El moho gris es, junto con el mildiu, la enfermedad que más disgustos da en las tomateras de invernadero y de huerto familiar. Lo causa Botrytis cinerea, un hongo que no necesita que la planta esté débil para entrar: le basta con una herida fresca, un pétalo marchito pegado a un fruto o una noche de humedad alta. Entender cómo se comporta es lo que separa una campaña con pérdidas puntuales de otra en la que hay que arrancar plantas enteras a mitad de julio.

Tomate afectado por moho gris causado por Botrytis cinerea

Qué es exactamente la botritis

Botrytis cinerea es un hongo ascomiceto cuya forma sexual se conoce como Botryotinia fuckeliana, aunque en campo casi siempre lo encontramos en su fase asexual, la que produce esas esporas grises que salen en polvo al mover la planta. Es polífago en el sentido más literal: se le han descrito más de doscientas especies huésped, desde la vid y la fresa hasta la lechuga, el pimiento, la judía o los ornamentales de flor. Esto tiene una consecuencia práctica muy directa para el huerto: rotar el tomate con otro cultivo no te libra de la botritis, porque el hongo sobrevive perfectamente en cualquiera de los vecinos.

Su estrategia es necrótrofa. No parasita células vivas como hace el oídio: segrega enzimas y ácido oxálico que matan el tejido por delante del micelio, y luego se alimenta de lo que ha matado. Por eso ataca con tanta facilidad tejido que ya está muerto o moribundo (pétalos caídos, hojas viejas, tocones de poda) y desde ahí salta al tejido sano. Cualquier resto vegetal en descomposición dentro del cultivo es, literalmente, una base de operaciones.

Sobrevive el invierno de dos formas: como micelio en restos de cultivo y como esclerocios, unos cuerpos duros y negros del tamaño de un grano de arroz que aguantan meses en el suelo y en los restos de tallo. Ahí está la razón de que una parcela con historial de botritis vuelva a tener botritis: el inóculo ya vive allí.

Cómo se manifiesta en la tomatera

Los síntomas cambian bastante según la parte de la planta afectada, y confundirlos es frecuente.

En tallo. Es el daño más grave. Aparecen lesiones alargadas, de color pardo claro a gris, casi siempre a partir de un corte de poda o de un desbrotado. Si la lesión rodea el tallo por completo, ciñe la planta y todo lo que hay por encima se marchita y muere. Es la forma en que la botritis mata tomateras adultas, y es también la que más se atribuye erróneamente a "falta de riego" o a fusarium.

En hoja. Manchas pardas que suelen empezar en el borde o en la punta del folíolo y avanzan hacia dentro con un aspecto de zonas concéntricas. En condiciones húmedas se cubren de ese fieltro gris polvoriento característico. También es muy típico que entre por el pecíolo de una hoja deshojada a medias, dejando el tocón podrido.

En flor y fruto joven. El pétalo senescente es la puerta preferida. Si la flor se queda pegada al fruto cuajado, la botritis coloniza el pétalo y desde ahí pasa al cáliz y al fruto, que se pudre en una podredumbre blanda y acuosa que termina cubierta de gris.

Manchas fantasma. Merece un párrafo aparte porque genera muchas dudas. Son pequeños anillos blanquecinos o amarillentos, de 3 a 6 mm, con un puntito central, repartidos por la piel de tomates verdes o pintones. Los produce una espora que germinó sobre el fruto, penetró un poco y fue frenada por la reacción de la planta. No pudren el tomate y el fruto es perfectamente comestible; lo que indican es que hubo un periodo de humedad muy alta y que la presión de inóculo en el invernadero es elevada. Muchos hortelanos las confunden con daño de tratamiento fitosanitario o con picadura de insecto.

Por qué aparece: el ciclo y sus condiciones

El ciclo es sencillo y por eso mismo es rápido. Los conidios (esporas asexuales) viajan por el aire y por salpicadura. Al posarse sobre una superficie que tenga agua libre o humedad relativa cercana a la saturación, germinan y emiten un tubo germinativo. Si encuentran una herida o tejido senescente, colonizan en pocas horas. En cuestión de tres a cinco días el micelio ya está produciendo conidióforos nuevos, y el ciclo se reinicia.

Las condiciones que lo disparan son bastante concretas:

Temperatura entre 15 y 22 °C, con el óptimo alrededor de los 18-20 °C. Este dato explica la estacionalidad que vemos en España: la botritis es un problema de primavera y otoño, y de invernadero en invierno, no de la canícula de julio y agosto. Con 30 °C y aire seco el hongo prácticamente se detiene.

Humedad relativa por encima del 90 %, y mucho mejor para él si hay agua condensada sobre la planta. En un invernadero, la condensación de madrugada sobre hojas y frutos es el factor determinante: la temperatura baja de noche, el aire se satura y el rocío se deposita sobre el cultivo. Esa película de agua durante unas horas es todo lo que necesita.

Heridas. Poda, desbrotado, deshojado, roce con alambres, daño de granizo, grietas de crecimiento en el fruto por riego irregular. Cada herida es un punto de entrada preferente.

Exceso de nitrógeno y densidad excesiva. Una planta muy vegetativa, con hoja tierna y grande, mantiene el microclima húmedo dentro de la masa foliar y produce tejido más blando y fácil de colonizar.

