Si buscas Tulipa gesneriana esperando una especie silvestre concreta, con su montaña y su población, conviene empezar por lo que de verdad hay detrás del nombre: no está claro que exista tal especie en la naturaleza. Tulipa gesneriana es el nombre con el que la botánica ha ido etiquetando el conjunto de los tulipanes de jardín, un complejo de origen híbrido y seleccionado durante siglos en cultivo, más que una planta silvestre bien delimitada. Linneo lo describió en 1753 a partir de material de jardín, y ese es exactamente el problema.
Por eso hoy la etiqueta se usa poco en sentido estricto. Cuando compras bulbos, lo que compras no es Tulipa gesneriana: es un cultivar encuadrado en un grupo hortícola (Triunfo, Darwin híbrido, Simple tardío, Viridiflora, Papagayo y demás), y esa clasificación hortícola es la que de verdad te dice cómo será la planta. Si lo que te interesa es el género y sus especies silvestres, incluidas las ibéricas, está el género Tulipa; y si quieres la parte histórica, la historia del tulipán la cuenta con detalle.

Por qué un nombre científico puede señalar a un híbrido
La botánica del siglo XVIII describía plantas con lo que tenía delante, y lo que Linneo tenía delante eran tulipanes de jardín europeos, descendientes de material traído del Imperio otomano y ya mejorado allí durante generaciones. De ahí que el tipo de Tulipa gesneriana sea una planta de cultivo. El epíteto honra a Conrad Gessner, el naturalista suizo que dejó una de las primeras descripciones europeas de un tulipán florecido en un jardín, en Augsburgo, a mediados del siglo XVI.
Cuando después se estudiaron las poblaciones silvestres de Asia central y de Anatolia, no apareció una especie que encajara limpiamente con esa descripción. Lo que hay son varias especies silvestres emparentadas y poblaciones asilvestradas de origen cultivado. Las revisiones modernas del género tratan por eso a Tulipa gesneriana como un nombre problemático, aplicado a un complejo híbrido, y para la jardinería lo sustituyen por Tulipa más el nombre del cultivar entre comillas simples.
Esto no es una discusión de especialistas sin consecuencias. Significa que no tiene sentido buscar "los cuidados de la Tulipa gesneriana" como si fuera una planta concreta con un hábitat propio. Los cuidados que sirven son los del tulipán de jardín, y varían bastante entre un Darwin híbrido robusto y un Papagayo de tallo blando.
Cómo es la planta
Es una geófita de bulbo tunicado: pasa el verano y el otoño bajo tierra, en reposo, y todo el ciclo aéreo se concentra entre el final del invierno y el principio del verano. Del bulbo salen unas pocas hojas anchas, glaucas y envainadoras, y un escapo que remata en una flor solitaria en la mayoría de los cultivares. La flor tiene seis tépalos (tres externos y tres internos, iguales en apariencia, que es lo normal en monocotiledóneas), seis estambres y un ovario súpero de tres carpelos que fructifica en cápsula.
El color abarca prácticamente todo el círculo salvo el azul verdadero, que no existe en el género por más que se anuncien "tulipanes azules". Los tonos violáceos y morados son lo más cerca que llega. Las alturas van desde cultivares bajos de unos pocos palmos hasta los grupos de tallo largo de flor tardía; si quieres el detalle morfológico, está en las características del tulipán.
El tulipán flameado y el virus
Los tulipanes veteados y flameados que aparecen en los cuadros del Siglo de Oro neerlandés, y que fueron el objeto de la tulipomanía del siglo XVII, no eran cultivares estables. Aquel jaspeado lo producía una infección vírica, el virus del jaspeado del tulipán, transmitido por pulgones, que rompe de forma irregular la pigmentación de los tépalos. Era una planta enferma vendida a precio de obra de arte, y esa es la razón de que aquellos dibujos no se pudieran reproducir a voluntad ni mantener en el tiempo: las plantas infectadas se debilitan y degeneran.
Los cultivares bicolores actuales son otra cosa: selección genética estable y sana. En un jardín, un tulipán que empieza a mostrar vetas irregulares donde antes era liso, con hojas rayadas y planta más débil, es un candidato a estar infectado, y lo que se hace es arrancarlo y no compostarlo cerca de los demás.

