La fresa es de los cultivos más agradecidos que existen: ocupa poco, produce el primer año, funciona igual en un bancal que en una jardinera colgante y no necesita tutor ni podas complicadas. Los dos únicos puntos donde suele fallar son la profundidad de plantación y el pH del suelo, y los dos se resuelven antes de plantar.
Conviene además saber qué se está comprando. Bajo el nombre de fresa se venden dos cosas distintas: la fresa propiamente dicha (Fragaria vesca), de fruto pequeño y muy aromático, y el fresón (Fragaria x ananassa), un híbrido del siglo XVIII entre dos especies americanas del que salen casi todas las variedades comerciales, de fruto mucho mayor y más dulce pero de aroma más discreto. Casi todo lo que se planta hoy en huertos y terrazas es fresón.
Las plantas de fresas son de una gran belleza ornamental por el color de los frutos y su tendencia a colgar.
Remontantes y no remontantes: la decisión que más importa
Es la primera elección y condiciona todo el manejo posterior.
Las variedades no remontantes (también llamadas de día corto) inducen la flor con días cortos en otoño y dan una única cosecha concentrada en primavera, entre abril y junio según la zona. Producen mucho de golpe, con fruto de mejor calibre, y son las que interesan si quieres hacer mermelada o congelar.
Las remontantes o reflorecientes (de día neutro) florecen a lo largo de toda la temporada y producen en oleadas desde la primavera hasta las primeras heladas. Cada cosecha es menor, pero el goteo continuo es justo lo que se busca en un huerto doméstico o en una terraza.
Para casa, lo razonable es plantar sobre todo remontantes y añadir unas cuantas no remontantes si te interesa una cosecha grande en primavera.
Cuándo y cómo plantar
Lo habitual es partir de plantón, no de semilla. La semilla es viable pero lenta y, en el caso del fresón, la descendencia no sale igual a la planta madre.
En España hay dos épocas de plantación. La de otoño, entre septiembre y noviembre, es la mejor en zonas de invierno suave: la planta enraíza durante el otoño, pasa el invierno instalada y arranca con fuerza en primavera, con cosecha temprana y abundante. La de final de invierno, entre febrero y marzo, es la opción en zonas frías, donde plantar en otoño expone las plantas jóvenes a heladas severas; la cosecha llega más tarde y es menor el primer año.
El error clásico está en la profundidad. La corona (esa zona engrosada entre la raíz y las hojas, de la que salen los brotes) tiene que quedar justo a ras de suelo. Si la entierras, se pudre. Si la dejas demasiado alta, las raíces se secan y la planta no arranca. Coloca la planta con las raíces bien extendidas hacia abajo, sin doblarlas en L, y asienta la tierra con un riego abundante.
El marco: entre 25 y 30 centímetros entre plantas y unos 40 entre líneas. En jardinera, tres o cuatro litros de sustrato por planta.
Suelo, pH y la caliza
La fresa quiere un suelo ácido o ligeramente ácido, con pH entre 5,5 y 6,5, rico en materia orgánica, mullido y con buen drenaje. En los suelos calizos de buena parte del este y el sur peninsular, con pH por encima de 7,5, aparece clorosis férrica: hojas jóvenes amarillentas con los nervios todavía verdes, planta parada y fruto escaso.
Hay tres formas de manejarlo. La primera, elegir variedades más tolerantes a la caliza. La segunda, aportar mucha materia orgánica y, si hace falta, un quelato de hierro durante la temporada, que es un parche eficaz pero temporal. La tercera, y la más limpia, cultivar en contenedor con sustrato específico, que además permite regar con agua de lluvia si la del grifo es muy dura.
En suelo, planta siempre sobre caballón elevado de 15 o 20 centímetros. Mejora el drenaje, calienta antes en primavera y mantiene el fruto lejos del barro.
Sol, riego y acolchado
La fresa produce mejor a pleno sol, pero en el sur y el interior el sol directo de julio y agosto quema hojas y frutos. El punto óptimo en clima mediterráneo es sol de mañana y algo de sombra en las horas centrales del verano. En el norte, cuanto más sol, mejor. Con menos de cuatro horas diarias la planta vive pero produce poco.
El riego tiene que ser constante y sin encharcar. La fresa tiene raíces superficiales y sufre muy rápido con la falta de agua, sobre todo durante la floración y el engorde del fruto. El goteo es claramente el mejor sistema: mantiene la humedad estable y no moja ni hojas ni frutos, que es lo que dispara la botritis (esa podredumbre gris que aparece en los frutos maduros).
