La variedad manda más que cualquier otra decisión del cultivo. Un tomate de colgar y un corazón de buey se siembran igual, se riegan parecido y dan resultados que no tienen nada que ver: uno aguanta colgado en la despensa hasta marzo, el otro hay que comérselo en dos días. Antes de comprar semilla o plantel conviene saber para qué quieres el tomate, porque de ahí sale todo lo demás.
Abajo tienes diez variedades que funcionan bien en huerto familiar peninsular, con el uso al que va cada una, el porte que alcanzan y lo que hay que tener en cuenta al cultivarlas. Antes, las cuatro cosas del cultivo que condicionan la elección: el calendario, el porte, el riego y el espacio disponible.
Cultivar tomates en casa es más fácil de lo que parece. Asegúrales sol, agua y una tierra rica y obtendrás una cosecha llena de sabor. photo / Berkant Sezer
Determinadas o indeterminadas: la primera decisión
El tomate (Solanum lycopersicum) se divide en dos hábitos de crecimiento y esto no es un detalle de catálogo, cambia el manejo entero.
Las variedades determinadas terminan sus tallos en flor. La planta crece hasta una altura fija, cuaja, madura casi toda la cosecha en un periodo corto y se acaba. No se despunta, no hace falta entutorar más allá de una caña de apoyo y se cultivan en mata baja. Son las que interesan en maceta y en terraza, y las que conviene si quieres una producción concentrada para hacer conserva de una tacada.
Las indeterminadas nunca cierran el ápice en flor: siguen alargando el tallo mientras la temperatura acompaña. Necesitan tutor, poda de brotes axilares y bastante más espacio, pero producen de forma escalonada durante meses. En clima mediterráneo litoral una indeterminada puede estar dando de mayo a octubre; en la meseta, de finales de junio a las primeras heladas.
Calendario real de siembra en España
El semillero protegido se hace de febrero a marzo en la mayor parte de la Península. En el litoral mediterráneo y en el sur se puede adelantar a enero si tienes invernadero o una ventana bien orientada, porque la semilla necesita en torno a 20 grados para germinar bien y por debajo de 15 la nascencia se vuelve lenta e irregular.
El trasplante manda esperar a que haya pasado el riesgo de heladas, y ahí la diferencia entre zonas es enorme. En la costa mediterránea y en el valle del Guadalquivir se planta desde marzo. En el interior de la meseta y en zonas de montaña hay que esperar a mayo, y no es raro que una helada tardía de finales de abril se lleve por delante lo que se plantó con prisa. La planta muere con la helada y sufre ya por debajo de unos 10 grados, así que adelantar el trasplante no adelanta la cosecha: la retrasa.
El grueso de la recolección va de julio a septiembre. Las variedades precoces pueden empezar en junio y las tardías estirarse hasta octubre, pero entre la más precoz y la más tardía de un mismo huerto rara vez hay más de dos o tres semanas de diferencia. En el sur, con otoños suaves, algunas variedades siguen cuajando hasta noviembre.
Suelo, riego y abonado
El tomate quiere sol directo, cuantas más horas mejor, y tierra suelta con materia orgánica y drenaje. Aguanta bien los suelos calizos del este y el sur peninsular, que es una ventaja frente a otros cultivos más quisquillosos con el pH alto.
Lo que no perdona es el riego irregular. La alternancia entre sequía y encharcamiento es la causa habitual de la podredumbre apical, esa mancha oscura y hundida en la base del fruto. Aunque se llame carencia de calcio, en la mayoría de huertos el calcio está en el suelo y lo que falla es que la planta no puede absorberlo por culpa del riego a golpes. La solución es regar con constancia y acolchar el suelo, no echar más abono.
En abonado, materia orgánica bien compostada antes de plantar y, cuando empiezan a cuajar los frutos, un aporte con más potasio que nitrógeno. El exceso de nitrógeno da plantas enormes de hoja oscura y poco fruto.
En maceta hace falta un mínimo de 20 litros por planta para una variedad determinada y bastante más para una indeterminada. Se riega con más frecuencia y menos cantidad, porque el sustrato de un contenedor se seca en horas en pleno agosto.
Entutorado, marco y poda
El marco de plantación habitual va de 40 a 70 centímetros entre plantas según el vigor de la variedad. Entutorar permite apretar el marco, y además separa las hojas del suelo, con lo que reduce mucho los problemas de hongos que aparecen cuando la humedad del riego salpica el follaje bajo.
El sistema tradicional es una estructura de cañas con una cuerda de la que va colgando la planta, abrazando el tallo conforme crece. La poda de una indeterminada consiste en dejar una única guía y quitar los brotes que salen en la axila de cada hoja, mejor cuando son pequeños y se desprenden con los dedos. Las determinadas no se podan.