El tulipán en España: el problema es el frío que falta
El tulipán necesita un periodo de frío invernal para que el bulbo desarrolle el escapo y la flor salga a buena altura. Sin ese frío, brota igual pero florece a ras de hoja, con el tallo corto, o no florece. Eso condiciona todo el cultivo aquí.
En el interior peninsular, en la meseta, en el norte y en zonas de montaña, el frío llega solo y el tulipán se comporta con normalidad. En el litoral mediterráneo y en el sur, con inviernos suaves, la solución habitual es comprar bulbos ya tratados en frío o dar un tratamiento de refrigeración en casa antes de plantarlos, siempre lejos de la fruta madura, porque el etileno que desprende daña la flor en formación dentro del bulbo.
La plantación es de otoño, cuando el suelo ha perdido el calor del verano. Se planta con la punta hacia arriba y a una profundidad de varias veces la altura del bulbo, en suelo con drenaje franco; el enemigo número uno del bulbo aquí no es el frío sino el encharcamiento, que lo pudre. Sol directo o media sombra clara. En maceta funcionan bien y es la forma más cómoda de tenerlos en clima cálido, porque puedes moverlos y controlar el sustrato.
Por qué duran un año y qué hacer con eso
La queja más repetida es que el segundo año florecen mal o no florecen. No es culpa tuya en la mayoría de los casos. Los bulbos comerciales llegan engordados en condiciones de cultivo profesional, en clima fresco y con manejo intensivo, y florecen espléndidos el primer año porque la flor ya venía hecha dentro. Reponer esa reserva exige que las hojas trabajen varias semanas después de la floración y que el verano siguiente sea seco y sin remover.
Si quieres intentarlo, la receta es corta: cortar la flor marchita para que no gaste en semilla, dejar las hojas enteras hasta que amarilleen solas, no regar en verano, y en clima cálido sacar los bulbos cuando la hoja se seca, limpiarlos y guardarlos en sitio seco y aireado hasta el otoño. Aun así, muchos cultivares modernos degeneran y dan bulbillos que tardan años en alcanzar tamaño de floración. En clima mediterráneo lo honesto es tratarlos como planta de temporada, y si quieres bulbos que se naturalicen de verdad aquí, mirar hacia los tulipanes botánicos de especies pequeñas, que aguantan mucho mejor el verano seco.
Es tóxico, y el bulbo es la parte peligrosa
El tulipán contiene tuliposidos, que se transforman en tulipalinas, compuestos que irritan la piel y las mucosas. La manifestación más conocida es la dermatitis de los manipuladores de bulbos, una irritación con sequedad y grietas en las yemas de los dedos que aparece en quien pela o clasifica bulbos a mano durante horas. Para un aficionado que planta veinte bulbos una tarde no es un drama, pero unos guantes no sobran si tienes la piel sensible.
Para perros y gatos sí importa. El bulbo es la parte con mayor concentración y es justo la que desentierra un perro que escarba en el arriate o en la maceta. La ingestión provoca cuadro digestivo y babeo, y hay que llamar al veterinario. Si tienes perro cavador, planta en macetas fuera de su alcance y no dejes bulbos sueltos en el cobertizo. Lo mismo vale para los niños pequeños: un bulbo se parece bastante a una cebolla y no lo es.
En resumen
Tulipa gesneriana es más una etiqueta histórica que una especie: el nombre que la botánica del XVIII puso a los tulipanes de jardín ya híbridos que llegaron a Europa desde el mundo otomano, y que hoy se usa con reservas porque no se le conoce una población silvestre clara. Lo práctico es olvidarse del binomio y fijarse en el grupo hortícola y en el cultivar, que es lo que te dice la altura, la época de floración y la resistencia al viento y a la lluvia.
En el jardín español el factor que manda es el frío invernal. Donde lo hay, el tulipán se cultiva sin más que plantar en otoño en suelo bien drenado. Donde no lo hay, hay que comprar bulbo tratado o refrigerarlo, y asumir que la segunda floración será floja. Y en cualquier caso, ojo con el bulbo cerca de perros, gatos y niños.