Hylocereus es el género de los cactus que producen la pitahaya, también llamada pitaya o fruta del dragón. Son cactáceas trepadoras de tallos triangulares, con raíces aéreas, que en su hábitat suben por los troncos de los árboles del bosque tropical. Sus flores son las mayores de la familia Cactaceae: abren de noche, miden más de veinte centímetros y se marchitan a la mañana siguiente.

Conviene saber de entrada que el nombre está en discusión. Los estudios moleculares publicados en los últimos años han llevado a incluir las especies de Hylocereus dentro del género Selenicereus, de modo que la pitahaya de piel rosa y pulpa blanca aparece hoy tanto como Hylocereus undatus como Selenicereus undatus. Los dos nombres se refieren a la misma planta y en viveros y catálogos comerciales conviven sin más problema.

Cómo son estas plantas

Son cactus epífitos o hemiepífitos, es decir, plantas que viven sobre otras sin parasitarlas, y que en muchos casos mantienen contacto con el suelo. El tallo es carnoso, verde, con tres costillas de borde ondulado y aréolas con espinas cortas. A lo largo de los tallos emiten raíces aéreas que se agarran a la corteza o a la roca y absorben humedad, lo que explica que en cultivo necesiten un tutor al que sujetarse.

La flor merece detenerse. Es blanca, con el tubo cubierto de escamas verdosas, muy perfumada, y se abre al anochecer. En su medio la polinizan mariposas nocturnas y murciélagos. Dura una sola noche. Al fruto le siguen unas semanas de desarrollo, alrededor de un mes o mes y medio según la variedad y la temperatura, hasta que la piel toma el color definitivo.

El fruto es una baya grande, con la piel cubierta de brácteas carnosas que le dan ese aspecto escamoso del que viene el nombre comercial. La pulpa está sembrada de semillas negras diminutas y puede ser blanca o roja intensa según la especie: la de piel rosa y pulpa blanca corresponde a Hylocereus undatus, y la de pulpa roja a Hylocereus costaricensis y a variedades derivadas. La pitahaya amarilla, de piel amarilla y pulpa blanca, pertenece a otra especie del grupo, Selenicereus megalanthus.

De dónde son y dónde se cultivan

El género es americano, de los bosques tropicales de México, Centroamérica, el Caribe y el norte de Sudamérica. El cultivo comercial, en cambio, se ha extendido por todo el trópico: Vietnam es hoy el mayor productor mundial, y hay plantaciones importantes en China, Tailandia, Israel, Colombia, Ecuador y Nicaragua.

En España el cultivo de pitahaya ha crecido de forma notable en las últimas décadas en las zonas subtropicales: la costa de Granada y Málaga, el litoral de Almería y Alicante, y Canarias. Es uno de los cultivos que se ha ido incorporando junto al aguacate, el mango y la chirimoya en la franja libre de heladas. Fuera de esa franja, en el interior peninsular, sólo tiene sentido en invernadero.

Qué necesita para vivir en España

El limitante absoluto es el frío. La planta sufre daños con temperaturas cercanas a cero y las heladas la matan. Por eso su cultivo al aire libre está restringido a zonas costeras del sur y del sureste y a Canarias. En el resto del país se puede tener en maceta, sacándola en verano y guardándola en invierno en un lugar luminoso por encima de los diez grados.

Lo segundo que sorprende a quien la planta por primera vez es que no quiere sol de mediodía. Aunque es un cactus, viene de la sombra del bosque tropical, y en un verano de Almería o Murcia el tallo se quema con facilidad: aparecen manchas amarillentas y luego blancas que se convierten en tejido muerto. En las plantaciones comerciales españolas es habitual el sombreo con malla precisamente por eso. En jardín particular, un sitio con sol de mañana y sombra en las horas centrales funciona mucho mejor que una exposición sur.

Necesita apoyo. Los tallos son largos, pesados y no se sostienen: en cultivo se conducen sobre un poste vertical rematado por una estructura circular o una cruz, desde la que los tallos cuelgan. Esa forma no es estética, es funcional, porque la floración se produce sobre todo en los tallos maduros que cuelgan.

El sustrato debe drenar muy bien pero no ser tan pobre como el de un cactus de desierto. Estas plantas están acostumbradas a materia orgánica en descomposición sobre la corteza de los árboles. Una mezcla con sustrato universal, fibra de coco o corteza y una parte mineral funciona bien. El riego es regular en la temporada de crecimiento, más frecuente que en un cactus globoso, dejando secar la superficie entre riego y riego, y muy reducido en invierno.

Polinización y cuajado

Este es el punto que más frustración causa en cultivo doméstico. Muchas variedades de pitahaya son autoincompatibles: la flor no cuaja con su propio polen y necesita polen de otra planta genéticamente distinta. Alguien con un solo ejemplar puede ver florecer la planta años seguidos sin obtener un solo fruto.

La solución es tener al menos dos plantas de origen distinto y polinizar a mano. Como la flor abre de noche y se cierra por la mañana, la polinización manual se hace al anochecer o de madrugada, tomando polen de las anteras de una flor con un pincel y depositándolo sobre el estigma de la otra. En las plantaciones comerciales españolas es una práctica habitual, y en algunas variedades es lo que decide la cosecha.

Multiplicación y problemas

Se multiplica por esqueje de tallo con una facilidad enorme, y es lo que se hace tanto en cultivo comercial como doméstico. Se corta un segmento de treinta o cuarenta centímetros de un tallo maduro, se deja secar el corte a la sombra durante una semana o más, hasta que cicatriza bien, y se planta en sustrato apenas húmedo. Enraíza en pocas semanas y entra en producción mucho antes que una planta de semilla. La siembra de semilla funciona pero tarda años y la descendencia es variable.

Los problemas habituales son la podredumbre por exceso de riego o por agua estancada en la base del tallo, las quemaduras solares ya mencionadas y las manchas en tallos por hongos en ambientes muy húmedos y poco ventilados. La prevención está en la ventilación, el drenaje y la conducción, no en el tratamiento. Los caracoles y babosas pueden roer los tallos tiernos y los brotes recién plantados.

El fruto

Se recolecta cuando la piel ha virado por completo al color de la variedad y las brácteas empiezan a secarse por la punta. A diferencia de otras frutas tropicales, no madura significativamente después de cortada, así que recogerla verde no sirve de nada. El sabor de la pitahaya de pulpa blanca es suave y poco dulce; las de pulpa roja y la amarilla suelen tener más azúcar y más aroma. Se come cruda, partida por la mitad y con cuchara, o pelada y troceada.

En resumen

Hylocereus, hoy incluido por muchos autores en Selenicereus, agrupa cactus trepadores de tallos triangulares y raíces aéreas cuyos frutos son las pitahayas. Sus flores nocturnas, las mayores de la familia, duran una sola noche y en buena parte de las variedades necesitan polen de otra planta para cuajar fruto.

En España se cultivan al aire libre en la franja subtropical del sur y del sureste peninsular y en Canarias, donde no hiela. Piden tutor, sombra en las horas centrales del verano, sustrato drenante con algo de materia orgánica y riego regular en crecimiento. Se propagan por esqueje de tallo sin ninguna dificultad, y si la planta florece pero nunca cuaja, lo que falta casi siempre es una segunda planta y un pincel a medianoche.


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