El tomate (Solanum lycopersicum, antes Lycopersicon esculentum) es el cultivo que mejor funciona en una terraza española, y también el que más se estropea por dos errores concretos: maceta pequeña y riego irregular. Resueltos esos dos puntos, el resto es cuestión de constancia.

Lo primero que hay que decidir no es la variedad, es el tipo de crecimiento, porque de él dependen el tamaño del contenedor, el tutor y la poda. Los tomates determinados (o de mata baja) crecen hasta una altura fija, entre 50 centímetros y un metro, terminan en un ramo de flores y concentran toda la producción en tres o cuatro semanas. Los indeterminados crecen indefinidamente, van alternando hojas y ramos florales, y producen de forma escalonada desde junio hasta que llega el frío. En terraza suelen dar mejor resultado los indeterminados, porque estiran la cosecha durante meses en el mismo espacio de suelo.

Los tomates Cherry son una variedad ideal para cultivar en espacios pequeños. Abajo, la tomatera a los 65 días.

El contenedor, lo que más se subestima

Aquí se decide casi todo. La raíz del tomate es profunda y la planta transpira mucho, así que un tiesto pequeño obliga a regar dos veces al día en julio, y aun así la planta vive en estrés permanente. Ese estrés es exactamente lo que provoca la podredumbre apical y el agrietado del fruto.

  • Indeterminado de fruto grande: mínimo 30 litros por planta, 40 mejor, con al menos 40 centímetros de profundidad.
  • Indeterminado tipo cherry: 20 o 25 litros bastan.
  • Determinado o enano: 15 litros.

Una planta por maceta. Meter dos en un contenedor grande compitiendo por el agua es peor que tener una sola. Los recipientes de barro respiran mejor pero se secan mucho antes; los de plástico claro se calientan menos al sol que los oscuros. Y agujeros de drenaje generosos: nada de plato bajo la maceta en verano con agua estancada.

Sustrato de calidad, suelto, con compost o humus de lombriz incorporado. El sustrato universal barato se compacta en un par de meses y deja de drenar.

Siembra o plantel

El calendario depende de la zona. La siembra en semillero protegido va de febrero a marzo en el litoral mediterráneo y el sur, y de marzo a abril en el interior y el norte. La semilla necesita entre 20 y 25 grados para germinar, así que en una ventana fría no nace: hace falta interior con calor o cama caliente.

Se siembra a medio centímetro de profundidad en bandeja de alveolos, se mantiene húmedo (no encharcado) y en cuanto asoman los cotiledones hay que dar toda la luz posible. Este es el error habitual de la siembra casera: plántulas nacidas con poca luz que se ahílan, quedan largas y débiles y no se recuperan.

El trasplante definitivo se hace de abril a mayo, cuando la plántula tiene cuatro o cinco hojas verdaderas y las noches se mantienen por encima de los 10 o 12 grados. Comprar plantel ya crecido ahorra toda esta fase y es perfectamente razonable para dos o tres plantas.

Al trasplantar, entierra el tallo. El tomate emite raíces adventicias en toda la porción de tallo enterrada, así que puedes hundir la planta hasta las primeras hojas, o incluso tumbarla en curva si venía muy larga. Sale un sistema radicular mucho más potente.

Riego: constante, no abundante

La regla es humedad estable. El tomate tolera bastante bien el suelo algo seco, pero no tolera el ciclo de encharcarse y secarse. Cuando la raíz pasa hambre de agua y luego recibe un riego generoso, el fruto absorbe de golpe y revienta: eso es el agrietado circular que aparece alrededor del pedúnculo.

La podredumbre apical, esa mancha oscura, seca y hundida en la parte inferior del fruto, tiene el mismo origen. No es un hongo. Es un problema de transporte de calcio dentro de la planta, y en maceta el desencadenante casi siempre es el riego a golpes. No se corrige echando abono ni tratando con fungicida: se corrige regulando el agua.

En terraza, lo práctico es un goteo con programador, riegos cortos y frecuentes, y un acolchado sobre el sustrato (paja, corteza, incluso una capa de compost) que reduce mucho la evaporación. Riega siempre al pie y por la mañana temprano, nunca mojando el follaje.