Cómo controlarlo de verdad

Conviene decirlo claro: contra la botritis, el manejo del ambiente y de las heridas vale más que cualquier fungicida. Un tratamiento sobre un invernadero que condensa cada noche y con restos de poda por el suelo es dinero tirado.

Rompe la condensación. En invernadero, la medida más eficaz es ventilar a primera hora de la mañana, aunque suponga perder algo de temperatura, para sacar el aire saturado antes de que salga el sol. Si dispones de calefacción, subir unos grados al amanecer eleva la capacidad del aire para retener vapor y evita el punto de rocío. Al aire libre, el equivalente es no regar por aspersión y no regar por la tarde: riega por goteo y hazlo por la mañana.

Poda en seco y bien. Desbrota y deshoja en días soleados y con baja humedad, nunca con el cultivo mojado ni a última hora de la tarde. Corta a ras, sin dejar tocones: un muñón de dos centímetros es tejido que va a morir y es exactamente lo que el hongo busca. Retira los brotes cuando son pequeños, de menos de 5 cm, porque la herida es mínima y cicatriza en horas. Desinfecta la tijera al pasar de planta a planta si ya hay focos.

Saca los restos del cultivo. Hojas, brotes y frutos podridos no se dejan en el pasillo ni entre las líneas. Cada resto es un foco produciendo esporas a metro y medio de las plantas sanas. Fuera del huerto, y a compostaje caliente o a la basura verde, no a un montón junto al invernadero.

Ventila el interior de la planta. Respeta los marcos de plantación (para tomate indeterminado entutorado, 40-50 cm entre plantas y 1 m entre líneas es razonable), deshoja la parte baja hasta el ramillete en maduración y no dejes que la vegetación forme una masa cerrada al ras del suelo.

Ajusta el abonado. Baja el nitrógeno en las fases de riesgo y asegura un aporte correcto de calcio y potasio, que dan tejidos más firmes. Un exceso de nitrógeno amoniacal y riegos irregulares producen frutos que se agrietan, y una grieta es una autopista para Botrytis.

Sanea las lesiones de tallo. Si la lesión no ha ceñido el tallo, se puede raspar el tejido afectado con una cuchilla limpia hasta llegar a tejido sano y aplicar una pasta cicatrizante o un fungicida en pincelada. No siempre funciona, pero salva bastantes plantas si se hace pronto.

Control biológico. Funciona bien en preventivo, que es como hay que usarlo. Los productos a base de Bacillus amyloliquefaciens (cepa QST 713, antes clasificado como B. subtilis), Trichoderma harzianum o Gliocladium catenulatum ocupan las heridas y el tejido senescente antes de que lo haga la botritis. Aplicados después del desbrotado, sobre las heridas frescas, es cuando más rinden. También hay preparados de Aureobasidium pullulans con el mismo enfoque competitivo.

Fungicidas. Si se recurre a ellos, la clave es alternar familias químicas. Botrytis cinerea es de los hongos que más rápido genera resistencias, y hay poblaciones resistentes a benzimidazoles y a dicarboximidas desde hace décadas. Se emplean materias como fenhexamida, ciprodinil combinado con fludioxonil, pirimetanil o boscalida, siempre comprobando que estén autorizadas en tomate en el Registro de Productos Fitosanitarios del Ministerio de Agricultura, que cambia con frecuencia, y respetando el plazo de seguridad. No repitas nunca dos veces seguidas el mismo modo de acción.

Errores frecuentes que agravan el problema

Cerrar el invernadero cuando se ve la enfermedad. El instinto de proteger la planta del frío es el peor consejo posible: cerrar sube la humedad y multiplica la infección. Ante botritis, se ventila.

Deshojar de golpe media planta. Quitar diez hojas el mismo día genera diez heridas simultáneas y un estrés considerable. Es preferible deshojar progresivamente, dos o tres hojas por planta y semana.

Tratar solo la parte aérea y olvidar el suelo y los restos. Mientras haya esclerocios y despojos húmedos bajo el cultivo, la reinfección es continua.

Confundir manchas fantasma con podredumbre y arrancar frutos sanos. Esos tomates maduran y se comen sin problema.

Buscar variedades "resistentes". No existe resistencia comercial completa a botritis en tomate. Sí hay diferencias de tolerancia y, sobre todo, diferencias de arquitectura: variedades de porte más abierto y hoja menos densa se airean mejor y sufren menos.

En resumen

Botrytis cinerea es un hongo oportunista que necesita tres cosas para arruinar una tomatera: humedad cercana a la saturación, temperaturas suaves de 15 a 22 °C y una herida o tejido muerto por donde entrar. Se reconoce por las lesiones grises que ciñen el tallo desde los cortes de poda, por la podredumbre blanda de frutos con moho gris y por las inofensivas manchas fantasma en los tomates verdes. El control eficaz consiste en ventilar y evitar la condensación, podar en seco y sin dejar tocones, retirar todos los restos vegetales, moderar el nitrógeno y apoyar con biológicos preventivos sobre las heridas frescas. Los fungicidas son el último escalón y solo funcionan si se alternan modos de acción, porque este hongo desarrolla resistencias con una facilidad notable.


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