Al caer la tarde el macizo se apaga. Las lenguas blancas se enrollan hacia dentro sobre sí mismas y del arriate solo queda un punteado de capullos violáceos por el reverso. A la mañana siguiente, en cuanto el sol pega de frente, todo vuelve a abrirse. Ese mecanismo —y su reverso, que un día nublado de marzo el macizo no llegue a abrirse en toda la jornada— explica tanto el encanto de las dimorfotecas como la decepción de quien las planta a media sombra.
El género Dimorphotheca es sudafricano, de la región del Cabo y del Namaqualand, y pertenece a las compuestas. El nombre describe un rasgo botánico concreto: dis (dos), morphe (forma) y theke (estuche, fruto). En una misma cabezuela produce dos tipos de aquenio con forma distinta, los de las flores liguladas y los del disco central. No es un detalle de erudito, porque es justo ahí donde se separa de su parienta más vendida.
Dimorfoteca u osteospermo: qué tienes delante
Mira la etiqueta de la maceta y fíjate en si pone «anual» o «vivaz». Las dos plantas se venden como margarita del Cabo o margarita africana, pero se comportan de forma opuesta en el jardín.
Dimorphotheca sinuata —naranja intenso con disco oscuro— y Dimorphotheca pluvialis —blanca con el envés violeta— son anuales de ciclo corto. Se siembran, florecen unos tres meses y mueren, dejando semilla. Las plantas perennes de flor blanca, malva, púrpura o bicolor que llenan los estantes de primavera en formato de maceta de 12 cm son Osteospermum ecklonis y sus híbridos, un género que se separó de Dimorphotheca y que agrupa mata leñosa en la base, multiplicación por esqueje y rebrote año tras año. La diferencia botánica que sostiene esa separación está en los frutos: en Dimorphotheca dan semilla tanto las flores del disco como las liguladas, mientras que en Osteospermum el disco es estéril.
Consecuencia práctica: si compraste una mata en flor esperando que rebrote en marzo y lo que tenías era una dimorfoteca anual, no rebrota. Y al revés, si intentas propagar por esquejes una dimorfoteca auténtica, no enraíza; hay que recoger semilla. Ambas comparten el resto del cultivo casi punto por punto, así que el resto de esta guía sirve para las dos salvo donde se indique.
Sol directo, no negociable
Las cabezuelas se abren por fotonastia: responden a la intensidad luminosa, no a la hora. Con seis horas largas de sol directo se abren a diario y el macizo cunde. Con cuatro horas justas se abren tarde y se cierran temprano. A media sombra, sencillamente no se abren, y además los tallos se alargan buscando luz, se doblan con la primera tormenta y la mata queda desmadejada y hueca por el centro.
Esto descarta también su uso como flor cortada: dentro de casa se cierran y ya no vuelven a abrirse. Y explica una escena de vivero que confunde: un lunes gris de febrero, la bandeja de dimorfotecas del garden parece medio muerta, y a las once de un miércoles soleado está entera en flor.
Suelo: mejor pobre que rico
Vienen de suelos arenosos, someros y con lluvias concentradas en una estación. Lo que necesitan es drenaje, y les da igual que la tierra sea pobre o caliza; toleran bien pH de 6 a 7,5 y los suelos calcáreos habituales de media Península. Lo que no toleran es la arcilla compacta que se encharca en invierno: en un suelo así, las raíces se asfixian y aparecen pudriciones por Pythium y Phytophthora que se llevan la planta en pocos días, con marchitez repentina y cuello ennegrecido.
En terreno pesado, la solución es plantarlas en caballón elevado de 15 o 20 cm, o en talud, o directamente en maceta y jardinera. En contenedor, un sustrato universal aligerado con un 30 % de arena gruesa o perlita, y agujeros de drenaje despejados.
Riego medido
Son resistentes a la sequía una vez arraigadas, pero para florecer sin pausa agradecen un riego regular en primavera. La regla útil es dejar secar los tres o cuatro centímetros superiores del suelo antes de volver a regar: en macizo, eso suele significar una o dos veces por semana en abril y mayo, y algo más en jardinera, donde el volumen de tierra es pequeño y en junio puede pedir agua a diario.
Riega a pie de planta, no por aspersión. El follaje mojado durante la noche es la puerta de entrada del mildiu y de la Botrytis, y además el agua que cae sobre las cabezuelas abiertas mancha los pétalos. En invierno, si están en tierra y llueve, no hay que regar en absoluto: es en la combinación de frío y sustrato empapado donde se pierden.
Abonado sin excesos de nitrógeno
Un abono rico en nitrógeno le sienta a esta planta como una comida pesada: crece mucha hoja verde, la mata se vuelve blanda y la floración se retrasa o se queda en cuatro flores. Interesa lo contrario, un abono con más fósforo y potasio que nitrógeno.
En macizo basta con incorporar compost maduro o un abono de liberación lenta al plantar y olvidarse. En maceta, donde el riego lava los nutrientes por el fondo, un abono líquido de floración cada quince días desde marzo hasta septiembre, a la dosis de la etiqueta o algo por debajo. En pleno invierno, nada.
Siembra y multiplicación
Las dimorfotecas anuales se siembran directamente en su sitio, porque desarrollan una raíz principal que se resiente al trasplantar; hecha en cepellón individual sí funciona, pero el semillero de bandeja para después arrancar y separar da plantas mediocres.
