No todos los cultivos necesitan semillero, y hacerlo donde no toca es perder tiempo y plantas. La regla es sencilla: van a semillero las especies que necesitan más calor del que hay fuera en el momento en que interesa sembrarlas, y las que trasplantan bien. Van a siembra directa las de raíz y las que no toleran que les toquen las raíces.
El semillero sirve para ganar semanas al calendario, para no desperdiciar semilla cara, para tener las plántulas vigiladas en sus primeras semanas y para que el bancal siga produciendo mientras el relevo se cría aparte. Aquí va cómo montarlo, qué falla habitualmente y cómo se sabe cuándo el plantel está listo.
Siembra de semillas en bandejas de alveolos de material biodegradable. Facilitan el trasplante al huerto. Foto: Shutterstock
Qué va a semillero y qué no
Semillero, sí. Tomate, pimiento, berenjena, todas las coles (repollo, brócoli, coliflor, lombarda), lechuga, escarola, apio, puerro, cebolla y aromáticas como la albahaca. Son cultivos que trasplantan bien y que se benefician de nacer protegidos.
Semillero, pero en recipiente individual y con cuidado. Las cucurbitáceas: calabacín, pepino, melón, sandía y calabaza. Nacen rápido y crecen deprisa, pero llevan muy mal que se les rompa la raíz. Se siembran en maceta individual o en alveolo grande y se trasplantan pronto, con el cepellón intacto.
Siembra directa. Zanahoria, remolacha, rábano, nabo, chirivía, escorzonera y en general todo lo de raíz, porque un trasplante les deforma la raíz principal. También las leguminosas de grano grueso (judía, haba, guisante), el maíz, la espinaca, la borraja, la acelga y el ajo, que van bien sembrados en su sitio.
Dónde ponerlo: calor y luz
Un semillero necesita las dos cosas a la vez, y ahí está casi todo el problema. Es fácil dar calor y es fácil dar luz, pero no siempre se dan juntos.
Lo ideal es un invernadero con calor de fondo, lo que tradicionalmente se llama cama caliente. Hoy se resuelve con una manta o un cable calefactor bajo la bandeja, y antiguamente se hacía con una capa de estiércol fresco enterrada bajo el semillero, que al fermentar templaba el sustrato durante semanas. El calor por abajo es mucho más eficaz que calentar el aire, porque lo que dispara la germinación es la temperatura del sustrato.
Las referencias útiles: tomate, pimiento y berenjena germinan bien entre 20 y 25 grados, y el pimiento es especialmente lento si baja de ahí. Las coles y las lechugas se conforman con 15 a 20. La cebolla y el puerro, otro tanto. Y un dato que sorprende: la lechuga germina mal por encima de 25 grados, entra en una especie de letargo por calor. Si siembras lechuga en pleno verano y no nace, no es la semilla, es la temperatura.
Sin invernadero, hay dos alternativas. Un semillero en el suelo del huerto bajo un túnel de plástico montado sobre arcos, que aprovecha el calor de la tierra y es una solución excelente para finales de invierno. O un contenedor en un sitio resguardado, un porche o una terraza cubierta.
Y está la opción de dentro de casa, que resuelve la temperatura y crea el problema contrario. Una habitación tiene 20 grados pero muy poca luz comparada con el exterior, y una plántula caliente y mal iluminada se ahíla: tallo largo, fino, pálido y torcido hacia la ventana, que ya no se recupera. Si siembras dentro, pon las bandejas lo más pegado posible a la ventana más luminosa, mejor si es a mediodía, y gira las bandejas cada día para que no se tuerzan. Si no dispones de esa luz, es mejor sembrar dos o tres semanas más tarde y tener plantel corto y robusto.
Recipientes
Las bandejas de alveolos son lo más práctico: cada plántula tiene su cavidad, su cepellón y su porción de sustrato, y el trasplante no rompe nada. Las hay de plástico reciclado, reutilizables muchas temporadas, y biodegradables de turba prensada o fibras vegetales, que se plantan enteras sin sacar la planta y evitan por completo el estrés del trasplante.
El tamaño del alveolo importa. Uno pequeño obliga a trasplantar pronto o la planta se queda; uno grande permite tener el plantel más tiempo esperando su sitio, algo muy útil cuando el bancal aún está ocupado.
Algunas especies aceptan bien la siembra a voleo en bandeja sin alveolos o en una tabla de semillero, arrancando después las plantitas a raíz desnuda: cebolla, puerro y tomate se comportan bien así. La calabaza y el calabacín, no.
Cualquier envase pequeño reciclado sirve, siempre que le hagas agujeros de drenaje en el fondo. Sin drenaje, el semillero se ahoga.
Sustrato
Necesita retener agua y a la vez drenar, ser fino para que la semilla pequeña tenga buen contacto, y estar limpio de patógenos y de semillas de hierbas. Los sustratos específicos para semillero cumplen eso, y llevan una fertilización ligera, que es lo correcto: en germinación no hace falta abono fuerte, e incluso perjudica.
