Mide metro y medio de alto y se planta delante, no detrás. Esa contradicción aparente resume por qué la Verbena bonariensis se ha metido en tantos jardines desde los años noventa: sus tallos son tan finos y su follaje tan escaso que se ve el macizo entero a través de ella. Uno mira y ve rejilla verde, y flotando por encima, a la altura de los ojos, unos ramilletes lilas del tamaño de una moneda de dos euros.
Es una planta de floración larguísima, resistente a la sequía y con una capacidad para atraer mariposas que pocas herbáceas igualan en agosto. También es de vida corta, se resiembra con entusiasmo y se muere más por invierno húmedo que por invierno frío. Conviene saber las tres cosas antes de comprarla.
Qué es y de dónde viene
Verbena bonariensis L. es una verbenácea sudamericana, natural de Brasil, Uruguay, Paraguay y el norte de Argentina. El epíteto específico apunta a Buenos Aires, de donde procedían los ejemplares que se describieron en Europa. En castellano se la llama verbena púrpura, verbena alta o, cada vez más, simplemente por el nombre científico.
Su porte es reconocible sin dudas: tallos de sección cuadrada, ásperos al tacto, huecos por dentro, rígidos, que se ramifican en lo alto formando una especie de candelabro. Alcanza entre 1,2 y 1,8 metros, y en suelo fértil y con agua puede pasar de los dos.
Las hojas de la roseta basal son lanceoladas, dentadas, ásperas, de unos 10 centímetros. A partir de ahí, el tallo va casi desnudo: unas pocas hojas pequeñas y opuestas que abrazan el tallo y poco más. Esa desnudez es exactamente lo que la hace útil en diseño, y también lo que decepciona a quien la compra en maceta en marzo y ve cuatro palos.
La inflorescencia es un ramillete aplanado de 3 a 5 centímetros, compuesto por decenas de florecillas tubulares de cinco lóbulos, en un lila púrpura que vira ligeramente según la luz. Cada florecilla dura poco, pero el ramillete va abriendo por tandas durante semanas.
Cuándo florece de verdad
En clima peninsular arranca en junio y sigue sin parar hasta la primera helada seria, que en el interior llega en noviembre y en el litoral mediterráneo puede no llegar en todo el año. Cinco o seis meses de flor continua en una herbácea son muchos, y esa es la razón principal de su éxito.
La floración se concentra en las puntas, de modo que cortar las inflorescencias marchitas prolonga la fiesta: la planta responde ramificando por debajo del corte y sacando ramilletes nuevos. Ahora bien, hay un matiz que decide bastante. Si despuntas los tallos jóvenes a finales de mayo, cuando midan unos 40 centímetros, obtendrás una planta más baja, más ramificada y menos propensa a tumbarse, a cambio de retrasar la primera flor unas dos semanas. En sitios ventosos compensa; en un macizo protegido, no hace falta.
Una advertencia sobre el otoño: si en octubre lo cortas todo a ras porque parece que ya está seca, te quedas sin semilla, sin comida para los pájaros y sin la protección que esos tallos secos dan a la corona durante el invierno. La poda de esta planta es a finales de febrero o principios de marzo, cuando ya se ven los brotes nuevos en la base.
Un imán para polinizadores
Pocas plantas de jardín concentran tanta actividad en agosto y septiembre. El néctar está al fondo de un tubo floral estrecho, así que la clientela habitual son insectos de lengua larga: mariposas como la vanesa de los cardos (Vanessa cardui), la vanesa roja (Vanessa atalanta), las blanquitas de la col y las diversas Lycaena, además de la esfinge colibrí (Macroglossum stellatarum), esa polilla diurna que se queda suspendida delante de la flor y que se confunde con un pájaro.
También trabajan sobre ella abejas, abejorros y sírfidos. Su valor real está en el calendario: florece cuando muchas plantas mediterráneas ya han terminado y el paisaje está agostado, que es justo cuando escasea el néctar. Si el objetivo es un jardín para fauna, la Verbena bonariensis aporta más plantada en grupo de siete que repartida de una en una.
En otoño, si dejas los ramilletes sin cortar, los jilgueros se encargan del resto. Ver una bandada trabajando las semillas en noviembre es uno de los argumentos serios para no pasar la tijera antes de tiempo.
Rusticidad: el frío no es el problema
Aquí hay una idea equivocada que cuesta plantas cada invierno. La Verbena bonariensis soporta bien heladas de hasta unos -8 o -10 °C con la parte aérea seca y la corona viva bajo tierra. Eso cubre casi toda la Península salvo zonas de montaña y los puntos más crudos de la Meseta norte.
Lo que la mata no suele ser el termómetro, sino el agua parada en un suelo pesado durante el invierno. Una arcilla compacta que se queda encharcada de diciembre a febrero pudre la corona a temperaturas que la planta habría aguantado sin despeinarse en un suelo arenoso. La conclusión práctica es directa: en terreno arcilloso, planta en caballón o en zona sobreelevada y enmienda con grava gruesa o arena de río antes de plantar. Ese trabajo, hecho una vez, vale más que cualquier acolchado protector.
