El melón (Cucumis melo) y la sandía (Citrullus lanatus) son cultivos exigentes en calor, en sol y sobre todo en espacio, y a cambio no son especialmente delicados. En la mayor parte de España el clima juega a favor: veranos largos, calurosos y secos es exactamente lo que piden. Lo que suele fallar no es el cultivo, es el espacio disponible y el punto de recolección.

Conviene ser realista con lo primero. Una mata de sandía ocupa entre dos y cuatro metros cuadrados y produce dos o tres frutos. Si tu huerto tiene diez metros cuadrados, dedicar la mitad a una sandía es una decisión legítima, pero es una decisión. El melón, con variedades de calibre menor, sale algo más rentable por superficie.

Las jugosas y dulces sandías y los melones se pueden cultivar con éxito en la mayor parte de España gracias al abundante sol y las altas temperaturas. Foto: iStock

Calor, sol y calendario

Las dos especies necesitan temperaturas altas de forma sostenida. La semilla germina bien a partir de unos 20 grados de temperatura del suelo, con el óptimo entre 25 y 30, y el desarrollo de la planta va bien entre 20 y 30 grados. Cualquier helada las mata, y por debajo de 12 o 14 grados la planta se para y no vuelve a arrancar igual.

Eso fija el calendario. En el sur y el litoral mediterráneo, semillero protegido en febrero y marzo, y trasplante o siembra directa desde finales de marzo hasta mayo. En el interior peninsular, semillero en marzo o abril y trasplante en mayo, cuando el riesgo de helada tardía ha pasado. En el norte atlántico, el cultivo es posible pero justo: hacen falta variedades de ciclo corto y, en muchas zonas, invernadero o túnel, porque el verano no acumula suficiente calor.

La exposición, la más soleada posible. La sombra parcial no es una opción con estas dos especies.

Semillero o siembra directa

Las cucurbitáceas llevan mal el trasplante. Si haces semillero, usa bandeja de alveolos grandes o macetitas individuales y trasplanta con el cepellón entero y sin manipular las raíces, cuando la plántula tenga dos o tres hojas verdaderas. El trasplante a raíz desnuda es un error casi seguro.

La siembra directa evita ese problema y da plantas con mejor sistema radicular, pero exige que el suelo esté ya caliente. Se ponen tres o cuatro semillas por golpe, a dos o tres centímetros de profundidad, y se aclara dejando una sola planta por golpe cuando tengan dos hojas verdaderas.

El marco depende de la variedad, pero como referencia: entre 1 y 1,5 metros entre plantas y entre 1,5 y 2 metros entre líneas en sandía, y algo menos en melón. Los marcos apretados dan frutos pequeños y favorecen el oídio.

Suelo, acolchado y riego

Prefieren suelos sueltos, profundos, bien drenados y con abundante materia orgánica. El melón se defiende bien en suelos calizos y de pH básico, que es lo habitual en La Mancha, Murcia y el valle del Ebro, y en cambio no va bien en suelos ácidos. La sandía es algo más flexible con el pH pero igual de intolerante al encharcamiento.

Prepara el suelo con una labor profunda y aporta compost o estiércol bien curado antes de plantar. Plantar sobre caballón elevado mejora el drenaje y calienta antes el suelo en primavera.

El acolchado es especialmente útil aquí, por tres motivos: mantiene la humedad en el verano seco, evita que el fruto toque la tierra húmeda y se pudra, y frena las adventicias en una superficie grande que es incómoda de escardar. Paja, corteza o plástico negro, que además calienta el suelo y adelanta el ciclo.

El riego tiene dos fases muy distintas y ahí se juega el sabor. Durante el crecimiento y el engorde del fruto, riego regular y generoso, siempre por goteo y sin mojar hojas ni tallos. Y en las dos o tres semanas previas a la recolección, reduce el riego de forma clara. Es lo que concentra los azúcares. Regar a tope hasta el último día da frutos grandes, acuosos, sosos y con tendencia a agrietarse. Un exceso de agua brusco tras un periodo seco también revienta el fruto.

Poda y aclareo de frutos

Es la parte que casi nadie hace en huerto doméstico y la que más mejora el resultado.

En el melón, las flores femeninas aparecen sobre todo en los brotes secundarios y terciarios, no en el tallo principal. Despuntar el tallo principal por encima de la cuarta o quinta hoja fuerza a la planta a ramificar y adelanta considerablemente la aparición de flores femeninas. Los brotes secundarios se pueden despuntar a su vez tras varias hojas.

En la sandía, la poda es menos determinante, pero eliminar los brotes que no llevan fruto ayuda a concentrar la energía.