El acolchado no es opcional, es parte del cultivo. Una capa de paja, corteza de pino o fibra alrededor de las plantas mantiene la humedad, frena las adventicias, aporta materia orgánica y, sobre todo, impide que el fruto toque la tierra y se pudra. De ahí viene el nombre inglés de la fresa. En cultivo intensivo se usa plástico negro, que además calienta el suelo y adelanta la cosecha, aunque no aporta materia orgánica.
Estolones y renovación de la plantación
La fresa emite estolones, tallos rastreros que enraízan y forman plantas hijas. Aquí hay que elegir: si dejas todos los estolones, la planta madre invierte en ellos y produce menos fruto. Si los cortas según aparecen, toda la energía va al fruto.
Lo práctico es cortarlos durante la temporada de producción y dejar que se formen unos pocos al final del verano, para renovar la plantación. Esas plantas hijas se separan cuando tienen raíces propias y se plantan en un sitio nuevo.
Y eso lleva al punto que casi nadie tiene en cuenta: la fresa se agota. La producción es máxima el primer y el segundo año, y a partir del tercero cae claramente y la planta acumula virus y hongos. Renueva la plantación cada dos o tres años, y hazlo en un sitio distinto o con sustrato nuevo, no encima de las plantas viejas.
Problemas frecuentes
- Babosas y caracoles. El principal enemigo del fruto en suelo. Cultivar en jardinera elevada o colgante los evita casi por completo.
- Botritis. Podredumbre gris del fruto maduro, favorecida por humedad y falta de ventilación. Riego por goteo, acolchado, marcos amplios y retirar los frutos afectados en cuanto aparecen.
- Oídio. Polvo blanco en el envés de las hojas, que se rizan hacia arriba. Ventilación y evitar mojar el follaje.
- Araña roja. Típica de verano seco y caluroso, con punteado amarillo en las hojas. Aumentar la humedad ambiental ayuda.
- Pájaros. Se llevan la cosecha en cuanto colorea. Malla fina desde que empieza a virar.
- Clorosis. Hojas jóvenes amarillas con nervios verdes: es pH alto, no falta de abono.
Variedades habituales en España
- Reina de los Valles. Fresa de bosque de fruto pequeño y aroma intenso, la más aromática de todas. Produce poco en cantidad pero es la que más se parece a una fresa silvestre. Tolera bien la media sombra.
- Mara des Bois. Remontante muy valorada por su sabor, que recuerda al de la fresa de bosque con calibre de fresón. Produce desde la primavera hasta el otoño.
- Camarosa. Uno de los fresones más cultivados, de fruto grande y firme y maduración muy temprana. Es la base de buena parte de la producción comercial española.
- Albion y San Andreas. Remontantes de día neutro, productivas y de buen sabor, muy adecuadas para huerto doméstico y maceta.
- Gariguette. Precoz, de fruto alargado y sabor destacado, muy apreciada aunque más delicada.
Merece la pena decir que España, y en particular la provincia de Huelva, es la mayor zona productora de fresón de Europa, lo que explica que las variedades disponibles aquí estén bien adaptadas al ciclo mediterráneo de plantación otoñal.
La recolección
La fresa no madura después de recolectada. Lo que se coge blanco o rosa se queda blanco o rosa: gana color por fuera, pero no gana azúcar ni aroma. Espera a que el fruto esté rojo por completo, incluido el hombro junto al cáliz.
Recoge por la mañana temprano, cuando el fruto está fresco y firme, cortando el pedúnculo con las uñas o unas tijeras y dejando el cáliz puesto. Tirar del fruto daña la planta y magulla la fresa. Y no laves la cosecha hasta el momento de comerla: el agua acelera la podredumbre.
En resumen
Elige variedades remontantes si quieres fruta escalonada de primavera a otoño, planta en otoño si tu invierno es suave y a finales de invierno si es duro, y cuida sobre todo la profundidad: la corona a ras de suelo, ni enterrada ni al aire. Sobre caballón elevado, con acolchado y riego por goteo constante.
Si tu suelo es calizo, como ocurre en gran parte del este y el sur de España, cultiva en contenedor con sustrato para plantas acidófilas antes que pelearte con la clorosis. Corta los estolones durante la producción, guarda unos pocos al final del verano para renovar, y cambia la plantación de sitio cada dos o tres años, porque a partir del tercero la planta produce cada vez menos.