La patata (Solanum tuberosum) es uno de los pocos cultivos que en terraza da una cosecha con sentido. No hablamos de dos tomates cherry: de un contenedor de 40 litros bien llevado salen de uno a dos kilos de patata, y el cultivo apenas exige atención entre la plantación y la recolección.

La época de plantación en la mayor parte de España va de febrero a abril, con marzo como mes central. La referencia tradicional es San José, el 19 de marzo, que sigue siendo buena orientación para la meseta. En Andalucía y en el litoral mediterráneo se planta desde enero o febrero, precisamente para poder cosechar antes de que aprieten los calores, y en las zonas frías del norte y de montaña se espera a abril o incluso mayo.

Paso a paso del cultivo de patatas en un tiesto. Abajo, un puñado de patatas recién extraídas de la tierra. Día a día, este cultivo gana adeptos entre los hortelanos urbanitas.

Un aviso antes de empezar: la solanina

La patata es una solanácea y, como el resto de la familia, produce glicoalcaloides tóxicos, principalmente solanina y chaconina. Están presentes en toda la planta salvo en el tubérculo sano y maduro. Concretamente:

  • Las hojas y los tallos son tóxicos. No se comen ni se dan a animales.
  • Los frutos son tóxicos. Después de la floración la planta puede producir unas bolitas verdes parecidas a tomates pequeños. No son patatas ni se comen bajo ningún concepto. Si hay niños en la terraza, retíralas.
  • Las partes verdes del tubérculo y los brotes, también. La patata que ha recibido luz se vuelve verde por la clorofila, que es inofensiva, pero esa misma exposición dispara la producción de solanina, que no lo es. Una patata verdeada se desecha o se pela a fondo retirando toda la zona verde y los brotes.

De ahí que el aporcado, es decir, cubrir de tierra los tubérculos según van creciendo, no sea solo una cuestión de rendimiento. Si aparecen síntomas tras un consumo accidental, la consulta es al médico o al veterinario.

El recipiente

Cuanto más grande, mejor. El mínimo razonable es 30 centímetros de diámetro por 40 de profundidad, unos 25 o 30 litros, para una sola patata de siembra. Un contenedor de 40 o 50 litros admite dos.

Sirven macetas, cubos de obra con agujeros, sacos de cultivo de tela y hasta el propio saco de sustrato puesto de pie, con la parte superior abierta y varios cortes en la base para el drenaje. Los sacos de tela tienen la ventaja de que airean el sustrato por los laterales.

Lo único innegociable es el drenaje: agujeros abundantes en el fondo. La costumbre de poner una capa de grava en el fondo no mejora nada, al contrario, eleva la zona saturada de agua y reduce el volumen útil de sustrato. Basta con que el agua tenga por dónde salir y con que la maceta no quede apoyada sobre el suelo, sino sobre unos tacos.

La patata de siembra

Usa patata de siembra certificada, no las del supermercado. Hay dos motivos. El primero es sanitario: la patata certificada está libre de las virosis que se transmiten por el tubérculo y que reducen la cosecha campaña tras campaña. El segundo es práctico: las patatas de consumo suelen recibir tratamientos antibrotantes en el almacén, así que muchas veces sencillamente no brotan.

Antes de plantar, conviene prebrotar. Se colocan las patatas en una caja o huevera, en capa única, con el extremo que tiene más yemas hacia arriba, en un sitio fresco (unos 10 o 12 grados), con luz indirecta y sin calor. En tres o cuatro semanas emiten brotes cortos, gruesos y verdosos, que son los buenos. Los brotes largos, blancos y filiformes que salen en la oscuridad de la despensa son débiles y se rompen al plantar.

Una patata mediana se planta entera. Si es muy grande se puede cortar en trozos con dos o tres yemas cada uno, dejándolos secar un par de días para que cicatrice el corte antes de plantarlos. En maceta, francamente, sale mejor plantar entera.

Plantación y aporcado

Llena el recipiente hasta un tercio de su altura con sustrato suelto y rico en materia orgánica, mezcla de sustrato universal con compost. Coloca la patata con los brotes hacia arriba y cúbrela con unos 10 centímetros más. Riega ligeramente y espera.