En zonas frías de verdad, el seguro es dejar que se resiembre: aunque pierdas la mata madre, en primavera aparecerán plántulas alrededor.
Sol, suelo y riego
Sol directo, cuanto más mejor. Con menos de seis horas al día los tallos se estiran buscando luz, pierden rigidez y se tumban sobre las plantas vecinas al primer chaparrón de agosto. La sombra parcial también favorece el oídio.
El suelo debe ser bien drenado y más bien pobre. Aquí conviene contradecir el reflejo de mejorar todo con estiércol: en tierra rica y bien abonada esta verbena crece desmesurada, con tallos blandos y largos que acaban en el suelo, y florece igual o peor. Si tu macizo lleva compost cada año, es probable que necesites tutores; si es un suelo franco-arenoso normal, no vas a necesitar ninguno. Tolera pH de ácido a calizo sin quejarse.
El riego sigue dos etapas. El primer verano, riego regular y profundo cada siete o diez días para que la raíz baje; una planta joven de vivero con el cepellón seco en julio se pierde sin remedio. A partir del segundo año es notablemente resistente a la sequía: en el interior peninsular aguanta con un riego profundo cada dos o tres semanas en pleno verano, y en el litoral mediterráneo con menos. Encaja bien, por tanto, en jardines de bajo consumo de agua junto a gramíneas y salvias.
Abonado: ninguno o casi ninguno. Si acaso, un puñado de compost bien hecho esparcido en superficie a finales de invierno. Nada de abonos ricos en nitrógeno.
Dónde colocarla en el jardín
La regla clásica de poner lo alto detrás y lo bajo delante no le aplica, porque su transparencia permite mirar a través. Colocada en primera o segunda fila, funciona como un velo lila que da profundidad y suaviza el borde del macizo. Detrás del todo, en cambio, desaparece: sus tallos finos no tienen masa suficiente para leerse a distancia contra un fondo.
Necesita compañía. Plántala en grupos impares de cinco, siete o nueve pies, a unos 40-50 centímetros entre sí, o repartida en deriva a razón de tres o cuatro por metro cuadrado. Un ejemplar solo parece un descuido.
Combina especialmente bien con:
Gramíneas ornamentales: Stipa tenuissima, Panicum virgatum, Calamagrostis × acutiflora 'Karl Foerster', Miscanthus sinensis. La textura de las espigas y la de los ramilletes se complementan.
Compuestas de finales de verano: Rudbeckia fulgida, Echinacea purpurea, Helenium. El amarillo y el naranja al lado del lila hacen un contraste complementario que es la razón de que este esquema se repita en tantos jardines de estilo pradera.
Aromáticas y plantas secas: Perovskia atriplicifolia, Salvia nemorosa, Achillea, Nepeta, Sedum 'Herbstfreude'. Todas comparten sus mismas exigencias de sol y sequía, lo cual simplifica el riego.
En maceta se puede, pero con condiciones: recipiente profundo —30 centímetros o más—, sustrato drenante con arena o grava, y asumir riegos frecuentes en verano y cierta inestabilidad, porque una planta de metro y medio en un tiesto es una vela. Un contenedor pesado de barro o cemento resuelve la mitad del problema.
Se resiembra sola, y hay que gestionarlo
Cada mata produce miles de semillas y germinan con facilidad en cuanto encuentran suelo desnudo: entre las juntas del pavimento, en el bancal del vecino, en la grava del camino. En un jardín de estilo naturalista es una ventaja, porque la planta se coloca sola donde está a gusto y renueva la población sin que tengas que hacer nada. En un macizo controlado es trabajo de escarda cada primavera.
Se gestiona con dos gestos. Uno: cortar los ramilletes en cuanto pardean, si no quieres semilla, aceptando que pierdes el atractivo para los pájaros. Dos: dejar semillar solo un par de matas y arrancar las plántulas sobrantes en marzo, cuando salen con dos hojas y se quitan con los dedos.
Hay un aspecto que va más allá de tu jardín. Esta especie se naturaliza con facilidad en terrenos removidos, cunetas y márgenes de cursos de agua, y está considerada invasora en Australia, California y algunas zonas de Sudáfrica. En España se encuentra asilvestrada en varios puntos, sobre todo en ambientes húmedos del norte y del oeste. Si vives cerca de un río, un arroyo, una zona húmeda o un espacio natural protegido, corta las inflorescencias antes de que maduren y no tires restos de poda con semilla al monte ni al contenedor de la esquina: al compostador doméstico o a la recogida de restos vegetales del ayuntamiento. Antes de plantar en cantidad, comprueba si tu comunidad autónoma tiene alguna restricción sobre especies alóctonas en su normativa.