El aclareo consiste en eliminar frutos jóvenes para que los que quedan alcancen buen calibre y buen contenido en azúcar. Deja tres o cuatro melones por planta y dos o tres sandías. Una planta cargada de ocho frutos produce ocho frutos mediocres.

Polinización

Las dos especies dependen de los insectos, y esto es motivo frecuente de fracaso en huertos urbanos y aislados. La sandía es monoica, con flores masculinas y femeninas separadas en la misma planta. El melón es andromonoico: tiene flores masculinas y flores hermafroditas, y son estas últimas las que dan fruto.

Las flores que van a dar fruto se reconocen porque llevan un engrosamiento en la base, un melón o una sandía en miniatura. Si esos frutitos amarillean y se caen a los pocos días, el problema es de polinización, no de riego.

La solución de fondo es tener flores atractivas para las abejas cerca del huerto: borraja, caléndula, tagete, lavanda, aromáticas en flor. La solución inmediata es polinizar a mano, por la mañana temprano, frotando el estambre de una flor masculina recién abierta sobre el estigma de la femenina.

Un caso particular: las sandías sin pepitas son triploides y su polen no es viable. Necesitan obligatoriamente una variedad polinizadora normal plantada cerca. Sin ella no hay fruto, por perfecto que sea el cultivo.

Plantas injertadas

En zonas donde ya ha habido problemas de suelo, o en huertos donde no se puede rotar, merece la pena plantear planta injertada. El melón o la sandía se injertan sobre un patrón de otra cucurbitácea más vigorosa y resistente, generalmente híbridos de calabaza.

La ventaja concreta es la resistencia a los hongos de suelo, sobre todo a las fusariosis que provocan la marchitez y la podredumbre del cuello, y a ciertos nematodos. Además, el patrón aporta vigor y tolera mejor el frío del suelo en las plantaciones tempranas. Es la solución estándar en la producción comercial española y también funciona en huerto familiar, aunque el plantón sea más caro.

Cuándo está maduro (la parte difícil)

Ni el melón ni la sandía ganan azúcar después de recolectados. Cortarlos antes de tiempo es perder la cosecha, y no hay arreglo posterior.

Sandía. Tres señales que hay que leer juntas. La primera, el zarcillo situado justo en la axila del pedúnculo del fruto se seca y se vuelve marrón. La segunda, la mancha de contacto con el suelo pasa de blanquecina a amarillo cremoso. La tercera, al golpear el fruto con los nudillos suena hueco y grave, no agudo. Desde el cuajado suelen pasar entre 35 y 45 días.

Melón. Depende mucho del tipo. En los cantalupo y galia, el fruto se desprende solo o casi solo al presionar el pedúnculo, y desprende un aroma intenso: eso es maduración. En los tipos de piel dura, como el piel de sapo o el amarillo, que son los mayoritarios en España, el fruto no se desprende y hay que fiarse de otras señales: la zona de contacto con el suelo amarillea, la parte opuesta al pedúnculo cede levemente a la presión del pulgar y aparece un aroma dulce discreto.

Y una advertencia práctica: el sonido de la sandía y la presión del melón son criterios que se aprenden probando. Los primeros años se cortan algunas verdes. Es parte del proceso.

Problemas frecuentes

  • Oídio. Polvo blanco en las hojas, casi inevitable a partir de julio. Marcos amplios, riego al pie y retirada de hojas muy afectadas para que la planta siga fotosintetizando en el resto.
  • Mildiu. Manchas angulosas limitadas por los nervios. Más grave en zonas húmedas.
  • Araña roja y pulgón. Típicos del verano seco. El pulgón transmite además virus.
  • Podredumbre del fruto. Casi siempre por contacto con suelo húmedo. Se resuelve con acolchado o colocando una teja o una tabla bajo cada fruto.
  • Agrietado. Riegos irregulares, sobre todo un riego abundante tras días secos.
  • Fusariosis y nematodos. No hay solución una vez instalados. Rotación de cuatro años entre cucurbitáceas y, si el problema es recurrente, planta injertada.

En resumen

Melón y sandía necesitan calor, sol y espacio: trasplante o siembra directa entre finales de marzo y mayo según la zona, marcos de más de un metro entre plantas y suelo suelto y bien drenado, mejor sobre caballón y con acolchado. En melón, despunta el tallo principal para forzar los brotes secundarios, que son los que dan las flores fértiles, y aclara los frutos dejando tres o cuatro por planta.

El riego marca el sabor: abundante durante el engorde, claramente reducido en las dos o tres últimas semanas. Y la cosecha se decide leyendo el fruto, no el calendario: en la sandía, zarcillo seco, mancha del suelo amarilla y sonido hueco; en el melón de piel dura, base amarilla, ligera cesión a la presión y aroma. Ninguno de los dos madura una vez cortado.


Contenidos relacionados