Selenicereus reúne a los cactus trepadores de flor nocturna, conocidos como cactus de la luna o reinas de la noche. El nombre lo dice todo: selene es luna en griego, y alude a que sus flores, enormes y casi siempre blancas, se abren al anochecer y se cierran con la primera luz. Muchas duran una sola noche.

El género se distribuye desde México hasta Centroamérica, el Caribe y buena parte de Sudamérica. No son plantas de desierto: viven en selva y bosque tropical, trepando por troncos y rocas, y necesitan bastante más humedad ambiental que un cactus de piedras. Ese es el primer ajuste mental que hay que hacer para cultivarlos bien.

Un género que ha crecido: la pitahaya es un Selenicereus

La novedad taxonómica relevante de los últimos años es que Hylocereus ha quedado incluido dentro de Selenicereus. Eso significa que la pitahaya o fruta del dragón, durante décadas Hylocereus undatus, se nombra hoy como Selenicereus undatus. Los dos nombres siguen circulando y las etiquetas comerciales van por detrás, pero conviene saberlo porque explica que en un mismo género convivan plantas de colección y un cultivo frutal en expansión. Tiene más detalle sobre ese grupo en la ficha de Hylocereus.

En España, la pitahaya se cultiva ya de forma comercial en la costa de Málaga y Granada, en zonas del sureste alicantino y murciano, y en Canarias. Fuera de esas zonas libres de heladas es un cultivo de invernadero o de maceta protegida.

Cómo son estas plantas

Son cactus de porte trepador o colgante, terrestres, epífitos o rupícolas según la especie, con ramificación abundante desde los nudos. Emiten raíces adventicias a lo largo de los tallos, y con ellas se agarran a la corteza o a la roca. Esa capacidad es la que hay que aprovechar en cultivo: si se les da un tutor con corteza o una malla, suben; si no, se descuelgan.

Los tallos son verdes brillantes o azulados, a veces con tonos violáceos, y varían mucho de forma. Los hay cilíndricos y delgados, angulosos con tres o cuatro costillas, y en algunas especies epífitas francamente aplanados y con forma de hoja. Las areolas aparecen a lo largo de las costillas, pequeñas y con pelillos blancos.

Las espinas son variables y en los tallos adultos de varias especies epífitas desaparecen por completo. Cuando las hay, pueden ser aciculares, cónicas o casi pelosas, y a menudo cuesta distinguir las centrales de las radiales.

La flor es lo excepcional del género. Nace lateralmente en el tallo, es de gran tamaño, casi siempre blanca (con piezas externas rojizas o amarillentas en algunas especies) y muy perfumada. El tubo floral suele estar cubierto de pelos largos y cerdas. Está adaptada a polinizadores nocturnos, sobre todo polillas de trompa larga y murciélagos, y por eso la fragancia es intensa y el color, claro y visible en la oscuridad. El fruto es rojo, esférico u ovoide, carnoso y espinoso, con semillas negras y brillantes.

Especies que se encuentran en el comercio

  • Selenicereus grandiflorus. La reina de la noche clásica, de tallos delgados y flor blanca muy grande y aromática. Es la que más se colecciona por la floración.
  • Selenicereus anthonyanus. Tallos aplanados con lóbulos profundos y alternos, de aspecto de espina de pescado. Se vende mucho como planta colgante de interior y florece con menos frecuencia.
  • Selenicereus undatus. La pitahaya de pulpa blanca y piel rosada. Tallos triangulares gruesos, muy vigorosos, que exigen una estructura firme donde apoyarse.
  • Selenicereus validus y otras especies de tallo triangular, también cultivadas por su fruto o como portainjertos.

Cultivo en España

Luz. Mucha claridad, pero no sol directo abrasador. En interior, junto a una ventana muy luminosa. En exterior, media sombra o sombra de árbol, sobre todo en el interior peninsular, donde el sol de julio quema los tallos y deja cicatrices amarillentas permanentes. Las plantas cultivadas para fruto sí toleran más sol, pero se aclimatan de forma gradual.

Temperatura. Son plantas sin resistencia al frío. Por debajo de unos 5 grados sufren y con helada se pierden. El invierno se pasa por encima de 10 grados, y si es posible por encima de 12. En el litoral mediterráneo cálido y en Canarias pueden vivir fuera todo el año; en Madrid, Castilla o el valle del Ebro, no.

Sustrato. El de un epífito: aireado y con materia orgánica. Sustrato universal de calidad mezclado con corteza de pino, fibra de coco y perlita. El sustrato mineral de cactus, muy pobre y muy drenante, se queda corto: estas plantas comen más que un cactus de desierto.

Riego. Regular de primavera a otoño, dejando secar los primeros centímetros entre riegos, sin que la maceta llegue a quedarse seca del todo durante semanas. En invierno se reduce mucho, pero no se suprime: un riego ligero cada tres o cuatro semanas si la planta está en interior templado. Aquí está el error clásico, y es doble. Regar en invierno igual que en verano pudre el cuello; secar por completo durante meses acartona los tallos y luego no rebrotan bien.

Abonado. En crecimiento, fertilizante equilibrado y diluido según indique el envase. Para las plantas que se cultivan por el fruto interesa reforzar el potasio en el momento de la floración.

Soporte. Es lo que más se descuida. Un Selenicereus adulto pesa, y sus raíces adventicias buscan algo a lo que agarrarse. Un tutor de fibra de coco, una espaldera o un tronco funcionan; una caña fina no aguanta.

Conseguir flores

Las plantas jóvenes no florecen. Hace falta que alcancen cierta madurez y una longitud de tallo considerable, lo que en maceta suele significar varios años. Además ayudan tres cosas: mucha luz durante todo el ciclo, un invierno claramente más fresco y seco que el verano, y no podar los tallos maduros, que son los que van a producir los botones.

La floración se produce en verano, casi siempre de noche. Si tiene un ejemplar con botones, conviene vigilarlos al atardecer: pasan de cerrados a completamente abiertos en un par de horas.

Multiplicación

Por esqueje de tallo, y es muy sencillo. Se corta un segmento de veinte a treinta centímetros de un tallo maduro, se deja cicatrizar el corte en un lugar seco y sombreado durante una semana o más (los tallos gruesos necesitan más tiempo) y se planta en sustrato apenas húmedo. Enraíza en varias semanas con calor. La primavera es el mejor momento.

Por semilla es posible pero lento, y las plantas tardan muchos años en florecer. Para las pitahayas cultivadas por fruto, además, el esqueje conserva la variedad y la semilla no.

Comercio y conservación

Toda la familia Cactaceae figura en el Apéndice II de CITES. Para el aficionado la consecuencia práctica es doble: no se recolectan plantas ni esquejes en el medio natural durante un viaje, y no se compran ejemplares importados sin la documentación que acredite su origen. Con plantas propagadas por vivero y esquejes intercambiados entre coleccionistas no hay ningún inconveniente, y de hecho es la vía normal de conseguirlas.

En resumen

Selenicereus agrupa cactus trepadores de selva tropical, no de desierto, con flores nocturnas grandes y perfumadas que se abren una sola noche. Desde la absorción de Hylocereus, el género incluye también la pitahaya, que ya se cultiva comercialmente en el sur y el este de España y en Canarias.

El cultivo pide sombra luminosa, sustrato orgánico y aireado, riego regular en la estación de crecimiento y un invierno más seco pero nunca totalmente seco, siempre por encima de los 10 grados. Un buen soporte donde trepar y paciencia son los otros dos requisitos: la floración llega cuando la planta es adulta, y merece la espera.


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