Adelantar una siembra consiste en darle a la planta unos grados más de los que hay fuera, y eso se consigue de dos maneras que se confunden a menudo: calentando el aire alrededor o calentando el suelo. La segunda importa más. Una plántula de tomate con las hojas a 20 grados y la raíz a 10 no crece, se queda parada. Por debajo de unos 12 grados de temperatura de suelo, las solanáceas prácticamente no desarrollan raíz nueva por mucho sol que les dé.

Ese es el criterio para elegir entre velo, acolchado, túnel, campana o invernadero, y también para saber cuándo un adelanto real y cuándo solo estás produciendo plantas ahiladas que luego irán peor que las sembradas a su hora. Abajo, cada recurso con lo que hace de verdad y sus límites.

Velos o mantas de crecimiento

Son láminas muy ligeras de polipropileno no tejido, permeables al agua y al aire, que se extienden directamente sobre la siembra o sobre los planteles recién puestos. Los hay de distintos gramajes: los finos, en torno a los 17 gramos por metro cuadrado, dejan pasar más luz y pesan menos sobre la planta; los más gruesos protegen algo más del frío pero sombrean.

Lo que ganan es modesto y hay que saberlo: entre dos y tres grados sobre la temperatura exterior, y algo más de protección frente a la helada por radiación, esa que se produce en noches despejadas y sin viento. No salvan de una helada seria. Lo que sí hacen muy bien es conservar el calor acumulado por el suelo durante el día y mantener humedad, y con eso mejoran mucho la germinación de una siembra directa a principios de primavera o a finales de invierno.

Se colocan flotando sobre el cultivo, sin tensar, dejando holgura para que la planta empuje hacia arriba conforme crece. Los bordes se fijan al suelo con grapas, con tierra o con piedras, porque un velo suelto lo levanta el primer viento. Conviene no sembrar pegado al borde, donde la protección es menor.

El otro beneficio, y para muchos el principal, es que constituyen una barrera física: los pájaros no se llevan la semilla recién sembrada y muchas plagas de vuelo no llegan a poner sobre el cultivo. Para eso también sirven, en época templada, las mallas antiinsectos, que no aportan calor pero no sombrean.

Calentar el suelo: el acolchado plástico

Es el recurso más barato y el que ataca el problema por donde importa. Un film de plástico extendido sobre el bancal, con los bordes enterrados, calienta la capa superficial del suelo varios grados y evita que ese calor se pierda de noche. El negro además impide que nazcan hierbas debajo.

La técnica es sencilla: se prepara el bancal, se riega bien, se cubre con el plástico bien ceñido a la tierra y se deja una o dos semanas antes de plantar para que el suelo se caliente. Después se hacen agujeros en cruz y se planta a través del film. Combinado con un velo por encima, la ganancia es bastante mayor que con cualquiera de los dos por separado.

Túneles bajos

Un escalón más de protección. Se montan sobre arcos, metálicos o de varilla flexible, clavados en el terreno a lo largo de la línea de cultivo, y se cubren con film transparente para cultivo temprano o con malla, según la época. Crean un volumen de aire cerrado que se calienta con el sol y frena la lluvia fuerte, el viento y la helada ligera.

Sirven tanto para adelantar en febrero y marzo como para alargar en octubre y noviembre. Su punto débil es el mismo que su virtud: en un día soleado de marzo, un túnel cerrado puede pasar de 10 a 35 grados en un par de horas y cocer las plantas. Hay que abrir los extremos o levantar un lateral en cuanto luce el sol y cerrar por la tarde. Si no vas a estar para hacerlo, deja una ventilación permanente aunque pierdas algo de temperatura.

Campanas y conos individuales

Para unos pocos ejemplares sueltos, una campana transparente apoyada sobre la tierra crea un efecto invernadero a pequeña escala y sube unos grados el aire alrededor de la planta. Protege del frío, del granizo, de la lluvia fuerte y de caracoles y babosas.

La ventilación aquí es todavía más crítica que en el túnel, porque el volumen es pequeño y se calienta en minutos. Las campanas con una abertura en la parte superior resuelven eso y además disipan la condensación, que es lo que provoca hongos en el cuello de las plántulas. Sin esa abertura, hay que levantarlas cada mañana.