El calendario depende del clima. En el litoral mediterráneo, en el sur y en las zonas sin heladas fuertes, se siembra a finales de septiembre y octubre para tener flor de febrero a mayo, aprovechando el ciclo natural de la planta, que en su tierra florece con las lluvias de invierno. En el interior peninsular, con heladas de menos cinco grados, esa siembra de otoño se pierde: allí se siembra de febrero a marzo bajo protección, o directamente en abril, para florecer de mayo a julio.
La semilla se cubre con tres o cuatro milímetros de tierra fina y germina en ocho a quince días con el suelo entre 15 y 20 °C. Se aclaran las plántulas dejando una cada 20 o 25 cm. Dimorphotheca pluvialis resiembra sola con facilidad, así que si dejas madurar unas cuantas cabezuelas al final del ciclo tendrás plantas nuevas la temporada siguiente sin hacer nada.
Los osteospermos perennes se multiplican por esqueje de tallo, y es la vía fiable para conservar un color concreto, porque los híbridos comerciales no vienen fieles de semilla. Se toman a finales de verano o principios de otoño, brotes de 8 a 10 cm sin flor ni botón, se deshojan los dos tercios inferiores y se clavan en una mezcla de turba y perlita a partes iguales, con humedad ambiental alta y a 18-20 °C. Enraízan en tres o cuatro semanas.
Poda, pinzado y el bajón de julio
Cuando la planta joven tenga 10 o 12 cm, se le pinza la punta. Ese gesto de dos segundos hace que ramifique desde la base y convierte un tallo solitario con tres flores en una mata redonda cubierta de ellas.
Durante la temporada, quitar las flores marchitas cortando el pedúnculo por su base es lo que sostiene la floración: en cuanto la planta empieza a llenar de semilla las cabezuelas viejas, deja de emitir nuevas. En las anuales esto alarga el ciclo unas semanas; en los osteospermos, lo alarga meses.
Aquí conviene avisar de algo que se interpreta mal. En el interior de España, con julio y agosto de 35 a 40 °C, los osteospermos paran en seco: dejan de florecer, se afean y parecen agotados. No están muriéndose, están esperando. En cuanto refresque a mediados de septiembre vuelven a florecer, con frecuencia hasta noviembre. El momento de intervenir es al terminar la floración principal, hacia finales de junio: un recorte general que reduzca la mata a un tercio o la mitad de su altura, sin bajar a la madera vieja desnuda. Rebrota compacta y llega al otoño con fuerza. Sin ese recorte, la planta se ahueca por dentro y en dos temporadas solo florece en las puntas.
Plagas y enfermedades
El pulgón acude a los brotes tiernos en primavera y deforma los botones florales antes de que abran; un chorro de agua a presión y, si insiste, jabón potásico al atardecer resuelven la mayoría de los focos. En jardinera y en invernadero doméstico aparece la mosca blanca, que se detecta al sacudir la planta y ver la nube.
El oídio cubre las hojas de un polvillo blanco harinoso al final del verano y en otoño, cuando los días son calurosos y las noches húmedas; se previene aclarando la mata para que corra el aire y regando a pie de planta. Caracoles y babosas se comen las plántulas recién nacidas en una noche: una siembra de otoño sobre suelo húmedo puede amanecer reducida a tallitos decapitados, y esa siembra ya no se recupera.
Ninguna de las enfermedades foliares mata la planta. Lo que la mata es el agua estancada en la raíz, así que si una mata sana se marchita de golpe sin manchas ni bichos, el problema está bajo tierra y en el drenaje.
Rusticidad y qué esperar en invierno
Las especies anuales de Dimorphotheca completan su ciclo y mueren en verano, con lo que su rusticidad al frío es un asunto menor: la sembrada en otoño aguanta heladas suaves de hasta unos dos grados bajo cero en estado de roseta, pero no las fuertes del interior.
Los osteospermos soportan puntualmente entre menos tres y menos cinco grados si el suelo está seco, con quemaduras en las hojas expuestas que se recortan en primavera. Lo que no perdonan es la helada con el suelo empapado. Del litoral mediterráneo, Andalucía, Canarias y las zonas suaves del Atlántico hacia dentro se cultivan como vivaces; en Castilla, Aragón o el norte de la meseta, lo realista es tratarlas como planta de temporada o guardar esquejes enraizados en un porche protegido para replantar en abril.
Dónde lucen
Rocallas, taludes soleados, bordes de camino, jardineras de balcón orientado al sur y macizos de temporada en primavera. Combinan bien con gazanias, que comparten el hábito de cerrarse sin sol, y con plantas de suelo seco como lavandas, Gaura o Erigeron karvinskianus. En jardín de bajo riego funcionan como pincelada de color estacional, no como estructura permanente.
Un apunte de responsabilidad: los osteospermos se han asilvestrado en algunos puntos del litoral mediterráneo. Los restos de poda y las macetas viejas van al contenedor de vegetal, no al margen del camino ni al pinar.
En resumen
Las dimorfotecas son compuestas sudafricanas que se abren con el sol directo y se cierran de noche y con cielo cubierto, de modo que sin seis horas largas de sol no hay flor que ver. Distinguir la anual Dimorphotheca, que se siembra y muere en el año, del perenne Osteospermum, que se multiplica por esqueje y rebrota, evita la mitad de los disgustos. Quieren suelo suelto y más bien pobre, drenaje real, riego moderado a pie de planta, abono con poco nitrógeno y flores marchitas retiradas sin descanso. Siembra de otoño en clima suave, de febrero a abril en el interior. Pinzado de joven y recorte a un tercio a finales de junio para llegar con fuerza al otoño. Y si en julio parecen muertas en Castilla, no lo están: vuelven en septiembre.