Multiplicación
Semilla. Es el sistema natural y el más barato. La germinación es caprichosa y mejora bastante con frío previo: guarda la semilla en un sobre con vermiculita ligeramente húmeda en la nevera durante tres o cuatro semanas antes de sembrar. Después, siembra en febrero o marzo en bandeja, apenas cubierta —la semilla es diminuta—, y mantén a 18-22 °C. Nacerá de forma escalonada entre las dos y las cinco semanas; no tires la bandeja porque la primera tanda sea escasa. También funciona la siembra directa en otoño en el propio macizo, dejando que el invierno haga la estratificación por su cuenta. Florece el mismo año si la siembra es temprana.
Esquejes basales. En abril y mayo, cuando la corona emite brotes nuevos de 8-10 centímetros, córtalos a ras con un poco de tejido de la base, quita las hojas inferiores y ponlos en una mezcla de turba y perlita a la sombra. Enraízan en tres o cuatro semanas y son la única manera de conservar un cultivar concreto, porque la semilla no lo reproduce fiel.
División. Poco recomendable. La planta forma un tocón leñoso con raíces gruesas y profundas y se resiente mucho al partirla. Si te sobra material, tira de esquejes o de plántulas espontáneas.
Cultivares y plantas que se le parecen
La especie tipo llega a metro y medio largo, pero existen selecciones más manejables. Verbena bonariensis 'Lollipop' se queda en 50-60 centímetros con la misma flor y sirve para primeras filas y macetas. 'Little One' anda por los 45. Ambas se resiembran menos que la especie, aunque siguen haciéndolo.
Ahora bien, en un vivero hay otras verbenas que no se comportan igual y conviene distinguirlas antes de pagar:
Verbena rigida no pasa de 40-50 centímetros y, a diferencia de la bonariensis, se extiende por rizomas subterráneos. Es decir, no se expande por semilla en sitios al azar sino por debajo, colonizando de forma continua. En un macizo pequeño puede acabar siendo un incordio difícil de sacar.
Verbena hastata, norteamericana, tiene la flor en espigas verticales, no en ramilletes planos, y quiere suelo más húmedo; es planta de borde de charca más que de secano.
Verbena officinalis es la verbena europea de uso tradicional, silvestre en toda España, con florecillas insignificantes y ningún valor ornamental. Comparte género y poco más.
Y las Verbena × hybrida de jardinería estacional, esas matas rastreras cargadas de flor que se venden en primavera para jardineras, son híbridos de otras especies, se cultivan como anuales y no tienen nada que ver ni en porte ni en resistencia.
Problemas y cómo resolverlos
Tallos tumbados. Revisa tres causas por este orden: exceso de fertilidad, exceso de riego y falta de sol. La solución del año siguiente es reducir el abonado y despuntar en mayo; la de este año, unos tutores discretos de rama o una planta vecina de porte firme que la sostenga.
Oídio (polvo blanco en hojas y tallos). Aparece con sombra, poca ventilación y plantación demasiado apretada, sobre todo a finales de verano. Se previene respetando la distancia de plantación y regando al pie en vez de mojar la planta. Los tratamientos con azufre funcionan, pero no los apliques con más de 30 °C porque quemarás el follaje.
Pulgón en los brotes tiernos de primavera. Suele resolverse solo cuando llegan mariquitas y sírfidos, que están ahí precisamente porque el jardín tiene flores. Si hace falta, jabón potásico. Evita insecticidas de amplio espectro: en una planta llena de polinizadores, el remedio hace más daño que la plaga.
Babosas y caracoles en las plántulas recién nacidas y en los brotes basales de marzo. Es el momento delicado del año; una mata adulta ya no les interesa.
Mata que desaparece a los tres o cuatro años. No has hecho nada mal: es una perenne de vida corta. Lo normal es que dure entre dos y cuatro temporadas y que la sustituyan sus propias plántulas. Si mantienes el macizo escrupulosamente limpio y acolchado, no habrá relevo y la colonia se extinguirá; deja algún claro de tierra desnuda para que germine.
En resumen
La Verbena bonariensis es una perenne sudamericana de vida corta, de metro y medio, con tallos cuadrados casi desnudos rematados por ramilletes lilas de junio hasta las primeras heladas. Quiere sol pleno y suelo pobre y drenado: abonarla y regarla de más solo consigue que se tumbe. Aguanta hasta unos -8 o -10 °C, pero no aguanta el encharcamiento invernal, así que en arcilla hay que plantarla elevada. Se coloca delante en el macizo, en grupos impares, porque se ve a través de ella. Poda en febrero, no en otoño: los tallos secos alimentan a los jilgueros y protegen la corona. Se resiembra con abundancia, lo cual es una ventaja si buscas un jardín naturalista y una responsabilidad si vives cerca de un espacio natural, donde toca cortar la flor antes de que grane. Y no la confundas con Verbena rigida, que es baja y se extiende por rizoma.