Un depósito de agua para el riego es, sencillamente, una reserva. Recoge lo que cae del tejado cuando llueve y lo guarda para las semanas en que no llueve, que en buena parte de España son casi todas las del verano. Con un cálculo muy fácil se ve el interés: cada milímetro de lluvia sobre un metro cuadrado de cubierta son aproximadamente un litro de agua. Un tejadillo de veinte metros cuadrados en un día de quince milímetros ya te ha dejado unos trescientos litros, descontando lo que se pierde por el camino.

Para una terraza con macetas, un bidón de cien o doscientos litros conectado a la bajante cubre bastante. Para un huerto o un jardín pequeño, lo razonable son quinientos o mil litros. Y antes de comprar nada conviene saber dos cosas: dónde va a apoyarse (mil litros pesan una tonelada) y cómo vas a sacar el agua, porque un depósito a ras de suelo obliga a usar bomba o a llenar regaderas a mano.

Depósito de agua para el riego

Por qué el agua de lluvia le va bien a las plantas

El agua de lluvia es agua blanda: prácticamente no lleva calcio ni magnesio disueltos y su conductividad es muy baja. El agua de grifo, en cambio, en gran parte del país es dura, y ese carbonato acaba en el sustrato riego tras riego. Con el tiempo sube el pH y se forman las manchas blancas que se ven en el borde de las macetas y en las hojas.

Esto importa especialmente en las plantas de suelo ácido (hortensias, camelias, azaleas, arándanos, muchos helechos), que con agua dura amarillean entre los nervios de las hojas. También en carnívoras y en la mayoría de las plantas de interior con hoja fina. Para el resto no es imprescindible, pero tampoco sobra.

Qué tipo de depósito elegir

TipoCapacidad habitualVa bien para
Bidón de bajante100 a 300 litrosTerrazas y patios, con desviador acoplado al canalón
Depósito rígido de polietileno500 a 2.000 litrosJardín o huerto con espacio en un lateral
Depósito flexibleVariableSitios estrechos, bajo cubierto; ocupa poco vacío
Aljibe enterradoGrandeObra nueva o reformas; el agua se conserva fresca y a oscuras

Sea cual sea, hay un requisito que no es negociable: que sea opaco. Un depósito translúcido deja pasar la luz, y con luz, agua y algo de materia orgánica salen algas en cuestión de días. El agua se vuelve verde, huele y termina obturando los goteros. Los depósitos de polietileno de color negro, verde oscuro o gris resuelven esto de fábrica; si el tuyo es claro, píntalo o cúbrelo.

La instalación, punto por punto

  • Base firme y nivelada. Una solera de hormigón, unas losas bien asentadas o una base de bloques. Un depósito lleno apoyado sobre tierra blanda se inclina y acaba reventando por una arista.
  • Elevarlo un poco. Si lo subes medio metro o un metro sobre unos bloques, ganas presión por gravedad y puedes regar con manguera sin bomba. La presión que se consigue así es baja, suficiente para llenar regaderas y para un goteo corto, no para un aspersor.
  • Filtro de hojas. En la boca de entrada o en el canalón. Sin él, en otoño el depósito se llena de hojarasca que se descompone dentro.
  • Desviar los primeros litros. El agua del arranque de la lluvia arrastra el polvo y la suciedad del tejado. Los desviadores de bajante y los sistemas de primer lavado mandan ese primer chorro al desagüe y solo después empiezan a llenar.
  • Rebosadero conectado al desagüe. Cuando el depósito se llene, el sobrante tiene que irse por donde iba antes, no a la pared de la casa ni a los cimientos.
  • Grifo abajo y toma de vaciado. El grifo de servicio, unos centímetros por encima del fondo, para no arrastrar los posos.

Mantenimiento y precauciones

Un depósito bien montado da poco trabajo, pero hay tres cosas que no se pueden dejar pasar.

La primera es la tapa. Tiene que cerrar de verdad y las aberturas ir con mosquitera. Un depósito abierto es un criadero de mosquitos de manual, y en las zonas donde está establecido el mosquito tigre esto deja de ser una molestia menor. Cualquier recipiente con agua parada al aire libre (platos de macetas incluidos) hace de foco.

La segunda es la limpieza. Una vez al año, mejor al final del verano, se vacía, se retira el sedimento del fondo y se enjuaga. Los posos de hojas y polvo son lo que da los olores y lo que atasca los emisores.

La tercera es saber para qué sirve y para qué no. El agua almacenada de lluvia es agua de riego, no agua potable: no se bebe, ni se usa para lavar hortalizas que vayan a comerse crudas, ni conviene aplicarla en forma de nebulización fina. Riega al pie, sobre el sustrato, y si tienes huerto de hoja, riega el suelo y no la planta.

Si usas riego por goteo

El agua almacenada lleva partículas en suspensión y los goteros tienen pasos muy estrechos, así que la combinación pide un filtro de malla o de anillas después del depósito, y limpiarlo con frecuencia. Merece la pena: el goteo es la forma de riego que menos agua desperdicia, porque la deja justo donde están las raíces y no moja las calles ni las hojas.

Con presión por gravedad hay que contar con caudales bajos y tramos cortos. Si el ramal es largo, los últimos goteros dan mucho menos que los primeros; se compensa acortando los tramos o usando goteros autocompensantes, aunque estos suelen necesitar más presión de la que da un depósito elevado un metro.

Otras reservas de agua en casa

Además de la lluvia, hay dos fuentes fáciles de aprovechar. El agua de condensación del aire acondicionado es casi destilada, muy pobre en sales, y va bien para regar plantas de acidez, aunque conviene recogerla limpia y no dejarla estancada. Y el agua que se pierde en la ducha mientras sale caliente, recogida en un cubo, es agua de red sin más y se puede usar tal cual.

El agua de cocer verduras, ya fría y sin sal, también se aprovecha. Si llevaba sal, no: el sodio se acumula en el sustrato de las macetas y no hay riego que lo saque con facilidad. Y el agua con jabón o detergente no vale para regar.

Cuánta capacidad hace falta

Un cálculo aproximado y suficiente: mira cuánto riegas ahora en un verano medio, en litros por semana, y multiplícalo por las semanas que sueles pasar sin lluvia útil. Ese número te da la reserva ideal, que casi siempre será mayor que lo que puedes instalar. No pasa nada: incluso un depósito modesto se llena y se vacía varias veces a lo largo del año, y lo que cuenta es el total acumulado en la temporada, no la capacidad de golpe.

Si el sitio te limita, es más práctico poner dos depósitos medianos conectados entre sí por la parte baja que uno enorme: reparten el peso, caben mejor y puedes vaciar uno para limpiarlo sin quedarte sin nada. Sobre las condiciones para instalar depósitos y recoger agua de cubierta, las normas varían según el municipio, así que consulta la ordenanza local antes de montar algo fijo.

En resumen

Un depósito de riego es una de las inversiones que antes se notan en una terraza o un huerto: reduce la factura, te da agua blanda que muchas plantas agradecen y te libra de depender del grifo justo en las semanas de más calor. Lo importante no es el tamaño sino los detalles: base firme, opacidad total, filtro de hojas, rebosadero y tapa con mosquitera.

Empieza por lo pequeño si tienes dudas. Un bidón de doscientos litros en la bajante, con su desviador, cuesta poco de montar y te enseña en un año cuánta agua recoges de verdad en tu tejado y cuánta necesitas. Con ese dato, decidir si amplías es inmediato.


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