Diez variedades y para qué sirve cada una
1. Cherry. Frutos del tamaño de una cereza, dulces y crujientes. Hay tipos determinados de porte contenido que son la mejor opción para maceta y balcón, y también indeterminados que trepan sin freno. Producción muy escalonada y muy resistente al agrietado. En el sur puede seguir dando fruto bien entrado el otoño.
2. Roma. Fruto alargado en forma de pera, de unos 100 a 170 gramos, con pulpa carnosa, pocas semillas y poca agua. Es el tomate de conserva por excelencia: para triturar, freír, hacer salsa o gazpacho. Planta rústica, productiva y de maduración algo tardía.
3. Tomate de colgar. Conocido como tomàquet de penjar en Cataluña y de ramellet en Baleares. Fruto pequeño, redondo, de piel gruesa y pulpa muy jugosa. Su gracia es que se recoge en rama y se cuelga en ristras en un sitio fresco y aireado, donde aguanta meses. Es el tomate del pa amb tomàquet, porque al restregarlo suelta la pulpa y deja la piel entera.
4. Raf. Variedad desarrollada en el sureste español, muy asociada a la comarca de Almería. Fruto acostillado, de hombros verdes, con mucho sabor. Su fama viene del cultivo invernal en suelos y aguas salinas de la zona, que concentra los azúcares del fruto. Fuera de esas condiciones el resultado en huerto de secano interior suele ser bastante menos espectacular de lo que promete el nombre.
5. Amarillos y anaranjados. Existen variedades de fruto amarillo o naranja, en tamaños que van del cherry al de ensalada. Suelen tener menos acidez que los rojos, lo que les da una sensación más dulce en boca. Van bien en ensalada y quedan muy vistosos mezclados con los rojos en el plato.
6. Corazón de buey. El grupo de los tomates grandes, con frutos que superan sin problema el medio kilo. Forma acorazonada, pulpa densa, muy pocas semillas y sabor pronunciado. Necesita entutorado firme, mucho espacio y buen riego. Es delicado: cuaja peor con calor extremo y se agrieta si el riego se descompensa después de una época seca.
7. Tomates oscuros. Las variedades de fruto pardo, granate o casi negro suelen tener menos producción, pero muchos aficionados les reservan sitio por el sabor, más suave y con menos punta ácida. Maduran de dentro hacia fuera, así que el color externo engaña y hay que fiarse del tacto.
8. Esquena verd. Variedad tradicional valenciana y catalana que debe el nombre a que conserva el cuello verde cuando el fruto ya está maduro. Tamaño medio, en torno a los 200 gramos, buena conservación y pulpa firme. Se usa en ensalada y para rellenar y hornear, porque aguanta la cocción sin deshacerse.
9. Andine Cornue. También llamado Cuerno de los Andes. Fruto alargado y puntiagudo, de unos 100 gramos, rojo intenso, con pulpa densa y muy poca semilla. Precoz y bastante rústico. Sirve tanto para ensalada como para salsa, y es de los que mejor se comportan si el verano viene irregular.
10. Marglobe. Variedad antigua de mata alta, entre metro y medio y metro setenta, y buena productividad. Frutos redondos y lisos de 150 a 175 gramos, piel fina y pulpa jugosa con pocas semillas. Su carne aguada y su sabor equilibrado lo hacen muy agradecido para gazpacho.
Cómo elegir sin equivocarse
Si el huerto es una terraza con macetas, empieza por cherry determinado y algo de porte medio. Si tienes bancal y quieres cosecha para la despensa, un Roma y un tipo de colgar cubren conserva y consumo invernal. Si buscas sabor para plato, corazón de buey y alguna variedad oscura, asumiendo que producirán menos.
Y una recomendación general: planta al menos tres variedades distintas cada año. El tomate es muy sensible al año concreto, y una campaña con julio muy caluroso o con otoño lluvioso puede hundir a una variedad y no tocar a la de al lado. Diversificar es el seguro más barato que hay en el huerto.
En resumen
Elegir variedad es elegir uso. Cherry y tipos determinados para maceta y producción continua, Roma para conserva, de colgar para guardar el invierno, corazón de buey y variedades oscuras para comer en fresco. El hábito de crecimiento, determinado o indeterminado, decide si hay que entutorar y podar o basta con una caña de apoyo.
El resto del cultivo es sol abundante, semillero en febrero o marzo, trasplante solo cuando ha pasado la helada (marzo en el litoral sur y mediterráneo, mayo en el interior), riego constante y acolchado para evitar la podredumbre apical, y abonado con más potasio que nitrógeno cuando empiezan a cuajar los frutos. Con eso y tres o cuatro variedades distintas, la cosecha sale adelante casi cualquier año.