Cuando los tallos hayan crecido unos 15 o 20 centímetros por encima del sustrato, añade más hasta dejar fuera solo la punta. Repite la operación dos o tres veces hasta llegar a unos cinco centímetros del borde. Esto es el aporcado, y es el gesto que más condiciona la cosecha: los tubérculos se forman en los estolones que salen del tallo enterrado, así que cuanto más tallo quede bajo tierra, más superficie de producción hay. Además evita que los tubérculos superficiales verdeen.

Sol, temperatura y riego

Necesita sol directo, seis horas como mínimo. La parte aérea es muy sensible a las heladas: una helada tardía quema el follaje y, aunque la planta rebrota desde el tubérculo, la cosecha se resiente. Si se anuncia helada, cubre con una manta térmica o mete la maceta bajo techo, que es la ventaja de cultivar en terraza.

La tuberización, es decir, la formación de las patatas, se produce mejor con el suelo entre 15 y 20 grados y se frena mucho por encima de los 30. Este es el motivo real por el que en la mitad sur se planta temprano: hay que tener la cosecha hecha antes de que el sustrato de una maceta al sol se ponga a 35 grados en junio.

El riego tiene tres fases claras. Antes de la brotación, muy poco: el tubérculo tiene reservas propias y el exceso de humedad lo pudre. Desde la brotación hasta el final de la floración, regular y constante, que es la fase crítica; los altibajos en el agua provocan tubérculos deformes y agrietados. Al final del ciclo, ir reduciendo hasta suspender cuando el follaje amarillea, para que la piel endurezca y las patatas conserven bien.

Plagas y enfermedades

En terraza hay muchas menos que en el huerto, pero conviene reconocer dos.

El escarabajo de la patata (Leptinotarsa decemlineata) es inconfundible: adulto amarillo con diez rayas negras longitudinales, larvas rojizas y gordas que devoran el follaje a gran velocidad. En una o dos macetas se controla a mano, revisando el envés de las hojas y aplastando las puestas de huevos naranjas.

El mildiu (Phytophthora infestans) aparece con humedad y temperaturas suaves, típicamente en primaveras lluviosas del norte. Se manifiesta como manchas pardas de aspecto aceitoso en las hojas, con un fieltro blanquecino en el envés, y puede acabar con la planta en pocos días. Riega siempre al pie y nunca sobre el follaje, y no amontones las macetas.

Si además tienes tomates o pimientos, no plantes la patata en el mismo sustrato que usaron ellos: comparten enfermedades. Y no reutilices el sustrato de una cosecha de patata para la siguiente.

Cosecha y conservación

El ciclo va de 90 a 140 días según la variedad. Hay dos momentos posibles de recolección.

Las patatas nuevas se sacan poco después de la floración, cuando tienen el tamaño de un huevo. La piel se desprende al frotar con el dedo. Están buenísimas y no se conservan: se comen en pocos días.

La cosecha de conservación espera a que el follaje amarillee y se seque por completo. A partir de ahí, deja de regar y espera dos semanas más antes de vaciar la maceta: en ese tiempo la piel se endurece, que es lo que permite guardarlas. Vuelca el contenedor sobre una lona y recoge.

Deja secar los tubérculos unas horas a la sombra, sin lavarlos, y guárdalos en una caja de madera o un saco de tela en un lugar oscuro, fresco y ventilado. La oscuridad es lo importante, por lo dicho de la solanina. Guardadas así aguantan meses; en una bolsa de plástico se pudren en semanas.

En resumen

Para cultivar patatas en terraza necesitas un contenedor de 30 litros o más con buen drenaje, patata de siembra certificada y prebrotada, sustrato suelto y un rincón con seis horas de sol. Planta entre febrero y abril según la zona, aporca a medida que la planta crece y riega de forma regular durante la floración.

Ten presente que todo lo verde de la planta y los tubérculos verdeados contienen solanina y no se comen. Recolecta cuando el follaje se seque, deja endurecer la piel y guarda las patatas siempre a oscuras. Con un par de macetas grandes hay cosecha suficiente para varias semanas de cocina.


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