florece de forma escandalosa durante meses y se resiembra sola año tras año.
Su valor está en que atrae a sírfidos y a abejas de forma muy eficaz, y en que florece cuando casi nada más lo hace, entre febrero y abril en el litoral mediterráneo, justo cuando aparecen las primeras colonias de pulgón. Esa coincidencia de calendario es la que decide si el pulgón se controla solo o se dispara. Además tolera el frío, el suelo pobre y la caliza sin protestar.
Los pétalos son comestibles y se usan sueltos sobre ensaladas y cremas, con un sabor ligeramente amargo y un color naranja que tiñe.
Capuchina
La capuchina, Tropaeolum majus, funciona como cultivo trampa. Contiene los mismos compuestos azufrados que las coles, así que la mariposa de la col pone sus huevos sobre ella con preferencia, y las orugas se ceban en sus hojas en lugar de en el brócoli o la coliflor. Lo mismo ocurre con el pulgón negro, que la coloniza masivamente. La condición es asumir que la capuchina va a quedar hecha un desastre y no tratarla ni arrancarla, porque justamente ahí es donde acuden los depredadores.
Es voluble y trepa si se le da un obelisco o un enrejado, y también se deja caer desde una jardinera alta. Quiere sol y poco abono: en suelo muy rico hace hoja enorme y casi no florece. Sus flores y sus hojas son comestibles, con un picante que recuerda al berro, y funcionan bien en ensalada.
Borraja
Borago officinalis es una anual robusta, de hoja áspera y flores azules en estrella que las abejas y los abejorros visitan sin descanso durante toda la floración. Se siembra directamente, crece deprisa y se resiembra sola con entusiasmo, hasta el punto de que conviene arrancar parte de las plántulas cada primavera.
En Aragón, Navarra y La Rioja se cultiva como hortaliza de pleno derecho: lo que se come son los tallos pelados y las hojas tiernas, cocidos. Las flores se usan también como adorno de platos. Conviene saber que la borraja contiene alcaloides pirrolizidínicos, de manera que no es una planta para consumir en cantidad y de forma continuada, y menos aún en infusión concentrada de hoja.
Otras que merecen sitio
- Umbelíferas dejadas florecer. Eneldo, cilantro, hinojo, apio y las zanahorias y chirivías del año anterior que se dejan espigar. Sus umbelas de flor diminuta son el imán de las avispas parasitoides y los sírfidos.
- Alisos y otras crucíferas de flor menuda. El aliso de mar, Lobularia maritima, florece casi todo el año en clima mediterráneo, ocupa poco y es de las plantas que más sírfidos concentra.
- Facelia, Phacelia tanacetifolia, que se siembra como abono verde y de paso da una floración azul muy visitada por abejas antes de enterrarla.
- Cosmos, zinnias y girasoles, para el verano y el final de temporada, con floración larga y flores grandes para los polinizadores mayores.
- Violas y pensamientos, que cubren el invierno, cuando el huerto casi no ofrece flor. Sus flores son comestibles.
- Lavanda, romero, tomillo y salvia, mejor en el borde seco del huerto o en tiesto, porque no comparten riego con las hortalizas. Florecen escalonadamente de invierno a verano.
Cómo intercalarlas sin estorbar
La forma más práctica es reservarles los bordes de los bancales y las cabeceras, donde no compiten por la luz con los cultivos ni molestan al pasar. Las de porte alto, como el girasol o el hinojo, van al lado norte para que no den sombra a las hortalizas. Las trepadoras necesitan su propio soporte.
Hay que contar con la competencia por el agua y los nutrientes: las flores anuales de huerto son poco exigentes, pero si se plantan a 15 centímetros de una lechuga se la comen. Un marco de 30 o 40 centímetros respecto al cultivo evita el problema. Y no conviene abonar la zona de flores igual que la de hortalizas, porque el exceso de nitrógeno da mucha hoja y poca flor, que es justo lo contrario de lo que se busca.
Por último, si se van a mantener flores como refugio de fauna auxiliar, hay que ser coherente y no tratar. Un insecticida de amplio espectro, aunque sea de origen natural, elimina también a los sírfidos, las mariquitas y las abejas, y deja el huerto sin el mecanismo que se estaba construyendo.
Sucesión de floración
| Época | Plantas en flor |
|---|---|
| Invierno | Violas y pensamientos, aliso de mar, caléndula en zonas suaves, romero |
| Primavera | Caléndula, borraja, facelia, capuchina, tomillo, salvia |
| Verano | Tagetes, cosmos, zinnias, girasol, lavanda, umbelíferas espigadas |
| Otoño | Tagetes, cosmos, caléndula, aliso de mar |
Flores comestibles, con cabeza
De las plantas tratadas aquí, se comen los pétalos de la caléndula, las flores y hojas de la capuchina, las flores de la borraja y las de violas y pensamientos. Tres reglas antes de llevárselas a la boca: identificar la especie con seguridad, no usar flores de plantas que hayan recibido ningún tratamiento fitosanitario, y no dar por comestible una flor de jardín solo porque sea bonita, porque muchas ornamentales corrientes son tóxicas por ingestión.
Se recogen recién abiertas, por la mañana, y se usan el mismo día. En la mayoría de los casos se retira la parte blanca de la base del pétalo, que amarga, y en las flores compuestas se aprovechan solo los pétalos, no el centro.
En resumen
Meter flores entre las hortalizas cambia el funcionamiento del huerto: asegura polinización, mantiene una población estable de depredadores de plagas y ofrece plantas trampa donde desviar las orugas y los pulgones. Caléndula, capuchina, borraja, tagete y un puñado de umbelíferas dejadas espigar cubren casi todo lo que hace falta, y las cuatro primeras se resiembran solas.
Lo que hay que planificar es el calendario, no la cantidad. Interesa que haya flor abierta desde el final del invierno, cuando aparecen los primeros pulgones, hasta el otoño, porque la fauna auxiliar solo se queda donde encuentra comida de forma continua. Y una vez montado, hay que renunciar a los tratamientos de amplio espectro, que se llevan por delante precisamente a los insectos que se estaban intentando atraer.