Se usan sobre las hortalizas sensibles al frío recién plantadas: tomate, pimiento, berenjena, calabacín, pepino, lechuga temprana y aromáticas tiernas como la albahaca, desde que se plantan hasta que ya no caben debajo.

Invernaderos desmontables

Para cultivos en altura, como las tomateras, o para cubrir una parte del huerto entera. Estructura de tubo de acero galvanizado y cubierta de polietileno transparente con puerta. Permiten ganar un mes largo respecto al cultivo al aire libre y prolongar la temporada por el otro extremo.

Tres cosas condicionan que funcione. La ubicación: a pleno sol, lejos de ramas que puedan desgarrar el plástico, y con el lado largo orientado de forma que reciba el máximo de luz. El viento: se monta perpendicular a los vientos dominantes y con la puerta en el lado opuesto a las rachas, porque una puerta abierta de golpe por una ráfaga arranca la cubierta entera. Y el anclaje, que hay que reforzar más de lo que sugieren las instrucciones; un invernadero ligero mal anclado se vuela.

Y de nuevo la ventilación: abrir los días de sol, sin excepción. Un invernadero cerrado en un día despejado de abril es una trampa de calor y de humedad.

El semillero: donde de verdad se adelanta

Casi todo el adelanto útil se juega en el semillero, no en el bancal. Un mini invernadero de bandeja con tapa transparente, con alveolos, macetitas de turba prensada o pastillas de fibra prensada, mantiene la humedad estable y sube la temperatura lo justo para germinar.

El riego se hace en la bandeja inferior, no por encima: el agua sube por capilaridad, no compacta el sustrato ni desentierra la semilla, y se evita mojar el cuello de las plántulas.

Si de verdad quieres adelantar solanáceas, lo que más rinde es el calor de fondo: una manta o un cable calefactor bajo la bandeja que mantenga el sustrato entre 20 y 25 grados. Las semillas de tomate, pimiento y berenjena germinan ahí en pocos días, mientras que a 15 grados el pimiento puede tardar tres semanas o no nacer.

Ahora la advertencia importante. En cuanto nacen, quita la tapa y llévalas a la máxima luz que tengas. Los dos errores clásicos del adelanto son mantener la tapa puesta, con lo que la condensación provoca que las plantitas caigan podridas por el cuello, y darles calor sin darles luz. Una plántula caliente y poco iluminada se ahíla: tallo largo, fino y pálido que ya no se recupera. En enero y febrero, dentro de casa, la luz de una ventana casi nunca es suficiente. Si no tienes invernadero ni una galería muy luminosa, es mejor sembrar dos o tres semanas más tarde y obtener plantel corto y robusto.

Endurecer antes de sacar

Un plantel criado en el interior o en un invernadero no puede pasar de golpe al bancal. Necesita entre siete y diez días de aclimatación: se saca al exterior unas horas al día, primero a la sombra y al resguardo, aumentando el tiempo y la exposición cada jornada, y se reduce un poco el riego. Sin ese endurecimiento, el sol directo y el viento le queman las hojas en una tarde y la planta pierde más tiempo del que habías ganado.

Y la última: por muy adelantado que vaya el plantel, el trasplante definitivo no se hace hasta que ha pasado el riesgo de helada. En el litoral mediterráneo y el sur eso cae en marzo; en el interior de la meseta y en zonas de montaña, no antes de mayo, porque una helada tardía de finales de abril es perfectamente normal.

En resumen

Lo que decide un adelanto es la temperatura del suelo, no la del aire, así que el acolchado plástico y el calor de fondo en el semillero rinden más que cualquier cubierta. Los velos de crecimiento aportan dos o tres grados y protegen de pájaros y plagas, los túneles bajos y las campanas suman algo más, y los invernaderos desmontables permiten ganar un mes largo. Todos ellos exigen ventilar en cuanto sale el sol.

El límite real no es el frío sino la luz. Sembrar muy pronto sin luz suficiente da plantel ahilado que rinde peor que uno sembrado a su hora. Cría el semillero con calor pero con toda la luz posible, quita la tapa en cuanto nazcan, endurece el plantel una semana antes de sacarlo y no trasplantes hasta que la helada haya pasado de verdad.


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