Para cubrir la semilla conviene un sustrato muy fino y cribado, o vermiculita, que retiene humedad sin apelmazarse.
Lo que no debe hacerse es reutilizar tierra de macetas viejas o del bancal sin más, sobre todo si ha habido problemas de hongos. Es la vía más rápida a una tanda de plántulas caídas.
Sembrar
Cuándo. Respeta las épocas del sobre y adáptalas a tu zona: en el litoral mediterráneo y el sur todo va tres o cuatro semanas por delante que en el interior de la meseta. Y comprueba la fecha de la semilla, porque la hortícola pierde poder germinativo con los años y no todas por igual: la cebolla, el puerro y la chirivía apenas aguantan una o dos temporadas, mientras que el tomate y las cucurbitáceas siguen naciendo bien pasados cuatro o cinco años.
A qué profundidad. La regla clásica es enterrar la semilla unas dos o tres veces su propio grosor. Como la mayoría de las hortícolas son pequeñas, eso significa apenas unos milímetros. Enterrar de más es el error más repetido: la plántula gasta sus reservas antes de llegar a la luz y no emerge.
Cuántas por alveolo. Dos o tres. Con una sola quedan huecos vacíos cuando alguna no nace; con cinco o seis, después toca un aclareo laborioso y las plantitas ya han competido entre sí. Después se aclara dejando una por alveolo, y aquí conviene fijarse: no se elige la más alta, sino la más robusta, con el tallo grueso, buen color y hojas bien formadas. La más alta suele ser la más ahilada. Se corta a ras con tijera en vez de arrancarla, para no mover la raíz de la que se queda.
Etiquetar. Parece prescindible hasta que tienes cuatro variedades de tomate nacidas y todas iguales. Un palito de madera o una tira de plástico con rotulador indeleble, con la especie, la variedad y la fecha de siembra.
Riego, el punto más delicado
Al semillero no le puede faltar agua ni sobrarle, y el margen es estrecho porque el volumen de sustrato es mínimo y se seca en horas.
Los primeros días, hasta la nascencia, lo mejor es un pulverizador: humedece sin desenterrar la semilla ni compactar. Un chorro de regadera sin florón arrastra las semillas a una esquina del alveolo.
Una vez nacidas, lo más seguro es regar por capilaridad: se apoya la bandeja de alveolos sobre otra bandeja con un dedo de agua, se deja que el sustrato la absorba desde abajo y se retira el sobrante a los pocos minutos. Así no se moja el cuello de las plántulas y el sustrato se humedece de manera uniforme.
Hay que revisarlo a diario, sin excepción. Un semillero olvidado una tarde de sol se pierde entero.
Los hongos de cuello y cómo evitarlos
El problema más frecuente del semillero es lo que se llama caída de plántulas: aparecen tumbadas, con el tallo estrangulado y ennegrecido justo a nivel del sustrato. Lo causan hongos del suelo que se disparan con exceso de humedad, siembra demasiado densa y falta de ventilación.
La prevención es toda cultural: sustrato limpio, bandejas lavadas si se reutilizan, no sobrepasarse con el riego, no tener la tapa del mini invernadero puesta después de que hayan nacido, y airear a diario. Cuando aparece, lo mejor es retirar las plántulas afectadas, dejar secar algo el sustrato y ventilar más.
Del semillero al huerto
El plantel está listo cuando tiene tres o cuatro hojas verdaderas, aparte de las dos primeras que trae la semilla. En cebolla y puerro, la referencia es el grosor de un lápiz fino.
Antes de sacarlo definitivamente hay que endurecerlo: durante siete a diez días se saca unas horas al exterior, primero a la sombra y resguardado, aumentando la exposición cada día, y se afloja un poco el riego. Sin ese paso, el sol directo y el viento le queman las hojas en una sola tarde.
El trasplante se hace al atardecer o en un día nublado, con el cepellón bien húmedo, y se riega inmediatamente después. En el tomate conviene enterrar el tallo hasta las primeras hojas, porque emite raíces a lo largo de la parte enterrada y agarra mucho mejor. Y en todos los casos, no se trasplanta al exterior hasta que haya pasado el riesgo de helada, que en el interior peninsular puede alargarse hasta mayo.
En resumen
Semillero para tomate, pimiento, berenjena, coles, lechuga, apio, puerro, cebolla y albahaca; recipiente individual para las cucurbitáceas; siembra directa para raíces, leguminosas de grano y maíz. Calor de fondo entre 20 y 25 grados para las solanáceas, luz abundante desde el momento en que nacen, y siembra somera de apenas unos milímetros con dos o tres semillas por alveolo.
Riego con pulverizador al principio y por capilaridad después, revisión diaria, ventilación para evitar la caída de plántulas y aclareo eligiendo la más robusta y no la más alta. Cuando tenga tres o cuatro hojas verdaderas, una semana de endurecimiento al exterior y a la tierra, después de la última helada.