Entutorado y destallado

Un tomate indeterminado necesita tutor sí o sí: una caña resistente clavada hasta el fondo de la maceta, o mejor un cordel atado a la barandilla o a una estructura superior, alrededor del cual se va enrollando el tallo. Ata con material blando y en forma de ocho, dejando holgura, porque el tallo engorda.

El destallado consiste en eliminar los brotes que salen en la axila entre el tallo principal y cada hoja. Si se dejan, se convierten en tallos completos y la planta se convierte en una maraña que da mucha hoja y poco fruto. Se retiran cuando son pequeños, con los dedos y en un día seco. Se deja una guía, o dos como mucho en macetas grandes.

Importante: los tomates determinados no se destallan. Al tener crecimiento limitado, quitarles los brotes laterales reduce directamente la cosecha. Solo se les da un tutor ligero para que no se tumben con el peso.

Ya avanzada la temporada, conviene ir quitando las hojas viejas de la parte baja, sobre todo las que tocan el sustrato, para airear y evitar hongos.

El calor del verano y el cuajado

El tomate se autopoliniza: cada flor tiene los dos sexos y basta una vibración para que el polen caiga sobre el estigma. En campo abierto lo hace el viento. En una terraza cerrada o en un patio interior a veces no hay movimiento suficiente, y entonces ayuda dar un golpecito diario al tutor durante la floración.

Hay un límite térmico que conviene conocer porque explica el parón de agosto: por encima de unos 32 o 35 grados de día, y con noches que no bajan de 25, el polen pierde viabilidad y las flores se caen sin cuajar. Es un fenómeno normal en el interior y el sur peninsular en pleno verano, y no significa que la planta esté enferma. La producción se reanuda sola cuando bajan las temperaturas a finales de agosto o en septiembre. Una malla de sombreo del 30 o 40 por ciento en las horas centrales reduce el problema.

Abonado

En maceta el sustrato se agota, así que el abonado no es opcional. Hasta la aparición del primer ramo floral basta con lo que traiga el sustrato. A partir del cuaje conviene un abono rico en potasio, del tipo de los específicos para tomate, cada una o dos semanas siguiendo la dosis del envase.

Cuidado con pasarse de nitrógeno: da una planta enorme, de un verde precioso, con poquísimo fruto y muy atractiva para el pulgón.

Plagas habituales en terraza

  • Mosca blanca. Nubes de insectos diminutos que salen al mover la planta. Jabón potásico mojando bien el envés y trampas cromáticas amarillas.
  • Araña roja. Aparece con calor y aire seco, que es justo el ambiente de una terraza en agosto. Se detecta por un punteado amarillento en la hoja y telarañas muy finas. Aumentar la humedad ambiental la frena bastante.
  • Pulgón. En brotes tiernos, sobre todo en primavera. Jabón potásico.
  • Polilla del tomate (Tuta absoluta). Deja galerías transparentes en las hojas y perfora los frutos. Retirar y destruir las hojas afectadas en cuanto se detecten, y trampas de feromona si el problema se repite.
  • Mildiu (Phytophthora infestans). Manchas pardas y aceitosas en hojas y tallos tras periodos húmedos. Airear, no mojar el follaje y retirar lo afectado.

Una nota sobre la planta

El fruto maduro del tomate es el único que se come. Las hojas, los tallos y los frutos verdes inmaduros contienen tomatina, un glicoalcaloide propio de las solanáceas, y no son comestibles. Si tienes animales en la terraza, tenlo en cuenta a la hora de colocar las macetas.

En resumen

Para tomates en maceta, empieza por el contenedor: 30 litros o más por planta indeterminada, con drenaje real y buen sustrato. Trasplanta de abril a mayo enterrando bien el tallo, entutora desde el principio y destalla solo si la variedad es indeterminada.

El riego constante es lo que separa una cosecha buena de una llena de frutos agrietados y con la punta negra. Abona con potasio desde el primer cuaje, no te alarmes si en pleno agosto la planta deja de cuajar, y vigila mosca blanca y araña roja, que son las que más molestan en terraza. Con dos plantas indeterminadas bien llevadas hay tomate en casa de junio a octubre.


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